Venganza de Esaú contra Jacob


41Esaú odiaba a su hermano por la bendición con la que le había bendecido su padre; y pensó en su corazón: "Ya están cerca los días de duelo de mi padre; entonces mataré a mi hermano Jacob". 42Le contaron a Rebeca las palabras de su hijo mayor Esaú, y ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: "Tu hermano se quiere vengar de ti matándote. 43Ahora, hijo mío, escucha mi consejo: Ponte en marcha y huye a donde mi hermano Labán, a Jarán; quédate allí algún tiempo hasta que se le pase la furia a tu hermano, 45hasta que se calme su ira contra ti y se olvide de lo que has hecho. Entonces mandaré a buscarte allí. ¿Por qué he de perderos a los dos en un solo día? Génesis (27, 41-45).

27, 41   Esaú odiaba a su hermano


Rebeca prefería un hijo justo a uno injusto. Pero no debemos dejar sin justificación a los padres porque han preferido el hijo más joven al mayor. Al mismo tiempo, hemos de tener cuidado de que alguno, siguiendo su ejemplo, haga un juicio injusto entre sus hijos, de manera que considere que uno debe ser amado y el otro estimado en menos. De ahí se provocan enemistades entre hermanos, y por acrecentar el vil dinero, se trama el crimen del fraticidio. La misma medida del afecto debe extenderse por igual a todos los hijos. Admitamos, pues, que el afecto al más cariñoso o al más semejante lleve consigo algo de demasía, pero el ejercicio de la justicia debe ser para todos del mismo rasero. Se da más al hijo predilecto si se busca para él el amor de sus hermanos; pero se le quita más a aquel que está abrumado por la envidia que suscita una injusta preferencia. Esaú amenazaba con matar a su hermano, y ni el hecho de ser hermano gemelo ni el respeto a los padres le apartaba del furor fraticida, y se dolía de que le hubiese sido arrebatada la bendición de la que debería haberse mostrado digno por su mansedumbre y no por el crimen. Rebeca no prefería, por así decir, un hijo a otro, sino un hijo justo al otro injusto. En efecto, en aquella madre piadosa tenía más importancia el designio misterioso de Dios que el hijo. No prefería tanto a Jacob sobre su hermano, sino en cuanto lo ofrecía al Señor, porque sabía que Jacob podía mantenerse en la posesión del don que le había sido conferido. En él estaba la ayuda al otro, porque lo sustraía de la ofensa a Dios por miedo a que se implicara en una culpa más grave si perdía la gracia de la bendición recibida. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 2, 5-6.


27, 43   Huye donde mi hermano Labán


No dejarnos llevar por la ira. Pero, en el caso en que esto se realice, aprendamos de Rebeca cómo hemos de prever para que la envidia no estimule la ira y la ira no se precipite en el fraticidio. Venga Rebeca, esto es, vístase con la paciencia, buena custodia de la inocencia, y nos persuada para que cedamos el sitio de la ira. Retirémonos en algún lugar más alejado hasta que el tiempo haya mitigado la indignación y sea olvidada la ofensa. Así pues, la paciencia no teme el exilio, sino que lo acepta sin dilación con el fin de evitar no tanto un peligro para la salvación, como un incentivo para el crimen. También la madre amorosa soporta que esté lejano el hijo muy querido, con la intención de dar más a aquel que había perjudicado, atendiendo, sin embargo, al interés de ambos, de tal modo que uno quedará inmune al fraticidio y que el otro resultara inculpable del crimen. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 4, 14.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 266-268
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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