Los hijos de Jacob


31Vio el Señor que Lía era menospreciada y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril. 32Lía concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Rubén porque se dijo: "El Señor ha visto mi aflicción; por eso ahora me amará mi marido". 33Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y exclamó: "Porque el Señor ha oído que era despreciada, me ha dado también a éste". Y le puso Simeón. 34Volvio a concebir y a dar a luz un hijo, y dijo: "Ahora, esta vez, mi marido vendrá a unirse a mí porque le he dado tres hijos". Y por eso le puso por nombre Leví. 35Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y exclamó: "Esta vez doy gracias al Señor". Por eso le puso por nombre Judá. Y dejó de dar a luz. Génesis (29, 31-35).


29,31   La hizo fecunda


La sabiduría creativa de Dios. Mira la sabiduría y el ingenio de Dios. Considerando que por su belleza una mujer atraía el favor de su marido, y la otra porque le faltaba parecía que era rechazada, a esta última Dios le despertó la facultad de engendrar, mientras que dejó inactivo el útero de la otra. Él trató así a las dos con su amor característico para que una pudiera tener un poco de consuelo de lo que naciera de ella, y así la otra no pudiera triunfar por su encanto y belleza sobre su hermana. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 56, 3.


29,32   El Señor ha visto mi aflicción

 La nobleza familiar atestiguada por la inocencia. Rubén fue el primogénito de los hermanos que fueron engendrados después de él; en ellos, un parecido claro, una semejanza con el primogénito atestiguaba el parentesco con el que le estaban unidos hasta el punto de que no se podía ignorar la fraternidad testimoniada por la semejanza en la forma. Por tanto, si nosotros por la misma regeneración del agua y del Espíritu hemos sido hechos hermanos del Señor, el cual se ha convertido por nuestra causa en "primogénito entre muchos hermanos", se sigue lógicamente que en los rasgos de nuestra vida mostremos nuestro parentesco con Él, que es el "primogénito de la creación", y que se revistió de la forma de nuestra vida. Ahora bien, ¿qué rasgos de su forma nos enseña la Escritura? Hemos dicho muchas veces que "Él no cometió pecado ni se encontró engaño en su boca". En consecuencia, si queremos mostrarnos hermanos de aquel que nos ha guiado a un nuevo nacimiento, será la inocencia de vida la que dará testimonio de nuestro parentesco con Él, pues ninguna mancha nos apartará de la unión con la puereza. El primogénito es, además, justicia, santificación, amor, redención, y otras cosas parecidas. Si nuestra vida está sellada con estas características, daremos tales señales de la nobleza de nuestro nacimiento, y quienes las vean en nuestra vida atestiguarán nuestra fraternidad con Cristo. Gregorio de Nisa, Sobre la perfección, 65-67.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 284-285
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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