Labán persigue a Jacob


22Al tercer día dieron a Labán la noticia de que Jacob había huido. 23Entonces tomó consigo a sus parientes y lo persiguió durante siete días, dándole alcance en la montaña de Galaad. 24Pero aquella noche Dios se acercó a Labán, el arameo, en un sueño, y le dijo: "Guárdate de hacer nada a Jacob, ni bueno ni malo".
   25Labán alcanzó a Jacob que había montado su tienda en la montaña, y montó también su tienda en la montaña de Galaad. 26Y dijo Labán a Jacob: "¿Qué has hecho? Me has engañado y te has llevado a mis hijas como cautivas de guerra. 27¿Por qué huiste a escondidas engañándome y no me lo hiciste saber? Yo te habría despedido con alegría y cantos, con panderos y cítaras. 28Ni siquiera me has dejado dar un beso a mis hijas y a mis nietos. En esto te has portado como un necio. 29Está en mi mano poder haceros daño; pero el Dios de vuestros padres me habló a noche dicendo: "Guárdate de hacer algo a Jacob, ni bueno ni malo". 30Ahora te has ido porque anhelabas tu casa paterna, pero ¿por qué me has robado mis dioses?". 31Respondió Jacob a Labán: "Tuve miedo porque pensé que me quitarías a tus hijas. 32Pero a quien le encuentres tus dioses, no vivirá. Delante de nuestros hermanos busca lo que tenga tuyo y tómalo". No sabía Jacob que Raquel los había robado.
   33Labán entró en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de las dos esclavas, y no encontró nada. Cuando salió de la tienda de Lía entró en la de Raquel. 34Pero Raquel se había apoderado de los terafim, los había metido en una montura de camello y se había sentado encima. Labán registró toda la tienda y no encontró nada. 35Ella le dijo a su padre: "No te enfades, mi señor, si no puedo levantarme en tu presencia, pues estoy indispuesta". Él buscó, pero no encontró los terafim.
   36Entonces se indignó Jacob y se encaró a Labán. Jacob increpó a Labán: "¿Cuál es mi crimen o mi pecado para que me persigas? 37Has registrado todas mis cosas. Si has encontrado algo de tu casa, ponlo aquí, ante mis parientes y los tuyos, y que ellos juzguen entre nosotros dos. 38He estado contigo veinte años y ni tus ovejas ni tus cabras abortaron; no me comí los carneros de tu rebaño; 39no te traje res despedazada, sino que yo mismo la reponía; me exigías lo que robaban de día y lo que robaban de noche. 40Aguanté que me devorara el calor durante el día y el frío durante la noche sin poder conciliar el sueño. 41Llevo veinte años en tu casa; catorce te serví por tus dos hijas, y seis por tu ganado; y me cambiaste la paga diez veces. 42Si no hubiera sido porque el Dios de mi padre, el Dios de Abrahán y el Temor de Isaac, estaba conmigo, ahora me habrías despedido sin nada. Pero Dios ha visto mi aflicción y el cansancio de mis manos, y anoche lo dictaminó". (Génesis 31, 22-42).


31, 24   Dios se acercó a Labán


Maravillosa es la bondad del Señor. Cuando Dios vio que Labán se disponía para el ataque e intentaba entrar en conflicto con el justo, le dijo, como si verificase su intención por estas palabras: "Guárdate de no hablar hostilmente a Jacob. Ni siquiera con palabras atormentes a Jacob -dice-; al contrario, ten cuidado, contén este perverso ataque, reprime tu cólera, detén tus pensamientos encendidos y no lo atormentes ni de palabra". Considera la bondad de Dios. En lugar de decirle a Labán que se vuelva, sólo le amonesta a no dirigir ninguna palabra áspera o severa al justo. ¿Cuál es la razón para eso? Que el justo comprobará la magnitud del cuidado que le fue dispensado por Dios.
   Si Labán hubiera retrocedido, ¿cómo habría sabido esto el justo o sus esposas? Dios permitió que Labán fuera, y que de sus propios labios confesara las palabras pronunciadas por Dios. Y lo hizo también para que el justo pudiera ganar un entusiasmo mayor y confianza en su retorno y que sus esposas llegasen a saber cuánto cuidado recibió Jacob del Dios de todas las cosas, y así rechazarán el error paterno e imitasen al justo. Así, de este incidente sacaron una considerable enseñanza de la sabiduría de Dios. Lo que procedía de Jacob no era tan convincente como la palabra de Labán, que todavía era un devoto de los ídolos. Y es que el testimonio de infieles y de los enemigos de la religión contiene siempre un gran poder para convencer. De hecho, es una señal de la sabiduría creativa de Dios, cuando convierte a los enemigos de la verdad en testigos de la verdad; entonces lucha su lado a través de sus lenguas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 4.


31, 26   Me has engañado y te has llevado a mis hijas


Mira cómo la orden de Dios reprimió la rabia y refrenó su cólera. Entonces Labán dirige sus palabras a [Jacob] con suavidad extrema, casi apologéticamente, y le muestra señales de un afecto paternal. De hecho, siempre que nosotros disfrutamos de la providencia de lo alto, no sólo logramos evitar las insidias de personas malas, sino que no sufrimos daño aunque encontremos bestias salvajes. El Señor de todo da evidencia de la abundancia de su poder característico transformando la naturaleza de las bestias y convirtiéndola en la mansedumbre de las ovejas. Y no sólo podrás observar esto en bestias salvajes, sino también en los mismos elementos; si es su deseo, los mismos elementos se olvidan de su poder, y el fuego ya no muestra las características del fuego. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 4.


31, 30   Te has ido porque anhelabas tu casa paterna


¿Qué clase de dioses eran estos? ¿Qué extraordinaria tontería, qué tipo de dioses son los tuyos, que hasta pueden robarse? ¿No te avergüenza decir: "Por qué me robaste mis dioses familiares"? Mira la extrema magnitud del extravío de personas dotadas de razón, que dan culto a madera y a piedra. Estos dioses tuyos, Labán, ¿no podrían evitar el ser robados? Más, después de todo, ¿cómo van a poder, siendo como son de piedra? Por el contrario, el Dios de este justo, aun cuando el justo estaba en la ignorancia, dirigió su partida. ¿No te das cuenta del gran error de acusar al justo de robo? ¿Por qué causa los iba a robar si los había despreciado, o más bien había comprendido que estaban hechos de piedra y no tenían sentimientos? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 5.


31, 32   Respondió Jacob

La justicia gana sin inflingir pérdidas. Ahora consideremos cómo debe comportarse el hombre justo en el caso que hubiera surgido la envidia. Lo primero es huír de ella; en efecto, es mejor marcharse sin litigio que quedarse con disputa. Después de esto, que posea tales cosas que las pueda llevar consigo, de tal manera que con ninguna cosa el adversario pueda tenerlo sujeto, sino que pueda decir: "Mira si hay alguna cosa tuya en mi poder". Y Labán buscó y no encontró nada suyo en poder de Jacob". Fue un gran hombre y verdaderamente feliz, porque fue capaz de no perder nada propio y de no poseer nada ajeno, es decir, no tener nada de menos y nada de más. Así pues, es perfecto aquel a quien no falte nada; es justo aquel que no tiene nada superfluo; esto es, en efecto, propio de la justicia: el conservar la mesura. ¡Cuán grande es la virtud cuya participación obtenía un provecho sin tener que lamentar una pérdida! Esto significa ser perfecto: ofrecer muchísimas ventajas a quienes están en su entorno y no producir ninguna desventaja.
   En efecto, aquel que quería hacer daño a Jacob no pudo dejarle ir de vacío. El sabio, efectivamente, nunca está vacío; tiene siempre consigo la vestidura de la prudencia, y puede decir: "Me ponía la justicia y me vestía el juicio", como dijo Job. En verdad, éstos son los velos interiores de la mente, que ningún otro puede quitar, excepto que uno sea despojado por su propia culpa. Así de esta manera fue despojado Adán, y fue encontrado desnudo; en cambio José, aún después de haber dejado la vestidura exterior, no estaba desnudo, porque tenía intacta la vestidura de la virtud. Por tanto, el sabio no está nunca vacío. En efecto, ¿cómo puede estar vacío quien ha recibido la plenitud de Cristo y mantiene la posesión de todo lo que ha recibido? ¿Cómo puede estar vacío aquel cuya alma está llena porque custodia la vestidura de la gracia recibida? Esto es lo único que debemos temer, que alguno pierda el velo de la inocencia y que los ímpios, superados los confines de la justicia con el asalto de la sacrílega persecución, arrebaten la vestidura del alma y de la mente. Esto no sucede fácilmente, a menos que alguien haya sido despojado antes por la voz de su iniquidad. Por esto, también David dice: "Si hay iniquidad en mis manos, que mis enemigos me despojen, que mi enemigo persiga mi alma y que se haga con ella". Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 5, 21.


31, 33   No encontró nada


El demonio no tiene posesión duradera. Pero estas cosas pertenecen al sentido moral, mas en sentido místico el hecho es que Labán -que significa "hecho blanco", porque también Satanás se transfigura en ángel de luz- vino a él [Jacob] y comenzó a reclamarle sus propios bienes. Le respondió Jacob: "Mira si hay alguna cosa tuya en mi poder", es decir: "No tengo nada tuyo. Mira si reconoces alguna cosa de tus vicios y de tus crímenes. Yo no he llevado conmigo ninguno de tus fraudes, no tengo ninguna parte en tu engaño, he huído de todas tus cosas como de un contagio". Y labán buscó y no encontró nada suyo. ¡Qué feliz es el hombre en el que el enemigo no encontró nada que pudiera decir que era suyo, en el que el diablo no halló nada que reconociese como propio! Esto parecía imposible en un hombre, pero él era figura de Aquel que dijo en el Evangelio: "Vendrá el príncipe de este mundo, pero en mí no encontrará nada". En efecto, nada es todo lo que es el diablo, porque no puede tener una permanente posesión de la vida. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 5, 24.


31, 34   Raquel se había apoderado de los terafim


La prudencia escondió los ídolos. La santa Raquel -es decir, la Iglesia o la prudencia- había escondido los ídolos porque la Iglesia ignora las ideas vanas y las imágenes de ídolos irreales, pero conoce la verdadera sustancia de la Trinidad. Por tanto, abolió las sombras y dio a conocer el resplandor de la gloria. Ambrosio, Sobre la huída del mundo, 5, 27.


31, 35   No te enfades, mi Señor


La ridiculez de ídolos mudos. Maravillosa es la agudeza de Raquel por la que tuvo éxito y burló a Labán. Que se avergüencen aquellos que son víctimas de engaño y dan gran importancia al culto de ídolos. "Ella los puso bajo una montura de camello -dice el texto-, y se sentó sobre ellos". ¿Que podría ser más ridículo que estas personas? Aunque dotados por el clemente Dios de razón y de tal superioridad maravillosa, ellos se rinden al culto de una piedra inanimada y, lejos de estar avergonzados o sentir tamaño absurdo, se igualan a las costumbres de los animales mudos. También Pablo escribió en estos términos: "Sabéis que cuando erais paganos, marchabais en pos de ídolos mudos en vuestro frenesí". Acertadamente dijo "mudos"; las personas con la facultad de hablar, que gozan de razón y oyen, no reaccionan como animales irracionales. ¿Qué excusa tendrían los que son así? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 6.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 295-300
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

0 comentarios

Publicar un comentario