Jacob se casa con Raquel


15Entonces Labán dijo a Jacob: "¿Acaso por ser pariente mío me vas a servir de balde? Dime cuál va a ser tu paga?" 16Tenía Labán dos hijas, la mayor se llamaba Lía y la pequeña Raquel. 17Lía era de ojos tristes, Raquel en cambio, tenía buena presencia era muy bella. 18Jacob amaba a Raquel, y propuso a Labán: "Te serviré siete años a cambio de Raquel, tu hija menor". 19Contestó Labán: "Mejor te la doy a ti que a cualquier otro extraño. Quédate conmigo". 20Jacob sirvió a Labán durante siete años que le parecieron unos cuantos días de tanto que la amaba.
   21Entonces dijo Jacob a Labán: "Dame a mi mujer, puesto que se ha cumplido el plazo y quiero vivir con ella". 22Labán reunió a todos los hombres del lugar y dio un banquete. 23Por la noche tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, quien se unió a ella. 24Labán dio su propia esclava Zilpá a su hija Lía como esclava. 25Al llegar la mañana, vio que aquella era Lía. Y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es lo que has hecho? ¿No he servido en tu casa a cambio de Raquel? ¿Por qué me has engañado? 26Respondió Labán: "No es costumbre entre nosotros dar la menor antes que la mayor. 27Termina esta semana y te daremos también a la otra a cambio del servicio que prestes en mi casa durante otros siete años más". 28Así lo hizo Jacob, y terminó aquella semana. Entonces Labán le entregó a su hija Raquel por esposa, 29y además dio su propia esclava Bilhá a su hija Raquel como esclava. 30Jacob vivió también con Raquel, y amaba a Raquel más que a Lía. Sirvió en casa de Labán todavía otros siete años. Génesis (29, 15-30).

 29, 15   Dime cuál va a ser tu paga


Considera cómo cuando alguien es ayudado por la mano de lo alto, todo le sucede favorablemente. "No me vas a servir de balde", dice Labán. "Dime cuál va a ser tu paga". Este justo trabajaba de buena gana y se contentaba con recibir simplemente su alimento cotidiano y con que le dieran las gracias. Pero, como Jacob demostrara una gran humildad, Labán tomó la iniciativa prometiendo pagarle el sueldo que le pidiera. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 55,2.


29, 18   Te serviré siete años


El amor reduce el trabajo y el tiempo. Considera en este caso la superioridad de su inteligencia y cómo no alberga deseo alguno de aumentar su dinero. Lejos de altercar con Labán a la manera del asalariado y exigir algo, Jacob recordó a su madre y las directrices de su padre y mostró una mansedumbre extraordinaria diciendo: "Te serviré siete años a cambio de Raquel, tu hija menor". Y es que nada más verla cerca del pozo, se enamoró de ella. Observa también la sensatez de este hombre: le fija el tiempo, y así, por medio de este periodo de años se le proporciona una prueba adecuada para su propia continencia. Y ¿por qué te sorprendes, queridísimo, escuchando que promete servir siete años por la muchacha que ama? Para mostrar cómo su gran amor redujo el trabajo y el periodo de tiempo, la Sagrada Escritura dice: "Jacob sirvió siete años por Raquel, que le parecieron unos cuantos días comparado con lo que la amaba". El periodo de siete años está diciendo, le pareció pocos días debido a su extraordinario amor por la doncella. Y es que cuando alguien es herido por amor, lejos de ver cualquier problema, y aun con los peligros y grandes dificultades, aguanta todo fácilmente teniendo a la vista sólo una cosa, obtener el objeto de su deseo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 55, 2.


29, 23   Tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob


Bodas solemnes. ¿Ves con cuánta dignidad celebran las bodas en la antiguedad? Poned atención los que, precipitándoos a rituales satánicos, mancháis la santidad del matrimonio desde sus principios. ¿En dónde están las flautas? ¿En dónde están los címbalos? ¿En dónde están los bailes satánicos? Dime. ¿Por qué haces entrar con tanta prisa semejante ruina en el hogar y llamas a actores y bailarinas para que con este gasto lamentable corrompa la castidad de las muchachas y haga a los jóvenes desvergonzados? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 56, 1.


29, 28   Le entregó a su hija Raquel por esposa

Observa, una vez más, con qué decencia se llevó a cabo lo referente a las nupcias. No te escandalices al oír que había tomado como esposa a la mayor en lugar de a la más joven ni juzgues los hechos con parámetros actuales. En aquellos tiempos se permitía a los hombres convivir con dos o tres esposas con objeto de que aumentara la raza; ahora, por el contrario, como por la gracia de Dios la raza humana se ha extendido en un número inmenso, la práctica de la virtud también ha aumentado. Cristo con su venida sembró las semillas de la virtud entre los seres humanos y los convirtió en ángeles, como se dijo, desarraigando así la costumbre anterior. ¿Ves cómo nosotros no debemos estar proponiendo esa práctica sino buscar en todo lo que es útil? Fíjate. Puesto que aquella práctica era mala, mira cómo se ha desarraigado, y nadie es ahora libre de proponerla. Por consiguiente, te ruego, lejos de intentar adoptarla, busca mejor lo que es útil, lo que no es espiritualmente dañoso. Si algo nos hace bien, aun cuando no sea la práctica general, adoptémoslo; pero si es dañoso, aun cuando sea la práctica general, evitémoslo y rechacémoslo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 56, 3. 


29, 30   Amaba a Raquel más que a Lía


Prefiguración de la paz entre judíos y gentiles. En aquel viaje Jacob tomó dos esposas, y las dos esposas representaban a dos pueblos: al pueblo judío y al pueblo gentil. En la venida de Cristo se lee que un número pequeño del pueblo judío también creyó en Él; así, en los Hechos de los Apóstoles consta que un día creyeron tres mil, otro día cinco mil, y posteriormente muchos miles. Y que creerían en Cristo los dos pueblos, el mismo Señor lo confirma en el Evangelio cuando dice: "Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga para formar un solo rebaño con un solo pastor". Por tanto, las dos mujeres, es decir, Lía y Raquel, que se unieron al bienaventurado Jacob, eran figura de estos dos pueblos: Lía, del pueblo judío; Raquel, del pueblo gentil. Y a estos dos pueblos, que procedían de distinto linaje como dos muros de separación, se unió Cristo como la piedra angular; en Él se besaron y en Él merecieron hallar paz eterna, como dice el Apóstol: "Él es nuestra paz, el que hizo de los dos pueblos uno solo" Uniendo efectivamente los dos rebaños y juntando entre sí los dos muros de separación. Cesáreo de Arlés, Sermón, 88, 2.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 281-284
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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