Jacob encuentra esposa; Esaú acepta esposa no cananea


1Isaac llamó a Jacob y, después de bendecirle, le ordenó lo siguiente: "No tomes esposa de las hijas de Canaán. 2Ponte en camino, ve a Padán-Aram, a casa de Betuel, tu abuelo materno, y búscate allí una esposa entre la hijas de Labán, hermano de tu madre. 3Que El-Saday te bendiga, te haga crecer y multiplicarte, y te conviertas en una multitud de pueblos; 4que te conceda la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, para que poseas la tierra en que resides que Dios otorgó a Abrahán". 5E Isaac envió a Jacob, que fue a Padán-Aram, junto a Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y Esaú.
   6Esaú se enteró de que Isaac había bendecido a Jacob y le había enviado a Padán-Aram a buscarse allí esposa, y de que al bendecirle le había ordenado lo siguiente: "No tomes esposa entre las hijas de Canaán". 7Se enteró también de que Jacob había obedecido a su padre y a su madre y había ido a Padán-Aram. 8Entonces se dio cuenta Esaú de que las hijas de Canaán no le eran gratas a su padre Isaac. 9Se encaminó a Ismael y tomó por esposa, además de las que tenía, a Majalat, hermana de Nebayot e hija de Ismael, hijo de Abrahán. Génesis (28, 1-9).

28, 2   Búscate allí una esposa entre las hijas de Labán


Símbolos del Padre y del Hijo. Ahora cuando se leía la Sagrada Escritura, hermanos queridísimos, hemos oído que, por atención a las súplicas de la bienaventurada Rebeca, Isaac llamó a su hijo Jacob y le dijo que fuera a Mesopotamia, en Siria, y allí tomara esposa; y que él, humilde y obediente a su padre, se marchó. Y cuando iba de camino, llegó a un lugar en que puso una piedra de cabecera y se durmió. En sueños vio una escala que llegaba hasta el cielo, y ángeles de Dios subían y bajaban por ella, y al Señor que estaba sobre ella y le decía: "Jacob, Jacob, no temas, yo estoy contigo y seré compañero de tu camino". El bienaventurado Isaac, hermanos queridísimos, al enviar a su hijo a Mesopotamia era figura de Dios Padre, y Jacob era imagen de nuestro Señor Jesucristo. Así pues, el bienaventurado Isaac, dejando de lado a las mujeres de la región en que vivía, envió a su hijo para que tomara esposa en una tierra lejana; porque Dios Padre había de enviar a su Hijo Unigénito, quien, después de repudiar la sinagoga, formaría de entre los gentiles y uniría consigo a la Iglesia. Se cumplía esto verdaderamente cuando los apóstoles dijeron a los judíos: "Era necesario anunciaros en primer lugar a vosotros la palabra de Dios, pero ya que os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles". Cesáreo de Arlés, Sermón, 87, 1.


28, 4   Que te conceda la bendción de Abrahán


Muchas naciones provienen de Jacob. Mira como este justo le predice todo y da a Jacob apoyo suficiente para consolarlo presagiando su retorno y la posesión de la tierra, y no sólo la promesa de que su linaje llegaría a ser multitud, sino también el que la unión de las naciones provendría de sus descendientes. Tras oír esto el joven llevó a cabo el deseo de su padre y viajó a Mesopotamia hasta el hermano de su madre, Labán... ¿No ves, queridísimo, cuánta prudencia mostró esta madre amorosa rescatando a Jacob del peligro, proporcionando excusas loables para su viaje, no resaltando la maldad de Esaú ni revelando al padre la razón, sino dando consejo apropiado a su hijo para persuadirlo a causa del miedo a aceptar sus palabras, y proponiendo un plan convincente a su padre? El justo estuvo de acuerdo con lo que ella dijo y envió a Jacob después de proveerlo para el viaje con sus bendiciones. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 54, 3.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 269-270
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

0 comentarios

Publicar un comentario