El sueño de Jacob


10Jacob partió de Berseba y se dirigió a Jarán. 11Al llegar a un cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche porque se había puesto el sol; tomó una piedra de aquel lugar y, colocándosela como cabecera, se acostó allí mismo. 12Entonces tuvo un sueño: una escala apoyada sobre la tierra tenía la cima tocando el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. 13El Señor estaba sobre ella y le dijo: "Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado. 14Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. 15Yo estaré contigo y te guardaré donde quiera que vayas, haciéndote volver a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya cumplido lo que he dicho". 16Cuando Jacob despertó del sueño, exclamó: "El Señor está realmente en este lugar y yo no lo sabía". 17Y lleno de temor añadió: "¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo" Génesis (28, 10-17).


28,11   Al llegar a un cierto lugar


Los que sufren persecución. Ahí tenéis a nuestro luchador: iba huyendo de un hombre crudelísimo, escapaba de su hermano, y como apoyo se sirvió de una piedra. Esa piedra es Cristo, piedra que sirve de auxilio a quienes sufren persecución, pero para los incrédulos judíos es motivo de tropiezo y piedra de escándalo. "Y Jacob vio allí -sigue diciendo la Escritura- una escala que desde la tierra se elevaba hasta el cielo; y en el cielo, al Señor, que se apoyaba en ella". "Y vio -continua el texto- ángeles que subían y bajaban". Fijaos en lo que dice. Vio ángeles que subían: vio a Pablo que también subía. Vio ángeles que bajaban; vio al traidor Judas, que caía rodando. Vio ángeles que subían: los santos que desde la tierra ascendían al cielo. Vio ángeles que bajaban: el diablo, los demonios y todo su ejército arrojados del cielo. Gran dificultad entraña subir desde la tierra hasta el cielo. Nos resulta más fácil precipitarnos que ascender. Rodamos con facilidad; la ascensión supone un gran esfuerzo y una enorme fatiga. Si me hallase en el primer escalón, ¿cuánto me queda para llegar al cielo? O si me encontrase en el segundo, en el tercero, en el cuarto o incluso en el décimo ¿de qué me sirve si no alacanzo la cima? Supongamos que esta escalera tiene quince peldaños y que he llegado hasta el decimocuarto. ¿De qué me aprovecha si no he logrado llegar al decimoquinto? Y si he alcanzado el decimoquinto y me precipito desde allí, cuanto más alto, mayor será la ruina. Jerónimo, Comentario al Salmo 119.


28,12   Entonces tuvo un sueño

Una escala apoyada sobre la tierra. También nuestro padre Jacob oró en Betel y vio la puerta del cielo abierta y una escala que subía hasta lo alto. Éste es un símbolo de nuestro Salvador, al cual vio Jacob. La puerta del cielo es el Mesías, según lo que dijo: "Yo soy la puerta de la vida. Todo el que pase por mí vivirá para siempre". También David dijo: "Esta es la puerta del Señor. Los justos pasarán por ella". La escala que vio Jacob también es un símbolo de nuestro Salvador, por medio del cual suben los hombres justos del [mundo] inferior al superior. Es también un símbolo de la cruz de nuestro Salvador, que ha sido representada a semejanza de una escala en la que el Señor está de pie en lo alto. Afraates, Sobre la oración, 5.


28,13   Voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra


Observad aquí el cuidado extraordinario del Dios amoroso. Cuando Él vio que Jacob emprendió el viaje siguiendo el consejo que le había dado su madre por miedo a su hermano, y que toma el camino como un atleta, sin ninguna clase de consuelo, abandonando todo al apoyo del cielo. Cristo quiso desde el principio del viaje fortalecer la resolución de Jacob. Así pues, Cristo se le apareció y le dijo: "Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de tu padre Isaac". Yo he hecho que el patriarca y tu padre experimenten un gran aumento de prosperidad; por tanto, lejos de estar asustado, cree que Yo soy quien cumplió las promesas y derramaré sobre ti mi cuidado. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 54, 4.


28, 17   La casa de Dios y la puerta del cielo


Los jebuseos edificaron Betel, ciudad de Samaría. En un principio llamada Luz, pero después de que Jacob viera en sueños la escala apoyada en el cielo y dijera: "Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo", este lugar cambió su nombre por el de Betel, que quiere decir "casa de Dios". Pero desde el momento en que allí fabricó Jeroboán los becerros de oro, se la comenzó a denominar Betaven, es decir, "casa del ídolo", cuando antes se la conocía como "casa de Dios". Isidoro, Etimologías, 15, 1, 22.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 270-277
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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