Labán persigue a Jacob


22Al tercer día dieron a Labán la noticia de que Jacob había huido. 23Entonces tomó consigo a sus parientes y lo persiguió durante siete días, dándole alcance en la montaña de Galaad. 24Pero aquella noche Dios se acercó a Labán, el arameo, en un sueño, y le dijo: "Guárdate de hacer nada a Jacob, ni bueno ni malo".
   25Labán alcanzó a Jacob que había montado su tienda en la montaña, y montó también su tienda en la montaña de Galaad. 26Y dijo Labán a Jacob: "¿Qué has hecho? Me has engañado y te has llevado a mis hijas como cautivas de guerra. 27¿Por qué huiste a escondidas engañándome y no me lo hiciste saber? Yo te habría despedido con alegría y cantos, con panderos y cítaras. 28Ni siquiera me has dejado dar un beso a mis hijas y a mis nietos. En esto te has portado como un necio. 29Está en mi mano poder haceros daño; pero el Dios de vuestros padres me habló a noche dicendo: "Guárdate de hacer algo a Jacob, ni bueno ni malo". 30Ahora te has ido porque anhelabas tu casa paterna, pero ¿por qué me has robado mis dioses?". 31Respondió Jacob a Labán: "Tuve miedo porque pensé que me quitarías a tus hijas. 32Pero a quien le encuentres tus dioses, no vivirá. Delante de nuestros hermanos busca lo que tenga tuyo y tómalo". No sabía Jacob que Raquel los había robado.
   33Labán entró en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de las dos esclavas, y no encontró nada. Cuando salió de la tienda de Lía entró en la de Raquel. 34Pero Raquel se había apoderado de los terafim, los había metido en una montura de camello y se había sentado encima. Labán registró toda la tienda y no encontró nada. 35Ella le dijo a su padre: "No te enfades, mi señor, si no puedo levantarme en tu presencia, pues estoy indispuesta". Él buscó, pero no encontró los terafim.
   36Entonces se indignó Jacob y se encaró a Labán. Jacob increpó a Labán: "¿Cuál es mi crimen o mi pecado para que me persigas? 37Has registrado todas mis cosas. Si has encontrado algo de tu casa, ponlo aquí, ante mis parientes y los tuyos, y que ellos juzguen entre nosotros dos. 38He estado contigo veinte años y ni tus ovejas ni tus cabras abortaron; no me comí los carneros de tu rebaño; 39no te traje res despedazada, sino que yo mismo la reponía; me exigías lo que robaban de día y lo que robaban de noche. 40Aguanté que me devorara el calor durante el día y el frío durante la noche sin poder conciliar el sueño. 41Llevo veinte años en tu casa; catorce te serví por tus dos hijas, y seis por tu ganado; y me cambiaste la paga diez veces. 42Si no hubiera sido porque el Dios de mi padre, el Dios de Abrahán y el Temor de Isaac, estaba conmigo, ahora me habrías despedido sin nada. Pero Dios ha visto mi aflicción y el cansancio de mis manos, y anoche lo dictaminó". (Génesis 31, 22-42).


31, 24   Dios se acercó a Labán


Maravillosa es la bondad del Señor. Cuando Dios vio que Labán se disponía para el ataque e intentaba entrar en conflicto con el justo, le dijo, como si verificase su intención por estas palabras: "Guárdate de no hablar hostilmente a Jacob. Ni siquiera con palabras atormentes a Jacob -dice-; al contrario, ten cuidado, contén este perverso ataque, reprime tu cólera, detén tus pensamientos encendidos y no lo atormentes ni de palabra". Considera la bondad de Dios. En lugar de decirle a Labán que se vuelva, sólo le amonesta a no dirigir ninguna palabra áspera o severa al justo. ¿Cuál es la razón para eso? Que el justo comprobará la magnitud del cuidado que le fue dispensado por Dios.
   Si Labán hubiera retrocedido, ¿cómo habría sabido esto el justo o sus esposas? Dios permitió que Labán fuera, y que de sus propios labios confesara las palabras pronunciadas por Dios. Y lo hizo también para que el justo pudiera ganar un entusiasmo mayor y confianza en su retorno y que sus esposas llegasen a saber cuánto cuidado recibió Jacob del Dios de todas las cosas, y así rechazarán el error paterno e imitasen al justo. Así, de este incidente sacaron una considerable enseñanza de la sabiduría de Dios. Lo que procedía de Jacob no era tan convincente como la palabra de Labán, que todavía era un devoto de los ídolos. Y es que el testimonio de infieles y de los enemigos de la religión contiene siempre un gran poder para convencer. De hecho, es una señal de la sabiduría creativa de Dios, cuando convierte a los enemigos de la verdad en testigos de la verdad; entonces lucha su lado a través de sus lenguas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 4.


31, 26   Me has engañado y te has llevado a mis hijas


Mira cómo la orden de Dios reprimió la rabia y refrenó su cólera. Entonces Labán dirige sus palabras a [Jacob] con suavidad extrema, casi apologéticamente, y le muestra señales de un afecto paternal. De hecho, siempre que nosotros disfrutamos de la providencia de lo alto, no sólo logramos evitar las insidias de personas malas, sino que no sufrimos daño aunque encontremos bestias salvajes. El Señor de todo da evidencia de la abundancia de su poder característico transformando la naturaleza de las bestias y convirtiéndola en la mansedumbre de las ovejas. Y no sólo podrás observar esto en bestias salvajes, sino también en los mismos elementos; si es su deseo, los mismos elementos se olvidan de su poder, y el fuego ya no muestra las características del fuego. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 4.


31, 30   Te has ido porque anhelabas tu casa paterna


¿Qué clase de dioses eran estos? ¿Qué extraordinaria tontería, qué tipo de dioses son los tuyos, que hasta pueden robarse? ¿No te avergüenza decir: "Por qué me robaste mis dioses familiares"? Mira la extrema magnitud del extravío de personas dotadas de razón, que dan culto a madera y a piedra. Estos dioses tuyos, Labán, ¿no podrían evitar el ser robados? Más, después de todo, ¿cómo van a poder, siendo como son de piedra? Por el contrario, el Dios de este justo, aun cuando el justo estaba en la ignorancia, dirigió su partida. ¿No te das cuenta del gran error de acusar al justo de robo? ¿Por qué causa los iba a robar si los había despreciado, o más bien había comprendido que estaban hechos de piedra y no tenían sentimientos? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 5.


31, 32   Respondió Jacob

La justicia gana sin inflingir pérdidas. Ahora consideremos cómo debe comportarse el hombre justo en el caso que hubiera surgido la envidia. Lo primero es huír de ella; en efecto, es mejor marcharse sin litigio que quedarse con disputa. Después de esto, que posea tales cosas que las pueda llevar consigo, de tal manera que con ninguna cosa el adversario pueda tenerlo sujeto, sino que pueda decir: "Mira si hay alguna cosa tuya en mi poder". Y Labán buscó y no encontró nada suyo en poder de Jacob". Fue un gran hombre y verdaderamente feliz, porque fue capaz de no perder nada propio y de no poseer nada ajeno, es decir, no tener nada de menos y nada de más. Así pues, es perfecto aquel a quien no falte nada; es justo aquel que no tiene nada superfluo; esto es, en efecto, propio de la justicia: el conservar la mesura. ¡Cuán grande es la virtud cuya participación obtenía un provecho sin tener que lamentar una pérdida! Esto significa ser perfecto: ofrecer muchísimas ventajas a quienes están en su entorno y no producir ninguna desventaja.
   En efecto, aquel que quería hacer daño a Jacob no pudo dejarle ir de vacío. El sabio, efectivamente, nunca está vacío; tiene siempre consigo la vestidura de la prudencia, y puede decir: "Me ponía la justicia y me vestía el juicio", como dijo Job. En verdad, éstos son los velos interiores de la mente, que ningún otro puede quitar, excepto que uno sea despojado por su propia culpa. Así de esta manera fue despojado Adán, y fue encontrado desnudo; en cambio José, aún después de haber dejado la vestidura exterior, no estaba desnudo, porque tenía intacta la vestidura de la virtud. Por tanto, el sabio no está nunca vacío. En efecto, ¿cómo puede estar vacío quien ha recibido la plenitud de Cristo y mantiene la posesión de todo lo que ha recibido? ¿Cómo puede estar vacío aquel cuya alma está llena porque custodia la vestidura de la gracia recibida? Esto es lo único que debemos temer, que alguno pierda el velo de la inocencia y que los ímpios, superados los confines de la justicia con el asalto de la sacrílega persecución, arrebaten la vestidura del alma y de la mente. Esto no sucede fácilmente, a menos que alguien haya sido despojado antes por la voz de su iniquidad. Por esto, también David dice: "Si hay iniquidad en mis manos, que mis enemigos me despojen, que mi enemigo persiga mi alma y que se haga con ella". Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 5, 21.


31, 33   No encontró nada


El demonio no tiene posesión duradera. Pero estas cosas pertenecen al sentido moral, mas en sentido místico el hecho es que Labán -que significa "hecho blanco", porque también Satanás se transfigura en ángel de luz- vino a él [Jacob] y comenzó a reclamarle sus propios bienes. Le respondió Jacob: "Mira si hay alguna cosa tuya en mi poder", es decir: "No tengo nada tuyo. Mira si reconoces alguna cosa de tus vicios y de tus crímenes. Yo no he llevado conmigo ninguno de tus fraudes, no tengo ninguna parte en tu engaño, he huído de todas tus cosas como de un contagio". Y labán buscó y no encontró nada suyo. ¡Qué feliz es el hombre en el que el enemigo no encontró nada que pudiera decir que era suyo, en el que el diablo no halló nada que reconociese como propio! Esto parecía imposible en un hombre, pero él era figura de Aquel que dijo en el Evangelio: "Vendrá el príncipe de este mundo, pero en mí no encontrará nada". En efecto, nada es todo lo que es el diablo, porque no puede tener una permanente posesión de la vida. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 5, 24.


31, 34   Raquel se había apoderado de los terafim


La prudencia escondió los ídolos. La santa Raquel -es decir, la Iglesia o la prudencia- había escondido los ídolos porque la Iglesia ignora las ideas vanas y las imágenes de ídolos irreales, pero conoce la verdadera sustancia de la Trinidad. Por tanto, abolió las sombras y dio a conocer el resplandor de la gloria. Ambrosio, Sobre la huída del mundo, 5, 27.


31, 35   No te enfades, mi Señor


La ridiculez de ídolos mudos. Maravillosa es la agudeza de Raquel por la que tuvo éxito y burló a Labán. Que se avergüencen aquellos que son víctimas de engaño y dan gran importancia al culto de ídolos. "Ella los puso bajo una montura de camello -dice el texto-, y se sentó sobre ellos". ¿Que podría ser más ridículo que estas personas? Aunque dotados por el clemente Dios de razón y de tal superioridad maravillosa, ellos se rinden al culto de una piedra inanimada y, lejos de estar avergonzados o sentir tamaño absurdo, se igualan a las costumbres de los animales mudos. También Pablo escribió en estos términos: "Sabéis que cuando erais paganos, marchabais en pos de ídolos mudos en vuestro frenesí". Acertadamente dijo "mudos"; las personas con la facultad de hablar, que gozan de razón y oyen, no reaccionan como animales irracionales. ¿Qué excusa tendrían los que son así? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 6.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 295-300
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob huye de Labán


1Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: "Jacob se ha llevado todo lo de nuestro padre y ha hecho toda esa fortuna con lo que pertenece a nuestro padre". 2Jacob observó el rostro de Labán y vio que ya no era respecto a él como en los días pasados. 3Además, el Señor dijo a Jacob: "Vuelve a la tierra de tus padres, a los tuyos; yo estaré contigo". 4Entonces Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía para que fueran al campo junto al rebaño, 5y les dijo: "Observo que el rostro de vuestro padre hacia mí no es como en los días pasados; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 6Vosotras sabéis que he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas. 7Pero vuestro padre se ha burlado de mí cambiando diez veces mi paga; sin embargo, Dios no le ha permitido hacerme daño. 8Si él decía: "las reses listadas serán tu paga", todo el ganado paría crías listadas; y sí decía: "las reses con pintas serán tu paga", todo el rebaño paría con pintas. 9Dios le ha quitado el rebaño a vuestro padre y me lo ha dado a mí. 10Así pues, en el tiempo de aparearse el ganado levanté la vista, y vi en un sueño que los machos que cubrían el ganado eran listados, con pintas y con manchas. 11Y en el sueño me habló un ángel de Dios: "Jacob"; y contesté: "Aquí estoy". 12Y me dijo: "Levanta la vista y observa que todos los machos que cubren el ganado son listados, con pintas y con manchas, porque he visto todo lo que está haciendo Labán. 13Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una estela, y donde me hiciste un voto. Ahora ponte en camino, sal de esta tierra y vuelve a tu tierra natal". 14Raquel y Lía le respondieron: ¿Acaso tenemos aún parte o herencia en la casa de nuestro padre? 15¿No nos considera extranjeras puesto que nos ha vendido e incluso ha devorado nuestro dinero? 16Toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre era nuestra y de nuestros hijos; ahora pues, haz todo lo que Dios te ha mandado".
    17Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres sobre los camellos, 18y se llevó todo su ganado, el ganado de su propiedad que había adquirido en Padán-Aram, y los bienes que había conseguido, dirigiéndose a casa de su padre Isaac, en tierra de Canaán. 19Mientras Labán había ido a esquilar su rebaño, Raquel robó los terafim que tenía su padre. 20Jacob, por su parte, engañó a Labán, el arameo, al no comunicarle que se escapaba. 21Así huyó él con todo lo que tenía. Se puso en camino, cruzó el río y se dirigió a la montaña de Galaad. Génesis (31, 1-21).


31, 1    Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán


La envidia los dirigió a la ingratitud. Mira como la envidia los condujo a la ingratitud, y no sólo a ellos sino también al propio Labán. "Jacob observó la actitud de Labán -dice el texto- y vio que ya no era respecto a él como en los días pasados". Observa como las palabras de sus hijos ofuscaron su mente y le hicieron olvidarse de lo que él había dicho algún tiempo antes en conversación con Jacob: "Dios me ha bendecido con tu llegada". Después de agradecer al Señor que hubiera hecho que su riqueza aumentara gracias a la llegada del justo, su mente se perturbó bajo la influencia de sus hijos y se inflamó de envidia, quizás porque vio las circunstancias afortunadas del justo y no quiso comportarse con él de la misma manera. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 2.

 31, 3   Yo estaré contigo


Tomar el camino con confianza. ¿No ves, por un lado, la gran mansedumbre del justo, y por otro, la ingratitud de ellos, que no podían soportar su envidia, de forma que llegaron a influir en la actitud de su padre? Mira también la inefable providencia de Dios y el grado de consideración que emplea cuando nos ve actuando de la mejor manera. Al ver que el hombre bueno era objeto de la envidia de ellos, dijo a Jacob: "Regresa a la tierra de tu padre y a tu tierra natal; yo estaré contigo". Has tenido bastante con vivir en una tierra extranjera, le está diciendo. Lo que yo te prometí anteriormente diciéndote que te haría volver a tu país, pienso llevarlo a cabo ahora. Por tanto, parte sin miedo; después de todo "yo estaré contigo". Fíjate: para que el justo no sea lento para partir y, al contrario, se encienda su confianza en el retorno, le dice: "Yo estaré contigo". El mismo que ha guiado tus asuntos hasta ahora y ha hecho multiplicarse a tus descendientes, ese mismo soy Yo, y estaré contigo en el futuro. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 2.


31, 12   Levanta la vista y observa


La venganza es de Dios, no nuestra. Con esto aprendemos que siempre que sobrellevemos bien y con docilidad el mal que puedan hacernos, gozaremos del auxilio del cielo en una medida mayor y más abundante. Por tanto, no resistamos a los que nos maldicen; mejor, soportémoslo noblemente sabiendo que el Señor de todas las cosas no se olvidará de nosotros si mostramos nuestra buena voluntad. "La venganza es mía", dice la Escritura. "Yo restituiré", dice el Señor. Por lo mismo dijo Jacob: "Dios no le ha permitido hacerme daño"; realmente desde que él pensó privarme del pago de mi trabajo, el Señor dio muestras de su cuidado con nosotros trasladándonos todos sus bienes con una abundancia maravillosa. Él ha mostrado tal cuidado con nosotros sabedor de que realicé mi servicio con todas mis fuerzas y viendo que Labán no estaba bien dispuesto conmigo. Y en prueba de que no digo esto ociosamente tengo a Dios como testigo de lo que me ha hecho vuestro padre. "He observado todo lo que Labán ha estado haciendo contigo", dice; no sólo te ha privado de tu sueldo, sino que también, en lugar de estar bien dispuesto hacia a ti como antes, mantiene una actitud completamente torcida. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 3.


31, 17   Montó a sus hijos y a sus mujeres sobre sus camellos


Considera la noble resolución del justo, que sofoca todo sentimiento de miedo o repugnancia para responder al mandato del Señor. Y es que cuando vio que la actitud de Labán incumplía su promesa, se abstuvo de hablarlo con él como hizo anteriormente; en cambio, actuó según el Señor, tomando a sus esposas e hijos y emprendiendo el camino. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 4.


31, 19   Raquel robó los terafim que tenía su padre


Este hecho no se incluye por casualidad, sino para que conozcamos como todavía estaban aferrados a sus tradiciones y mostraban una gran devoción a los ídolos familiares. Considera cómo [Raquel] fue quien causó semejante problema, pues robó a su padre nada menos que los ídolos familiares, y lo hizo a escondidas de su marido; Jacob no habría permitido que esto sucediera. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 4.


31, 21   Huyó con todo lo que tenía


Labán representa la ira del mundo. Nadie tendría necesidad de largos discursos para obtener una prueba clara de que el mundo se enfureció y reaccionó con cólera contra Cristo, cuando el número de creyentes se incrementó. Mira como Labán junto con sus hijos persigue con grandes gritos a Jacob cuando éste se distanciaba. También Cristo, en cierta manera, se marcha del mundo con sus novias, es decir, con las Iglesias, y emigra en cierto modo con toda su casa, gritando espiritualmente a los suyos: "Levantaos, vayamos de aquí". El modo de la salida no es perceptible por los sentidos ni debería entenderse como el salir de un lugar a otro lugar (pensar y hablar así sería extraño), sino el salir de forma de pensar de acuerdo con las cosas del mundo, el desear hacer lo que agrada a Dios. Pues como escribe el bienaventurado Pablo: "No tenemos aquí la ciudad permanente, sino que esperamos a la que ha de venir", cuyo artífice y creador es Dios. Escribe también otro de los santos apóstoles: "Os exhorto como extranjeros y peregrinos, apartaos de los deseos carnales, los que luchan contra el alma". Caminando sobre la tierra, comportémonos como en el cielo, aspirando a vivir ya no de forma carnal, sino más bien santa y espiritualmente. A esto nos estimula Pablo cuando nos ordena: "No os amoldéis a este mundo, sino asemejaos a la renovación de vuestra mente, para que podáis probar cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo que es agradable y perfecto". Si no nos configuramos a este mundo, superando los errores mundanos, seremos imitadores de él. Sabiendo bien que esto es así, decía el Salvador: "Si fueséis del mundo, el mundo amaría lo suyo, pero como no sois del mundo, por eso el mundo os odia". Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 5, 5.


La Biblia comentada 
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 292-295
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Enrequecimiento de Jacob


25Después de que Raquel diera a luz a José, dijo Jacob a Labán: "Déjame marchar, que quiero ir a mi casa y a mi tierra; 26dame las mujeres y los hijos por los que te he servido y me iré, pues tú conoces el servicio que te he prestado".
   27Le respondió Labán: "Si me aprecias, quédate; he recibido un oráculo de que el Señor me ha bendecido por tu causa". 28Y añadió: "Fíjame tu salario y te lo pagaré". 29Le dijo Jacob: "Tú sabes cuánto te he servido y cómo le ha ido a tu ganado conmigo, 30pues lo poco que tenías antes se ha convertido en mucho; el Señor te ha bendecido con mi llegada. Ahora bien, ¿cuándo voy a hacer algo por mi casa?". 31Labán le preguntó: "¿Qué tengo que darte?". No me des nada -respondió Jacob-; haz únicamente lo siguiente: Volveré a pastorear y a cuidar a tu rebaño. 32Pasaré hoy entre todo tu rebaño; tú aparta la reses listadas y oscuras; y todas las negras entre las ovejas, y las oscuras y con pintas de entre las cabras, serán mi paga. 33Así el día de mañana mi honradez responderá de mí. Cuando te persones a comprobar mi paga, todo lo que no tenga pintas ni sea oscuro entre las cabras, o negro entre las ovejas, se me considerará un robo". 34Respondió Labán: "Está bien; sea como dices". 35Aquel mismo día Labán apartó los machos cabríos oscuros y con pintas negras, todas las cabras oscuras y con pintas, todo lo que tenía algo de blanco, todas las ovejas negras, y las entregó a sus hijos. 36Se alejó de Jacob tres días de camino, mientras que Jacob pastoreó el resto del rebaño de Labán.
   37Jacob se procuró unas varas verdes de álamo, almendro y plátano; y peló en ellas una franjas, dejando al descubierto lo blanco de las varas. 38Luego colocó las varas descortezadas en los pilones de los abrevaderos de agua donde el ganado venía a beber, justo delante del ganado que se apareaba al venir a abrevar. 39Así el ganado se apareaba delante de las varas y paría crías con pintas negras, reses listadas y oscuras. 40Jacob apartó los corderos y puso ese ganado junto al que tenía pintas o era negro en el rebaño de Labán, e iba poniendo sus hatos aparte, sin mezclarlos con el rebaño de Labán. 41Y siempre que se apareaban las reses más fuertes ponía Jacob las varas delante de ellas en los pilones, para que se aparearan delante de las varas; 42en cambio, no las ponía cuando las reses eran débiles. Así, las endebles eran para Labán y las fuertes para Jacob. 43El hombre se enriqueció muchísimo y tenía rebaños numerosos, siervas y siervos, camellos y asnos. Génesis (30, 25-43).


30, 26   Déjame marchar


Nada es más eficaz que la mansedumbre, nada es más poderoso que ella. Observa cómo Jacob se acercó haciendo uso de la mansedumbre. Por eso también Labán dispuso con mucha sensatez su respuesta. Labán le contestó: "Si me aprecias, quédate; si los oráculos no me engañan, Dios me ha bendecido con tu venida. Fíjame tu salario y te lo pagaré". No soy desconocedor -continúa diciendo- de que tras tu venida he gozado en mayor medida del favor de Dios. Reconozco la bondad que me ha otorgado con tu venida. "Dime el salario que quieras y te lo pagaré prontamente".
   Considera que gran cosa es la mansedumbre, y no pases ociosamente por estas palabras. Ten presente que el justo no había hecho ninguna mención de esto ni había pedido pago alguno para su problema. Él había dicho sólo esto: "Dame las esposas y los hijos por los que he estado a tu servicio, para que pueda partir". Pero el otro hombre, por respeto a la gran mansedumbre del justo, contestó: "Dime qué sueldo quieres que te pague, y yo te lo pagaré". Después de todo, ¿es que no estaban "las esposas de Jacob y sus hijos en su compañía"? Pues ¿por qué dijo él: "Permíteme tener mis esposas y mis hijos"? Jacob estaba dándole el respeto debido y mostrando en todo su conducta habitual, y deseaba llevar a cabo su marcha sin impedimento. De todos modos, date cuenta de cómo con estas palabras se ganó a Labán hasta el punto de que le prometió pagar un sueldo y le dejó a él la decisión. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57,1.


30, 30   El Señor te ha bendecido con mi llegada


"Te hablo del testimonio de mis trabajos -dice-. Me refiero a que sabes lo bien que le ha ido a tu ganado conmigo, pues después de encargarme de lo poco que tenías, hice que se convirtiera en un inmenso rebaño gracias a mi atención y vigilancia". Entonces, para mostrar su actitud piadosa, agregó: "El Señor, tú lo ves, te ha bendecido con mi llegada. Ahora bien ¿no ha llegado quizá el momento de que construya mi propia casa? Sabes que después de mi venida la gracia de lo alto aumentó tu prosperidad. Y como también yo he cumplido mi parte con todo empeño y la gracia de Dios se ha hecho manifiesta, es justo que me construya una casa también para mí". Ahora bien, ¿cuál es el significado de que "me construya una casa para mí"? Significa vivir de ahora en adelante en liberad y ocuparse de una casa propia. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57,1.


30, 37   Jacob se procuró unas varas verdes de álamo


El justo [Jacob] comienza, por así decir, como un mercenario, y es pastor, porque con el ministerio de la predicación evangélica reunía para sí una grey resplandeciente con el fulgor de muchas y nobles virtudes. A las ovejas que estaban para beber les ponía unas varas de álamo, de almendro y de plátano para que, deseando los misterios de la Santísima Trinidad, aquí prefigurados, no produjeran, de algún modo, por la concepción de una mente devota, unos hijos descoloridos. Fueron buenas las ovejas que vieron la luz, hijas de las buenas obras, no degeneradas de la santa fe. Con el álamo se significa el incienso y el sacrificio vespertino que se ofrecía a Dios Padre en el salmo. Con la vara de almendro es ofrecido a Cristo el don sacerdotal: ésta es, en efecto, la vara de Aarón que, una vez puesta en su lugar, floreció, porque resplandeció con la gracia de la santificación sacerdotal. Con el plátano se significa la riqueza del fruto espiritual, porque a este árbol se une la vid para que esta fertil unión asegure los ricos frutos, desde el momento que la adición de la gracia ha sostenido siempre los dones de la pasión del Señor y la remisión de todos los pecados. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 4, 19.   

 30, 38   Colocó las varas descortezadas

Pero ¿dónde colocó Jacob las varas? En los canales de los abrevaderos. Se podrían considerar también como canales abrevaderos del rebaño racional, es decir, de nosotros, los escritos de Moisés y los oráculos de los profetas, que hacen brotar sólo para nosotros la palabra de arriba, la que viene de Dios. Pues está escrito: "Sacaréis agua con alegría de las fuentes del Salvador". Allí encontraremos a Emmanuel, la vara del poder. Y en la muerte por nuestra causa, lo encontraremos como primogénito de entre los muertos y elevado a la gloria e incrementando el número de los creyentes, como dije antes. Todas las palabras de los santos profetas, también las de Moisés, insinúan el misterio de Cristo, por eso el sabio Pablo dijo: "Cristo es el fin de los profetas y de la Ley". Además Jacob arrancó las cortezas blancas en las varas y apartó también las verdes, y de esta forma junto a aquellas ovejas concibieron retoños variados. De forma parecida Cristo arranca las sombras de la Ley y como el velo de los escritos proféticos, haciéndolos brillar y manifestándonos de esta forma cuidadosamente la doctrina visible desde lejos y contenida en ella para nosotros, y le dio un encanto espiritual: persuade para que quieran cambiarse a la virtud, ejercitando la virtud de dos formas, quiero decir, de obra y de palabra. Así pues, los divinos profetas, llevando en sí mismos la imagen de los justificados en la fe, gritaban abiertamente: "Por tu temor, Señor, hemos concebido en el vientre, tuvimos dolores de parto y dimos a luz el espíritu de tu salvación". El mismo bienaventurado Isaías dijo de manera apropiada: "Sed fuertes, manos que estáis de espera, rodillas debilitadas, consolaos los pusilánimes de espíritu, sed fuertes, no temáis. He aquí que nuestro Dios llega con su juicio y lo distribuirá". Y en otro lugar: "He aquí que nuestro Dios viene con poder y su brazo con señorío, como pastor pastoreará su rebaño y con su brazo llevará los corderos y consolará a las que llevan en su seno"; es decir, habrá consuelo espiritual para quienes han concebido en su seno la palabra divina, ya que serán fructuosos, y para quienes todavía no están a punto de dar a luz las alegrías de la vida evangélica. Éste es el fruto de un alma santa y sincera. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 5, 4.

30, 40   Jacob apartó los corderos

El justo no planeó estas cosas por propia iniciativa, sino por la gracia de lo alto que inspiraba su mente. Pues lo realizado no fue según el razonamiento humano, sino algo maravilloso y más allá de la lógica natural. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 57, 2.

30, 41   Las reses más fuertes

Jacob no fue el creador de la policromía en sus rebaños por el hecho de haber colocado varas listadas en los abrevaderos para que a su vista concibieran las madres en celo. Ni tampoco las ovejas son creadoras de los variados colores de sus corderillos por razón de retener en sus almas las fantasías policromas que surgían al contacto visual de las varas listadas, cosa que no habría podido suceder si el cuerpo no hubiera sido afectado por el principio de vida, hasta hacerle transmitir el color al tierno recental en su embrionaria existencia. Y ora sea mutuo el influjo, ora el alma influya en el cuerpo o éste en el alma, de hecho siempre sucede conforme a las normas de la naturaleza, preexistentes de una manera inmutable en la sabiduría increada de Dios, que es irreceptible en el espacio; y siendo ella inmutable, ordena todas las cosas perecederas, pues nada de esto existiría de no haber sido por ella creado. El que de las ovejas nazcan corderos y no varas, obra es de la inmutable e indivisible inteligencia y sabiduría de Dios, por quien han sido todas las cosas creadas, pero no fue el alma de la oveja grávida la que, al contemplar las varas variopintas, transmitió esta policromía al feto que nacía en su vientre; y todo esto acontece según la ley impresa en el alma por la potencia misteriosa del Creador. Agustín, Sobre la Santísima Trinidad, 3, 7, 15. 

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 288-292
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hijos de Jacob con Zilpá, Lía y Raquel


9Al ver Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio por mujer a Jacob. 10Zilpá, la esclava de Lía, dio un hijo a Jacob; 11y Lía exclamó: "¡Qué buena suerte!". Y le puso por nombre Gad. 12Todavía Zilpá, la esclava de Lía, dio un segundo hijo a Jacob, 13y Lía dijo: "Qué feliz soy, pues me felicitarán las mujeres. Y le puso por nombre Aser".
   14En los días de la siega de trigo, Rubén salió al campo, encontró unas mandrágoras, y se las llevó a su madre Lía. Entonces le dijo Raquel a Lía: "Por favor, dame de las mandrágoras de tu hijo". 15Ésta contestó: "¿No te basta con haberte llevado a mi marido para que te lleves también las mandrágoras de mi hijo?". Repuso Raquel: "Está bien, que duerma contigo esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo". 16Y al llegar Jacob del campo por la tarde, Lía salió a su encuentro y le dijo: "Vente conmigo, pues he pagado por ti con las mandrágoras de mi hijo". Y Jacob se unió a ella aquella noche. 17El Señor escuchó a Lía, que concibió y dio a Jacob el quinto hijo. 18Dijo Lía: "Dios me ha pagado por dar mi esclava a mi marido". Y le puso por nombre Isacar. 19De nuevo concibió Lía y dio a Jacob el sexto hijo. 20Dijo entonces Lía: "Dios me ha hecho un buen regalo, esta vez me ganaré a mi marido pues le he dado seis hijos". Y le puso por nombre Zabulón. 21Después dio a luz una hija y le puso por nombre Dina. 22Dios se acordó de Raquel. Dios la escuchó y la hizo fecunda. 23Ella concibió y dio a luz un hijo, y exclamó: "Dios ha quitado mi afrenta". 24Y le puso por nombre José, diciendo: "Que el Señor me añada otro hijo". Génesis (30, 9-24)


30, 14   Encontró unas mandrágoras


 Dicen que la mandrágora es una planta cuyos frutos se parecen a las manzanas, y son olorosos y comestibles. Por medio de esas mandrágoras, con alegría mezclada con fe, Lía consiguió que Jacob la tomase aquella noche. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 28, 3.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 287
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hijos de Jacob con Bilhá


1Raquel veía que no daba hijos a Jacob, y tuvo celos de su hermana. Entonces dijo a Jacob: "Dame hijos o si no moriré". 2Jacob se enfadó con Raquel y exclamó: "¿Acaso estoy yo en el puesto de Dios que te ha privado del fruto de tu vientre?". 3Ella respondió: "Ahí tienes a mi esclava Bilhá; llégate a ella y que de a luz sobre mis rodillas. Así, yo tendré hijos por medio de ella". 4Y le dio a su esclava Bilhá por mujer, y Jacob se llegó a ella. 5Bilhá concibió y dio un hijo a Jacob. 6Entonces dijo Raquel: "Dios me ha hecho justicia y ha escuchado mi voz dándome un hijo". Por eso le puso por nombre Dan. 7De nuevo concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo. 8Y Raquel exclamó: "He peleado con mi hermana peleas divinas, y he vencido". Y le puso por nombre Neftalí. Génesis (30, 1-8).


30, 1   Dame hijos o si no moriré


Raquel pensó que Jacob no había rezado por ella. Lía engendró a Rubén, a Simeón, a Leví y a Judá y dejó de engendrar; Raquel era estéril. Ella, puesto que había oído de Jacob que Abrahán oró por Sara la estéril y fue escuchado y que Isaac suplicó por Rebeca y obtuvo respuesta, pensó que su cerrado seno no se había abierto porque él no había suplicado por ella. Por eso dijo enfadada y llorando: "¡Dame hijos o me muero!". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 28, 1.


30, 2   Jacob se enfadó con Raquel


Jacob replicó con gran sabiduría. ¿Por qué dice Jacob, ignoras al Señor de la naturaleza y lanzas reproches contra mí? Él es quién te ha privado del fruto de tu vientre. ¿Por qué no le reclamas a Él, que es quién puede abrir el taller de la naturaleza y puede vivificar el útero para engendrar? Entiende así que Dios es el que te ha privado del fruto de tu vientre y le ha concedido la fertilidad a tu hermana. No me exijas lo que soy incapaz de realizar y algo sobre lo que no tengo poder alguno. Si estuviera en mi poder, yo sin duda te antepondría a tu hermana y te daría todo mi favor. Pero aunque innumerables veces te demuestre mi amor, no puedo hacer nada para resolver tu problema; por tanto, encárate con quién te infligió la esterilidad y tiene el poder para remediarla. Mira la sensatez del justo: aunque ella le provocó con sus palabras, él le contesta con gran sabiduría, la instruye puntualmente en todo y la hace resposable, para que no suceda que ignorando al Señor, exija de otro lo que sólo Dios puede proporcionarle. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 56, 4.


30, 4   Le dio a su esclava Bilhá por mujer


Herederos comunes. A fin de que ella no le anduviera molestando todos los días con los hijos que le pedía, Jacob -que había sido enviado por sus padres para casarse con una hija de Labán- aceptó tomar a una extranjera. Y de este modo los hijos de las siervas llegaron a ser herederos junto con los hijos de las mujeres libres, ya que tomó a siervas y a mujeres libres. Así pues, tomó a Bilhá y ella concibió y dio a luz a Dan y a Neftalí. Efrén de Nisibi, Comentarios sobre el Génesis, 28, 1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 285-287
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los hijos de Jacob


31Vio el Señor que Lía era menospreciada y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril. 32Lía concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Rubén porque se dijo: "El Señor ha visto mi aflicción; por eso ahora me amará mi marido". 33Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y exclamó: "Porque el Señor ha oído que era despreciada, me ha dado también a éste". Y le puso Simeón. 34Volvio a concebir y a dar a luz un hijo, y dijo: "Ahora, esta vez, mi marido vendrá a unirse a mí porque le he dado tres hijos". Y por eso le puso por nombre Leví. 35Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y exclamó: "Esta vez doy gracias al Señor". Por eso le puso por nombre Judá. Y dejó de dar a luz. Génesis (29, 31-35).


29,31   La hizo fecunda


La sabiduría creativa de Dios. Mira la sabiduría y el ingenio de Dios. Considerando que por su belleza una mujer atraía el favor de su marido, y la otra porque le faltaba parecía que era rechazada, a esta última Dios le despertó la facultad de engendrar, mientras que dejó inactivo el útero de la otra. Él trató así a las dos con su amor característico para que una pudiera tener un poco de consuelo de lo que naciera de ella, y así la otra no pudiera triunfar por su encanto y belleza sobre su hermana. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 56, 3.


29,32   El Señor ha visto mi aflicción

 La nobleza familiar atestiguada por la inocencia. Rubén fue el primogénito de los hermanos que fueron engendrados después de él; en ellos, un parecido claro, una semejanza con el primogénito atestiguaba el parentesco con el que le estaban unidos hasta el punto de que no se podía ignorar la fraternidad testimoniada por la semejanza en la forma. Por tanto, si nosotros por la misma regeneración del agua y del Espíritu hemos sido hechos hermanos del Señor, el cual se ha convertido por nuestra causa en "primogénito entre muchos hermanos", se sigue lógicamente que en los rasgos de nuestra vida mostremos nuestro parentesco con Él, que es el "primogénito de la creación", y que se revistió de la forma de nuestra vida. Ahora bien, ¿qué rasgos de su forma nos enseña la Escritura? Hemos dicho muchas veces que "Él no cometió pecado ni se encontró engaño en su boca". En consecuencia, si queremos mostrarnos hermanos de aquel que nos ha guiado a un nuevo nacimiento, será la inocencia de vida la que dará testimonio de nuestro parentesco con Él, pues ninguna mancha nos apartará de la unión con la puereza. El primogénito es, además, justicia, santificación, amor, redención, y otras cosas parecidas. Si nuestra vida está sellada con estas características, daremos tales señales de la nobleza de nuestro nacimiento, y quienes las vean en nuestra vida atestiguarán nuestra fraternidad con Cristo. Gregorio de Nisa, Sobre la perfección, 65-67.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 284-285
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob se casa con Raquel


15Entonces Labán dijo a Jacob: "¿Acaso por ser pariente mío me vas a servir de balde? Dime cuál va a ser tu paga?" 16Tenía Labán dos hijas, la mayor se llamaba Lía y la pequeña Raquel. 17Lía era de ojos tristes, Raquel en cambio, tenía buena presencia era muy bella. 18Jacob amaba a Raquel, y propuso a Labán: "Te serviré siete años a cambio de Raquel, tu hija menor". 19Contestó Labán: "Mejor te la doy a ti que a cualquier otro extraño. Quédate conmigo". 20Jacob sirvió a Labán durante siete años que le parecieron unos cuantos días de tanto que la amaba.
   21Entonces dijo Jacob a Labán: "Dame a mi mujer, puesto que se ha cumplido el plazo y quiero vivir con ella". 22Labán reunió a todos los hombres del lugar y dio un banquete. 23Por la noche tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, quien se unió a ella. 24Labán dio su propia esclava Zilpá a su hija Lía como esclava. 25Al llegar la mañana, vio que aquella era Lía. Y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es lo que has hecho? ¿No he servido en tu casa a cambio de Raquel? ¿Por qué me has engañado? 26Respondió Labán: "No es costumbre entre nosotros dar la menor antes que la mayor. 27Termina esta semana y te daremos también a la otra a cambio del servicio que prestes en mi casa durante otros siete años más". 28Así lo hizo Jacob, y terminó aquella semana. Entonces Labán le entregó a su hija Raquel por esposa, 29y además dio su propia esclava Bilhá a su hija Raquel como esclava. 30Jacob vivió también con Raquel, y amaba a Raquel más que a Lía. Sirvió en casa de Labán todavía otros siete años. Génesis (29, 15-30).

 29, 15   Dime cuál va a ser tu paga


Considera cómo cuando alguien es ayudado por la mano de lo alto, todo le sucede favorablemente. "No me vas a servir de balde", dice Labán. "Dime cuál va a ser tu paga". Este justo trabajaba de buena gana y se contentaba con recibir simplemente su alimento cotidiano y con que le dieran las gracias. Pero, como Jacob demostrara una gran humildad, Labán tomó la iniciativa prometiendo pagarle el sueldo que le pidiera. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 55,2.


29, 18   Te serviré siete años


El amor reduce el trabajo y el tiempo. Considera en este caso la superioridad de su inteligencia y cómo no alberga deseo alguno de aumentar su dinero. Lejos de altercar con Labán a la manera del asalariado y exigir algo, Jacob recordó a su madre y las directrices de su padre y mostró una mansedumbre extraordinaria diciendo: "Te serviré siete años a cambio de Raquel, tu hija menor". Y es que nada más verla cerca del pozo, se enamoró de ella. Observa también la sensatez de este hombre: le fija el tiempo, y así, por medio de este periodo de años se le proporciona una prueba adecuada para su propia continencia. Y ¿por qué te sorprendes, queridísimo, escuchando que promete servir siete años por la muchacha que ama? Para mostrar cómo su gran amor redujo el trabajo y el periodo de tiempo, la Sagrada Escritura dice: "Jacob sirvió siete años por Raquel, que le parecieron unos cuantos días comparado con lo que la amaba". El periodo de siete años está diciendo, le pareció pocos días debido a su extraordinario amor por la doncella. Y es que cuando alguien es herido por amor, lejos de ver cualquier problema, y aun con los peligros y grandes dificultades, aguanta todo fácilmente teniendo a la vista sólo una cosa, obtener el objeto de su deseo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 55, 2.


29, 23   Tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob


Bodas solemnes. ¿Ves con cuánta dignidad celebran las bodas en la antiguedad? Poned atención los que, precipitándoos a rituales satánicos, mancháis la santidad del matrimonio desde sus principios. ¿En dónde están las flautas? ¿En dónde están los címbalos? ¿En dónde están los bailes satánicos? Dime. ¿Por qué haces entrar con tanta prisa semejante ruina en el hogar y llamas a actores y bailarinas para que con este gasto lamentable corrompa la castidad de las muchachas y haga a los jóvenes desvergonzados? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 56, 1.


29, 28   Le entregó a su hija Raquel por esposa

Observa, una vez más, con qué decencia se llevó a cabo lo referente a las nupcias. No te escandalices al oír que había tomado como esposa a la mayor en lugar de a la más joven ni juzgues los hechos con parámetros actuales. En aquellos tiempos se permitía a los hombres convivir con dos o tres esposas con objeto de que aumentara la raza; ahora, por el contrario, como por la gracia de Dios la raza humana se ha extendido en un número inmenso, la práctica de la virtud también ha aumentado. Cristo con su venida sembró las semillas de la virtud entre los seres humanos y los convirtió en ángeles, como se dijo, desarraigando así la costumbre anterior. ¿Ves cómo nosotros no debemos estar proponiendo esa práctica sino buscar en todo lo que es útil? Fíjate. Puesto que aquella práctica era mala, mira cómo se ha desarraigado, y nadie es ahora libre de proponerla. Por consiguiente, te ruego, lejos de intentar adoptarla, busca mejor lo que es útil, lo que no es espiritualmente dañoso. Si algo nos hace bien, aun cuando no sea la práctica general, adoptémoslo; pero si es dañoso, aun cuando sea la práctica general, evitémoslo y rechacémoslo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 56, 3. 


29, 30   Amaba a Raquel más que a Lía


Prefiguración de la paz entre judíos y gentiles. En aquel viaje Jacob tomó dos esposas, y las dos esposas representaban a dos pueblos: al pueblo judío y al pueblo gentil. En la venida de Cristo se lee que un número pequeño del pueblo judío también creyó en Él; así, en los Hechos de los Apóstoles consta que un día creyeron tres mil, otro día cinco mil, y posteriormente muchos miles. Y que creerían en Cristo los dos pueblos, el mismo Señor lo confirma en el Evangelio cuando dice: "Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga para formar un solo rebaño con un solo pastor". Por tanto, las dos mujeres, es decir, Lía y Raquel, que se unieron al bienaventurado Jacob, eran figura de estos dos pueblos: Lía, del pueblo judío; Raquel, del pueblo gentil. Y a estos dos pueblos, que procedían de distinto linaje como dos muros de separación, se unió Cristo como la piedra angular; en Él se besaron y en Él merecieron hallar paz eterna, como dice el Apóstol: "Él es nuestra paz, el que hizo de los dos pueblos uno solo" Uniendo efectivamente los dos rebaños y juntando entre sí los dos muros de separación. Cesáreo de Arlés, Sermón, 88, 2.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 281-284
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob llega a Jarán


1Después Jacob reanudó el camino y fue al país de los orientales. 2Divisó un pozo en el campo y, junto a él, tres rebaños de ovejas sesteando allí, pues los rebaños abrevaban en aquel pozo. Una piedra grande tapaba el brocal. 3Allí se reunían todos los rebaños; quitaban entonces la piedra del brocal y daban de beber a las ovejas, volviendo a colocar después la piedra en su sitio sobre el brocal del pozo.
    4Jacob dijo a los pastores: "Hermanos, ¿de dónde sois?" Le respondieron: "Somos de Jarán". 5Les preguntó: "¿Conocéis a Labán, hijo de Najor?" Le contestaron: "Si, le conocemos". 6Les preguntó: "¿Está bien?" Le dijeron: "Está bien. Mira, ahí llega su hija Raquel con las ovejas". 7Él les dijo: "Aún queda mucho día y no es hora de recoger el ganado; abrevad las ovejas e id a apacentarlas". 8Le contestaron: "No podemos hasta que se hayan reunidos todos los rebaños y quiten la piedra del brocal del pozo; entonces podemos abrevar las ovejas".
   9Todavía estaba hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues era pastora. 10Al ver Jacob a Raquel, hija de su tío Labán, y a las ovejas de su tío Labán, se acercó, retiró la piedra del brocal del pozo y abrevó las ovejas de Labán, su tío. 11Después Jacob besó a Raquel y rompió a llorar en alto. 12Jacob declaró a Raquel que era pariente de su padre, pues era hijo de Rebeca. Entonces ella fue corriendo a contárselo a su padre.
   13Cuando Labán oyó la noticia acerca de su sobrino Jacob, fue corriendo a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Allí éste le contó a Labán todas aquellas cosas. 14Labán le dijo: "Realmente eres de mi carne y de mi sangre". Jacob permaneció con él un mes Génesis (29, 1-14).

29, 11   Jacob besó a Raquel

Jacob la desposó con un beso. Jacob fue y se puso al lado de un pozo. Y vio a la pastora Raquel que, con sus pies descalzos, su aspecto humilde y su rostro quemado por el sol no se diferenciaba en nada del hierro quemado que sale del fuego. Supuso Jacob que el que había preparado a la hermosa Rebeca junto a la fuente era el que preparaba a Raquel, con su aspecto humilde, junto al pozo. Él hizo una heroicidad en su presencia pues, gracias al Hijo que estaba oculto en él, movió una piedra que [solamente] muchos [hombres] podrían levantar con dificultad. Se la ofreció a Dios por el prodigio y luego se volvió y desposó [a Raquel] por medio de un beso. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 27, 1.


El hecho de que Jacob removiera la piedra del pozo significa que se prometió en matrimonio a Raquel, mientras que su beso fue el matrimonio mismo (Efrén). Raquel es interpretada como símbolo de la Iglesia entre las naciones (Cirilo de Alejandría). Así como Jacob encontró a su mujer Raquel en el pozo, del mismo modo Cristo halló a su esposa, la Iglesia, en las aguas del bautismo (Cesáreo de Arlés).


Raquel simboliza la Iglesia entre las naciones. Raquel es interpretada como el rebaño de Dios; uno podría añadir a esta interpretación la de ser símbolo de la Iglesia, y con mucha razón, entre los gentiles. Ella es el rebaño de Cristo, mezclado con los antiguos rebaños y guardado en los rediles del Salvador. Por eso dijo: "Tengo también otras ovejas que no son de este rebaño y también aquellas es preciso que yo las lleve y oirán mi voz y se harán un solo rebaño y un solo pastor". Y los santos discípulos apacentaron la Iglesia de Cristo, las criaturas racionales, destinadas a estar bajo la autoridad de ella, y se hicieron sus amadores y portadores de ellas, como a novia, presentándola a Dios como virgen casta, que no tiene mancha o arruga o algo semejante, sino más bien santa e inmaculada. Cirilo de Alejandría, Inscripciones sobre el Pentateuco, 4, 4.


Misterios en los pozos. Ya he dicho muchas veces a vuestra caridad, hermanos queridísimos, que el bienaventurado Jacob era tipo e imagen del Señor, nuestro Salvador. Por eso, el bienaventurado Jacob que marchó a una tierra lejana para elegir esposa, estaba también prefigurado que Cristo había de venir al mundo para unirse con la Iglesia. Se fue el bienaventurado Jacob a Mesopotamia para casarse, como habéis oído, y al llegar a un pozo vio a Raquel que venía con las ovejas de su padre; cuando supo que era prima hermana suya, dio de beber al rebaño, y después la besó. Si lo miráis bien, hermanos, podréis entender que no sin razón los santos patriarcas conciertan el matrimonio junto a los pozos o fuentes; y si hubiera ocurrido una sóla vez, alguien podría decir que había sido por casualidad y no obedecía a ninguna significación especial. Pero si la bienaventurada Rebeca, que había de unirse con el bienaventurado Isaac, lo encuentra junto al pozo; y Raquel, con quien el aventurado Jacob iba a casarse, lo conoce junto al pozo; y Séfora, que se casó con Moisés, se lo encuentra junto al pozo, no tenemos más remedio que reconocer en estos sucesos algún misterio. Y dado que estos tres patriarcas representaban al Señor, nuestro Salvador, habrá que pensar que encuentran esposa junto a las fuentes o a los pozos porque Cristo había de hallar a la Iglesia junto al agua del bautismo. Después, al venir Jacob junto al pozo, lo primero que hizo fue abrevar el rebaño de Raquel, y luego la besó. Es verdad, hermanos queridísimos; si el pueblo cristiano no se purifica antes de todo mal por el agua del bautismo, no merece tener la paz de Cristo. ¿Acaso el bienaventurado Jacob no pudo besar a su prima nada más verla, antes de dar de beber al rebaño? Sin duda que pudo, pero alberga un misterio; la Iglesia, por la gracia del bautismo, tenía que librarse de toda iniquidad o discordia, y así merecer tener paz con Dios. Cesáreo de Arlés, Sermón, 88, 1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 279-281
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob unge la piedra


18Se levantó Jacob muy de mañana y, tomando la piedra que había colocado de cabecera, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella. 19Y llamó a aquel lugar Betel (aunque al principio el nombre de la ciudad era Luz). 20Entonces Jacob hizo un voto diciendo: "Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que hago, si me proporciona pan para comer y ropa para vestirme, 21y vuelvo con bien a casa de mi pardre, el Señor será mi Dios. 22Esta piedra que he he erigido como estela será una casa de Dios, y de todo lo que me concedas te ofreceré el diezmo". (Génesis 28, 18-22).


28, 18   La erigió como estela


El aceite que derramó sobre la columna lo tenía con él o bien lo había traído de la aldea. Por medio del aceite que derramó sobre la piedra prefiguró el misterio del Mesías que estaba oculto en ella. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 26, 2.


28, 22   Será una casa de Dios


Mira la gratitud del justo. Al hacer su petición, no pidió ostentosamente, sino sólo pan y vestido. Por otro lado, prometiendo al Señor lo que estaba en su poder y comprendiendo la generosidad de los dones de Dios y cómo supera nuestras expectativas, dice: "Yo consideraré esta piedra como la casa de Dios, y de todo lo que me concedas te ofreceré el diezmo". ¿Ves su actitud piadosa? Todavía no ha recibido nada y ya ha prometido consagrar a Dios el diezmo de lo que le dé.
   No pases por estas palabras ociosamente, queridísimo. En cambio, imitemos a este justo en todo lo que vivimos en la edad de la gracia, a este hombre que vivió antes de la Ley, y no reclamemos al Señor nada de este mundo. Aun cuando nosotros no lo pedimos, nos concede lo que necesitamos. "¿Acaso no hace que el sol salga sobre malos y buenos y que llueva sobre el justo y el injusto?". Obedezcamos por tanto a quien nos aconseja estas palabras: "Buscad primero el reino de Dios, y todas las cosas se os daran por añadidura". ¿No ves cómo nos ha preparado lo primero y nos ha prometido dar lo segundo como premio? Por tanto, no invirtamos el orden debido. En cambio, busquemos lo primero, según nos ha pedido, para que podamos disfrutar lo uno y lo otro. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 54, 5.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 277-279
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

El sueño de Jacob


10Jacob partió de Berseba y se dirigió a Jarán. 11Al llegar a un cierto lugar, se dispuso a pasar allí la noche porque se había puesto el sol; tomó una piedra de aquel lugar y, colocándosela como cabecera, se acostó allí mismo. 12Entonces tuvo un sueño: una escala apoyada sobre la tierra tenía la cima tocando el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. 13El Señor estaba sobre ella y le dijo: "Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado. 14Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. 15Yo estaré contigo y te guardaré donde quiera que vayas, haciéndote volver a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya cumplido lo que he dicho". 16Cuando Jacob despertó del sueño, exclamó: "El Señor está realmente en este lugar y yo no lo sabía". 17Y lleno de temor añadió: "¡Qué terrible es este lugar! Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo" Génesis (28, 10-17).


28,11   Al llegar a un cierto lugar


Los que sufren persecución. Ahí tenéis a nuestro luchador: iba huyendo de un hombre crudelísimo, escapaba de su hermano, y como apoyo se sirvió de una piedra. Esa piedra es Cristo, piedra que sirve de auxilio a quienes sufren persecución, pero para los incrédulos judíos es motivo de tropiezo y piedra de escándalo. "Y Jacob vio allí -sigue diciendo la Escritura- una escala que desde la tierra se elevaba hasta el cielo; y en el cielo, al Señor, que se apoyaba en ella". "Y vio -continua el texto- ángeles que subían y bajaban". Fijaos en lo que dice. Vio ángeles que subían: vio a Pablo que también subía. Vio ángeles que bajaban; vio al traidor Judas, que caía rodando. Vio ángeles que subían: los santos que desde la tierra ascendían al cielo. Vio ángeles que bajaban: el diablo, los demonios y todo su ejército arrojados del cielo. Gran dificultad entraña subir desde la tierra hasta el cielo. Nos resulta más fácil precipitarnos que ascender. Rodamos con facilidad; la ascensión supone un gran esfuerzo y una enorme fatiga. Si me hallase en el primer escalón, ¿cuánto me queda para llegar al cielo? O si me encontrase en el segundo, en el tercero, en el cuarto o incluso en el décimo ¿de qué me sirve si no alacanzo la cima? Supongamos que esta escalera tiene quince peldaños y que he llegado hasta el decimocuarto. ¿De qué me aprovecha si no he logrado llegar al decimoquinto? Y si he alcanzado el decimoquinto y me precipito desde allí, cuanto más alto, mayor será la ruina. Jerónimo, Comentario al Salmo 119.


28,12   Entonces tuvo un sueño

Una escala apoyada sobre la tierra. También nuestro padre Jacob oró en Betel y vio la puerta del cielo abierta y una escala que subía hasta lo alto. Éste es un símbolo de nuestro Salvador, al cual vio Jacob. La puerta del cielo es el Mesías, según lo que dijo: "Yo soy la puerta de la vida. Todo el que pase por mí vivirá para siempre". También David dijo: "Esta es la puerta del Señor. Los justos pasarán por ella". La escala que vio Jacob también es un símbolo de nuestro Salvador, por medio del cual suben los hombres justos del [mundo] inferior al superior. Es también un símbolo de la cruz de nuestro Salvador, que ha sido representada a semejanza de una escala en la que el Señor está de pie en lo alto. Afraates, Sobre la oración, 5.


28,13   Voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra


Observad aquí el cuidado extraordinario del Dios amoroso. Cuando Él vio que Jacob emprendió el viaje siguiendo el consejo que le había dado su madre por miedo a su hermano, y que toma el camino como un atleta, sin ninguna clase de consuelo, abandonando todo al apoyo del cielo. Cristo quiso desde el principio del viaje fortalecer la resolución de Jacob. Así pues, Cristo se le apareció y le dijo: "Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de tu padre Isaac". Yo he hecho que el patriarca y tu padre experimenten un gran aumento de prosperidad; por tanto, lejos de estar asustado, cree que Yo soy quien cumplió las promesas y derramaré sobre ti mi cuidado. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 54, 4.


28, 17   La casa de Dios y la puerta del cielo


Los jebuseos edificaron Betel, ciudad de Samaría. En un principio llamada Luz, pero después de que Jacob viera en sueños la escala apoyada en el cielo y dijera: "Esto no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo", este lugar cambió su nombre por el de Betel, que quiere decir "casa de Dios". Pero desde el momento en que allí fabricó Jeroboán los becerros de oro, se la comenzó a denominar Betaven, es decir, "casa del ídolo", cuando antes se la conocía como "casa de Dios". Isidoro, Etimologías, 15, 1, 22.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 270-277
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob encuentra esposa; Esaú acepta esposa no cananea


1Isaac llamó a Jacob y, después de bendecirle, le ordenó lo siguiente: "No tomes esposa de las hijas de Canaán. 2Ponte en camino, ve a Padán-Aram, a casa de Betuel, tu abuelo materno, y búscate allí una esposa entre la hijas de Labán, hermano de tu madre. 3Que El-Saday te bendiga, te haga crecer y multiplicarte, y te conviertas en una multitud de pueblos; 4que te conceda la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, para que poseas la tierra en que resides que Dios otorgó a Abrahán". 5E Isaac envió a Jacob, que fue a Padán-Aram, junto a Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y Esaú.
   6Esaú se enteró de que Isaac había bendecido a Jacob y le había enviado a Padán-Aram a buscarse allí esposa, y de que al bendecirle le había ordenado lo siguiente: "No tomes esposa entre las hijas de Canaán". 7Se enteró también de que Jacob había obedecido a su padre y a su madre y había ido a Padán-Aram. 8Entonces se dio cuenta Esaú de que las hijas de Canaán no le eran gratas a su padre Isaac. 9Se encaminó a Ismael y tomó por esposa, además de las que tenía, a Majalat, hermana de Nebayot e hija de Ismael, hijo de Abrahán. Génesis (28, 1-9).

28, 2   Búscate allí una esposa entre las hijas de Labán


Símbolos del Padre y del Hijo. Ahora cuando se leía la Sagrada Escritura, hermanos queridísimos, hemos oído que, por atención a las súplicas de la bienaventurada Rebeca, Isaac llamó a su hijo Jacob y le dijo que fuera a Mesopotamia, en Siria, y allí tomara esposa; y que él, humilde y obediente a su padre, se marchó. Y cuando iba de camino, llegó a un lugar en que puso una piedra de cabecera y se durmió. En sueños vio una escala que llegaba hasta el cielo, y ángeles de Dios subían y bajaban por ella, y al Señor que estaba sobre ella y le decía: "Jacob, Jacob, no temas, yo estoy contigo y seré compañero de tu camino". El bienaventurado Isaac, hermanos queridísimos, al enviar a su hijo a Mesopotamia era figura de Dios Padre, y Jacob era imagen de nuestro Señor Jesucristo. Así pues, el bienaventurado Isaac, dejando de lado a las mujeres de la región en que vivía, envió a su hijo para que tomara esposa en una tierra lejana; porque Dios Padre había de enviar a su Hijo Unigénito, quien, después de repudiar la sinagoga, formaría de entre los gentiles y uniría consigo a la Iglesia. Se cumplía esto verdaderamente cuando los apóstoles dijeron a los judíos: "Era necesario anunciaros en primer lugar a vosotros la palabra de Dios, pero ya que os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles". Cesáreo de Arlés, Sermón, 87, 1.


28, 4   Que te conceda la bendción de Abrahán


Muchas naciones provienen de Jacob. Mira como este justo le predice todo y da a Jacob apoyo suficiente para consolarlo presagiando su retorno y la posesión de la tierra, y no sólo la promesa de que su linaje llegaría a ser multitud, sino también el que la unión de las naciones provendría de sus descendientes. Tras oír esto el joven llevó a cabo el deseo de su padre y viajó a Mesopotamia hasta el hermano de su madre, Labán... ¿No ves, queridísimo, cuánta prudencia mostró esta madre amorosa rescatando a Jacob del peligro, proporcionando excusas loables para su viaje, no resaltando la maldad de Esaú ni revelando al padre la razón, sino dando consejo apropiado a su hijo para persuadirlo a causa del miedo a aceptar sus palabras, y proponiendo un plan convincente a su padre? El justo estuvo de acuerdo con lo que ella dijo y envió a Jacob después de proveerlo para el viaje con sus bendiciones. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 54, 3.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 269-270
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Isaac envía a Jacob a casa de Labán


46Rebeca dijo a Isaac: "Estoy asqueada de la vida junto a las hijas de Het; si Jacob toma esposa de las hijas de Het, nativas del país como ésas, ¿para qué quiero vivir?" (Génesis 27, 46).


27, 46   Estoy asqueada de la vida junto a las hijas de Het


Date cuenta como ella encontró una excusa loable. Y es que cuando nos asiste la diestra de arriba, los problemas se simplifican y las dificultades se vuelven fáciles. Así, como ella tenía al Señor de todas las cosas secundando su intención, se dispone con todas sus fuerzas a la realización del plan y pone su mente en la salvación de su hijo. "Estoy asqueada de la vida junto a las hijas de Het. Si Jacob toma esposa de las hijas de esta tierra ¿para qué quiero vivir?". Aquí parece que hace referencia a la inmortalidad de las esposas de Esaú y al hecho de que ellas demostraron una fuerte aversión hacia Isaac y Rebeca. La Sagrada Escritura nos ha narrado previamente cómo Esaú tomó esposas de los hititas y los hivitas: "Éstas fueron una amargura para Isaac y Rebeca". Y buscando que él lo recuerde, es como si le dijera lo siguiente: Sabes cómo las esposas de Esaú me hicieron la vida imposible, y cómo, a causa de su hostilidad, yo abomino de todas las hijas hititas y por ellas he llegado a odiar a toda esa raza. Si acaso sucediera que Jacob tomase una esposa de entre ellos, ¿qué esperanza de salvación me quedaría entonces? ¿Qué sentido tendría la vida para mí? Si nosotros no tenemos fuerzas para resistirlas, si Jacob se anticipa a tomar esposa de entre las hijas de esa tierra, la vida ha terminado para nosotros. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 54,3.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 268-269
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Venganza de Esaú contra Jacob


41Esaú odiaba a su hermano por la bendición con la que le había bendecido su padre; y pensó en su corazón: "Ya están cerca los días de duelo de mi padre; entonces mataré a mi hermano Jacob". 42Le contaron a Rebeca las palabras de su hijo mayor Esaú, y ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: "Tu hermano se quiere vengar de ti matándote. 43Ahora, hijo mío, escucha mi consejo: Ponte en marcha y huye a donde mi hermano Labán, a Jarán; quédate allí algún tiempo hasta que se le pase la furia a tu hermano, 45hasta que se calme su ira contra ti y se olvide de lo que has hecho. Entonces mandaré a buscarte allí. ¿Por qué he de perderos a los dos en un solo día? Génesis (27, 41-45).

27, 41   Esaú odiaba a su hermano


Rebeca prefería un hijo justo a uno injusto. Pero no debemos dejar sin justificación a los padres porque han preferido el hijo más joven al mayor. Al mismo tiempo, hemos de tener cuidado de que alguno, siguiendo su ejemplo, haga un juicio injusto entre sus hijos, de manera que considere que uno debe ser amado y el otro estimado en menos. De ahí se provocan enemistades entre hermanos, y por acrecentar el vil dinero, se trama el crimen del fraticidio. La misma medida del afecto debe extenderse por igual a todos los hijos. Admitamos, pues, que el afecto al más cariñoso o al más semejante lleve consigo algo de demasía, pero el ejercicio de la justicia debe ser para todos del mismo rasero. Se da más al hijo predilecto si se busca para él el amor de sus hermanos; pero se le quita más a aquel que está abrumado por la envidia que suscita una injusta preferencia. Esaú amenazaba con matar a su hermano, y ni el hecho de ser hermano gemelo ni el respeto a los padres le apartaba del furor fraticida, y se dolía de que le hubiese sido arrebatada la bendición de la que debería haberse mostrado digno por su mansedumbre y no por el crimen. Rebeca no prefería, por así decir, un hijo a otro, sino un hijo justo al otro injusto. En efecto, en aquella madre piadosa tenía más importancia el designio misterioso de Dios que el hijo. No prefería tanto a Jacob sobre su hermano, sino en cuanto lo ofrecía al Señor, porque sabía que Jacob podía mantenerse en la posesión del don que le había sido conferido. En él estaba la ayuda al otro, porque lo sustraía de la ofensa a Dios por miedo a que se implicara en una culpa más grave si perdía la gracia de la bendición recibida. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 2, 5-6.


27, 43   Huye donde mi hermano Labán


No dejarnos llevar por la ira. Pero, en el caso en que esto se realice, aprendamos de Rebeca cómo hemos de prever para que la envidia no estimule la ira y la ira no se precipite en el fraticidio. Venga Rebeca, esto es, vístase con la paciencia, buena custodia de la inocencia, y nos persuada para que cedamos el sitio de la ira. Retirémonos en algún lugar más alejado hasta que el tiempo haya mitigado la indignación y sea olvidada la ofensa. Así pues, la paciencia no teme el exilio, sino que lo acepta sin dilación con el fin de evitar no tanto un peligro para la salvación, como un incentivo para el crimen. También la madre amorosa soporta que esté lejano el hijo muy querido, con la intención de dar más a aquel que había perjudicado, atendiendo, sin embargo, al interés de ambos, de tal modo que uno quedará inmune al fraticidio y que el otro resultara inculpable del crimen. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 4, 14.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 266-268
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez