oración pidiendo un breve alivio antes de morir


18"¿Por qué me sacaste del seno materno? Habría muerto y nadie me habría visto.
19Sería como si no hubiera existido, trasladado del vientre a la tumba.
20¿No me quedan pocos días de vida? Apártate de mí para poder disfrutar un poco, 21antes de partir para no volver al país de tinieblas y sombras, 22a la región tenebrosa de sombras y desorden, donde hasta la claridad es oscura" (Job 10, 18-22).

10, 18-22   Apártate de mí para poder disfrutar un poco

JOB CONSTITUYE UN EJEMPLO PARA TODOS. No carece de motivo el que el justo suplique el cese de sus pruebas, para evitar que muchos sean escandalizados al ver cómo termina su vida en pruebas y tristezas. Por eso dice Job: "Antes de partir para no volver", evidentemente a esta vida humana. "Porque si yo volviera aquí abajo y recibiera la retribución de mis fatigas, no me fatigaría tanto ni renunciaría a luchar hasta la muerte por mis pruebas. Quienes aquí abajo conocen de verdad mi justicia desearán que, si vuelvo aquí abajo, reciba mi premio. Pero al verme morir en las pruebas presentes, puede que piensen que Job es un malvado o que nada útil resulta de su justicia". Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 13, 10, 20-22.

MODELO DE HUMANIDAD Y HOMBRÍA. Cualquiera podría pensar que estas palabras son producto de la desesperación, pero tal idea se ve refutada por lo que ha dicho Dios: "¿Crees que te he tratado así por otra razón que no sea la de mostrar que eres justo? Job, que hace poco había dicho: "Si soy impío, ¡ay de mí!", no pretende contradecir a Dios, pero si poner de manifiesto la amargura de su vida. Esto no lo haría un hombre malo, ya que para tal persona vivir es un placer. A demás, Job quiere también mostrar con claridad a sus amigos la razón por la que no murió en el momento en que salía del vientre: evidentemente porque iba a ser un ejemplo de fortaleza. Según otra interpretación, aquí se está indicando la vida en la carne, según escribe Pablo: "Si hemos puesto nuestra esperanza solamente en esta vida, somos los más dignos de compasión de entre todos los hombres". Job conoce tanto lo dulce como lo amargo de la vida. Nadie que está muerto para la carne encuentra placer en la riqueza, en la intemperancia, y tampoco se atribula en situaciones penosas. Job, pues, tuvo experiencia de esta vida y sus placeres, pues tuvo muchos y hermosos hijos, y fue rico y gozó de salud su cuerpo. Cuando la suerte de sus asuntos cambió hacia el lado opuesto, experimentó también la adversidad y conoció por los hechos mismos la vanidad de aquellas cosas. Por eso Job nos enseña que no hay que anhelarlas cuando dice: "¿Para qué me sacaste del vientre materno y no morí sin que ningún ojo me viera, como si no hubiera existido?".
   Job profiere estas palabras a la manera de una súplica. Y es que las desdichas que le agobian resultaban no ser pequeñas y tampoco soportaba los dolores sin conocerlos, porque esto no sería fortaleza... Pero Job nos enseña que aguantaba gracias al poder de Dios, y por eso suplica agradecido. Esto también lo dice Pablo: "No soy yo, sino la gracia que hay en mí".
   Job quiere dar explicaciones "antes de marchar al lugar de donde no puede regresar". Así, pues, no hacía esta súplica por causa suya, sino para enseñar a sus amigos, los cuales creen que son malos quienes sufren pesares, y en cambio son justos quienes se ven libres de ellos. Job deseaba dotar de certeza su argumentación aludiendo a su propio litigio con Dios. No hay que pensar que Job niega la resurrección de los muertos, sino que habla de un lugar donde no hay luz ni puede verse vida mortal. Incluso encontrándose en medio de los dolores, este hombre de extraordinaria fortaleza hablaba de la vida futura como un heraldo.
   Por eso Job no negaba la resurrección cuando decía: "Antes de marchar a un lugar de donde no he de regresar". Habla de una tierra de eternas tinieblas, oscura y tenebrosa, donde no hay luz ni vida mortal, adscribiéndose el santo a sí mismo la parte peor, pues no sería adecuado que Job dijera: "Antes de estar en el reino de los cielos y en la tierra que tú, Dios, nos has prometido". Además, Job quiere instruir a sus oyentes acerca del juicio final, pues ya no habrá posibilidad de corregir nuestras acciones. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 10, 18-22.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 101-102
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job se extraña de que su aflicción sea querida por Dios


1Mi alma siente hastío de vivir, daré rienda suelta a mis quejas, hablaré entre las amarguras de mi alma.
2He de decir a Dios: No me condenes, dame a conocer por qué te querellas contra mí.
3¿Es que te agrada oprimirme, despreciar la obra de tus manos, y favorecer los planes de los impíos?
4¿Acaso son de carne tus ojos, o ves como ven los hombres?
5¿Son tus días como los días de los mortales, tus años como los de los hombres?
6¿Por qué bucas mi falta y mi pecado investigas, 7aun sabiendo que no soy culpable y que no hay quien me libre de tus manos?
8Tus manos me han moldeado, me han formado con perfección, y luego ¿vas a destruirme?
9Recuerda que me has moldeado de arcilla y que al polvo me harás volver.
10Me has vertido como leche y como queso me has cuajado.
11Me has vestido de piel y carne, de huesos y nervios me has tejido.
12Me has agraciado con la vida y tu providencia ha guardado mi aliento.
13Pero algo has mantenido oculto en tu corazón; he sabido lo que había dentro de Ti.
14Si pecaba me observabas y no dejabas pasar mi falta.
15Si soy culpable, ¡ay de mí!; si es justo, no puedo alzar la cabeza, estando saturado de ignominia y saciado de aflicción.
16Si me levanto me darás caza como a un león y volverás a mostrar tus poderes contra mí; 17renovarás contra mí tus ataques, multiplicarás tu indignación conmigo; tropas de refresco vendrán contra mí (Job 10, 1-17). 

10, 1   Hastío de vivir

JOB EXPRESA SUS TEMORES. Y más arriba Job había dicho: "Que no le respondería a Dios, ni una sola vez entre mil". ¿Cómo es que Job habla de esta manera aquí? "En amargura de alma", dice; de forma que no son palabras suyas, sino de la amargura, por cuanto es posible decir algo al margen de la razón. ¿Qué quiere decir: "Si hubiera uno que juzga desde arriba en medio de nosotros"? No para examinar su vida a fondo y para demostrar que sufre injustamente... No dice ahora esto Job, pues ya dijo anteriormente muchas veces que era por causa de su iniquidad, sino "la presión persistente me abruma", dice él, como cuando Isaías dice: "Tú te irritaste y nos desviamos del camino", y de nuevo en otro lugar: ¿"Por qué nos dispersaste lejos de tu camino"? "Esto es lo que temo, dice Job, caer o zozobrar; yo temía algún día ser obligado a decir algo blasfemo, o incluso a suicidarme". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 32b-10, 1.

10, 2-3   ¿Por qué te querellas contra mí?

DUDAS GENERADAS POR EL TEMOR Y LA ANGUSTIA. A menudo, la mente del justo, para que esté más segura, tiembla muchísimo; y, mientras es probada con flagelos, se turba con la incertidumbre del juicio divino. Teme que todo lo que ahora padece sea el inicio de su condenación futura, y con el pensamiento interroga al Juez, porque en medio de los padecimientos duda de los méritos de su vida. Pero cuando evoca ante los ojos de la mente la virtud de la propia vida, es como si se convirtierá en motivo de consuelo ante el Juez, porque quien protege golpeando al que actúa inocentemente, nunca golpea para que se pierda. De ahí que ahora rectamente se diga: "Indícame por qué me juzgas así". Como si abiertamente dijera: "Como me juzgas golpeándome, muéstrame que con los golpes me das seguridad en el juicio"... Se dice en forma de interrogación para expresar una negación. Como si abiertamente dijera: "Tú que eres sumamente bueno, se que no consideras bueno oprimir al pobre con calumnias. Sé, por eso, que no es injusto lo que padezco, pero siento dolor porque ignoro las causas de tu justicia". Gregorio Magno, Libros morales, 9, 45, 69-46, 70.

10, 4-7   ¿Ves como ven los hombres?

PODEMOS ENCONTRAR REFUGIO SÓLO EN DIOS. "¿Juzgas las acciones? ¿Acaso algo puede pasar oculto a tu minucioso examen como pasa oculto a los hombres? ¿O es que tus años son pocos y desconoces lo que ha ocurrido antes de ti, y te es necesario examinar e investigar los hechos para saber que no cometí impiedad alguna?" Esto lo dice Job poniendo a Dios por testigo de su justicia y al mismo tiempo pidiendo gozar de la bondad de Dios. Los hombres, efectivamente, piden de forma semejante, pero Dios en su bondad examina a pocos entre la gente. "Sin embargo, si no cometí impiedad, dice Job, yo sé al menos en mi corazón que es imposible escapar a tu voluntad". Esto viene a significar lo siguiente: aunque yo no soy consciente [de mi pecado], prevalezca sin embargo, tu voluntad, pues ella conoce mejor que nosotros lo que nos atañe. El santo Job dice todas estas cosas para enseñarnos que en las tentaciones no hay que hacer más que buscar refugio en Dios y suplicar que Él, que es bueno, se apiade de su criatura. Olimpiodoro, Comenatrios al libro de Job, 10, 4-7. 

10, 8-9   Tus manos me han moldeado

LA DIGNIDAD HUMANANA DEPOSITADA ANTE DIOS. Quien afirma haber sido plasmado y hecho completamente por Dios, no deja lugar al príncipe de las tinieblas ni para el espíritu, ni para la carne. El ser plasmado se refiere a la imagen interna; el hecho por completo evoca el vestido de la carne que lleva. Se debe notar que, al afirmar que el hombre es plasmado por Dios, está presentando la dignidad de su condición ante la misericordia del Juez. Aunque todas las cosas han sido creadas por el Verbo, coeterno al Padre, sin embargo, del mismo relato de la creación se desprende la preeminencia del hombre respecto a todos los animales y respecto a todos los seres celestes o inanimados. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 49, 74-75.

10, 10-12    Me has vestido de piel

UNA IMAGEN DE LA ENCARNACIÓN. Aquí Job prefigura la encarnación del Verbo divino, tras haber asumido la naturaleza humana. En realidad, estas palabras parecen estra dirigidas al Padre, como si las dijera la persona del Señor mismo. Efrén de Nisibi, Comentarios al libro de Job, 10, 11-12.

10, 13   Algo has mantenido oculto en tu corazón

LA POSIBILIDAD DE CONOCER A DIOS. ¿Te da cuenta cómo "lo que de Dios se puede conocer está en ellos manifiesto", que nuestra creación era ya suficiente para mostrarnos la naturaleza de Dios y su poder, no sólo en el cielo? El hecho de habernos creado en esta forma a partir de una semilla, mantenernos y no dejarnos caer en peligros es suficiente para mostrar su poder y su fuerza, así como el guardar al que peca y no castigarlo, y el castigar al justo e infligirle penas. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 10, 13.

10, 14-15   Si soy culpable, ¡ay de mí!

EL SUFRIMIENTO LIBRA A LOS JUSTOS DEL PECADO. Así, pues, que el santo varón observe los daños de la mente humana a los que muchas veces se inclina con pensamientos ilícitos, y, después de que el Juez haya perdonado la culpa cometida, llorando sus pecados, invite a que también nosotros lloremos los nuestros, y diga: "Si he pecado y al momento me has perdonado, ¿por qué no soportas que quede limpio de mi culpa?". Como si claramente dijera: "Si el perdón quitó la culpa, ¿por qué no la borras también de la memoria?". A menudo, la mente es golpeada con el recuerdo de la culpa de tal manera, que es empujada a cometerla de nuevo de forma aún más grave que cuando la cometió por primera vez, y, atrapada, tiembla, viéndose perturbada por movimientos varios que le acechan. Teme ser vencida por las tentaciones, pero, en su resistencia, se horroriza por el prolongado combate que le aflige. De ahí que oportunamente se añada: "Si soy culpable, ¡desgraciado de mí!; y si yo soy inocente no levantaré la cabeza, saturado de aflicción y de miseria". Al culpable se le añade la desgracia y al inocente la miseria, porque la condenación eterna espera al réprobo y todo elegido es purificado con dolores de una adversidad pasajera. El culpable eleva la cabeza, pero, engreído, no logra evadir la desgracia que le sigue. El inocente, afligido por el esfuerzo de su combate, no llega a levantar la cabeza, pero, oprimido, es liberado de la aflicción perpetua. El primero, se eleva en medio de los placeres, pero se sumerge en los suplicios que le siguen. El segundo, se va oprimiendo por el dolor, pero se sustrae al peso del castigo eterno. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 55, 84-85

10, 16-17   Me darás caza como a un león

UN ANIMAL REGIO. El hombre es llamado "león" por una buena razón, porque es un animal regio, incluso el más justo, porque mantiene el honor de la imagen de Dios y es terrible para todos sus enemigos. A este respecto, por eso también se ha dicho en los Proverbios: "El justo, como león joven, se siente seguro". Pero si se siente inclinado por los deseos que le ofrecen sus enemigos, en ese preciso momento "es cazado para la muerte" y se convierte en objeto de burla para sus cazadores, como león, que una vez engañado por ellos se convierte en presa de caza. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 13, 10, 16-17a.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, 97-100
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodrígez

Job duda de la justicia de Dios


14¿Cuánto menos voy yo a replicarle, ni a elegir argumentos contra Él? 15Pues aunque tuviera razón no replicaría, pediría favor a quien me juzga. 16Aunque al invocarle me responda, no creeré que ha escuchado mi voz, 17Él, que me aplasta en la tormenta y multiplica sin motivo mis heridas.
18No me deja ni tomar alimento, me llena de amargura.
19Si es por fuerzas, Él es el fuerte; si por un juicio, ¿quién le hará comparecer?
20Si yo fuera justo, mi boca me condenaría; si íntegro, ella me declararía culpable.
21Pero, ¿soy íntegro? Ni yo lo sé. ¡Desprecio mi vida!
22Todo es lo mismo. Por eso digo: al íntegro y al malvado Él nos aniquila.
23Si una catástrofe acarrea de repente la muerte, Él se ríe de la desgracia de los inocentes.
24Ha dejado la tierra en manos de malvados y tapa el rostro de sus jueces. Si no es Él, ¿quién entonces?
25Mis días han ido más rápidos que un mensajero, han huido sin ver la felicidad, 26se deslizan como una canoa de papiro, como águila que se precipita a la presa.
27Si me digo: "Voy a olvidar mi dolor, cambiaré mi semblante y lo pondré alegre", 28veo venir otros dolores, pues sé que no me declaras inocente.
29Si yo soy perverso, ¿para qué fatigarme en vano?
30Si me lavase con agua de nieve y limpiara mis manos con lejía, 31me hundirías en el fango y hasta mis vestiduras me horrorizarían.
32Dios no es un hombre como yo para responderle, para ir juntos a un pleito.
33No hay un árbitro entre los dos que pueda interponer su mano entre nosotros, 34que pueda alejar de mí su azote para que no me espante su terror.
35Pero yo hablaré sin temerle, pues no es así como yo me siento (Job 9, 14-35).

9, 14-16   Aunque tuviera razón no replicaría

LA ORACIÓN Y LA HUMILDAD DEBEN SER CONDIMENTO DE LA JUSTICIA. Como si abiertamente dijera: "Si la criatura a la que no oprime la carne no alcanza a pensar en Dios, ¿con qué mente podré yo, que estoy sometido al peso de la corrupción, discutir sobre sus juicios?". No obstante, del mismo modo que a menudo las palabras que Dios nos dirige son sus juicios que expresan la sentencia sobre nuestros actos, así también las palabras que nosotros dirigimos a Dios son  las obras que le presentamos. Pero el hombre no logra con sus palabras hablar con Dios, porque ante su sutil juicio no tiene ninguna confianza en las propias acciones. De ahí que oportunamente diga: "Aunque haya hecho algo justo, no le responderé, sino que suplicaré a mi Juez". Como hemos dicho repetidas veces, toda la justicia humana se revela injusticia si se juzga rigurosamente. Por eso, después de la justicia se requiere la oración... Incluso cuando esta justicia es ejercitada plenamente por los más virtuosos, se dice que apenas se ejercita, porque la mente humana difícilmente cumple lo que comprende y bien poco es lo que comprende. Diga, pues: "Aunque haya hecho algo justo, no le responderé, sino que suplicaré a mi Juez". Como si más abiertamente se expresara diciendo: "Aunque llegue a cumplir una obra virtuosa, recobro la vida no por mis méritos sino gracias al perdón". Así pues, cuando realicemos una obra recta, debemos apoyarnos en la oración, para que todo lo que vivimos justamente se funde en la humildad. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 17, 27-18, 28.

9, 17   Multiplica sin motivo mis heridas

DOS SIGNIFICADOS DIFERENTES. Estas palabras significan dos cosas diferentes: o bien Job no había pecado, aun cuando él, no obstante, estaba cumpliendo un castigo, o bien que Cristo, como si fuese culpable de pecado, habría sufrido decididamente la tentación de las pasiones. Efrén de Nisibi, Comentario al libro de Job, 9, 17.

9, 18-19   Él es el fuerte

EL PODER DE DIOS ES ILIMITADO. "No me deja recobrar", es decir: estoy lleno de males. "Me ha llenado de amargura", pues Él me sobrepasa en poder. ¿"Quien resistirá a su decisión"? Job no dice simplemente que Dios es superior en poder, sino que tiene poder para hacer lo que quiere. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 18-19.

9, 20-21   Pero, ¿soy íntegro?

EL PECADO DE LA SOBERBIA. "Si yo fuera íntegro, ella me declararía culpable". Precisamente si yo pienso que he conseguido la pureza en mis acciones, seré hallado perverso en mis palabras. O, por el contario, "si yo fuera íntegro en mis palabras sería regañado por mis acciones". De igual manera, al que es justo en sus acciones, pero lo proclama en voz alta con palabras ostentosas, "su boca le condenará", porque ha caído en el orgullo, que es lo que conviene al traidor, la verdadera impiedad. Y si uno es irreprochable, pero desconoce de donde le viene esa pureza y, por ello precisamente, pone su confianza en sí mismo y se vanagloria exageradamente, se convierte en perverso. Evidentemente, la mano de Dios le ha abandonado. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 12, 9, 20.

9, 22-24   Todo es lo mismo

LOS SUFRIMIENTOS DE ESTE MUNDO PRESAGIAN LA PASIÓN. "La tierra ha sido dada a las manos del impío". En lo que se refiere al contexto del pasaje, parece decir que su parte terrrena, es decir, su cuerpo, ha sido entragado a los tormentos y a las vejaciones, y se le ha dado al impío el poder afligirlo. Por eso ocurre que los que lo ven no pueden expresar un juicio justo acerca de la culpa del afligido. Pero en lo que se refiere a la profecía que reivindica los méritos de la persona, Job, pasando del contexto de una disputa a los misterios futuros, abre sus labios y vaticina acerca de la pasión del Señor que, por la vileza exterior de aquel a quien habían crucificado, no pudieron reconocer su dignidad interior. Juliano de Eclana, Explicación del libro de Job, 9, 24.

9, 25-26   Mis días han ido más rápido que un mensajero

LA PRONTITUD Y LA PERSEVERANCIA DEL MENSAJERO. El corredor parece no tocar el suelo, por la rapidez, sino estar dotado de alas. "Mi vida es más rauda que la de un corredor", [dice Job]. Puesta mi mirada en las cosas de arriba, "no corro sin meta fija", y no doy [con los pies] en el suelo. Por el deseo de alcanzar la meta, los justos, aunque den en el suelo, es decir, aunque se vean en medio de la tribulación, continúan su carrera sin parar. Así también corría David, pues dijo: "Corrí el camino de los mandamientos cuando tú ensanchaste mi corazón". Job insinúa esta interpretación: los jueces, cuyos rostros tapa quien les manda, huyen por miedo del hombre justo y no ven la rectitud de su carrera. No son dignos, efectivamente. Pero quizás dice esto también refiriéndose a los justos, que huyen de los jueces conforme al pasaje: "Apártate, no te demores en este lugar". No vieron la rapidez de la virtud y se detuvieron. Quizá sea oportuno comparar esto con: "No conocía al malvado, pues se apartaba de mí". Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 9, 25-26.

9, 27-28   Veo venir otros dolores

RECONOCIMIENTO DE LA LIMITACIÓN HUMANA. Decimos que no debemos hablar así cuando, recorriendo nuestra debilidad con nuestros interrogantes, acabamos por tener miedo de nosotros mismos y nos frenamos en la consideración de la reverencia debida a Dios. Al frenarnos, la cara de nuestra mente se transforma, porque antes, no comprendiendo, se atrevía a cuestionar los bienes supremos, pero después, reconociendo su debilidad empieza a venerar lo que ignora. En esa misma transformación está el dolor: se aflige mucho porque está ciega para entender las cosas que le afectan. Considera justas las cosas que sufre; teme que en medio del dolor se exceda al hablar; impone silencio a la boca, pero el dolor provocado aumenta cuanto más reprime... Y así, como nuestras mismas obras buenas no pueden evitar la espada de la insidiosa culpa, sino se defienden a diario con solícito temor, rectamente dice ahora el santo varón: "Todas mis obras me hacen temer". Como si dijera con humilde confesión: "Veo lo que he realizado abiertamente, pero ignoro que he cumplido escondidamente al hacerlas". Con frecuencia nuestras buenas obras se pierden a causa del engaño, porque nuestros actos están sometidos a deseos terrenos. A menudo se debilitan a causa de la desidia, porque, al enfriarse el amor, desaparece el fervor con que se iniciaron. Por eso, como apenas se puede vencer la insinuación de la culpa en el acto mismo de la virtud, ¿qué queda para nuestra seguridad sino que incluso en la virtud debemos vigilar siempre con temor? Después, sin embargo, al corazón se presenta escrupulosamente lo que sigue: "Sabiendo que no perdonas al culpable". Si no perdona al culpable, ¿quién escapará de la muerte eterna, sabiendo que no hay nadie limpio de culpa? ¿O acaso perdona al penitente y no perdona al culpable? Porque cuando lloramos los pecados, dejamos de ser culpables. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 33, 51-34, 54.

9, 29-31   Me hundirás en el fango

JOB APARECE COMO MALDITO E IMPURO. "Y puesto que soy impío -dice Job-, ¿por qué no he muerto?" Te das cuenta, ¿cómo él no niega que es pecador? "¿Por qué no he muerto?", dice: éstas no son palabras de una persona que hace reproches, sino de alguien que busca. "No conozco -dice- el designio de Dios". Pues aunque yo me lave con nieve y me limpie con manos puras [esto no servirá de nada], tú me sumergiste en la fosa, y mis vestidos se horrorizaron de mí, es decir: Yo soy a los ojos de todos un ejemplo de impiedad; sería necesario que el mezquino desapareciera, para que no pueda convertirse en maestro de los demás. Aunque yo llegará a ser más puro que el sol, sigo teniendo una mancha -dice-, y no una mancha casual; mis vestidos se horrorizaron de mí. ¿Y qué decir de los hombres, cuando hasta mis vestidos se horrorizan de mí? Lo que Job quiere decir es lo que sigue: Hasta el más íntimo, también él, me ha declarado el odio; no se ha apartado de mí a causa de mi castigo, sino que se ha apartado de mí como alguien maldito y manchado. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 29-31.

9, 32-33   Dios no es un hombre

EL JUICIO DE DIOS ES SOBRECOGEDOR. Lo que aquí dice Job es aproximadamente esto: "Si el que castiga fuese un hombre, el suplicio no hubiera condenado totalmente al que sufre de forma tan amarga, sino que yo podría comparecer junto con él para ser juzgado y probar que él es injusto. Sin embargo, como es Dios, esto es imposible que suceda; por el contrario, es suficiente ser castigado y sufrir así la última de las decisiones". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 32a.

9, 34-35   Hablaré sin temerle

EL PODER Y EL SUFRIMIENTO ABSOLUTO SOBRECOGEN. Podré hablarle con paz serena, si aleja de mí estas cosas: la grandeza de su poder y las penas de su castigo. Felipe el presbítero, Comentarios al libro de Job, 9.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 92-96
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job se siente desamparado del poder de Dios


1Entonces intervino diciendo: 2"En verdad sé que es así. ¿Cómo podrá el hombre ser justo ante Dios?
3Si alguien quiere disputar con Él, no podrá responder ni una sóla vez entre mil.
4Es sabio de corazón y robusto. ¿Quién le ha desafiado y ha salido impune?
5Desplaza los montes sin que se den cuenta y los zarandea cuando se enfurece.
6Hace temblar la tierra de su sitio, y que se tambaleen sus pilares.
7Manda el sol y no despunta, y encierra las estrellas bajo sello.
8Él extiende los cielos por sí solo y camina por las olas de los mares.
9Él ha hecho la Osa y el Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur.
10Hace obras grandiosas e insondables, maravillas que no se pueden contar.
11Si pasa junto a mí, no lo veo, si me roza no me entero.
12Si se hace con una presa, ¿quién podrá impedirlo? ¿Quién podrá decirle: "Qué estás haciendo"?
13Dios no reprime su cólera, ante Él se humillan los aliados de Rahab" (Job 9, 1-13). 

9, 3-4   ¿Quién le ha desafiado?

EL MISTERIO DE LA SALVACIÓN. "Él es sabio en su pensamiento, poderoso y grande", y justamente; en su sabiduría hace beneficios innumerables. Si no lo crees, hombre, ¡ea! sigamos nuestro razonamiento. Si dice mil palabras, no podemos responder a una sola. Presta atención a las palabras de la sabiduría, pues el justo Bildad había dicho: "El justo será dichoso". "¿Qué justo?", pregunta Job: "¿Dónde podrá encontrarse uno que sea justo ante Dios?". "Ni una de sus mil palabras". Esto es lo que también dijo el profeta: "Ningún viviente será encontrado justo ante ti", y de nuevo: "Si miras los pecados, Señor, Señor, ¿quién se mantedrá en pie?;... Dios creó la naturaleza humana, ¿por qué? Solo por bondad, y lo demás, el resto de la creación también; Él creó el universo para el hombre, y todas las demás cosas en atención al hombre y para el hombre; le dio un mandamiento, pero le desobedeció; y de nuevo le dio una ley y el hombre desobedeció; y envió a su Hijo y de nuevo el hombre desobedeció; le dio de nuevo la posibilidad de arrepentirse y desobedeció; en fin, le amenazó con las penas del infierno, y el hombre desobedeció; y aún quiso salvarlo. ¿Quieres que preguntemos al mismo Pablo? Escucha lo que él mismo dice: "Pero conseguí la misericordia de Dios, porque en mi ignorancia obré con incredulidad". Posteriormente, es decir, después de haber sido llamado, Pablo dio testimonio de cuán grande fue el amor y la providencia que tuvo la suerte de disfrutar. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 9, 4a.

9, 7   Manda al sol

EVIDENCIA DEL PODER DE DIOS. Aquí el autor habla de lo que aconteció en Egipto durante tres días, o de lo que sucede con las estrellas que se ocultan, o de lo que ocurrió al comienzo, que Dios guardaba la luz junto a Él, como en un bolso. El intérprete afirma: Lo que pretende el autor no es que las cosas existan, sino que, si Dios lo quiere, las cosas existirán sin lugar a dudas. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 9, 7.

9, 8-9   Él extiende los cielos

LOS CIELOS Y EL MAR. ¿Qué se designa con el término "cielos" sino esta misma vida celeste de los predicadores? De ellos se dice por el Salmista: "Los cielos proclaman la gloria de Dios". A los mismos se les llama cielos y sol: "cielos" porque protegen con su intercesión; "sol" porque manifiestan la fuerza de la luz con la predicación. Cuando fue sacudida la tierra, se extendieron los cielos ya que cuando Judea se lanzó a la violencia de la persecución, el Señor dilató la vida de los apóstoles en el conocimiento de todas las naciones. Y mientras aquélla se dispersaba cautiva por juicio divino, éstos por gracia se extendían con honor por todas partes... ¿Qué se designa con el término "mar" sino la amargura de este mundo que mata con furia a los buenos? De él se dice por el salmista: "Reúnes como en un odre las aguas del mar". El Señor reune las aguas del mar como en un odre cuando, disponiendo todas las cosas con admirable moderación, frena las amenazas carnales encerradas en su corazones. El Señor camina sobre las olas del mar, porque cuando se desatan las tormentas de la persecución, se disipan por el estupor de sus milagros. Él mitiga la hinchazón de la insensatez humana, pisotea las olas que se elevan en su altura. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 9, 10-10, 11.

9, 11-13   ¿Quién podrá decirle: "Qué estás haciendo"?

LAS OBRAS DE DIOS. El género humano, excluido de los gozos interiores por culpa del pecado, perdió los ojos de la mente y no sabe por dónde caminan los pasos de sus méritos. Con frecuencia es un don de la gracia lo que el juzga como ira, y es ira del juicio divino lo que él considera gracia. Muchas veces piensa que son una gracia los dones de las virtudes y, sin embargo, engreído por esos mismos dones, se precipita. Otras veces teme como si fueran ira las adversidades de las tentaciones y, sin embargo, atrapado por esas mismas tentaciones se pone a custodiar las virtudes con mayor cautela. ¿Quién no cree estar cerca de Dios cuando se ve acrecentado en dones celestes, o cuando recibe el don de la profecía o el de enseñar la doctrina, o cuando es capaz de ejercer el don de la curación? Y, sin embargo, con frecuencia el alma, sintiéndose resuelta por seguridad de su virtud, recibe el ataque del adversario y es atravesada por el dardo de un pecado insospechado, alejándose para siempre de Dios, ahí donde en otro tiempo se había acercado a Él sin la cautela de la vigilancia... Las acciones del Creador, siempre indiscutibles, se deben venerar porque no pueden ser injustas. Pedir razón de su oculto designio no es sino ensoberbecerse contra su designio. Cuando no se conprende el motivo de una acción, queda callar con humildad, sometiéndose a sus obras, pues el conocimiento carnal no puede penetrar en los secretos de la divina Majestad. Por eso, quien no alcanzara a ver el motivo en las acciones de Dios y lo hace cayendo en la cuenta de su debilidad, ve el motivo de por qué no ve. Gregorio Magno, Libros morales, 9, 13, 20-15, 22.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 89-92
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

la experiencia de las antiguas generaciones prueba que el impío perecerá


8Pregunta a las generaciones anteriores y considera el saber de los padres, 9pues nosotros somos de ayer y no tenemos experiencia, que nuestros días sobre la tierra son sólo sombra.
10Ellos te instruirán, y te hablarán con palabras salidas del corazón. 
11¿Crece el papiro sin suelo pantanoso, brotan los juncos sin agua?
12Estando aún en verdor, sin ser cortado, se marchita antes que otra yerba.
13Así son los destinos de los que olvidan a Dios, así acaba la esperanza del impío.
14Su confianza es sólo un hilo, una telaraña de seguridad; 15se apoya en su casa y no resiste, se agarra a ella y no se tiene en pie.
16Parece frondoso ante el sol, por encima del huerto sobresalen sus ramas,
17Entre piedras se entrelazan sus raíces y entre rocas se mantiene.
18Pero si se arranca de su sitio, éste reniega de él: "Nunca te he visto".
19Así acabó la alegría de su caminar, y en el mismo suelo otros brotaron
20Dios no rechaza al hombre íntegro ni refuerza la mano del malvado.
21Todavía puede llenar de risas tu boca y tus labios de alegría; 22los que te odian se llenarán de vergüenza y la tienda del malvado desaparecerá (Job 8, 8-22).

8, 8-10   Pregunta a las generaciones anteriores

LAS GENERACIONES PASADAS. Para dar más autoridad a sus palabras, [Bildad] aduce el testimonio de la ancianidad, de modo que lo que afirmó o fuera a decir parezca conocerlo por la experiencia de muchos años. En un sentido significa que lo que había dicho sobre que Dios atiende fácilmente las oraciones de los justos y que con su ayuda no sólo desaparecen las desgracias, sino que también retornan las cosas prósperas y favorables, quiere que Job aprenda con la ayuda de ejemplos de los antepasados, puesto que Abrahán y sus descendientes han sido protegidos por Dios al que habían invocado. Y en otro sentido, [es como si dijera]: "Quiero que contemples los ejemplos de los antepasados, para que no vayas a despreciar mis consejos porque soy joven". Juliano de Eclana, Explicación al libro de Job, 8, 8.

8, 11-12   ¿Brotan juncos sin agua?

LA PROVIDENCIA DE DIOS GOBIERNA TODAS LAS COSAS. Bildad había dicho que la enseñanza pasa desde los antepasados y los padres a las generaciones posteriores, y provee a esta idea de un ejemplo diciendo: "Como el papairo no florece sin agua y no crece el junco si no se le riega"..., así es imposible que no produzca provechoso fruto el que recibe en su espíritu los beneficios de las más altas potestades. Pero puede también afirmarse acerca de los asuntos humanos que son regados por la providencia divina como si fuera por agua, y si ésta no llega, rápidamente se secarán y extinguirán. Por tanto, si alguien cae en la desdicha pero luego vuelve a cambiar su suerte, esto es producto de la providencia. Aunque los sucesos de los hombres tienen aparentemente una raíz humana, no poseerán realidad si la providencia no gobierna sobre ellos. Algo semejante a esto fue lo que con gran belleza dijo el salmista: "Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los albañiles". [Bildad comenta:] "Se secará antes que cualquier otra hierba". Bildad vendría a decir que ya sea pequeño ya sea grande, lo que hay en la vida [del hombre] está bajo la providencia y se seca si ella no presta sus cuidados. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 8, 11-12.

8, 13   Los que olvidan a su Dios

JOB NO HA OLVIDADO A DIOS. Job no se había olvidado realmente de Dios, pues, incluso sometido a la prueba, tiene presente la bendición y la alabanza. Esto sucede porque la bendición final del justo no se puede comparar con las hierbas agostadas por el calor. Al contrario: "Será como un árbol plantado al borde de la acequia, que da fruto a su tiempo, y no se marchitan sus hojas". En efecto, conservando el fruto de las virtudes, también ha esparcido el follaje abundante de los bienes de este mundo. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 11, 8, 13a.

8, 14-15   Se apoya en su casa y no resiste

UNA ADVERTENCIA SOBRE LA HIPOCRESÍA Y EL ORGULLO. Es una enorme y extravagante locura obrar ante Dios engañosamente y con simulación, pues no les saldrá bien ya que Él penetra los corazones y los riñones. Tales son aquellos a quienes el Evangelio acusa, los que aparentan santidad pero están llenos por dentro de la podredumbre del pecado, como los sepulcros blanqueados. "Se apoya en su casa y no resiste". Quien confía en sí mismo y se apoya en la fuerza de su brazo, no podrá permanecer en pie, sino que por su soberbia caerá más bajo. Porque toda carne es hierba. Felipe el presbítero, Comentarios al libro de Job, 8.

8, 19   En el mismo suelo otros brotaron

LA JUSTICIA Y EL PODER DE DIOS. Dios castiga a los impíos como recompensa, pero a los virtuosos, sin importar cuál sea el estado de abatimiento en que los vea, los renovará y les hará resplandecientes. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 8, 19.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 85-88
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Bildad arguye que Dios es injusto


1Entonces intervino Bildad, el suajita, diciendo: 2"¿Hasta cuándo has de seguir diciendo tales cosas con palabras como viento impetuoso?
3¿Puede Dios torcer el derecho, o el Omnipotente falsear la justicia?
4Si tus hijos han pecado contra Él, ya los ha entregado en manos de su propio crimen.
5Pero si tú acudes con solicitud a Dios, si al Omnipotente pides auxilio, 6si perseveras puro y recto, desde ahora velará por ti y restablecerá tu justa morada; 7tu antigua situación parecerá bien poco, y tu nueva posición será de un inmenso crecimiento" (Job 8, 1-7).

8, 1-7   ¿Puede Dios torcer el derecho?

BILDAD CONSIDERA QUE LAS PALABRAS DE JOB SON ARROGANTES. Por lo tanto, Bildad, suajita, censuró a Job, porque pensaba que las palabras que Job había dicho en favor de la verdad y la justicia fueron, en realidad, pronunciadas con arrogancia y desdén. Efrén de Nisibi, Comentarios al libro de Job, 8, 2.

8, 4   Los ha entregado en manos de su propio crimen

PURIFICACIÓN POR MEDIO DE LA CONFESIÓN. Aunque una persona se purifique de sus delitos por tus palabras, ¿acaso los pecados de tu casa no reflejan la culpa de tus enseñanzas? Por lo cual no conviene que te entregues a la queja, sino que lo útil para ti consiste en purificarte mediante la confesión y la oblación de preces. Juliano de Eclana, Explicación del libro de Job, 8, 4.

8, 5   Tu nueva posición será de inmenso crecimiento

LA MENTALIDAD MUNDANA DE BILDAD. "Te aconsejo, dice Bildad, que ruegues al Señor con encarecimiento, y tu súplica será preferida a cualquier otra". Esto es lo que significa "madruga". "Y si eres verdaderamente sincero y no falso, Dios reestablecerá para ti una condición y un modo de vida adecuado a un hombre justo. Te irá tan bien que podrán considerarse pequeños los bienes que antes tenías. Observa como Bildad en esta parte de su elogio piensa que el gozo de los bienes de esta vida está a disposición de los justos. Olimpiodoro, Comentario al libro de Job, 8, 5-7.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol.7, p. 84-85
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job suplica a Dios la liberación


11Por eso yo me taparé la boca, hablaré desde la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma.
12¿Soy yo acaso el Océano, o el Mar profundo, para que me pongas un guardián?
13Si digo: "Mi lecho me consolará", o "mi cama acogerá mis quejas", 14Tú me aterras con los sueños y me llenas de horribles pesadillas.
15Mi alma preferiría la asfixia, la muerte más que seguir con mis huesos.
16Odio todo esto; no voy a vivir siempre. Déjame, que mis días son como un soplo.
17¿Qué es el hombre para que hagas tanto caso, para que pongas tanta atención en él?
18Lo vigilas cada mañana y cada instante lo examinas.
19¿Cuándo apartarás de mí tu vista o me dejarás al menos tragar saliva?
20Si he pecado, ¿qué te hago a Ti, guardián de los hombres? ¿Por qué me has puesto como blanco tuyo, y hasta para mí soy una carga?
21¿Por qué no perdonas mi pecado y pasas por alto mi falta? A punto estoy de acostarme en el polvo; me buscarás pero no estaré (Job 7, 11-21).

7, 11-12   La angustia de mi espíritu

¿POR QUÉ SOY CASTIGADO? "¿Soy yo el mar o el dragón?". Es decir, tú has puesto al mar un límite que no puede franquear, para que no inunde la tierra. También sucede lo mismo con el dragón", para que no salga y destruya todo lo que encuentre. Pero a mí, que soy un hombre débil y con una vida corta, ¿por qué me dejas caer en tal castigo? Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 7, 12.

7, 13-14   Mi lecho me consolará

Un símbolo de las profundidades del corazón. En la Sagrada Escritura el lecho, el cubil o la cama, suelen simbolizar lo secreto del corazón. La Esposa, figura de cada alma, encendida por ocultos estímulos de amor santo, dice en el Cantar de los cantares:
   "Busqué por las noches en mi lecho al que ama mi alma". En el lecho y por la noche se busca al Amado, porque la figura del Creador invisible, quitada toda imagen de visión corporal, se encuentra en el cubil del corazón. La Verdad dice a los que ama: "El reino de los cielos está dentro de vosotros". Y en otro lugar: "Si yo no me voy, no vendrá el Paráclito". Como si abiertamente dijera: "Si yo no sustraigo mi cuerpo a los ojos de vuestra intención, no os puedo conducir a la inteligencia invisible por medio del Espíritu consolador". También el salmista dice sobre los justos: "Los santos exultarán en la gloria, se alegrarán en sus lechos", porque cuando se alejan de los males exteriores, se glorían seguros dentro de los secretos del alma. La alegría de los corazones será perfecta cuando desaparezca en el exterior la lucha de la carne. Mientras la carne inclinada al mal, como si golpeara las paredes de nuestra casa, también el lecho se turbará. Gregorio Magno, Libros morales, 8, 24, 41.

7, 15-16   Odio todo esto

JOB SUSPIRA POR LA MUERTE. Te lo suplico: toma mi vida y apártame del dolor que causa la muerte. Pues no me creaste inmortal para que yo ahora soporte los dolores y después viva mi tiempo en el descanso. Nada, pues, te pido contra tus decretos, Señor; mortal me hiciste y no inmortal: tráeme la muerte. Lo mismo te suplica también Moisés cuando dice: "Si así vas ha hacer conmigo, mátame". Olimpiodoro, Comentario al libro de Job, 7, 15.

7, 17-18   ¿Qué es el hombre?

UNA ALUSIÓN AL DÍA DEL JUICIO. Ciertamente es necesario llamar "mañana" a ese tiempo, porque está repleto de luz y expulsa la noche de la vida presente. "Porque tú juzgas por el descanso", es decir, no por los tormentos, sino por los placeres y la recompensa. Pero Job, que ahora se encuentra digno de la "visita" de Dios, recibirá entonces el juicio "para el descanso"; él es juzgado con los justos, o sea, que él entrará en los cielos con los justos, porque habrá conocido, por su relación con ellos, qué parte se asigna y cuál es su destino. ¿Será su sitio con los patriarcas, con los profetas, con los apóstoles o con los mártires? Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 10, 7, 18.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 81-83
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

reflexión de Job sobre la vida humana


1¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un jornalero?
2Como esclavo que busca la sombra, como jornalero que espera el salario, 3así he tenido que afrontar yo meses inútiles, me ha tocado pasar meses de dolor.
4Al acostarme me pregunto: "¿Cuándo me levantaré?". Al hacerse de noche me lleno de pesares hasta el amanecer.
5Mi carne, cubierta de gusanos, es una costra terrosa, mi piel se ha agrietado y supura.
6Mis días corrían como lanzadera pero se han parado por falta de hilo.
7Recuerda que mi vida es como un soplo, que mis ojos no volverán a ver la dicha.
8El que me veía no volverá a verme: pones tus ojos en mí, y enseguida dejo de existir.
9Como una nube se disipa y pasa, así, el que baja al seol no vuelve a subir, 10no regresa más a su casa, no volverá a ver su morada (Job 7, 1-10).

7, 1-4   ¿No es milicia la vida del hombre sobre la tierra?

UNA VIDA DE DOLOR Y TERROR. No sólo es dolorosa esta vida, sino que también es espantosa, porque además de ser herido también he temido los golpes del Señor, y por ello salto de un lugar a otro, como los esclavos amenazados por sus señores. Incluso, cada día, como los criados que esperan su salario -y el salario constituye todo el bien y la esperanza de un alimento-, también yo [espero] la recompensa de mi paciencia, pero sin encontrarla, porque ha pasado mucho tiempo y ha transcurrido un buen número de meses; en esos días me he agotado en esperar una vana esperanza. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 10, 7, 2-3.

7, 5   Mi carne, cubierta de gusanos

UNA IMAGEN DE LA CORRUPCIÓN. Si entendemos estas palabras como dichas por la Iglesia universal, descubrimos que unas veces está sometida a la podredumbre de la carne y otras a la suciedad del polvo. Hay muchos en ella que, entregados al amor de la carne se pudren con la infección de la lujuria. Hay algunos que se abstienen del placer de la carne, pero yacen con toda su mente en acciones terrenas. Que diga, por tanto, la santa Iglesia, por boca de un solo miembro que habla en nombre de todos, que diga lo que soporta cada tipo de hombres: "Mi carne está cubierta de podredumbre y de la suciedad del polvo". Como si claramente dijera: "Hay muchos que son miembros míos por la fe, pero no están sanos ni limpios por sus obras, ya que, o derrotados por deseos impuros corren hacia la podredumbre de la corrupción, o entregados a obras terrenas están cubiertos de polvo. En aquéllos que soporto en su lascivia, gimo por la carne putrefacta; en éstos que sufro mientras buscan cosas terrenas, ¿qué hago sino cubrirme de la suciedad del polvo? Gregorio Magno, Libros morales, 8, 10, 23.

7, 6   Mis días corrían como lanzadera

EL TIEMPO PASA RÁPIDAMENTE. "Mis días han pasado más veloces que la tela corta del tejedor". Es muy apropiado comparar el tiempo de la carne a la tela, porque así como la tela se extiende con los hilos, así también la vida mortal con cada uno de sus días; a medida que aumenta se acerca más a que la corten, pues -como hemos dicho más arriba-, a medida que transcurre el tiempo, el futuro se abrevia y de todo el espacio de la vida son cada vez menos los acontecimientos que han de suceder, porque son más los que ya pasaron. La tela, en efecto, para ser tejida, se fija a dos leños por arriba y por abajo: por abajo, lo ya tejido se enrolla, mientras por arriba lo que se ha de tejer se desenrolla; así, cuanto más avanza, menos queda. Lo mismo ocurre con el tiempo de nuestra vida: lo ya pasado es como si lo enrolláramos por debajo, mientras que lo que ha de venir lo desenrollamos por arriba, pues a medida que crece nuestro pasado, menor se hace nuestro futuro. Gregorio Magno, Libros morales, 8, 11, 26.

7, 7   Mi vida es como un soplo

ESPERANZA EN EL MUNDO NUEVO. "Mi ojo volverá a ver la dicha", pues [el autor] habla de la esperanza que está reservada a los hombres en el mundo nuevo. Iso'dad de Merw, Comentario al Libro de Job, 7, 7. 

7, 8   Enseguida dejo de existir

LA COMPASIÓN Y LA JUSTICIA DE NUESTRO REDENTOR. La vista de un hombre es la misericordia del Redentor que ablanda la dureza de nuestra insensibilidad cuando pone su mirada en ella. Así lo afirma el Evangelio, diciendo: "Miró Jesús a Pedro, y Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho, y saliendo fuera lloró amargamente". Una vez que el alma ha sido despojada del cuerpo, la vista del hombre ya no ve, porque después de la muerte, la gracia no libera a quien antes de la muerte no ha restaurado con el perdón. Gregorio Magno, Libros morales, 8, 15, 30.

7, 9-10   El que baja al seol

CASTIGO POR LOS DESEOS TERRENALES. Así como el habitáculo corporal es la casa del cuerpo, así también para cada alma se convierte en casa aquel lugar donde se ha acostumbrado a vivir con el deseo. No retorna ya a su casa, porque una vez que un hombre ha sido entregado a los suplicios eternos, no puede ya volver al lugar donde había puesto su corazón. Gregorio Magno, Libros los morales, 8, 18, 34.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 7, p. 79-81
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodrígez

Job se decepciona de sus amigos


15"Mis hermanos me han traicionado como un torrente, como una tromba de torrentes pasajeros, 16que se enturbian en el tiempo del deshielo al deshacerse la nieve por ellos, 17pero en tiempo de sequía se evaporan y cuando llega el calor se extinguen en su cauce.
18Las caravanas desvían su ruta hacia ellos, se adentran en el desierto y se pierden.
19A ellos dirigen la mirada las caravanas de Temá, esperan en ellos las comitivas de Sabá; 20pero se ven decepcionados de haber confiado, llegan hasta ellos y quedan confundidos.
21Así estáis ahora vosotros ante mí, habéis visto estos horrores y teméis.
22¿Acaso os he dicho: "Dadme algo, sed generosos con vuestros bienes", 23o "libradme de la mano del opresor y del poder del tirano rescatadme"?
24Instruidme y yo callaré; mostradme en qué he fallado.
25¡Qué fuerza tienen las palabras justas! Pero ¿qué pueden probar vuestros argumentos? 
26¿Vais a criticar las expresiones, si las palabras de un desesperado se las lleva el viento?
27Echaríais a suertes un huérfano y haríais negocio a costa de vuestro amigo.
28Pero ahora miradme de frente, no voy a mentiros a la cara.
29Retractaos, por favor. No haya iniquidad en vosotros. Rectractaos. Va en ello mi justicia.
30¿Hay acaso falsía en mi lengua? ¿O no distingue mi paladar lo bueno de lo malo? (Job 6, 15-30).

6, 15   Mis hermanos me han traicionado

LA AUSENCIA DE VERDADEROS AMIGOS. Incluso esto ocurre para probar a Job. En efecto, no es pequeña aflicción la ausencia de amigos en medio de la tribulación. Soportando este sufrimiento, también el santo David entonó un salmo: "Miraba a mi derecha y observaba, y no había nadie que me conociera". Considera tú si Job da a entender que incluso las santas potencias invisibles le pasan de largo con la intención de que se manifieste su gran virtud. Esta interpretación está de acuerdo con la mujer que dijo: "La mirada del Señor me ha pasado de largo". Y es que el Señor del universo apartó su vista de Job no porque lo aborreciera, sino para mostrar al adversario que su maldad nada puede ante la virtud humana. Así las divinas potencias conocían que la voluntad de Dios era permitir que tuviera lugar esa lucha en torno a la persona de Job, para que el recto proceder del santo apareciera con mayor resplandor. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 6, 15.

6, 16-18   Se extinguen en su cauce

NI RASTRO DE LA PROSPERIDAD DE JOB. Es decir: No me queda ni un recuerdo, ni un resto de mi anterior felicidad. Estas circunstancias son más difíciles de soportar que la misma desventura. "¡Si uno intentara poner mis males juntos en una balanza!". Y Job intenta describirlos: "Mi comida -dice- es la avena loca". Deseo estar muerto y no muero; y aunque soy un hombre, tengo que sufrir esto; no soy una piedra, sino un hombre de vida efímera; no gozo de la fuerza de lo alto; una parte de mis íntimos pasan de largo sin mirarme, otros me ofenden. Ningún resto me queda de mi anterior felicidad. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 6, 16-18b.

6, 19-21   Esperan... y quedan confundidos

LA INSENSATA INIQUIDAD SERÁ CASTIGADA. "Están confundidos porque han esperado". Cuando los malvados atacan a los buenos con sus maldades, si ven que éstos se tambalean en su esperanza interior, se alegran comprobando el efecto de su engaño. Consideran la mayor ganancia propagar su error, porque les llena de alegría tener compañeros de perdición. Por el contario, cuando la esperanza de los buenos se afinaza y no declina ante los males exteriores, los malvados quedan confundidos, porque no pudiendo alcanzar lo íntimo de los afligidos, se avergüenzan de haber sido crueles inútilmente. Por tanto, que el santo varón, que permanece constante entre gemidos y aflicciones, que desea en medio de las adversidades de los réprobos el gozo de la retribución suprema sin titubeo alguno de su alma, que mueriendo persevera para la vida eterna, diga en nombre propio y en nombre de la Iglesia universal: "Están confundidos porque han esperado". Como diciendo claramente: "Los malvados no han conseguido derribar el vigor de mi entereza con sus duras persecuciones, por eso, avergonzados, pierden el esfuerzo invertido en su crueldad"... Vinieron junto a mí y se han cubierto de vergüenza. Hasta la santa Iglesia van los malvados el día del juicio, porque son llevados a que contemplen su gloria para que, expulsados al suplicio por sus culpas, vean lo que han perdido. Entonces la vergüenza cubrirá a los pecadores, cuando el testimonio de sus conciencias los condene en presencia del Juez, pero tendrán que soportar al acusador internamente. Entonces toda culpa se pondrá ante los ojos y el alma se verá atormentada con su propio fuego más gravemente que con las llamas de la gehnna. Gregorio Magno, Libros morales, 7, 31, 46-32, 47.

6, 22-24   Instruidme y yo callaré

MALICIA DE LOS AMIGOS DE JOB. "Incluso en estas circunstancias, no rehuso aprender, en el caso de que seáis capaces de decir algo provechoso; es más, me callaré si decís cosas convenientes". Pero ellos no podían echarle en cara acusaciones evidentes, sino que procedían sólo por sosopechas, y era público que él llevaba una vida llena de virtudes; más ellos sospechaban, basándose en estos castigos, que no estaba lleno de virtudes. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 6, 24a.

6, 25-26   ¿Qué pueden probar vuestros argumentos?

DEFENSA FRENTE A LAS A CUSACIONES INJUSTAS. Según parece habéis sufrido lo mismo que la mayoría de la gente. En efecto, la verdad siempre resulta molesta al vulgo, y es por eso que desdeñáis mis palabras de verdad. Pero ni os bajáis conmigo, dice Job, ni habláis de los dones de la gracia como gente que desea dar ánimos. Al contrario, me acusáis con total libertad. Pues bien, no tengo miedo de vuestras acusaciones, sino que voy a responder a cada uno de vosotros y espero vencer. Olimpiodoro, Comentarios al libro de Job, 6, 24-27.

6, 27   Negocio a costa de vuestro amigo

UNA OFENSA CONTRA DIOS. "Echaríais a suertes a un huérfano", es decir, porque me encuentro privado de toda asistencia humana. Y puesto que Dios es "padre de huérfanos", vosotros lo habéis enojado al enfadarme a mí. "Y pisotearíais los pies de vuestro amigo". Con vuestras palabras los pisoteáis más que con vuestros pies y, en consecuencia, despreciáis las normas de amistad. Pero Dios tiene en cuenta estas faltas, porque Él no solamente ha prescrito amar al prójimo como a uno mismo, sino que incluso quiere ser llamado Amor. Hesiquio, Homilías sobre Job, 9, 6, 27.

6, 28-30   No voy a mentiros a la cara

ACUSACIONES INFUNDADAS. Convenciéndolos de no estar actuando como amigos y de hablar contra la conciencia, [Job] intenta mostrar que unos jueces rectos no podrían culparlo con razón ni de usar palabras duras ni de haber deseado la muerte. "Hablad y juzgar vosotros lo que es justo". Sed jueces de las sencillas palabras, pero que vuestra setencia obedezca a la justicia y no a la pasión. Jualiano de Eclana, Explicación al libro de Job, 6, 29.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 76-79
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job desea la muerte


8"¡Quién me alcanzará lo que pido, y lo que espero Dios me concediera! 
9Que Dios se dignara machacarme y con su mano extendida destruirme, 10sería, al menos, un consuelo, y me gozaría en este implacable sufrimiento sin haber renegado de los mandamientos del Santo.
11¿Qué fuerza me queda para seguir esperando? ¿Cuál es mi porvenir para querer prolongar mi vida?
12¿Es mi fuerza como una roca? ¿Es mi carne como el bronce?
13En verdad, no hay fortaleza en mí y todo apoyo me ha abandonado.
14El que aparta de su amigo su misericordia abandona el temor del Omnipotente" (Job 6, 8-14).

6, 8-10   Que Dios se dignara machacarme

UNA SÚPLICA A DIOS. "De ninguna manera renunciaré a la réplica frente a vosotros", dice Job. En efecto, yo no soy consciente de haber cometido nada semejante a lo que vosotros decís, pero yo no digo esto. Más bien [Job] dice: "Soy castigado por encima de lo que puede soportar la naturaleza humana: la magnitud de los sufrimientos supera la capacidad de los cuerpos mortales". Tú, en cambio, observa conmigo como Job, incluso a pesar de verse en una necesidad tan grande, de ninguna manera se decidió a entrar en el relato de sus virtudes, sino que las ocultó hasta aquí. Y así, de una parte, publicada sus faltas muchas veces con gran sinceridad ante la reunión de un público numeroso y ante una brillante audencia, y de otra parte, callaba sus obras buenas, aun cuando se veía en una necesidad tan grande. A saber, no dice: "No puedo soportarlos"... En efecto, decir que "soy débil, yo no soy de piedra" es la forma de hablar de uno que no manifiesta ser castigado injustamente, antes bien es una manera de reconocer que uno es castigado justamente aunque no sea capaz de soportar los castigos, y por eso ruega poder alcanzar el perdón. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 6, 10a.

6, 11-14   ¿Qué fuerza me queda?

LA FUERZA Y EL AMOR DE LOS JUSTOS. ¿Cuál es mi fortaleza para que tenga que soportar? ¿Cuál es mi fin para que tenga que obrar con paciencia? Se debe saber que una es la fortaleza de los justos y otra la de los réprobos. La fortaleza de los justos consiste en vencer la carne, negarse a los propios gustos, acabar con el placer de la vida presente, amar las asperezas de este mundo en vista de los premios eternos, despreciar los halagos de la prosperidad, superar en el corazón el miedo a la adversidad. La fortaleza de los réprobos, por el contario, consiste en amar sin interrupción los bienes pasajeros, permanecer insensible ante los azotes del Creador, no abandonar el amor de las cosas temporales ni siquiera en la adversidad, alcanzar una gloria vana aun en perjuicio de la vida, procurar aumento de maldad, impugnar la vida de los buenos no sólo con palabras y costumbres sino también con la espada, poner la esperanza en ellos mismos, cometer maldades a diario sin que les falte el deseo para ello... "Mi fortaleza no es la de las piedras ni mi carne es de bronce"... Así pues, que el santo varón, rehuyendo la dureza de los réprobos en medio de las heridas, diga: "Mi fortaleza no es la de las piedras ni mi carne es de bronce". Como confensando claramente: "Rehúyo asemejarme a los réprobos que están bajo las heridas de la disciplina, porque ni me he endurecido como las piedras hasta el punto de enmudecer bajo el estímulo de los golpes cuando debía haberme entregado a la confesión, ni resuena la voz de mi confesión como el bronce ignorando el sentido de mis palabras". Los réprobos son débilmente fuertes para recibir el golpe y los elegidos valerosamente débiles, por eso, el santo Job, no considerando insensatamente ser fuerte, se da a conocer como fuerte por su estado de salud. Que indique, por tanto, de dónde ha recibido esta fortaleza, no sea que arrogándose para sí las fuerzas que posee, corra derecho a la muerte. Muchas veces la virtud poseída mata de forma aún peor que la que no se tiene, porque al elevar la mente para que se fíe de sí misma, es atravesada por la espada del orgullo; y cuando cree estar dándole vida robusteciéndola, la está elevando para matarla; de esta forma, la confianza arrastra a la muerte del alma que, por esperar en sí, se alejó de la fortaleza interior... "Quien aparta del propio amigo la misericordia, abandona el temor del Señor". ¿A quién designa con el nombre de amigo sino a cualquier prójimo en general que unido fielmente a nosotros, al recibir ahora de nosotros una buena acción nos auxilia luego sinceramente para obtener la patria eterna? Dos son los preceptos de la caridad: el amor a Dios y al prójimo. Por medio del amor a Dios se logra el amor al prójimo, y por medio del amor al prójimo se nutre el amor a Dios. Quien no cuida el amor a Dios, no sabe qué es amar al prójimo. Progresamos plenamente en el amor a Dios si de las ubres de su amor mamamos antes la caridad al prójimo. Y así, porque el amor a Dios engendra el amor al prójimo, el Señor que iba a decir en la ley: "Ama, a tu prójimo", antepuso "Ama al Señor tu Dios", de manera que en la tierra de nuestro pecho, su amor hundiera primero la raíz para que luego germinara el amor fraterno en sus ramas. Y a su vez, como el amor a Dios crece unido al amor al prójimo, Juan da testimonio de ello al increpar diciendo: "Quien no ama  su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?". El amor divino nace por medio del temor, pero al crecer se transforma en afecto. Gregorio Magno, Libros morales, 7, 21, 24-24, 28.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 73-76
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Job justifica la pena de sus lamentos


1Job intervino diciendo: 2"¡Si pudiera pesarse mi aficción o mis desgracias en la balanza estuvieran juntas, 3pesarían más que la arena de los mares! Por eso resultan inconexas mis palabras.
   4Los dardos del Omnipotente se han clavado en mí, mi espíritu va sorbiendo su veneno, los terrores de Dios se han alineado contra mí.
   5¿Rezbuzna el onagro ante la hierba, o muge el buey ante el forraje?
   6¿Se come sin sal lo insipido? ¿Hay algún sabor en la clara de huevo? 
   7Lo que mi espíritu rehúsa tocar es ahora mi repugnante alimento" (Job 6, 1-7).

6, 1-2   ¡Si pudiera pesarse mi aflicción!

EL DOLOR DE JOB RESULTA INCOMPRENSIBLE. Esto es lo que Job quiere decir: "En los males ajenos es donde vosotros hacéis exhibición de sabiduría, y como estáis lejos de mis desgracias, me exhortáis con gran serenidad". Estas palabras están en relación con aquellas que Elifaz había dicho anteriormente: "Tú diste lecciones a muchos", "robusteciste las rodillas endebles", "pero ahora viene sobre ti el dolor y tú estás preocupado". "¿Por qué dices: tú estás preocupado?". Yo quería que mi desgracia se hiciera evidente y hubierais comprendido que nadie había sufrido males tan grandes, pero mira mi triste estado: "Aquella situación por la que era preciso que yo lograra el perdón, es precisamente la que ha hecho que no se me pueda perdonar". "La magnitud de mi desgracia me lleva a la condenación; lo que debía hacerme digno de compasión es precisamente lo que hace que yo sea odioso y condenable". "Yo no puedo -dice Job- encontrar compasión, diga lo que diga; tomad esto como prueba de mi impiedad. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 6, 2a-3a.

6, 3-4   Los dardos del Omnipotente

LLENO DE PESADUMBRE. Quien ama el peregrinar en lugar de la patria, en medio de sus dolores, desconoce lo que significa el verdadero dolor. Las palabras del justo [Job], sin embargo, están llenas de dolor, porque mientras soportaba la vida presente, anhela con su hablar la patria futura; contempla todo lo que debe soportar por culpa de su pecado y para volver al estado de bienaventuranza medita con solicitud en los juicios por los que se aflige. Gregorio Magno, Libros morales, 7, 3, 3.

6, 5   ¿Rebuzna el onagro ante la hierba?

CUANDO LAS NECESIDADES BÁSICAS ESTÁN CUBIERTAS. Al mencionar al "onagro", [el autor] se refiere a todos los animales salvajes, y cuando menciona al "buey" se refiere a todos los animales domésticos. Es decir, las fieras salvajes y el ganado no gritan sino cuando tienen hambre. Pero el hombre no debe hacerlo, puesto que dispone de lo necesario para obrar y que él sazona con sal. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 6, 5.

6, 6   ¿Se come sin sal lo insipido?

PREPARACIÓN DEL ALMA PARA AFRONTAR LAS AFLICCIONES PRESENTES. "¿Quién puede gustar lo que lleva a la muerte?". Duró es desear lo que atormenta, seguir lo que quita la vida. Muchas veces la mente del justo se eleva a tal culmen de virtud que no sólo domina junto así el arca interior de la razón, sino que además convierte con su aguante la necedad de algunos de fuera. Es necesario que toleremos las debilidades de aquellos que pretendemos ganar para la virtud de la fortaleza, porque no levanta al postrado sino quien se inclina por compasión desde su rectitud. Cuando nos compadecemos de la debilidad ajena, robustecemos vigorosamente lo que en nosotros antes eran debilidades. De esa forma, el alma, por amor a los bienes futuros, se prepara a afrontar las adversidades presentes y aguanta los tormentos corporales que antes temía. Con aumentados deseos celestiales se siente angustiada, pero cuando considera cuan dulce es la patria eterna, por ella, es capaz de amar ardientemente las amarguras de la vida presente. Gregorio Magno, Libros morales, 7, 14, 17.   

6, 7   Mi repugnante alimento

UNA NUEVA AFLICCIÓN DE JOB. No era suficiente la úlcera ni el pus, sino que además se añadían otros sufrimientos; por causa de la enfermedad Job fue perjudicado en su sensibilidad total, de forma que incluso la comida se le convirtió en un tormento; el hedor de la llaga le había quitado la capacidad de discernir las sensaciones de sus sentidos. ¿Qué podría haber más difícil de soportar que este sufrimiento? Ni el sueño le traía descanso, ni la comida le alimentaba. Como el olor de león, dice Job; este animal es de un hedor en grado pésimo. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 6, 7b.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, vol. 7, p. 71-73
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

felicidad tras la corrección divina


17Bienaventurado el hombre al que Dios corrige, y no desprecia la lección del poderoso. 
18Pues Él hiere, pero pone la venda; golpea, pero cura con sus manos.
19De seis peligros te librará y en siete no te alcanzará el mal.
20En el tiempo de hambre no te dejará morir y en guerra te librará de la espada.
21De la lengua perversa estarás a salvo y no temerás el desastre que se acerca.
22Del desastre y del hambre te burlarás y no temerás a las bestias de la tierra.
23Hasta con las piedras del campo harás pactos y las fieras del campo vivirán en paz contigo.
24Experimentarás la paz en tu tienda y cuando revisen tu morada, nada echarás de menos.
25Sabrás que tu descendencia es numerosa, tus retoños como la hierba del campo.
26Llegarás al sepulcro cargado de frutos, como gavilla de trigo en su sazón.
27Esto es lo que hemos aprendido y es verdad. Escúchalo y aprovéchalo (Job 5, 17-27).

5, 17   La lección del Poderoso

NO HAY MOTIVO PARA LA DESESPERACIÓN. Porque el santo Job se afligía de que tales desgracias le sobrevinieran contra su esperanza, [Elifaz] le dice que incluso herido no debe desesperar de que Dios le será propicio, pues contener el desenfreno del pecado con azotes es una prueba de amor divino. "Dichoso el hombre a quien Dios corrige", porque había enumerado las diversas clases de miserias que sobrevienen a los pecadores por no querer considerarse culpables u obtener el perdón mediante confesión de la propia iniquidad. Dice que no debe considerarse una desgracia cuando uno es obligado, por los azotes a la severidad, a corregirse o a reconocer su pecado. Juliano de Eclana, Explicación del libro de Job, 5, 17.

5, 18   Él hiere, pero pone la venda

LOS ACTOS DE DIOS TIENEN SENTIDO. Si es Dios mismo el que pone término a los males, el que los transforma en sus contrarios, y el que hace gozar de una paz profunda, tampoco las cosas presentes las hace con un sentido diferente, sino con el mismo propósito. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 5, 18.

5, 19   De seis peligros te librará

LA PROVIDENCIA DIVINA NO TIENE LÍMITES. No hay que pensar que el autor pretenda limitar la providencia divina al fijar el número determinado [de peligros], más bien lo que pretende decir es que Dios te liberará de las aflicciones que te rodeen. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 5, 19. 

5, 20   En la guerra te librará de la espada

JOB POSEE LA FELICIDAD. Sin duda alguna, Job es feliz. Mira cómo, por necesidad o de buen grado, soporta el hambre y se aparta de todas las mesas de la tierra, y a punto de exclamar: "Mi único alimento son mis sollozos", Job no muere, sino que confirma con fuerza estas palabras de Dios: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios". Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 8, 20-26.

5, 21   No temerás el desastre

LA INJURIA NO PUEDE DAÑAR AL JUSTO. De nuevo Elifaz dice estas cosas refiriéndose a quien es amonestado por el Señor y ha cambiado de alguna manera su modo de pensar, y lo hace siguiendo sus propios principios, sin que le obligue lo que está diciendo. Muchos justos han sido con frecuencia objeto de injurias; entre ellos está José, el casto, acusado falsamente de intemperancia por la egipcia, y Susana, que soportó el azote de la calumnia a manos de los "ancianos injustos". Por lo tanto, si alguien cree que "estarás a cubierto del azote de la lengua" significa no ser calumniado o no ser injuriado, este pasaje verdadero carecería así de verosimilitud. La interpretación es que al hombre que vive conforme a Dios, no puede atraparlo la calumnia o la injuria, denominada "azote de la lengua", ya que la virtud lo protege de ser hallado culpable de falsas alegaciones. Este hombre tampoco se asusta ante males esperados, conforme al bienaventurado Pablo que dice: "¿Qué nos apartara del amor de Dios? ¿la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, la espada?". Vence, efectivamente, sobre todo ello por la riqueza de su virtud. Y en no menor medida tal persona será protegida de los sofismas de la falsa sabiduría, pues Dios "confunde las voluntades enrevesadas"... Así: "No temerás los males cuando lleguen", tiene el mismo significado profético que: "La calamidad nos pasará de largo". Lo cual debe ser interpretado así: el bien procede de nosotros, pues se ha dicho: "El reino de los cielos está dentro de vosotros". Porque [los hombres] tenemos una disposición hacia la virtud, a la cual Cristo ha llamado "reino". Lo dañino y perverso, en cambio, viene de fuera, así como el vergonzoso pecado. Porque el hombre, hecho "a imagen de Dios", tiene en sí mismo la semilla del bien, pero si se desvía, se da de bruces con el mal sin que haya recibido de Dios inclinación alguna para obrar así. Dídimo el Ciego, Comentario al libro de Job, 5, 21.

5, 22-24   Experimentarás la paz en su tienda

PAZ ABSOLUTA. En la Sagrada Escritura se habla de una paz plena y de una paz iniciada. La Verdad entregaba a sus discípulos la paz iniciada cuando decía: "Mi paz os dejo, mi paz os doy". Simeón deseaba la paz plena cuando rogaba diciendo: "Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar a tu siervo irse en paz". Nuestra paz se inicia con el deseo del Creador, se completa con la visión manifiesta. Será plena cuando nuestra mente no esté cegada por la ignorancia ni se vea afligida por los combates de la carne. Pero como tocamos las primicias cuando sometemos la mente a Dios y la carne a la mente, se dice que la tienda del justo gozará de paz, porque el cuerpo en el que habita el alma bajo la regla de la justicia, refrena los perversos movimientos de los deseos. Mas ¿de que sirve dominar la carne con la continencia si el alma no sabe ensancharse hasta el amor al prójimo por la compasión? Nada vale, en efecto, la castidad del cuerpo a la que no acompaña la ternura del alma. Gregorio Magno, Libros morales, 6, 34, 53.

5, 25-27   Llegarás al sepulcro cargado de frutos

RESPONSABILIDAD HUMANA. Mira cómo Elifaz cambia la utilidad de lo dicho anteriormente y... dio un duro golpe a Job. ¿Cómo y de qué forma? Mostrando que Job no pertenece a los que son reprendidos ni a aquellos que tienen esperanza. Lo que ha dicho, es claro que Elifaz lo ha referido a la persona de Job, pero hace un discurso de aplicación general, pues: "Esto es -dice- lo que hemos visto y oído, pero si esto no se ha producido en tu caso, sino que permaneces en tus desgracias, pertenece a ti el conocer tu perversidad". Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 5, 25-27.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7, p. 68-71
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

en el fracaso debemos dirigirnos a Dios



8Por eso, yo en tu lugar me dirigiría a Dios, pondría en Dios mi causa.
9Él hace cosas grandes e insondables, maravillas que no se pueden contar.
10Él manda la lluvia sobre la tierra y riega con agua los campos, 11para poner a los humildes en lo alto, para que alcancen seguridad los afligidos.
12Él desbarata los planes de los astutos para que sus manos no cumplan sus proyectos.
13Atrapa a los sabios en sus astucias, el consejo de los tortuosos se disipa.
14Aun de día tropiezan con la oscuridad, y como en plena noche van palpando al mediodía.
15Así salva al indigente del filo de su boca y al pobre de su mano prepotente.
16Así el débil recobra la esperanza y al inicuo se le tapa la boca (Job 5, 8-16).

5, 8   Me dirigiría a Dios

UNA SEVERA REPRIMENDA. "Yo en tu lugar me dirigiría a Dios" [dice Elifaz]. En efecto, tú -dice [a Job]- no te has dedicado a la oración. Yo invocaría al Señor de todas las cosas. Porque tú, tranquilo en ti mismo, has dejado de invocar al Señor de todas las cosas, y por ello te han sucedido estos males presentes. Después de esto, [Elifaz] dio gloria a Dios, provocando la cólera de Job. Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 8, 5, 8.

5, 9-10   Él hace cosas grandes

LA LIMITADA PERSPECTIVA HUMANA DE ELFAZ. Elifaz reconoce que el Dios providente es creador de todas las cosas. No es inverosímil que él tenga esta opinión, siendo hombre sabio en lo referente a las cosas humanas. Pero posee también una opinión a cerca de las cosas invisibles y visibles, pues habla de lo insondable, de lo grande y de lo honorable, de la lluvia y del agua. Si distingue el agua de la lluvia, es porque debe referirse al agua de las fuentes, de las torrenteras y de los ríos. Tienes en muchas partes de la Escritura estos discretísimos pensamientos, y no menos en Pablo, quien escribe: "En Cristo fueron creadas las cosas visibles e invisibles, las del cielo y las de la tierra". Es preciso considerar también que Elifaz, asustado por las desdichas que le han sucedido a Job, como hombre que es, se admira de las obras de la divina Providencia. La expresión "sin número" hay que entenderla desde una perspectiva humana. Dios conoce todas las cosas y nada extraña cuando Salomón dice: "Dios me ha dado el conocimiento de lo que existe, conocer la verdadera estructura del mundo, la actividad de los elementos, el principio, el fin y el espacio intermedio del tiempo, la alternancia de solsticios", etc. En efecto, lo que es incontable por naturaleza, no es incalculable para Dios, acerca de quien se dice: "El que cuenta la multitud de estrellas", y "los pelos de vuestras cabezas están contados". Estos conocimientos se conceden a quienes son dignos de sus beneficios, como se ha dicho de Salomón. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 5, 9-10.

5, 11   Para poner a los humildes en lo alto

LOS PERSEGUIDOS SOBRE LA TIERRA ESTARÁN A SALVO CON DIOS. Pone a los humildes en lo alto, porque los que ahora son despreciados por amar a Dios, vendrán entonces como jueces junto a Dios -tal como hemos dicho hace poco- según las palabras que la Verdad dirige a los humildes, diciendo: "Vosotros que me habéis seguido en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su majestad, os sentaréis también vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel". Levantará entonces a los tristes hasta la prosperidad, porque los que están encendidos en deseos de Él, rehúyen la prosperidad temporal, sufren las adversidades, soportan los tormentos de la persecución, se purifican a sí mismos con el llanto y tanto más serán elevados hasta la prosperidad eterna cuanto más mueran ahora con fervor a todas las alegrías del mundo. Esto es lo que afirma Salomón: "El corazón conoce la amargura de su alma y en su alegría no se mezcla el extraño". La mente humana conoce la amargura de su alma cuando, encendida en deseos de la patria eterna, reconoce con lágrimas la pena de su peregrinación; pero en su alegría no se mezcla el extraño, porque quien ahora es ajeno a la tristeza de la compunción, no participará entonces de la alegría de la consolación. Gregorio Magno, Libros morales, 6, 16, 23.

5, 12-13   Atrapa a los sabios en sus astucias

UNA CALUMNIA SOLAPADA. ¿Qué significa esto? [Elifaz] insulta a Job llamándole mentiroso. Desea poseer la reputación de justo sin haber realizado nada justo. Pero Dios penetraba tales deseos y "desbarata los planes de los astutos". Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 8, 5, 12-13.

5, 14-16   Salva al indigente

LAS MARAVILLAS DE DIOS. Esto lo hace Dios no sólo para que el débil mantenga su esperanza en la felicidad, sino también para que el poderoso no se enorgullezca. En efecto, dijo arriba Elifaz: "Invoca por si alguno te responde", para que Job no piense que hay cosas imprevistas al margen de la providencia pretextando que él no es escuchado... Y Elifaz está intensamente ocupado en profundizar con su discurso sobre el tema para derrotar a Job. En verdad, si es costumbre de Dios exaltar a los débiles y humillar a los poderosos, así como confundir a los mentirosos, saca tú la conclusión. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 5, 15b-16b.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 66-68
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

el necio fracasa


1Llama, pues. ¿Habrá quien te responda? ¿A quién de los santos recurrirás? 
2Porque la irritación mata al necio y el furor hace morir al insensato. 
3Yo mismo he visto al necio echar raíces y he maldecido de inmediato su mansión.
4Sus hijos estarán lejos de salvarse, marginados en la plaza, sin defensor; 5sus cosechas las devorarán los hambrientos arrancándolas hasta los espinos, y los sedientos se beberán su fortuna.
6Pues no nace del polvo la maldad ni brota del suelo la desgracia.
7Es el hombre quien ha nacido para provocar desgracias como las chispas para ir hacia arriba (Job 5, 1-7).

5, 1   ¿Habrá quien te responda?

LA EXCELENCIA DE DIOS. Con estas palabras Elifaz manifiesta también la supremacía de Dios. Puesto que era natural que Job analizara todo lo relativo a su situación con reflexiones personales, mira lo que dice Elfaz: "No me hables así; grande es Dios; él hace muchas cosas que nosotros no entendemos; todo lo nuestro es sumamente insignificante... de forma que todo lo que Él hace, lo hace bien. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 5, 2.

5, 2   La irritación mata al necio

LA CÓLERA DE DIOS. Pero el sabio examina todo esto con cuidado, mientras que el necio no ve nada en ello: o (se dice) que Dios destruye en su cólera al insensato, que el celo de Dios hace morir al descaminado, es decir, la cólera divina hace desaparecer a los insensatos; a mí me parece que Elifaz quiere decir a los pecadores. "El enojo -dice- mata al insensato", de suerte que de ningún modo [mata] al sensato, pues en este caso no se da la cólera [de Dios]. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 5, 2.

5, 3   He visto al necio echar raíces

LA DESTRUCCIÓN DE LOS PECADORES NO ES INMEDIATA. Obseva cómo le rectifica de antemano: "No me digas que también ellos en muchos casos tuvieron hijos, sí, pero no durante largo tiempo". Puesto que era normal que uno dijera: "Si Job era pecador, ¿cómo es que disfrutó de bienes tan grandes? "Si, -dice Elifaz-, yo he visto a insensatos echar raíces". ¿Ves cómo llama pecadores a los insensatos? Y en verdad, es propio del plan de Dios no hacer perecer a los pecadores enseguida, sino concederles un plazo de arrepentimiento, de forma que para los hombres el bien no sea algo obligado. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 5, 3.

5, 4-5   Sus cosechas las devoran los hambrientos

LA VERDADERA PUERTA. Hijos de este pueblo necio son todos los engendrados a partir de una pérfida predicación. Están lejos de la salvación, porque, aunque reciben una vida temporal sin aflicción, luego son heridos más gravemente con castigo eterno, tal como dice el Señor de los hijos de ese pueblo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas que recorréis mar y tierra para ganar un prosélito y cuando lo lográis, hacéis de él un hijo de la gehenna el doble que vosotros!". Y sigue: "Serán triturados ante la puerta y no habrá quien los aparte". ¿A quién designa la puerta sino al Mediador entre Dios y los hombres, que dijo: "Yo soy la puerta, el que entre por mí se salvará"? Los hijos de este pueblo necio salen fuera de la puerta y son triturados ante ella. Gregorio Magno, Libros morales, 6, 3, 4.

5, 6-7   Es el hombre quien provoca desgracias

SIMBOLISMO DE LA TIERRA Y EL PÁJARO. Por estas dos especies, "el polvo" y "las aves", el autor designa todos los seres silenciosos inanimados y mudos, privados de palabra, para decir que ellos precisamente no cometen la iniquidad y que por ello viven en la tierra sin dolores y aflicciones; en cambio, el hombre, que está dotado de razón  y peca usando su libertad, nace y crece en penas y dolores por razón de su naturaleza. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 5, 6-7.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 64-65
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Elifaz relata su visión y las palabras que ha escuchado


12He percibido con sigilo una palabra, mi oído ha captado un murmullo. 
13Entre pesadillas de visiones nocturnas cuando el sueño invade a los humanos, 14un temblor me entró, un escalofrío que hizo estremecer todos mis huesos. 
15Un viento frío pasó sobre mi rostro que erizó el vello de mi cuerpo. 
16Alguien surgió, no reconocí su semblante, una figura delante de mis ojos; hubo un silencio, y luego oí su voz:
17"Un hombre ¿puede ser justo ante Dios?, una criatura, ¿íntegra ante su Hacedor, 18si ni de sus propios servidores se fía y en sus ángeles encuentra faltas?
19¡Cuánto más los que habitan estas cosas de arcilla, cimentadas sobre el polvo, serán aplastados como una polilla!
20De la mañana a la tarde quedan pulverizados; sin que nadie lo note, perecen para siempre.
21¿No les arrancan las cuerdas de la tienda y mueren sin alcanzar sabiduría?" (Job 4, 12-21).

4, 12   He percibido con sigilo una palabra

NO HAY RAZÓN PARA CULPAR A JOB. También en el caso presente, a mi modo de ver, Elifaz insinúa que Job dijo estas palabras tal vez para mover a otros a la imitación, o con otras intenciones. Comprended vosotros, cuantos también ahora os planteáis con inquietud parecidas cuestiones, a quienes os parecéis. Pues si Elifaz, cuando dijo en aquellos tiempos tales cosas, no obtuvo perdón, con más razón ha de aplicarse esto a nosotros que, aún después de conocer el desenlace de los hechos, decimos cosas parecidas, y eso que podríamos dar muchas razones de los hechos sucedidos a Job; lo mismo que ellos parecen haber encontrado la ocasión para injuriarle y atarcarle sin esperar al resultado de los hechos. Juan Crisóstomo, Comentario al libro de Job, 4, 12.

4, 13-15   Un temblor me entró

EXPRESIONES FIGURADAS DEL SUEÑO. Todo el que anhela entregarse a las cosas del mundo es como el que está en vela. Todo el que, por el contrario, buscando la quietud interior, huye del estrépito de este mundo, es como el que duerme. Se debe tener en cuenta que en la Sagrada Escritura se habla del sueño figuradamente en tres sentidos. Unas veces el sueño expresa la muerte de la carne, otras la indolencia de la negligencia, otras, en fin, la quietud de la vida lograda tras terminar con los deseos terrenos... ¿Qué representan los huesos sino las acciones fuertes? Sobre ellas se dice por el profeta: "El Señor custodia todos sus huesos". Con frecuencia los hombres valoran sus obras porque desconocen cuán severo es el juicio del examen interior. Sin embargo, cuando contemplan los misterios supremos arrebatados en contemplación, entonces se desvanece, en cierto modo, su presuntuosa seguridad y tiemblan ante la mirada de Dios tanto más cuanto más indignas le parecen, ante su examen, las que juzgaban buenas obras... La permanencia, pues, pertenece sólo al Creador, por quien pasan todas las cosas sin que Él pase y en quien algunas cosas se conservan para que no pasen. La mente humana no puede capatar la estabilidad de la divinidad, por eso nuestro Redentor vino a nosotros en carne, creado, nacido, muerto, sepultado, resucitado, vuelto al cielo, mostrando la divinidad como pasando. Bien lo expresa el Evangelio al referir el caso del ciego al que se le dio la luz: el oído le fue curado mientras el Redentor pasaba, y los ojos mientras permanecía parado. Para beneficio de la humanidad, debía pasar; para mostrar la potencia de su divinidad, presente en todas partes, debía permanecer. Gregorio Magno, Libros morales, 5, 31, 54-34, 63.

4, 16   Luego oí su voz

NUESTRA PERCEPCIÓN DE LA NATURALEZA DIVINA. [Elifaz] llama "murmullo" y "voz" a los conceptos sobre Dios. Lo mismo -viene a decir- que el murmullo y la voz golpean nuestros oídos, aunque no tengan ni forma ni aspecto, sin embargo recibimos sólo la sensación, sin que se les pueda ver, y también nos hacen pensar en la naturaleza de Dios, de la que nosotros recibimos la percepción y su conocimiento, como algo que Dios mismo ha puesto en nuestros pensamientos, pero que a nosotros nos es imposible percibir por sus formas. Iso'dad de Merw, Comentario al libro de Job, 4, 16.

4, 17   Un hombre, ¿puede ser justo ante Dios?

NO HAY PECADO OCULTO PARA DIOS. Y no creas, dice Elifaz, que te digo estas cosas a modo de reproche. Porque ningún hombre es irreprochable del todo, antes bien, aunque pase desapercibido ante los hombres, no queda oculto al ojo de Dios que todo lo ve y todo lo sabe con exactitud. Esto, pues, significa "lo que es contrario al Señor". Olimpiodoro, Comentario al libro de Job, 4, 17.

4, 18-19   Ni de sus propios servidores se fía

SI LOS ÁNGELES CAEN, ¡CUÁNTO MÁS LOS HUMANOS! No es fácil para los hombres el permanecer sin pecado; esto se encuentra por encima de la naturaleza humana. Ni siquiera la misma clase angélica lo ha conseguido. Esto es lo que [Elifaz] dice: "Ni de sus propios servidores se fía". Es evidente que Dios no se fía de los justos -como tú, que te fías de ti mismo-, porque conoce la debilidad de su naturaleza y la facilidad de su carne para caer. También los ángeles caídos le dan motivos para desconfiar, pues "en sus ángeles encuentra faltas". Él los apartó de su primer honor y de su rango y los rebajó, porque tenían malos pensamientos contra Dios. Pero si Él está tan a su favor que, aunque posean una naturaleza frágil, sin embargo, habitan en las alturas entre las potencias virtuosas, y si está tan a favor de los ángeles que, por su naturaleza, están por encima de nosotros, ¿qué diremos de nosotros, que somos hombres, e inclinados al pecado? Hesiquio de Jerusalén, Homilías sobre Job, 7, 4, 18-21.

4, 20-21   Perecen para siempre

LA IMPOTENCIA DE LOS PODERES HUMANOS. Todavía se mantiene Elifaz en el mismo principio, conforme al cual, según su opinión, las circunstancias de Job son debidas a su pecado, y por eso habla de ese modo. En efecto, como [los hombres] no pudieron ayudarse a sí mismos por medio de la virtud arrepintiéndose de sus pecados, les sobrevinieron las tribulaciones. Y Elifaz sugiere que comprende esta situación: [los hombres] perecen ya que, por su debilidad, no pueden apartar de sí los terribles sucesos, demostrando así el escaso valor del poder humano. Dídimo el Ciego, Comentarios al libro de Job, 4, 20-21.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Vol. 7,  p. 57-63
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez