La muerte de Abrahán


7Los años de vida que alcanzó Abrahán fueron ciento setenta y cinco. 8Abrahán expiró y murió tras una vejez feliz, anciano y colmado de años, y fue a reunirse con su pueblo. 9Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar el hitita, frente a Mambré, 10el campo que Abrahán había comprado allí a los hijos de Set. Allí fueron sepultados Abrahán y su esposa Sara. 11Después de la muerte de Abrahán, Dios bendijo a su hijo Isaac, e Isaac se estableció junto al pozo de Lajay-Roy. Génesis (25, 7-11).


25,7   Los años de vida que alcanzó Abrahán


Isaac, el hijo de la promesa, nace siendo Abrahán centenario, porque la bendición de heredad que se promete en su descendencia a todas las familias de la tierra se refiere a la patria celeste y futura. Abrahán peregrina durante cien años en la tierra de promisión, porque todos los que por la fe somos hechos hijos de Abrahán debemos peregrinar hacia la herencia suprema conduciendo nuestra vida en la Iglesia presente. "Isaac se estableció en Guerar", que significa "extranjero" y: "Recogió aquel año el ciento por uno", porque, en cuanto salimos del cuerpo hacia la vida celeste, recibimos toda obra buena que hayamos realizado los hijos de la promesa mientras peregrinamos en esta vida. Beda, Sobre el tabernáculo,2, 13.


25,8   Abrahán expiró y murió tras una vejez feliz


Trato de encontrar en las Escrituras dónde se menciona por primera vez la vejez. 930 años vivió Adán y, sin embargo, no se lo considera anciano. Matusalén vivió 969 años y tampoco es calificado de anciano. Llegó hasta el diluvio, y pasando revista después de él a un periodo de casi tres mil años, no encuentro a nadie que sea tenido por anciano. Abrahán es el primero al que se le confiere dicho calificativo. Y eso que fue de mucha menor edad que Matusalén. Pero se le considera un anciano por haber sido ungida su vejez por un óleo fecundo. En efecto, en el Génesis encontramos escrito: "Y murió Abrahán en una vejez bien avanzada, lleno de días". En una vejez bien avanzada por estar colmado de días. Pues días fueron, y no noches, todo el curso de su vida. Jerónimo, Comentario al Salmo 91.


25,10   Allí fueron sepultados Abrahán y su esposa Sara


De lo dicho no se deduce que hayamos de menospreciar y abandonar los cuerpos de los difuntos, sobre todo de los santos y los creyentes, de quienes se sirvió el Espíritu Santo como de instrumentos y receptáculos de toda clase de buenas obras. Si las vestiduras del padre y de la madre, o su anillo y recuerdos personales, son tanto más queridos para los decendientes cuanto mayor es el cariño hacia ellos, en absoluto se debe menospreciar el cuerpo, con el cual hemos tenido mucha más familiaridad e intimidad que con cualquier vestido. Es el cuerpo algo más que un simple adorno o un instrumento; forma parte de la misma naturaleza del hombre. De aquí que los entierros de los antiguos justos se cuidaran como un deber de piedad; se les celebraban funerales y se les proporcionaba sepultura. Agustín, La piedad de los difuntos, 3, 5.


25,11   Dios bendijo a su hijo Isaac

Sobre la muerte de Abrahán, qué podemos añadir nosotros a lo dicho por el Señor en los Evangelios: "Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído cómo [la Escritura] dice en el pasaje de la zarza: el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos. Pues todos viven para Él". Deseemos, por tanto, también nosotros una muerte de este género, para que, como dice el Apóstol, "muramos al pecado y vivamos para Dios". Así, en efecto, debe entenderse la muerte de Abrahán: ella ha dilatado en tal medida su seno que todos los santos, que vienen de las cuatro partes de la tierra, "son llevados por los ángeles al seno de Abrahán". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11, 3.


La Biblia comentada
por los padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 217-219
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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