Hijos de Abrahán con Queturá



1Abrahán volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá, 2que le dio a Zimrán, a Yocsán, a Medán, a Madián, a Yisbac y a Súaj. 3Yocsán engendró a Sebá y a Dedán; y los hijos de Dedán fueron los asirios, latusitas y leumitas. 4Los hijos de Madián fueron: Efá, Éfer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos ellos hijos de Queturá. 5Abrahán dio todo cuanto poseía a Isaac; 6y a los hijos de las concubinas que había tenido, les proporcionó recursos, y, viviendo él todavía, los mandó lejos de su hijo Isaac, hacia el levante, al país de oriente. Génesis (25, 1-6).

Este pasaje nos proporciona un rico material para la interpretación alegórica. Dado que Abrahán representa el aprendizaje y la sabiduría, el hecho de que tomara otra esposa siendo centenario significa que la vitalidad de la sabiduría no tiene límite. El progreso espiritual de los santos se halla reflejado figuradamente en sus matrimonios (Orígenes). Sin embargo, según otra línea de interpretación, la intención del matrimonio de Abrahán con Queturá era difundir el conocimiento y alabanza del único Dios verdadero (Efrén), así como bendecir un segundo matrimonio válido (Agustín).


25,1   Abrahán volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá


Abrahán sabía que no hay final para la sabiduría. El santo Apóstol nos proporciona continuamente ocasiones para descubrir el sentido espiritual y muestra a los [cristianos] celosos los signos, aunque poco numerosos, indispensables para que se reconozca en todo que "la Ley es espiritual". Él, hablando en cierto lugar de Abrahán y de Sara, dice: "Sin vacilar en su fe, [Abrahán] no consideró que su cuerpo estaba ya muerto, puesto que tenía casi cien años, ni que el seno de Sara fuere estéril". Es precisamente de este hombre de quien Pablo dice que estaba muerto en el cuerpo, dado que tenía cien años, y que había engendrado a Isaac más por la potencia de la fe que por la fecundidad de su cuerpo, de quien la Escritura refiere ahora que tomó una mujer de nombre Queturá y que engendró de ella muchos hijos cuando tenía alrededor de ciento treinta y siete años. Está escrito, en efecto, que Sara, su mujer, tenía diez menos que él y que murió a los ciento veintisiete años. De aquí se deduce que Abrahán tenía más de ciento treinta y siete años cuando tomó a Queturá por mujer.
   ¿Qué, pues? ¿Pensamos que en tan gran patriarca perduraron durante todo este tiempo los estímulos de la carne? ¿Y del que se dijo que estaba ya muerto a los movimientos naturales, hay que considerarlo ahora redivivo a los atractivos de la carne? ¿O, como ya se ha dicho muchas veces, los matrimonios de los patriarcas están indicando algo místico y sagrado, como lo indica el que decía de la sabiduría: "Yo decidí tomarla por esposa"?
   Sin duda, Abrahán ya entonces pensó algo semejante y, precisamente porque era sabio, sabía que no hay límites para la sabiduría y que ni siquiera la vejez pone término al aprendizaje. Pues el que ha tenido por hábito contraer matrimonio en el modo que hemos indicado más arriba, es decir, el que suele permanecer unido a la virtud, ¿cuándo puede cesar de un matrimonio de este tipo? Y la muerte de Sara hay que entenderla como la consumación de la virtud. Ahora bien, el que posee la virtud consumada y perfecta, debe dedicarse siempre a alguna doctrina; a esta doctrina llama "su esposa" la palabra divina. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11, 1.


Queturá, [la mujer] con la que el viejo Abrahán contrae ahora matrimonio, significa thymiama, es decir incienso o buen olor. Pue también él decía como Pablo: "Nosotros somos el buen olor de Cristo". Pero veamos cómo se es "buen olor de Cristo". El pecado es una realidad fétida; por eso, los pecadores, que se revuelcan en los pecados como en el estiércol fétido, se comparan a los puercos. Y David, en cuanto a pecador arrepentido, dice: "Mis heridas se infectaron y supuran".
   Por tanto, si alguno de vosotros no lleva ya ningún olor de pecado, sino el olor de la justicia y la suavidad de la misericordia; si ofrece sin cesar al Señor el incienso de una plegaria ininterrumpida y dice: "Que mi oración suba a ti como incienso en su presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde", ése ha tomado por mujer a Queturá. Así pienso que se explican con mayor dignidad y decoro las bodas de los ancianos y las uniones de los patriarcas contraídas ya al final de sus vidas, en una edad vacilante, así se hace, a mi juicio, necesaria la enumeración de las generaciones de sus hijos. En efecto, para tales nupcias y para semejante prole son más aptos los viejos que los jóvenes; porque cuanto más agotado está uno en la carne, tanto más robusto estará en la virtud del alma y tanto más apto para los brazos de la sabiduría. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11, 1-2.


La Escritura designa figuradamente el progreso de los santos. De ahí que tambien tú, si quieres, puedas ser esposo de un matrimonio de este género; por ejemplo, si practicas voluntariamente la hospitalidad, parecerá que la has tomado por esposa; si a ésta añades el cuidado de los pobres, parecerá que has tomado una segunda mujer; y si unes a ti la paciencia, la mansedumbre y las demás virtudes, parecerá que has tomado tantas esposas cuantas virtudes goces. De aquí, por tanto, deriva que muchos patriarcas tuviesen simultáneamente varias mujeres.
   De otros, la Escritura recuerda que, habiendo muerto las primeras, han tomado otras por esposas. Con ello se indica en figura que algunos son capaces de ejercitar muchas virtudes al mismo tiempo, mientras que otros no pueden dar inicio a las que siguen si antes no han llevado a la perfección las primeras. Por eso dice que Salomón, a quien el Señor había dicho: "Sabio como tú no lo hubo antes de ti ni lo habrá después de ti", tuvo simultáneamente muchas mujeres. Porque el Señor le había dado una prudencia tan abundante "como la arena del mar" para juzgar a su pueblo con sabiduría, por eso podía practicar muchas virtudes al mismo tiempo. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11,2.

25,6   Los hijos de las concubinas 

Abrahán dio regalos. Si somos hijos de la Jerusalén libre, entendamos que son diferentes los bienes de los herederos y de los desheredados. Herederos son aquellos a quienes se dijo: "No habéis recibido de nuevo el espíritu de servidumbre, sino que recibisteis el espíritu de adopción de hijos, en el que clamamos: Abba, Padre". Agustín, Sobre la paciencia, 28, 25.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 214-217
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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