Esaú vende su primogenitura


27Los muchachos crecieron, y Esaú se convirtió en un experto cazador, en un hombre montaraz, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que habitaba en tiendas. 28Isaac prefería a Esaú porque le traía la caza; en cambio Rebeca prefería a Jacob.
   29Un día Jacob había preparado un guiso, cuando Esaú volvió agotado del campo. 30Y Esaú dijo a Jacob: "Déjame comer, por favor, de eso rojo, pues estoy agotado. (Por eso precisamente se llama Edom). 31Jacob respondió: "Véndeme ahora mismo tu primogenitura". 32Y dijo Esaú: "Estoy a punto de morir ¿para qué me sirve mi primogenitura?". 33Repuso Jacob: "Júramelo ahora mismo". Y él se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob. 34Jacob le dio pan y el guiso de lentejas a Esaú, quien comió, bebió, se levantó y se fue. Así malvendió Esaú la primogenitura. (Génesis 25, 27-34).


25, 28   Isaac prefería a Esaú


Isaac amaba a Esaú, Rebeca amaba a Jacob. Pero no debemos dejar sin justificación a los padres, porque hayan preferido el hijo más joven al mayor. Al mismo tiempo hemos de tener cuidado que alguno, siguiendo su ejemplo, haga un juicio injusto entre sus hijos, de tal manera que considere que uno debe ser amado y el otro estimado en menos. De ahí, en efecto, se provocan enemistades entre hermanos, y por acrecentar el vil dinero se trama el crimen del fracticidio. La misma medida del afecto debe extenderse por igual a todos los hijos. Admitamos, pues, que el afecto al más cariñoso o al más semejante lleve consigo algo de demasía, pero el ejercicio de la justicia debe ser para todos del mismo rasero. Se da más al hijo predilecto si se busca para él el amor de sus hermanos; pero se le quita más a aquel que está abrumado por la envidia que suscita una injusta preferencia. Esaú amenazaba con matar a su hermano y, ni el hecho de ser hermano gemelo ni el respeto a los padres le apartaba del furor fraticida, y se dolía de que le hubiese sido arrebatada la bendición de la que debería haberse mostrado digno por su mansedumbre y no por el crimen. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 2, 5.


25,30   Déjame comer, por favor


Codicia censurada. Que el ayuno vaya unido a la economía. Como hay que evitar la hartura del vientre, hay que estar alerta ante los incentivos de la gula. No se trata de detestar ninguna clase de alimento, sino de refrenar el placer carnal. Esaú no fue reprobado por comer carne de toro o aves cebadas, sino por apetecer de forma inmoderada lentejas. Agustín, Sermón, 207,2.


25, 31-32   Véndeme ahora mismo tu primogenitura


Placeres temporales. Ya os he expuesto ayer, hermanos, por qué se dice que Esaú era el hermano mayor, para que ninguno piense que es espiritual si antes no ha sido carnal. Pero si permanece siempre en la prudencia de la carne será siempre Esaú. En cambio si es espiritual será entonces el hijo menor; pero el menor se hará luego mayor, porque lo primero es por obra del tiempo, mientras que lo segundo es propio de la virtud. Como Jacob tuviese lentejas cocidas, Esaú quiso comerlas antes de recibir la bendición. Dijo Jacob a Esaú: "Dame tu primogenitura y yo te daré las lentejas que he cocido". Esaú vendió al hermano menor su primogenitura. Jacob renunció a un placer temporal, mientras que Esaú renunció a una dignidad sempiterna. De la misma manera, quienes en la Iglesia van tras los placeres terrenos, es como si comieran las lentejas. Lentejas que Jacob coció, pero que no comió. En Egipto era donde principalmente se adoraba a los ídolos; las lentejas eran el alimento de los Egipcios. Por lentejas se entiende todos los errores de los paganos. Así, la Iglesia, prefigurada del modo eminente y manifiesto en el hijo menor, debía provenir de los paganos, y por eso se dice en la Escritura que Jacob coció las lentejas mientras que Esaú fue quien las comió...
Aplicaos estas palabras. Nos referimos al pueblo cristiano. También en el pueblo cristiano consiguen la primogenitura los que se reconocen en Jacob. Por el contrario, los que viven según la carne, los que creen según la carne y aman conforme a la carne, pertenecen al Antiguo Testamento, no al Nuevo. Siguen estando en la condición de Esaú, no en la bendición de Jacob. Agustín, Sermón, 4,12.


25,34   Malvendió Esaú la primogenitura


Reconocer los daños de la riqueza. Escuchando esto aprendemos la lección de no descuidar nunca los regalos de Dios, y no entregar las cosas importantes por naderias sin valor. ¿Por qué -pregunto- vamos a obsesionarnos con el deseo de riquezas, cuándo el reino de los cielos y esas bendiciones del inefable están dentro de nuestras posibilidades? ¿Por qué prefieres a las bendiciones que perduran para siempre, aquellas momentáneas que pasan y escasamente duran hasta el ocaso? ¿Habría una pena mayor que la necedad de ser privado del estado anterior? ¿Qué de bueno, después de todo, dime, hay en la riqueza? ¿No te das cuenta de que la adquisición de grandes bienes no nos trae nada más que enormes preocupaciones, ansiedad, insomnio? ¿No ves que estas personas (en particular aquellos que poseen una gran riqueza) son esclavos de sí mismos, y día a día viven en el miedo como en sombras? Aquí está el origen de las insidias, de la envidia, del odio profundo y de otros innumerables males. A menudo podrás ver a uno con diez mil talentos de oro oculto llamando bendito a otro que está tras el mostrador de su trabajo, y que se procura el alimento con el esfuerzo de sus manos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 50,2.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 228-231
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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