Engaño de Jacob


1Isaac envejeció y sus ojos se debiltaron hasta perder la vista. Llamó a su hijo mayor Esaú, y le dijo: "¡Hijo mío!". Éste le respondió: "Aquí estoy". 2Dijo el padre: "Mira, soy viejo y desconozco el día de mi muerte; 3toma, pues, por favor, tus armas, tu aljaba y tu arco, ve al campo y cázame alguna pieza; 4luego me preparas un buen guiso, como a mí me gusta, y me lo traes para comer con el fin de bendecirte antes de que muera".
   5Rebeca había escuchado la conversación de Isaac con su hijo Esaú. Esaú salió al campo a cazar algo que traerle. 6Entonces Rebeca habló a su hijo Jacob diciéndole: "Mira, he oído a tu padre hablar con tu hermano Esaú y decirle: No tomes esposa entre las hijas de Canaán. 7Tráeme caza y prepárame un buen guiso para comer con el fin de bendecirte delante del Señor antes de mi muerte". 8Ahora, pues, hijo mío, escucha lo que te voy a mandar: 9Ve al rebaño y tráeme de allí los dos mejores cabritos; yo los prepararé en un buen guiso para tu padre, como a él le gusta. 10Luego lo llevarás a tu padre para que coma con el fin de que te bendiga antes de su muerte". 11Respondió Jacob a su madre Rebeca: "Sabes que mi hermano Esaú es un hombre velludo y yo en cambio soy lampiño. 12Puede ser que mi padre me palpe, yo le parezca un impostor, y entonces atraiga sobre mí su maldición en vez de su bendición". 13Le replicó su madre: "Caiga sobre mí la maldición, hijo mío. Hazme caso; ve y tráemelos". 14Él fue, los tomó y los llevó a su madre que preparó un buen guiso, como le gustaba a Isaac. 15Luego Rebeca tomó los mejores vestidos de su hijo mayor, Esaú, que había en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor. 16Recubrió sus manos y la parte lampiña de su cuello con las pieles de los cabritos 17y puso el sabroso guiso y el pan que había preparado en las manos de su hijo Jacob. Génesis (27, 1-17).


27, 3   Toma, pues, por favor, tus armas


La llamada de la palabra. El hecho de dar el profeta una orden cuando pide a Esaú comida significa la llamada que se hace por medio del Verbo al primer pueblo, cuando se le pide fruto de obras de justicia, fruto que el Padre considera como alimento. Efectivamente, lo de "Ve al campo y cázame alguna pieza" significa la vida en el mundo. En cambio, el decirle "toma tu aljaba y tu arco", declara que el pueblo, por reivindicar su gloria particular, no iba a ser justificado por la fe, sino que, jactancioso de su guerra y su espada, pediría como rey suyo un tirano, según le decía también Moisés: "Y la espada es tu gloria". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 3.


27, 8   Escucha lo que te voy a mandar


Una consideración mística hecha con arte profético. Trataré de explicar brevemente, tanto como pueda, los hechos maravillosos acontecidos en estos dos gemelos, grandiosos y llenos de misterios conforme a las promesas divinas. Isaac, su padre, ciego en sus ojos externos -puesto que su mirada interior guardaba su luz- prometió a su primogénito Esaú su bendición si, con el resultado de su caza, le preparaba a su padre la comida como a él le gustaba. Esaú fue todo decidido a cumplimentar el mandato recibido. La madre, que había oído la promesa de la bendición hecha al hermano mayor, recibió una inspiración divina para que la bendición recayera en Jacob, el hijo menor, y así preparó un engaño con sentido simbólico, aderezado conforme a un proceso profético. Tomó el vestido del hijo primogénito, que ella tenía en casa, y vistió al hermano menor con él, y sobre sus brazos y cuello desnudo puso unas pieles de cabrito. Lo recubrió de tal manera que no se pudiera notar quién era el que no era. De esta manera se nos mostraba a Cristo figurativamente: Él se revistió, no con la carne del pecado, sino a semejanza de la carne del pecado; tomó también la ley del Antiguo Testamento como vestido del primogénito, ya que el Señor habría de decir que Él no había venido a abolir la Ley, sino a cumplirla. Ataviado de esta manera, el hermano menor, Jacob, que había ya arrebatado a su hermano el derecho de la primogenitura, usurpa para sí la bendición. Quodvultdeo, Libro de las promesas y predicciones de Dios, 1, 21, 28.

 27, 9   Tráeme de allí los dos mejores cabritos


Tiernos y lucidos. Rebeca, pues, portadora de la imagen de la Iglesia, ya de antemano se figuraba lo que se realizaría en el porvenir gracias a su hijo menor, pues le dice: "Ve al rebaño, y tráeme de allí dos cabritos tiernos y lucidos". Esaú es enviado al llano, como quien vive extraño en el mundo, mientras que a Jacob lo envían al rebaño, para que se cumpliera lo dicho por el Señor: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel".
   Las palabras de Rebeca: "Tráeme de allí dos cabritos tiernos y lucidos" mostraron las dos llamadas hechas mediante el Evangelio: aunque desde el comienzo éramos cabritos, pues todos éramos pecadores, sin embargo, al ser justificados por la fe en Cristo, convertidos por la obediencia en "tiernos y lucidos", ya no se nos juzga como cabritos, sino como ovejas que se ofrecen a Dios "en suave aroma" de sacrificio puro, equipadas para ser alimento espiritual del Verbo, el cual, haciendo realidad las semejanzas mediante el Evangelio, decía a sus discípulos: "Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 4.


27, 11   Yo en cambio soy lampiño


¡Qué claramente demostró aquí Jacob su propia piedad!... Por otra parte, también era verdad lo dicho por él: "Mi hermano Esaú es un hombre velludo", o sea, pecador, "mientras que yo soy lampiño", en lo cual se demuestra la ausencia de mancha y de pecado en la carne del Señor. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 5.


27, 13   Le replicó su madre


Plenitud en la Iglesia. Se ha de reconocer, en efecto, que lo dicho entonces por Rebeca está cumplido ahora en la Iglesia, pues aquello de "su maldición venga sobre mí, hijo" está poniendo de manifiesto precisamente lo que algunos ahora, en su blasfemia, incriminan a la Iglesia al acusarla de adorar al crucificado, con lo cual cargan sobre nosotros maldición e infamia. Efectivamente, los que no creen consideran la pasión del Salvador una maldición, mientras que para los creyentes es "vida y paz". Y por eso dice el Apóstol: "Cristo nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros". Esto es precisamente lo que el Salvador ha cumplido ahora cuando, gracias a su cuerpo, ha tomado sobre sí en el madero una muerte de hombre, con el fin de anular, mediante su propia obediencia, la maldición de Adán inscrita en la Ley: "Polvo eres y al polvo volverás". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 5.


27, 15   Rebeca tomó los mejores vestidos de su hijo mayor


Cristo ha cargado con nuestros pecados. El hecho de revestirse él de la prenda significa que el Verbo se revestiría de la carne, pero el hecho de que ella le enrollase en los brazos las pieles de los cabritos pone de manifiesto que el Verbo asumió los pecados de todos nosotros cuando extendió en la cruz sus manos y sus brazos, según dijo también Isaías: "Pero él quitó nuestros pecados y cargó con nuestras enfermedades". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 6.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 249-253
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

1 Comentario:

Francisco dijo...

Que Dios te bengida en estos días. FELIZ NAVIDAD. Te animo a que sigas trabajando para llevar el Niño Dios a los corazones de los hombres. Te encomiendo a María.

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