Bendición de Isaac a Esaú


39Isaac, su padre, le respondió diciendo:
"Mira, lejos de las tierras ricas
tendrás tu morada,
lejos del rocío que baja del cielo;
40gracias a la espada vivirás
y a tu hermano servirás.
Pero cuando te rebeles,
echarás su yugo de tu cuello" Génesis (27, 39-40).


27, 39   Isaac, su padre, le respondió


Lo dicho por el bienaventurado Isaac, ¿tiene fuerza de bendición o de profecía? Hay que comprender todo el contexto. Ved que dice: "Junto a las tierras ricas tendrás tu morada, entre el rocío que baja del cielo". Aconteció, efectivamente, que el pueblo habitó en la tierra de los cananeos, la que les repartió Josué, el hijo de Num. Y en cuanto a las palabras: "entre el rocío que baja del cielo", indica que los profetas los empapaban de rocío, a modo de nube, al darles a conocer los oráculos de Dios. Hipólito, Sobre la bendiciones de Isaac y Jacob, 10.


27, 40   A tu hermano servirás


Las palabras: "Gracias a la espada vivirás" significan, a su vez, que el pueblo nunca cesó de guerrear y de ser combatido por las naciones que lo rodeaban, según manifiestan las Escrituras. En cambio, lo de: "A tu hermano servirás" indica el tiempo, aún vigente ahora, en que el Salvador ha venido para visitar a sus propios hermanos según la carne: Él es aquel a quien el profeta nos invita a obedecer y a servir. Por eso añadió: "Pero cuando te rebeles, echarás su yugo de tu cuello". ¿Y qué yugo, si no es el que yace en la Ley? Para que ahora ya no vivan como esclavos bajo el yugo de la Ley, sino que, creyendo como hombres libres en el Evangelio, también ahora puedan ser salvados. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 10.


Los tontos no pueden ser discípulos de la virtud. No obstante Esaú, con sus insistentes peticiones, consiguió recibir una bendición, pero una bendición tal que estuviera en armonía y correspondencia con la precedente, para que fuera siervo de su hermano. En efecto, aquel que no podía mandar y gobernar al otro debía ser su siervo para ser gobernado por el más prudente. No es que se adjudicara el santo patriarca condenar a su hijo a la innoble condición de esclavo, sino que, como buen padre que era, teniendo dos hijos, uno intemperante y otro prudente y sobrio, a la hora de tomar una decisión para cada uno de los dos, puso al hijo sobrio por encima del intemperante y estableció que el estulto obedeciera al prudente, puesto que el estulto no puede, por su propia voluntad, ser discípulo de la virtud ni puede perseverar en su propósito, porque el estulto cambia como la luna. Isaac, con razón, le negó la libertad del propio arbitrio para que no fluctuase como una nave sin timonel en medio de una tempestad, sino que lo sometió a su hermano, según lo que está escrito: en efecto, "el imprudente es siervo del prudente". Por tanto, con razón, lo hizo súbdito para que mejorase su afecto bajo el dominio de quien lo gobernaba. En consecuencia le dice: "Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano". Así pues, la bondad es soberana de la crueldad y la mansedumbre es preferible a los impulsos violentos. Ambrosio, Sobre la vida feliz, 2, 3, 11.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 263-265
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Esaú descubre el engaño


30Apenas había terminado Isaac de bendecir a Jacob, justo cuando Jacob salía de la presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú regresó de cazar. 31También él preparó un buen guiso y se lo llevó a su padre, diciéndole: "Que mi padre se incorpore y coma de la caza de su hijo, para que tu alma me bendiga". 32Le preguntó su padre Isaac: "¿Quién eres tú?". Él respondió: "Soy Esaú, tu hijo primigénito". 33Entonces Isaac se llenó de gran espanto y preguntó: "¿Quién es, pues, el que trajo caza, me la presentó y comí de todo antes de que tú vinieras? Le he bendecido y por tanto quedará bendito". 34Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó un tremendo grito lleno de amargura, y pidió a su padre: "Bendíceme a mí también, padre mío". 35Éste le dijo: "Tu hermano ha venido con engaño y ha recibido la bendición que te pertenecía a ti". 36Él contestó: "Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado dos veces: me arrebató la primogenitura y ahora se lleva la bendición que me pertenecía a mí". Y preguntó: "¿No te ha quedado una bendición para mí?". 37Respondió Isaac y dijo a Esaú: "Le he constituido tu señor, le he dado a todos sus hermanos como siervos, y le he entregado el trigo y el mosto, ¿qué voy ya a hacer por ti, hijo mío?". 38Respondió Esaú a su padre: "¿Solamente tienes una bendición? Bendíceme también a mí, padre mío". Y Esaú rompió a llorar a gritos. Génesis (27, 30-38).

27, 30   Esaú regresó de cazar

El reino será otorgado a la Iglesia. Después celebrada la bendición, llegó el hermano mayor. Esto demuestra que el reino de la predestinación se había conferido antes a la Iglesia que a la Sinagoga, pero se había introducido furtivamente la Sinagoga para que sobreabundase el pecado y, siendo sobreabundante el pecado, fuese sobreabundante también la gracia, y, al mismo tiempo, para que quedase claro a quien aspira al reino de los cielos que debe estar preparado para ser el primero en arrebatar la bendición y para hacer valer la prerrogativa que lo recomienda. Desde esta perspectiva su padre no se culpó sino que elogió al hijo menor, porque Isaac dijo: "Tu hermano ha venido con engaño y recibió tu bendición". El engaño es bueno cuando no es reprobado. Ahora la piedad está sin reprobación, porque "desde los días de Juan el reino del cielo sufre violencia, y el violento lo arrebata". Nuestros padres celebraron la Pascua de pie y comieron el cordero también de pie, sin retrasarse, como en el caso de Benjamín, que fue acogido por su hermano José con un piadoso engaño. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 3, 10.


27,31   Él preparó un buen guiso


El plato de Esaú, pues, significa el culto del pueblo bajo la Ley. Repletos de vanagloria, están convencidos de alcanzar la justificación mediante la circunscisión, y ofrece a los paganos convertidos como alimento, mientras ellos mismos necesitan alimento porque no pueden tocar el pan del cielo. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 8.


27, 33   Isaac se llenó de gran espanto

Un misterio de la economía divina. Efectivamente, lo acontecido con Jacob era un misterio de le economía divina, prefigurado por él y referido a Cristo, el cual, bendecido por el Padre, fue bendecido para siempre al nacer.
   En cuanto a lo que dice la Escritura: "Entonces Isaac se llenó de gran espanto, viene a ser esto: Isaac quedó plasmado ante lo sucedido, pues de antemano veía que, gracias a su hijo menor, los gentiles serían bendecidos por Dios y entrarían en la alianza de la promesa hecha a los patriarcas". Y esta es la razón por la que Jacob, en el momento de nacer y salir el último del seno materno, se agarraba al talón de Esaú. Efectivamente, el último pueblo, por seguir fielmente las huellas de los profetas, se adueñaría de la primogenitura, al ser hallado primero en la nueva Alianza. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 8.


27, 34   Bendíceme a mi también, padre mío


La amargura de Esaú. Esaú se lamentó muchísimo, no por haber perdido las bendiciones espirituales sino por verse privado de los buenos frutos de una tierra bendita, no por no poder ser justo sino por no poder esclavizar a su hermano, no por no poder heredar la vida eterna sino porque la tierra de los cananeos no sería su heredad. Esaú tuvo envidia de Jacob [e intentó] matarlo, y Rebeca convenció a Jacob para que fuera a casa de Labán para que ambos [hermanos] no se mataran en su disputa. Ella quedó privada de los dos en un mismo momento. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 25,3.


27, 35   Tu hermano... ha recibido la bendición


Las palabras que le dijo: "Tu hermano ha venido con engaño y ha recibido la bendición que era tuya", de manera misteriosa significan que el Verbo de Dios se encarnaría y tomaría forma de esclavo para que, nacido sin ser conocido, gracias a ella, recibiera la bendición del Padre y la compartiera también con nosotros. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 8.


27, 36   Con razón se llama Jacob


"Esaú respondió: con razón se llama Jacob". Efectivamente, Jacob significa "tropiezo". Ahora bien, el tropiezo tiene siempre su efecto cuando es entendido figuradamente, en el sentido de engaño. Es verdad que el hermano no tenía tanta malicia como para querer suplantar a su propio hermano, sino que fue llamado autor del tropiezo porque por la mano se aferró al pie del hermano en el momento de nacer; por eso fue llamado así. Incluso para quienes viven conforme a la carne, tropiezo es la vida de quienes viven según el espíritu. Todos los que viven carnalmente, cuando miran malintencionadamente a los que viven según el espíritu, ascienden a tropezones y se hacen peores. Escucha al Apóstol, que dice lo mismo, sobre todo porque en un pasaje habla del mismo perfume del que ha hablado aquí Isaac, cuando dice: "Mira el perfume de mi hijo como el de un campo florido que Dios ha bendecido". Y el Apóstol afirma: "Seamos en todo lugar el buen olor de Cristo", y añade: "Para algunos olor de vida que conduce a la vida; para otros, en cambio, olor de muerte que lleva a la muerte. Y ¿quién es capaz de elevarse a tales alturas?". Es decir, de comprender cómo, sin nuestra culpa, podemos ser olor de muerte que conduce a los hombres hasta la muerte. Los espirituales recorren su vida sin preocuparse de otra cosa que de vivir bien. Y los que miran con malos ojos a quien vive inocentemente cometen graves pecados que merecen el castigo de Dios. Por eso son olor que conduce a la muerte, mientras que los otros son olor que conduce a la vida. El Señor fue el primero en ser buen olor que conduce a la vida para los creyentes, en cambio para sus perseguidores fue olor malo que conduce a la muerte. Así, porque muchos habían creído en Él, los judíos, envidiosos, cometieron el más grave pecado de matar al inocente, al Santo de los santos. Si no lo hubieran hecho, el buen olor de Cristo no se hubiera transformado para ellos en olor que conduce a la muerte. Por eso, Esaú fue suplantado en la bendición del padre. Agustín, Sermón 4, 28.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 259-263
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Jacob recibe la bendición de Isaac


18Él se acercó a su padre y le dijo: "¡Padre mío!. Éste respondió: "Aquí estoy. ¿Quién eres tú, hijo mío? 19Jacob repuso a su padre: "Soy Esaú, tu primogénito; he hecho lo que me mandaste. Incorpórate, ponte sentado y come de mi caza, con el fin de que me bendigas". 20Isaac respondió a su hijo: "¡Qué rápido has sido en encontrarla, hijo mío!". Él replicó: "Porque el Señor tu Dios me la ha puesto delante". 21Isaac dijo a Jacob: Acércate para que pueda tocarte, hijo mío, a ver si eres mi hijo Esaú o no". 22Jacob se acercó a su padre Isaac quien lo palpó y dijo: "La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú". 23No lo reconoció porque sus manos estaban velludas como las de su hermano Esaú, y le bendijo. 24Aún le preguntó: "¿Eres tú mi hijo Esaú?". Él respondió: "Yo soy". 25Dijo Isaac: "Acércame la caza, hijo mío, y la comeré con el fin de bendecirte". Se la acercó y comió; le dio vino y bebió. 26Y le dijo su padre Isaac: "Acércate y bésame, hijo mío". 27Se acercó y le besó. Entonces percibió el olor de su vestido, y le bendijo diciendo:
   "El olor de mi hijo
   es como el olor de un campo
   que ha bendecido el Señor,
   28Que Dios te conceda el rocío del cielo
   y la riqueza de la tierra;
   abundancia de trigo y de vino
   29Que los pueblos te sirvan
    y las naciones se postren ante ti;
   que seas señor de tus hermanos
   y se te postren los hijos de tu madre.
   Maldito el que te maldiga
   y bendito el que te bendiga". Génesis (27, 18-29).


 27, 18   Él se acercó a su padre


La palabra siempre obedece a su padre. Por otra parte, al decir Jacob a su padre: "Hice lo que me mandaste" significa la constante obediencia del Verbo al Padre, según lo que dice también Ezequiel: "Yo hice tal y como se me mandó". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 6.


27, 22   La voz es la de Jacob, pero...


Jacob prefiguró los misterios. Esto significa que el Verbo, que en Jacob estaba prefigurando los misterios, también se hizo voz de los profetas, pues Él era quien vaticinaba en ellos lo por venir, y sus manos se hicieron "manos de Esaú", ya que, efectivamente, fue entregado a la muerte por causa de los pecados de su pueblo. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 6.


27, 27   Percibió el olor de su vestido


El campo que el Señor ha bendecido. De él [Jacob] fue escrito: "El olor de mi hijo es como el olor de un campo cuajado". En efecto, era perfecto en toda flor de virtudes y exhalaba el perfume de la gracia de la bendición santa y de la beatitud celestial. En efecto, es el campo que el Señor ha bendecido, no este campo terreno, erizado de maleza o fragoso de torrentes, o pantanoso, con aguas estancadas, o estéril para el trigo, o improductivo para las vides, todavía pedregoso con grava infecunda, agrietado y árido por la sequía, o húmedo de sangre, o sin cultivar por las zarzas y espinas, sino aquel campo del que la Iglesia dice en el Cantar: "Os conjuro, oh hijas de Jerusalén, por los poderes y las fuerzas del campo". Éste es el campo del cual dice el Señor: "La belleza del campo está conmigo". En este campo se encuentra aquella uva que, exprimida, ha derramado la sangre y ha lavado el mundo; en éste campo está aquella higuera bajo la cual reposan los santos, recreados por la dulzura de la gracia espiritual; en este campo está aquel olivo, rico de frutos, que destila el aceite perfumado de la paz del Señor; en este campo florecen las granadas que cubren los muchísimos frutos con la única protección de la fe y los estrechan, por así decir, con un abrazo de amor. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 1, 3.


27, 28   Que Dios te conceda el rocio del cielo


El profeta señala a los santos. Por tanto, si alguien piensa que esta alabanza se hace de Jacob, anda errado, pues nada de tal sucedió a Jacob. Efectivamente, primero lo hallamos en Mesopotamia sirviendo a Labán durante veinte años; luego, prosternándose en persona ante su hermano Esaú y ganándose su favor a fuerza de regalos; y después de esto, nuevamente lo hallamos bajando a Egipto para no morir de hambre él y sus hijos. ¿En quién, pues, se cumple lo dicho: "¡Aquí está el olor del vestido de mi hijo: es como el olor de un campo que el Señor ha bendecido?". En nadie más que en Cristo, el Hijo de Dios. Campo es el mundo, efectivamente; olor de sus vestidos son todos los que creen en Él, como dice el Apóstol: "Porque somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden; para unos, olor de muerte para la muerte; para otros, olor de vida para la vida".
   Las palabras "que Dios te conceda el rocío del cielo y la riqueza de la tierra, abundancia de trigo y de vino", por el vocablo usado, designaban al Verbo, que bajó del cielo cual rocío; la tierra, en cambio, significa la carne que él tomó de la Virgen; y al decir "abundancia de trigo y de vino", señaló a los santos, recogidos como el trigo en un hórreo y justificados, como por vino, por medio del Espíritu. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 7.

 27, 29   Que los pueblos te sirvan


Las bendiciones cumplidas en el Salvador. En cuanto a las palabras: "Que los pueblos te sirvan y los príncipes se postren ante ti", es algo que todavía sigue dándose ahora. ¿A quién sirven hoy los pueblos creyentes y a quién adoran los príncipes de la Iglesia más que a Cristo, por cuyo nombre también se salvan? Así lo manifiesta de antemano el mismo Verbo cuando dice por medio de Isaías: "Los que me sirvan recibirán un nombre nuevo, al que bendecirán sobre la tierra, porque bendecirán al Dios verdadero, y los que juran sobre la tierra jurarán por el Dios verdadero". Y otra vez dice: "Mirad, mis servidores comerán; vosotros, en cambio, pasaréis hambre; mirad, mis servidores beberán, y vosotros tendréis sed; mirad, mis servidores saltarán de alegría, pero vosotros os llenaréis de vergüenza, y el quebranto del espíritu os hará aullar".
    Después añade lo siguiente: "Que seas señor de tu hermano, y se postren ante ti los hijos de tu padre". Ahora bien, nadie se postró ante Jacob, ni él ha sido señor de su hermano Esaú, del que más bien, huyó, porque le temía, y ante el cual fue el primero en postrarse siete veces. Por tanto, lo dicho se cumple en el Salvador, pues fue Señor y dueño de los que se consideaban hermanos suyos según la carne, para ser adorado por ellos como rey, por eso dice: "Maldito el que te maldiga y bendito el que te bendiga". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 7.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 254-259
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Engaño de Jacob


1Isaac envejeció y sus ojos se debiltaron hasta perder la vista. Llamó a su hijo mayor Esaú, y le dijo: "¡Hijo mío!". Éste le respondió: "Aquí estoy". 2Dijo el padre: "Mira, soy viejo y desconozco el día de mi muerte; 3toma, pues, por favor, tus armas, tu aljaba y tu arco, ve al campo y cázame alguna pieza; 4luego me preparas un buen guiso, como a mí me gusta, y me lo traes para comer con el fin de bendecirte antes de que muera".
   5Rebeca había escuchado la conversación de Isaac con su hijo Esaú. Esaú salió al campo a cazar algo que traerle. 6Entonces Rebeca habló a su hijo Jacob diciéndole: "Mira, he oído a tu padre hablar con tu hermano Esaú y decirle: No tomes esposa entre las hijas de Canaán. 7Tráeme caza y prepárame un buen guiso para comer con el fin de bendecirte delante del Señor antes de mi muerte". 8Ahora, pues, hijo mío, escucha lo que te voy a mandar: 9Ve al rebaño y tráeme de allí los dos mejores cabritos; yo los prepararé en un buen guiso para tu padre, como a él le gusta. 10Luego lo llevarás a tu padre para que coma con el fin de que te bendiga antes de su muerte". 11Respondió Jacob a su madre Rebeca: "Sabes que mi hermano Esaú es un hombre velludo y yo en cambio soy lampiño. 12Puede ser que mi padre me palpe, yo le parezca un impostor, y entonces atraiga sobre mí su maldición en vez de su bendición". 13Le replicó su madre: "Caiga sobre mí la maldición, hijo mío. Hazme caso; ve y tráemelos". 14Él fue, los tomó y los llevó a su madre que preparó un buen guiso, como le gustaba a Isaac. 15Luego Rebeca tomó los mejores vestidos de su hijo mayor, Esaú, que había en casa, y vistió a Jacob, su hijo menor. 16Recubrió sus manos y la parte lampiña de su cuello con las pieles de los cabritos 17y puso el sabroso guiso y el pan que había preparado en las manos de su hijo Jacob. Génesis (27, 1-17).


27, 3   Toma, pues, por favor, tus armas


La llamada de la palabra. El hecho de dar el profeta una orden cuando pide a Esaú comida significa la llamada que se hace por medio del Verbo al primer pueblo, cuando se le pide fruto de obras de justicia, fruto que el Padre considera como alimento. Efectivamente, lo de "Ve al campo y cázame alguna pieza" significa la vida en el mundo. En cambio, el decirle "toma tu aljaba y tu arco", declara que el pueblo, por reivindicar su gloria particular, no iba a ser justificado por la fe, sino que, jactancioso de su guerra y su espada, pediría como rey suyo un tirano, según le decía también Moisés: "Y la espada es tu gloria". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 3.


27, 8   Escucha lo que te voy a mandar


Una consideración mística hecha con arte profético. Trataré de explicar brevemente, tanto como pueda, los hechos maravillosos acontecidos en estos dos gemelos, grandiosos y llenos de misterios conforme a las promesas divinas. Isaac, su padre, ciego en sus ojos externos -puesto que su mirada interior guardaba su luz- prometió a su primogénito Esaú su bendición si, con el resultado de su caza, le preparaba a su padre la comida como a él le gustaba. Esaú fue todo decidido a cumplimentar el mandato recibido. La madre, que había oído la promesa de la bendición hecha al hermano mayor, recibió una inspiración divina para que la bendición recayera en Jacob, el hijo menor, y así preparó un engaño con sentido simbólico, aderezado conforme a un proceso profético. Tomó el vestido del hijo primogénito, que ella tenía en casa, y vistió al hermano menor con él, y sobre sus brazos y cuello desnudo puso unas pieles de cabrito. Lo recubrió de tal manera que no se pudiera notar quién era el que no era. De esta manera se nos mostraba a Cristo figurativamente: Él se revistió, no con la carne del pecado, sino a semejanza de la carne del pecado; tomó también la ley del Antiguo Testamento como vestido del primogénito, ya que el Señor habría de decir que Él no había venido a abolir la Ley, sino a cumplirla. Ataviado de esta manera, el hermano menor, Jacob, que había ya arrebatado a su hermano el derecho de la primogenitura, usurpa para sí la bendición. Quodvultdeo, Libro de las promesas y predicciones de Dios, 1, 21, 28.

 27, 9   Tráeme de allí los dos mejores cabritos


Tiernos y lucidos. Rebeca, pues, portadora de la imagen de la Iglesia, ya de antemano se figuraba lo que se realizaría en el porvenir gracias a su hijo menor, pues le dice: "Ve al rebaño, y tráeme de allí dos cabritos tiernos y lucidos". Esaú es enviado al llano, como quien vive extraño en el mundo, mientras que a Jacob lo envían al rebaño, para que se cumpliera lo dicho por el Señor: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel".
   Las palabras de Rebeca: "Tráeme de allí dos cabritos tiernos y lucidos" mostraron las dos llamadas hechas mediante el Evangelio: aunque desde el comienzo éramos cabritos, pues todos éramos pecadores, sin embargo, al ser justificados por la fe en Cristo, convertidos por la obediencia en "tiernos y lucidos", ya no se nos juzga como cabritos, sino como ovejas que se ofrecen a Dios "en suave aroma" de sacrificio puro, equipadas para ser alimento espiritual del Verbo, el cual, haciendo realidad las semejanzas mediante el Evangelio, decía a sus discípulos: "Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 4.


27, 11   Yo en cambio soy lampiño


¡Qué claramente demostró aquí Jacob su propia piedad!... Por otra parte, también era verdad lo dicho por él: "Mi hermano Esaú es un hombre velludo", o sea, pecador, "mientras que yo soy lampiño", en lo cual se demuestra la ausencia de mancha y de pecado en la carne del Señor. Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 5.


27, 13   Le replicó su madre


Plenitud en la Iglesia. Se ha de reconocer, en efecto, que lo dicho entonces por Rebeca está cumplido ahora en la Iglesia, pues aquello de "su maldición venga sobre mí, hijo" está poniendo de manifiesto precisamente lo que algunos ahora, en su blasfemia, incriminan a la Iglesia al acusarla de adorar al crucificado, con lo cual cargan sobre nosotros maldición e infamia. Efectivamente, los que no creen consideran la pasión del Salvador una maldición, mientras que para los creyentes es "vida y paz". Y por eso dice el Apóstol: "Cristo nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros". Esto es precisamente lo que el Salvador ha cumplido ahora cuando, gracias a su cuerpo, ha tomado sobre sí en el madero una muerte de hombre, con el fin de anular, mediante su propia obediencia, la maldición de Adán inscrita en la Ley: "Polvo eres y al polvo volverás". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 5.


27, 15   Rebeca tomó los mejores vestidos de su hijo mayor


Cristo ha cargado con nuestros pecados. El hecho de revestirse él de la prenda significa que el Verbo se revestiría de la carne, pero el hecho de que ella le enrollase en los brazos las pieles de los cabritos pone de manifiesto que el Verbo asumió los pecados de todos nosotros cuando extendió en la cruz sus manos y sus brazos, según dijo también Isaías: "Pero él quitó nuestros pecados y cargó con nuestras enfermedades". Hipólito, Sobre las bendiciones de Isaac y Jacob, 6.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 249-253
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

La alianza con Abimeléc


26Abimeléc vino a él desde Guerar, en compañía de Ajuzat, amigo suyo, y de Picol, capitán de su ejército. 27Isaac les dijo: "¿Por qué habéis venido hasta mí, siendo así que me odiáis y me expulsasteis de vuestro lado?". 28Le contestaron: "Realmente hemos visto que el Señor está contigo, y hemos dicho: Haya un pacto entre nosotros, entre tú y nosotros; hagamos contigo la alianza 29de que no nos causarás ningún daño, lo mismo que nosotros no te hemos tocado, sino que sólo te hicimos bien y te despedimos en paz. Ahora tú eres bendito del Señor". 30Isaac les preparó un banquete y ellos comieron y bebieron. 31A la mañana siguiente madrugaron y se hicieron juramento el uno al otro. Isaac los despidió y se fueron en paz de su lado. 32Aquel día vinieron los siervos de Isaac y le trajeron noticias sobre el pozo que habían cavado, diciéndole que habían encontrado agua. 33Entonces puso al pozo el nombre de Sebá, y por eso el nombre de la ciudad es Berseba hasta el día de hoy.
34Esaú tenía cuarenta años cuando tomó por esposa a Judit, hija de Beerí, el hitita, y a Basemat, hija de Elón, el hivita. 35Éstas fueron una amargura para Isaac y Rebeca. Génesis (26, 26-35).

26, 26   Abimeléc vino a él desde Guerar
 
Este Abimeléc, según veo, no siempre está en paz con Isaac, sino que a veces está en desacuerdo y a veces busca la paz. Si os acordáis, anteriormente dijimos de Abimeléc que era figura de los sabios y estudiosos de este mundo que, mediante el estudio de la filosofía, han llegado al conocimiento de buena parte de la verdad; se comprende, pues, que no pueda estar siempre en desacuerdo, ni siempre en paz con Isaac, que es figura del Verbo de Dios que está en la Ley. La filosofía, en efecto, ni está totalmente en contra de la Ley de Dios, ni concuerda en todo con ella. Efectivamente, muchos son los filósofos que escriben que Dios es único y que ha creado el universo. En esto convienen con la Ley de Dios. Algunos añadieron, incluso, que Dios ha hecho y rige todas las cosas mediante su Verbo y que es el Verbo de Dios el que lo regula todo. En esto están de acuerdo no sólo con la Ley, sino también con los Evangelios. Y casi toda la filosofía llamada moral y natural piensa como nosotros. Pero disiente de nosotros cuando dice que la materia es coeterna con Dios o cuando sostiene que Dios no se ocupa de los seres mortales, sino que su providencia se reduce a los espacios supralunares. Están en desacuerdo con nosotros cuando hacen depender la vida de la posición de las estrellas al momento de nacer y cuando dicen que este mundo es eterno y no tendrá fin. Hay además otros muchos puntos en los cuales ya disienten, ya no concuerdan con nosotros. Por eso Abimélec, en conformidad con la figura que representa, a veces está en paz, a veces en desacuerdo con Isaac. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 14, 3.


26, 30   Isaac le preparó un banquete


Un gran festín de entendimiento. Pues es cierto que el que sirve la palabra "es deudor de los sabios y de los ignorantes". Luego porque éste ofrece un banquete a los sabios, por eso se dice que dio no un pequeño, sino un gran banquete.
   También tú, si no eres todavía pequeño y no estás necesitado de leche, sino que muestras sentimientos probados y, después de mucha instrucción, ta has hecho mucho más capaz de comprender la palabra de Dios, tienes a tu disposición un gran banquete. No se te prepararán legumbres, la comida de los débiles, ni se te alimentará con la leche con que se nutren los pequeños, sino que el ministro de la palabra te dará un gran banquete. Te hablará de la sabiduría que se predica entre los perfectos; te predicará "la sabiduría de Dios", escondida en el misterio que ninguno de los príncipes de este mundo ha conocido.
   Prepara, pues, para ti un gran banquete y Él mismo come contigo, a no ser que te encuentre tal que tenga que decirte: "No pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo".
   Esto les dice [Pablo] a los corintios, a quienes también añade: "Pues mientras haya entre vosotros envidias y discordias, ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano?". Para éstos Pablo no hizo un gran banquete, hasta el punto de que, estando entre ellos y padeciendo necesidad, no fue carga para nadie ni comió gratis el pan de ninguno, sino que ganó para sí y para todos los que con él estaban, trabajando con sus manos día y noche. Tan lejos estaban los corintios de que se les diera un gran banquete, que el predicador de la palabra de Dios no pudo tener con ellos más que un pequeño convite.
    Pero, para los que saben escuchar más perfectamente, para los que presentan un espíritu formado y ejercitado en la escucha de la palabra de Dios, hay un gran banquete. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 14, 4.


26, 35   Éstas fueron una amargura para Isaac y Rebeca


El carácter indisciplinado de Esaú. Mira cuánto puede aprenderse de estas breves palabras. Me pregunto, ¿por qué se nos indica la edad de Esaú? No ociosamente, sino para que conozcamos la vejez de Isaac y el hecho que era de edad muy avanzada. Si nosotros volvemos sobre lo que se dijo antes, en el momento que él se casó con Rebeca tenía, de hecho, cuarenta años, y considerando que cuando los niños nacieron él tenía sesenta años, podemos ahora saber que él había alcanzado la vejez, con más de cien años. De hecho, en seguida se nos cuenta que, debido a su edad, tenía debilitada la vista, con objeto de indicarnos el número de sus años y así facilitarnos conocer con acierto la edad de Isaac. Por esto dijo: Esaú tenía entonces cuarenta años.
   Y para que podamos conocer la temeridad del hijo, sin que fuese necesario traer a la memoria a las novias, nos revela su linaje, diciéndonos que una era de los hititas, y otra de los hivitas. Sin embargo conociéndolo, el patriarca puso mucho cuidado dando órdenes expresas a su sirviente para elegir una novia para Isaac de su propia tribu y que, al igual que Rebeca su madre vino de Jarán, él no debía desear algo distinto. Mas para que se muestre desde el principio la rebeldía del carácter de Esaú, tomó a esas esposas antes de buscar consejo. Y para que conozcamos que era de naturaleza rebelde, dice la Escritura: "Éstas fueron una amargura para Isaac y Rebeca". ¿Qué podría ser más cruel que esta hostilidad, si las que estaban obligadas a mostrarles un total respeto, no sólo no lo hicieron sino que incluso estaban predispuestas para la disputa? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 53,1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 246-249
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los pozos de agua entre Guerar y Berseba

12Isaac sembró en aquella tierra y recogió aquel año el ciento por uno, pues el Señor le bendijo. 13El hombre se fue enriqueciendo poco a poco hasta llegar a ser muy rico; 14y tuvo rebaños de ovejas y vacas, y mucha servidumbre. Pero los filisteos le tuvieron envidia, 15y cegaron, llenándolos de arena, todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre, en vida de su padre Abrahán. 16Abimeléc dijo entonces a Isaac: "Vete de nuestro lado porque te has hecho más poderoso que nosotros".
   17Isaac partió de allí, acampó junto al torrente Guerar, y se quedó allí. 18Después Isaac volvió a excavar los pozos de agua que habían cavado en vida de su padre Abrahán, y que los filisteos cegaron tras la muerte de Abrahán. Y puso a los pozos los mismos nombres que les había puesto su padre. 19Además, los siervos de Isaac cavaron junto al torrente y encontraron allí un manantial de agua viva. 20Pero los pastores de Guerar discutieron con los pastores de Isaac diciendo: "Esta agua es nuestra". Por ello llamó a aquel pozo Ésec, porque aquéllos habían reñido con él. 21Excavaron otro pozo y también discutieron sobre él, y lo llamó sitná. 22Se retiró de allí, cavo otro pozo, y ya no discutieron por él. Lo llamó Rejobot pues dijo: "Ahora el Señor nos ha dado anchura para prosperar en el país".
   23Desde allí subió a Berseba 24donde el Señor se le manifestó aquella noche y le dijo: "Yo soy el Dios de tu padre Abrahán; no temas porque yo estoy contigo, te bendeciré, multiplicaré tu descendencia en atención a mi siervo Abrahán. 25Isaac construyó allí un altar e invocó el nombre del Señor; plantó allí su tienda y sus siervos cavaron un pozo. Génesis (26, 12-25).


26,12   Isaac sembró en aquella tierra


Isaac cosechó el ciento por uno. Después de esto, dice: "Isaac sembró cebada y cosechó el ciento por uno. El Señor lo bendijo y aquel hombre se engrandeció y se iba enriqueciendo cada vez más, hasta que se hizo muy grande".
   ¿Qué significa que Isaac sembró cebada y no trigo y que es bendecido por sembrar cebada? ¿Qué significa que es engrandecido hasta ser grande? Resulta claro, por tanto, que aún no era grande; pero, una vez que sembró cebada y recogió el céntuplo, se hizo muy grande.
    La cebada es ante todo el alimento de los jumentos y de los esclavos del campo. Pues su aspecto es bastante áspero y da la impresión de aguijonear con estiletes al que la toca. Isaac es la palabra de Dios, palabra que siembra cebada en la Ley y trigo en los Evangelios. Él prepara, en efecto, este alimento para los más perfectos y espirituales y aquél para los ignorantes y animales; porque está escrito: "Salvarás a hombres y animales, Señor". Luego Isaac, en cuanto palabra de la Ley, siembra cebada y, no obstante, en la cebada misma obtiene como fruto "el ciento por uno", pues también en la Ley encontrarás mártires, que recogen el ciento por uno.
   Pero también nuestro Señor, el Isaac de los Evangelios, hablaba a los apóstoles cosas más perfectas, y a las multitudes, en cambio, cosas simples y ordinarias. ¿Quieres que te demuestre que también Él ofrece alimentos de cebada a los principiantes? Está escrito en los Evangelios que dio de comer a las multitudes por segunda vez. Pero a los que da de comer por vez primera, es decir, a los principiantes, los alimenta con panes de cebada. Después, una vez que ya han progresado en la palabra y en la doctrina, les ofrece panes de trigo. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 12, 5.


26,13   Se fue enriqueciendo poco a poco


Isaac se hace grande. Isaac era pequeño en la Ley; pero, con el tiempo, se hace grande en los profetas. Pues mientras está solamente en la Ley no es grande todavía, ya que la Ley está cubierta por un velo. Crece, por tanto, ya en los profetas; pero, llegado al punto en el que le sea quitado también el velo, se hará muy grande. Cuando la letra de la Ley empiece a ser separada como la paja de la cebada y se ponga de manifiesto que "la Ley es espiritual", entonces Isaac se engrandecerá y se hará grandísimo.
   Presta atención, además, al hecho de que el Señor en los Evangelios no parte más que unos pocos panes; pero, ¡a cuántos miles de personas devuelve las fuerzas y cuántos cestos de pan sobrante quedan! Mientras los panes están enteros, nadie se sacia, nadie es restablecido, ni siquiera los mismos panes parecen aumentar. Y ahora considera el pequeño número de panes que partimos: las palabras que tomamos de las divinas Escrituras son pocas, más ¡a cuántos miles de hombres sacian! Pero si estos panes no se hubieran partido, si los discípulos no lo hubiesen reducido a pedazos, es decir, si la letra no hubiese sido minuciosamente examinada y analizada, su sentido no hubiese podido llegar a todos. Cuando nosotros empecemos a examinar el fondo y a tratar cada cosa en singularidad, entonces las turbas se alimentarán de ello en la medida en que puedan; lo que no sean capaces de tomar deberá recogerse y guardarse para que nada se pierda.
Conservemos, por tanto, también nosotros lo que las multitudes no puedan entender y recojámoslo en cestos y espuertas... Nosotros lo recogimos con gran cuidado para que no se perdiesen y lo conservamos en espuertas y cestos hasta que veamos qué nos manda hacer también de ellos el Señor. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 12, 5.


26,15   Los pozos que habían cavado los siervos de su padre


El misterio de "excavar" en las fuentes de la Escritura. Empezó, dice, a excavar pozos, "pozos que habían excavado sus siervos en tiempos de Abrahán, su padre, pero que los filisteos habían obstruido y llenado de tierra". Por tanto, primero "habitó junto al pozo de la visión", e, iluminado por el pozo de la visión, emprende la tarea de abrir otros pozos, y no en primer lugar pozos nuevos, sino los que había excavado su padre, Abrahán.
   Y, habiendo excavado un primer pozo, dice la Escritura: "Los filisteos lo envidiaron". Pero él no se dejó intimidar por sus celos y no cedió a la envidia, sino que "de nuevo excavó los pozos que habían excavado los siervos de Abrahán, su padre; y les puso los mismos nombres que les había dado su padre". Excavó, pues, los pozos que había excavado su padre y que, debido a la maldad de los filisteos, habían sido cubiertos de tierra. Cavó también otros pozos nuevos en el valle de Guerar, aunque [a decir verdad] no él, sino sus siervos, y encontró allí, dice la Escritura, "un pozo de agua viva". Pero los pastores de Guerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo que el agua era suya; y llamó al pozo "iniquidad", pues se habían comportado inicuamente con él. Mas Isaac se alejó de su maldad y cavó otro pozo y también riñeron por él, y le dio el nombre de "enemistad". Y se alejó de allí y de nuevo cavó otro pozo y ya no riñeron por él, y lo llamó "amplitud", diciendo: "Ahora Dios nos ha dilatado y nos ha hecho crecer sobre la tierra".
   Con razón el Apóstol, considerando la grandeza de los misterios, dice en cierto lugar: "¿Y quién es capaz de [penetrar] estas cosas?". De modo semejante -o mejor, de modo muy disímil, tanto cuanto le somos inferiores-, también nosotros, viendo tan gran profundidad en los misterios de los pozos, decimos: ¿Y quién es capaz de [penetrar] estas cosas? ¿Quién, en efecto, podría explicar dignamente los misterios de estos pozos tan profundos y de los hechos referidos a los mismos, si no invocamos al Padre de la Palabra viviente y Él mismo no se digna poner la palabra en nuestra boca, para que de estos pozos tan abundantes y numerosos podamos sacar un poco de agua viva para nosotros, los sedientos? Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 13,1


26,16   Vete de nuestro lado


La envidia no puede aceptar el éxito de otros. Considera el grado de maldad de esos habitantes que incluso envidian el agua del justo. Ni siquiera el rey, a pesar de tener tanta riqueza, pudo resistir el impulso de la envidia, sino que dijo: "Vete de nuestro lado porque te has hecho más poderoso que nosotros". Qué terrible malicia; ¿por qué alejas al justo? ¿Acaso hizo algún mal? Pero así es la envidia: No realiza nada con lógica. Pues viendo al justo que gozaba tal favor de Dios, hubiera sido mejor para Abimeléc respetarlo, mejor mostrarle honor y ganar por esto el favor de lo alto. Pero en lugar de hacerlo, hasta intentó que se fuera, y así le dice: "Vete de nuestro lado porque te has hecho más poderoso que nosotros".
   Así es la envidia: No puede aceptar tranquilamente el éxito de otro; sino que el recuerdo de la prosperidad del vecino es como un desastre para sí mismo, y a sí mismo se destruye por la buena fortuna del vecino. Eso es precisamente lo que pasó aquí: teniendo la autoridad sobre toda la ciudad y sosteniendo a todos bajo su amenaza, el rey dijo a este nómada, a este vagabundo, errante por acá y allá: "Vete de nuestro lado porque te has hecho más poderoso que nosotros". Y es que Isaac realmente era más poderoso con la ayuda de arriba en toda circunstancia y protegido por la diestra de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 52,1.


26, 19   Encontraron allí un manantial de agua viva


Los filisteos llenaron los pozos de tierra. ¿Quién, en efecto, podría explicar dignamente los misterios de estos pozos tan profundos y de los hechos referidos a los mismos, si no invocamos al Padre de la Palabra viviente y Él mismo no se digna poner la palabra en nuestra boca, para que de estos pozos tan abundantes y numerosos podamos sacar un poco de agua viva para nosotros, los sedientos?
   Hay, pues, pozos, excavados por los siervos de Abrahán que los filisteos habían llenado de tierra, Isaac empieza por limpiar éstos. Los filisteos detestan las aguas y aman la tierra; Isaac ama las aguas, está siempre a la búsqueda de los pozos, limpia los viejos, abre otros nuevos.
   Mira a nuestro Isaac, que "se ofreció como víctima por nosotros", míralo venir por el valle de Guerar -nombre que significa "barrera" o "cerca"-; viene para "destruir en su carne el muro de separación que está en medio, la enemistad"; viene a quitar la barrera, es decir, el pecado que nos separa de Dios, la barrera que se interpone entre nosotros y las virtudes celestes, para "hacer de los dos uno solo" y devolver a los montes, llevándola sobre sus hombros, a la oveja que había perdido, restituyéndola a las otras "noventa y nueve que no se habían dispersado". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 13, 1-2.


26,22   Lo lamó Rejobot


Los siervos de Isaac cavaron pozos. Después de esto, Isaac cavó un tercer pozo y dio a aquel lugar el nombre de "amplitud" diciendo: "Ahora el Señor nos ha dilatado y nos ha hecho crecer sobre la tierra". Realmente ahora se ha dilatado Isaac y su nombre ha crecido en toda la tierra, cuando ha llevado a su cumplimiento para nosotros la ciencia de la Trinidad. En efecto, entonces Dios era conocido sólo en Judea y su nombre no era invocado más que en Israel; ahora, en cambio, "su voz ha llegado a toda la tierra y hasta los límites del orbe su lenguaje". Pues, habiendo salido por todo el mundo los siervos de Isaac, cavaron pozos y mostraron a todos el agua viva, "bautizando a todas las gentes en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; porque "del Señor es la tierra y todo lo que contiene". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 13, 3.

 26,24   Yo soy el Dios de tu padre Abrahán


La palabra en la Ley o los profetas. Por tanto, como el Señor mismo, conforme al lugar y al tiempo, adapta la imagen de sí mismo a cada circunstancia, así también debemos creer que los santos, que eran figura de Él, han representado tipos de misterios de varios modos, según los lugares, los tiempos y las circunstancias. Es lo que ahora vemos que se verifica también en Isaac, del cual nos ha sido leído: "De allí subió al pozo del juramento y aquella noche se le apareció el Señor y le dijo: "Yo soy el Dios de tu padre Abrahán; no temas, pues yo estoy contigo; te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por causa de Abrahán, tu padre".
   El apóstol Pablo nos ha mostrado dos figuras de este Isaac: la primera, cuando dijo que Ismael, hijo de Agar, representaba al pueblo según la carne, e Isaac, al pueblo que procede de la fe; la otra, cuando afirma: "No dijo: Y a tus descendientes, como a muchos, sino: Y a tu descendencia, como a uno, que es Cristo". Isaac es, por tanto, figura tanto del pueblo como de Cristo. Es cierto, además, que Cristo en cuanto a Verbo de Dios habla no sólo en los Evangelios, sino también en la Ley y en los profetas. Pero en la Ley enseña a los principiantes, en los Evangelios a los perfectos. Luego aquí Isaac es figura del Verbo, que está en la Ley y en los profetas. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 14, 1.


26,25   Isaac construyó allí un altar


La tienda de Isaac será plegada. Ciertamente, en la Ley Isaac levanta un altar y planta su tienda; pero en los Evangelios no planta una tienda, sino que construye una casa y pone los fundamentos. Escucha, en efecto, a la Sabiduría que dice de la Iglesia: "La Sabiduría se ha construido una casa y ha puesto en la base siete columnas". Y a propósito de esto, escucha también al Apóstol que dice: "Nadie puede poner otro fundamento fuera del que ha sido puesto, que es Cristo Jesús".
   Luego donde hay una tienda, aunque esté bien plantada, es evidente que está llamada a desaparecer; en cambio, donde hay fundamentos y la casa está edificada sobre roca, esa casa no se destruye jamás, pues está fundada sobre roca. También allí cava un pozo Isaac y no cesa nunca de cavar pozos hasta que brote "la fuente de agua viva" y "la corriente del río alegre la ciudad de Dios". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 14, 2.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 237-245
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Isaac en Guerar


1Sobrevino en el país un hambre distinta de aquella primera que hubo en tiempos de Abrahán, e Isaac se dirigió hacia Abimélec, rey de los filisteos, en Guerar. 2El Señor se le manifestó y le dijo: "No bajes a Egipto. Ve a vivir a la tierra que te diré. 3Habita en esta tierra y yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia voy a dar toda esta tierra cumpliendo el juramento que hice a tu padre Abrahán. 4Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré toda esta tierra a tu descendencia; y todos los pueblos de la tierra se bendecirán en tu descendencia, 5puesto que Abrahán obedeció mi voz y guardó mis preceptos, mandatos, decretos y leyes". 6E Isaac se estableció en Guerar. 7Los hombres de aquel lugar preguntaron acerca de su mujer, y dijo que era su hermana porque tenía miedo de que, si decía que era su esposa, los hombres de aquel lugar le mataran a causa de Rebeca, ya que ella era muy hermosa. 8Se habían prolongado los días de estancia allí, cuando Abimeléc, rey de los filisteos, mirando por la ventana vio que Isaac acariciaba a Rebeca, su esposa. 9Entonces Abimeléc llamó a Isaac y le dijo: "Está claro que es tu esposa, ¿por qué dijiste que era tu hermana?". Le contestó Isaac: "Porque tuve miedo no fuera a morir por su causa". 10Exclamó Abimeléc: "¡Qué es lo que nos has hecho! Poco ha faltado para que cualquiera de nosotros se uniera a tu esposa, y nos habrías acarreado un gran pecado". 11Y Abimeléc avisó a toda la gente diciendo: "El que toque a este hombre o a su mujer, morirá". Génesis (26, 1-11)


26,1   Isaac se dirigió hacia Abimeléc... en Guerar


Para que no pienses que él estaba hablando sobre aquella hambre, añadió: "Distinta del hambre en tiempos del patriarca", es decir, otra hambre similar asedió la tierra en tiempos de Isaac como en tiempos de su padre. La escasez de lo necesario hizo que sobreviniera sobre todos un gran temor que los empujó a dejar su propia casa y viajar a aquellos lugares donde era posible encontrar abundantes recursos.
   Y este justo también, al ver el hambre, "emprendió un viaje", dice el texto, "para visitar Abimeléc en Guerar". Aquí era donde Abrahán vino, después de su vuelta de Egipto. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 51,1.


26,2   Ve a vivir a la tierra que te diré

Y también es probable que por esto partiera Isaac de allí, con intención de continuar desde allí hacia Egipto; y como prueba de esto, escucha lo que la Escritura dice: "Dios se le manifestó y le dijo: No bajes a Egipto". Yo no quiero que hagas ese largo viaje -le está diciendo-, sino que te quedes aquí. En lugar de dejar que sufras esa penalidad, voy a poner en práctica la promesa hecha a tu padre; se cumplirán en ti las promesas hechas a él y experimentarás su cumplimiento. No bajes a Egipto; mejor habita en la tierra que yo te muestro y reside en esta tierra como extranjero. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 51, 2.


26,3   Te bendeciré... a ti y a tu descendencia


Dios entiende nuestras limitaciones. Para que este justo no pensara que Dios quería que experimentase la penalidad del hambre, ordena esto y no consiente que vaya a Egipto. Esto es lo que dice: No temas; no te preocupes; mejor, quédate aquí. Yo estaré contigo. Teniendo contigo al autor de todas las cosas buenas, no tengas preocupación de nada. Pues yo, el Señor de todos, estaré contigo; y no sólo eso, sino que te bendeciré. Es decir, te haré fecundo y te proporcionaré mi favor. ¿Quién podría ser más bienaventurado que este justo recibiendo tan maravillosa promesa de Dios: Yo estaré contigo y te bendeciré?... Pero ¿cómo te bendeciré? A ti y a tu descendencia os daré esta tierra. Piensa que tú estás visitando estas regiones como un extraño y nómada; debes saber que a ti y a tus descendientes se os dará esta tierra. Puedes tener confianza, que el juramento que yo juré a tu padre Abrahán lo cumpliré en ti.
   Observa la consideración de Dios; no dijo simplemente: El pacto que hice con tu padre, ni las promesas que le hice; entonces ¿qué? "El juramento que hice". Yo me ligué a él con un juramento, está diciendo, y debo llevar a cabo mi juramento y darle cumplimiento. ¿Ves la bondad de Dios? No habla considerando su propia dignidad sino condescendiendo con nuetras limitaciones. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 51,2.


26,4   Multiplicaré tu descendencia


La sabiduría de Dios conmociona el pensamiento de Isaac. Después le enseña a Isaac lo que había prometido y lo que había jurado: "Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo". Esto mismo le había dicho al patriarca al principio: Tu descendencia será como las estrellas y las arenas. "Y daré -dice- a tu descendencia esta tierra, y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos". Además, las promesas hechas a aquél las realizaré en ti. "Puesto que tu padre Abrahán escuchó mi voz y cumplió mis mandatos, mis preceptos y mis instrucciones". Mira la sabiduría de Dios, cómo anima al justo y reanima sus deseos, y consigue que sea imitador de su padre. En efecto, puesto que aquél -dijo- obedeció mi voz y fue digno de tanta solicitud, también yo te colmaré de su virtud, puesto que has nacido de él. Y si tú mismo eres imitador de él y andas por su mismo camino, considera el grado de favor que gozarás de mi benevolencia y cuánto será mi cuidado para contigo. Pues si a uno le espera un buen futuro por el poder de otro, mucho mejor será si él mismo está dotado de mayor poder. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 51,2.

26,5   Abrahán obedeció mi voz


Pero ¿qué significa: "Porque él obedeció mi voz y guardó mis preceptos, mandamientos y leyes"? Cuando le dije a Abrahán: "Vete de tu tierra y de tu patria y habita la tierra que yo te mostraré", abandonó lo que tenía por una meta incierta. Y ni dudó ni se retardó; por el contrario, con total entusiasmo obedeció mi llamada, asumió mis mandatos. A su vez yo le prometí cosas más allá de naturaleza y, a pesar de su preocupación por su avanzada edad y la imposibilidad de descendencia, tanto por su parte como por la de tu madre, supo por mí que sus descendientes se multiplicarían en gran número por toda la tierra. Ni entonces se desesperó o perdió la fe. He aquí la rectitud de Abrahán; confiar en mi poder y tener confianza en mis promesas...
Después de tu nacimiento, tu madre se indispuso contra Ismael, el niño de su criada, y quiso que se fuera de la casa con Agar para que no pudiera compartir nada contigo. El patriarca sentía cierta inclinación natural hacia él más allá de su afecto paternal; pero cuando oyó de mí: "Haz lo que Sara quiere", ignoró su afecto natural y arrojó a Ismael junto con la criada, obedeciendo mi voz y asumiendo mis decretos en todo. Cuando recibió el mandato de ofrecer en sacrificio al hijo que tanto deseó, el regalo de su vejez, Abrahán no investigó en las razones. Ni se perturbó en su pensamiento; ni lo comunicó a tu madre ni te reveló lo que te iba ha hacer; por el contrario, se hizo violencia para llevar a cabo lo que le había ordenado. Por eso premié su intención impidiendo la ejecución del hecho. Por entonces, él había dado en todo evidencia de una total obediencia y observancia de mis órdenes. Es por lo que estoy haciéndote a ti, su hijo, el heredero de las promesas hechas a él. Por tanto, imita su obediencia y cree en mis palabras para que puedas ser encontrado digno de la virtud de tu padre, también por tu propia obediencia. No bajes a Egipto; por el contrario, permanece aquí. ¿Ves la misericordia de Dios fortaleciendo la resolución de Isaac a través del recuerdo de la virtud de su padre? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 51, 2-3.

26,7   Preguntaron acerca de su mujer


En consecuencia, quienes dicen que alguna vez se puede mentir, en mala hora citan el ejemplo de Abrahán cuando dijo que Sara era hermana suya. Abrahán no dijo: "No es mi mujer", sino: "Es hermana mía", lo cual lo podía decir sin mentira alguna, pues en realidad estaban emparentados tan próximamente, que muy bien la podía llamar hermana. Ese parentesco lo confirmó más tarde al serle devuelta la mujer, respondiendo al que se la había usurpado: "Efectivamente es hermana mía de padre, no de madre"; es decir, por parte del parentesco paterno, no materno. Por tanto, calló algo verdadero, pero no dijo nada falso. Calló que era su mujer y dijo que era su hermana. Es lo mismo que hizo su hijo Isaac, pues también tomó por esposa a una pariente. Osea, mentir no es ocultar la verdad callando, sino expresar al hablar lo que sabemos que es falso. Agustín, Contra la mentira, 10, 23.

26,8   Se habían prolongado los días de estancia allí


El rey vio a Isaac acariciando a Rebeca. "Isaac" significa risa. El rey, que era observador, lo vio jugar con Rebeca, que era su esposa y colaboradora. El rey, cuyo nombre es Abimeléc, representa -a mi modo de ver- una especie de sabiduría supraterrestre, que contempla desde el cielo el misterio del juego del niño. El nombre "Rebeca" significa constancia. ¡Oh juego infantil lleno de sabiduría!: la "constancia" ayuda a la "risa", mientras el rey contempla la escena. Rebosa alegría el espíritu de los niños en Cristo, cuya vida transcurre en la constancia; y este es el juego en el que Dios se complace...
   La profecía puede interpretarse de otra manera: somos nosotros -como Isaac- los que reímos y nos alegramos por nuestra salvación. En efecto, Isaac se reía porque había sido liberado de la muerte; se divertía y se alegraba con su mujer, que es, en sentido figurado, la Iglesia: la ayuda de nuestra salvación. Lleva el nombre de "constancia", que significa firmeza, bien porque sólo ella permanece estable a través de los siglos, bien porque se sostiene merced a la constancia de los creyentes, es decir, de nosotros, que somos los miembros [del cuerpo] de Cristo. El testimonio de los que perseveran hasta el fin, además de la acción de gracias que por ellos se atributa, constituyen el juego místico y la salvación auxiliadora, mediante la completa aceptación de la providencia. El rey es Cristo, que desde arriba observa nuestra risa y, "asomándose por la ventana" -como dice la Escritura-, contempla la acción de gracias, la bendición, la alegría, el gozo y la constancia que ayuda en el trabajo. Clemente de Alejandría, Pedagogo, 1, 21, 3-22, 3.


26, 11   Abimeléc avisó a toda la gente


Los siervos de Dios festejados por sus enemigos. Mira la providencia de Dios; mira su cuidado inefable. El mismo que había dicho: "No bajes a Egipto, permanece en esta tierra; yo estaré contigo" es el mismo que dispone todo y coloca al justo en tal seguridad. Fíjate en el rey, cómo actúa para asegurarse el poder vivir en paz y estar libre de toda preocupación. Abimeléc los amenazó a todos con la muerte, dice el texto: "Si alguien toca a este hombre o a su mujer". Como era el miedo -me refiero al miedo a la muerte- lo que agitaba la mente de Isaac, por eso el Señor amoroso obró para que fuese librado de él y para que desde aquel momento viviera en completa seguridad. Mira lo maravilloso y notable del actuar de Dios, que es creativo y sabio y transforma todo según su propio deseo, y, encontrando una salida en lo que es difícil, incluso por medio de lo que es considerado contrario y adverso, procura la seguridad de sus siervos.
   Pues ¿ de dónde, después de todo... que este rey mostrara tal cuidado hacia este justo, proclamando sus méritos a todos los habitantes de la ciudad y presentándolo como una persona famosa y muy admirado por él? De esta manera también Nabucodonosor, después de arrojar a los tres niños en el horno, y de comprobar personalmente el poder invencible de la virtud de los jóvenes, empezó a cantar sus alabanzas con su propia lengua. Es una particular prueba de la grandeza del poder de Dios hacer que sus siervos sean celebrados por sus enemigos. El hombre que con gusto tenía el horno encendido pero ve que, gracias a la ayuda del cielo, la virtud de los niños sobrevivía incluso al calor del fuego, cambió de repente, y clamó: "Siervos de Dios altísimo". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 51, 3.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 231-237
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Esaú vende su primogenitura


27Los muchachos crecieron, y Esaú se convirtió en un experto cazador, en un hombre montaraz, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que habitaba en tiendas. 28Isaac prefería a Esaú porque le traía la caza; en cambio Rebeca prefería a Jacob.
   29Un día Jacob había preparado un guiso, cuando Esaú volvió agotado del campo. 30Y Esaú dijo a Jacob: "Déjame comer, por favor, de eso rojo, pues estoy agotado. (Por eso precisamente se llama Edom). 31Jacob respondió: "Véndeme ahora mismo tu primogenitura". 32Y dijo Esaú: "Estoy a punto de morir ¿para qué me sirve mi primogenitura?". 33Repuso Jacob: "Júramelo ahora mismo". Y él se lo juró, y vendió su primogenitura a Jacob. 34Jacob le dio pan y el guiso de lentejas a Esaú, quien comió, bebió, se levantó y se fue. Así malvendió Esaú la primogenitura. (Génesis 25, 27-34).


25, 28   Isaac prefería a Esaú


Isaac amaba a Esaú, Rebeca amaba a Jacob. Pero no debemos dejar sin justificación a los padres, porque hayan preferido el hijo más joven al mayor. Al mismo tiempo hemos de tener cuidado que alguno, siguiendo su ejemplo, haga un juicio injusto entre sus hijos, de tal manera que considere que uno debe ser amado y el otro estimado en menos. De ahí, en efecto, se provocan enemistades entre hermanos, y por acrecentar el vil dinero se trama el crimen del fracticidio. La misma medida del afecto debe extenderse por igual a todos los hijos. Admitamos, pues, que el afecto al más cariñoso o al más semejante lleve consigo algo de demasía, pero el ejercicio de la justicia debe ser para todos del mismo rasero. Se da más al hijo predilecto si se busca para él el amor de sus hermanos; pero se le quita más a aquel que está abrumado por la envidia que suscita una injusta preferencia. Esaú amenazaba con matar a su hermano y, ni el hecho de ser hermano gemelo ni el respeto a los padres le apartaba del furor fraticida, y se dolía de que le hubiese sido arrebatada la bendición de la que debería haberse mostrado digno por su mansedumbre y no por el crimen. Ambrosio, Sobre Jacob y la vida feliz, 2, 2, 5.


25,30   Déjame comer, por favor


Codicia censurada. Que el ayuno vaya unido a la economía. Como hay que evitar la hartura del vientre, hay que estar alerta ante los incentivos de la gula. No se trata de detestar ninguna clase de alimento, sino de refrenar el placer carnal. Esaú no fue reprobado por comer carne de toro o aves cebadas, sino por apetecer de forma inmoderada lentejas. Agustín, Sermón, 207,2.


25, 31-32   Véndeme ahora mismo tu primogenitura


Placeres temporales. Ya os he expuesto ayer, hermanos, por qué se dice que Esaú era el hermano mayor, para que ninguno piense que es espiritual si antes no ha sido carnal. Pero si permanece siempre en la prudencia de la carne será siempre Esaú. En cambio si es espiritual será entonces el hijo menor; pero el menor se hará luego mayor, porque lo primero es por obra del tiempo, mientras que lo segundo es propio de la virtud. Como Jacob tuviese lentejas cocidas, Esaú quiso comerlas antes de recibir la bendición. Dijo Jacob a Esaú: "Dame tu primogenitura y yo te daré las lentejas que he cocido". Esaú vendió al hermano menor su primogenitura. Jacob renunció a un placer temporal, mientras que Esaú renunció a una dignidad sempiterna. De la misma manera, quienes en la Iglesia van tras los placeres terrenos, es como si comieran las lentejas. Lentejas que Jacob coció, pero que no comió. En Egipto era donde principalmente se adoraba a los ídolos; las lentejas eran el alimento de los Egipcios. Por lentejas se entiende todos los errores de los paganos. Así, la Iglesia, prefigurada del modo eminente y manifiesto en el hijo menor, debía provenir de los paganos, y por eso se dice en la Escritura que Jacob coció las lentejas mientras que Esaú fue quien las comió...
Aplicaos estas palabras. Nos referimos al pueblo cristiano. También en el pueblo cristiano consiguen la primogenitura los que se reconocen en Jacob. Por el contrario, los que viven según la carne, los que creen según la carne y aman conforme a la carne, pertenecen al Antiguo Testamento, no al Nuevo. Siguen estando en la condición de Esaú, no en la bendición de Jacob. Agustín, Sermón, 4,12.


25,34   Malvendió Esaú la primogenitura


Reconocer los daños de la riqueza. Escuchando esto aprendemos la lección de no descuidar nunca los regalos de Dios, y no entregar las cosas importantes por naderias sin valor. ¿Por qué -pregunto- vamos a obsesionarnos con el deseo de riquezas, cuándo el reino de los cielos y esas bendiciones del inefable están dentro de nuestras posibilidades? ¿Por qué prefieres a las bendiciones que perduran para siempre, aquellas momentáneas que pasan y escasamente duran hasta el ocaso? ¿Habría una pena mayor que la necedad de ser privado del estado anterior? ¿Qué de bueno, después de todo, dime, hay en la riqueza? ¿No te das cuenta de que la adquisición de grandes bienes no nos trae nada más que enormes preocupaciones, ansiedad, insomnio? ¿No ves que estas personas (en particular aquellos que poseen una gran riqueza) son esclavos de sí mismos, y día a día viven en el miedo como en sombras? Aquí está el origen de las insidias, de la envidia, del odio profundo y de otros innumerables males. A menudo podrás ver a uno con diez mil talentos de oro oculto llamando bendito a otro que está tras el mostrador de su trabajo, y que se procura el alimento con el esfuerzo de sus manos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 50,2.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 228-231
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Los descendientes de Ismael y el nacimiento de Esaú y Jacob


12Estos son los descendientes de Ismael, hijo de Abrahán, el que le dio Agar, la esclava egipcia de Sara: 13Los nombres de los hijos de Ismael, según el orden de nacimiento son: el primogénito de Ismael fue Nebayot, después Quedar, Adbeel, Mibsam, 14Mismá, Dumá, Masá, 15Jadad, Temá, Yetur, Nafís y Quedmá. 16Así quedan dichos los hijos de Ismael y sus nombre según sus poblados y campamentos: son los doce príncipes de sus respectivos pueblos. 17Los años de vida de Ismael fueron ciento trinta y siete años, luego expiró, murió, y fue a reunirse con su pueblo. 18Sus hijos se establecieron desde Javilá hasta Sur, que está frente a Egipto en dirección a Asiria. Se situaron frente a todos sus hermanos. 19Estos son los descendientes de Isaac, hijo de Abrahán: Abrahán había engendrado a Isaac; 20y tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por esposa a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán-Aram, y hermana de Labán, el arameo. 21Isaac imploró al Señor en favor de su esposa, pues era estéril. El Señor le escuchó y Rebeca, su mujer, concibió. 22Y como los hijos se hostigasen en su seno, exclamó: "Si esto es así, ¿qué va a ser de mí?". Y fue a consultar al Señor. 23El Señor le respondió: 
   "Dos pueblos hay en tu vientre;
   se separarán dos naciones surgidas de ti
   Una nación superará a la otra,
   y la mayor servirá a la menor".
24Se le cumplieron los días de dar a luz y resultó que tenía mellizos en su seno. 25El primero que salió era de tez rojiza, todo peludo como una zamarra de piel, y le pusieron de nombre Esaú. 26Después salió su hermano, agarrando con la mano el talón de Esaú, y le pusieron de nombre Jacob. Cuando nacieron, Isaac tenía sesenta años. Génesis (25, 12-26).


25,21   Isaac imploró al Señor en favor de su esposa


La esterilidad siempre precede al hijo santo. Antes de nada, conviene que te preguntes por qué la Escritura dice de tantas santas mujeres que fueron estériles; como la misma Sara y ahora Rebeca. Pero también Raquel, la amada de Israel, fue estéril. Y de Ana, la madre de Samuel, también se dice que fue estéril. En los mismos Evangelios se recuerda la esterilidad de Isabel. Para todas estas mujeres se menciona un solo título de honor: que, después de su esterilidad, dieron a luz un hijo santo. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 12, 1.


25, 22   Fue a consultar al Señor


Veamos ahora, entretanto, qué quiere decir eso de que Rebeca fue a consultar al Señor. "Fue". ¿Adónde fue? ¿Del lugar en el que no estaba el Señor fue al lugar en el que estaba? Porque esto es lo que parece indicarse cuando se dice: Fue a consultar al Señor. ¿No está el Señor en todas partes? ¿No dijo Él mismo: "Yo lleno el cielo y la tierra, dice el Señor"? ¿A dónde fue, pues, Rebeca?.
   Yo pienso que no fue de un lugar a otro, sino que pasó de una vida a otra vida, de una acción a otra acción, de lo bueno a lo mejor; yo pienso que progresó de lo útil a lo más útil, de lo santo a lo más santo. Pues sería absurdo pensar que Rebeca, que se había educado en la casa del sabio Abrahán, bajo su doctísimo marido Isaac, fuese tan inculta e ignorante que creyese que el Señor estaba encerrado en un determinado lugar y fuese allá para preguntarle por el sentido de la agitación de los bebés en su seno. Pero ¿quieres que te muestre que, cuando ven que Dios les enseña algo, es costumbre entre los santos decir "que van" y "que pasan"?
   Moisés, al ver que la zarza ardía sin consumirse, admirado por la visión, dijo: "Pasaré y veré está visión". No quería decir, ciertamente, que iba a franquear cierta distancia ni que iba a escalar montañas o a bajar pendientes abruptas de los valles. La visión era cercana, estaba delante de él, ante sus ojos. Sin embargo dice: "Pasaré" para mostrar que, advertido por la visión celeste, debe ascender a una vida superior y pasar del estado en que se encontraba a uno mejor. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 12, 2.


25,23   Se separarán dos naciones surgidas de ti


Yo pienso que de cada uno de nosotros, en singular, se puede decir que "dos naciones y dos pueblos" están en nuestro interior. Porque dentro de nosotros está el pueblo de las virtudes no menos que el pueblo de los vicios: "De nuestro corazón, en efecto proceden los malos pensamientos, los adulterios, los robos, los falsos testimonios", y además, "los engaños, las rencillas, las herejías, las envidias, las orgías y cosas semejantes". ¿Ves cuán ingente pueblo de maldades está dentro de nosotros? Pero si somos dignos de decir lo que dijeron los santos: "Por temor tuyo, Señor, concebimos en el vientre y parimos, hemos traído a la tierra el espíritu de tu salvación", entonces se encuentra también en nosotros el otro pueblo, engendrado en el espíritu. Pues "los frutos del Espíritu son la caridad, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, la mansedumbre, la continencia, la castidad" y cosas semejantes. He ahí el otro pueblo que está también dentro de nosotros; pero mientras que éste es menor, aquél es mayor; pues los malos son siempre más numerosos que los buenos y los vicios más copiosos que las virtudes. No obstante, somos como Rebeca y merecemos concebir de Isaac, esto es, del Verbo de Dios; también en nosotros "un pueblo dominará sobre el otro y el mayor servirá al menor"; en efecto, la carne servirá al espíritu y los vicios cederán a las virtudes. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 12,3.


25,25   Todo peludo como una zamarra de piel

Nacieron dos mellizos en el arcaico tiempo de los patriarcas (por hablar de los celébres) tan seguidos el uno tras el otro, que el segundo asía la planta del pie del primero. Fue tanta la desigualdad en su vida y costumbres, tanta la disparidad de sus acciones, tanta la desemejanza en el amor de sus padres, que la misma distancia llegó a hacerlos enemigos entre sí. ¿Acaso se dice esto porque paseando uno, el otro se sentaba, y cuando uno dormía, velaba el otro; cuando hablaba el uno, callaba el otro, cosas que pertenecen a las minucias, que no pueden comprender los que escriben sobre la posición de los astros en que cada cual nace, de lo cual se consulta a los matemáticos?
    Uno fue siervo mercenario, el otro no sirvió; el uno era amado por la madre; el otro no; el uno perdió el honor, que era tenido en tan grande estima entre ellos; el otro lo obtuvo. ¿Que decir de sus esposas, de sus hijos y de sus haciendas? ¡Cuánta diversidad! Luego, si esto pertenece a aquellas nimiedades de tiempo que media entre los mellizos y no se asigna a las constelaciones, ¿por qué, examinando las constelaciones de otros, se dicen estas cosas? Agustín, La Ciudad de Dios, 5, 4.


25, 26   Agarrando con la mano el talón de Esaú


Jacob suplantado. Mas una vez que suplanta la actividad del adversario y permanece solo para ver al Padre, cuando se hace hombre, Jacob es [llamado] también Israel. Lo mismo que nosotros somos luz porque Cristo es la luz del mundo, así Jacob es llamado Jacob e Israel es llamado Israel. Orígenes, Comentario al Ev. de Juan, 1, 35, 260.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 220-228
Director de la  edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

La muerte de Abrahán


7Los años de vida que alcanzó Abrahán fueron ciento setenta y cinco. 8Abrahán expiró y murió tras una vejez feliz, anciano y colmado de años, y fue a reunirse con su pueblo. 9Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpelá, en el campo de Efrón, hijo de Sójar el hitita, frente a Mambré, 10el campo que Abrahán había comprado allí a los hijos de Set. Allí fueron sepultados Abrahán y su esposa Sara. 11Después de la muerte de Abrahán, Dios bendijo a su hijo Isaac, e Isaac se estableció junto al pozo de Lajay-Roy. Génesis (25, 7-11).


25,7   Los años de vida que alcanzó Abrahán


Isaac, el hijo de la promesa, nace siendo Abrahán centenario, porque la bendición de heredad que se promete en su descendencia a todas las familias de la tierra se refiere a la patria celeste y futura. Abrahán peregrina durante cien años en la tierra de promisión, porque todos los que por la fe somos hechos hijos de Abrahán debemos peregrinar hacia la herencia suprema conduciendo nuestra vida en la Iglesia presente. "Isaac se estableció en Guerar", que significa "extranjero" y: "Recogió aquel año el ciento por uno", porque, en cuanto salimos del cuerpo hacia la vida celeste, recibimos toda obra buena que hayamos realizado los hijos de la promesa mientras peregrinamos en esta vida. Beda, Sobre el tabernáculo,2, 13.


25,8   Abrahán expiró y murió tras una vejez feliz


Trato de encontrar en las Escrituras dónde se menciona por primera vez la vejez. 930 años vivió Adán y, sin embargo, no se lo considera anciano. Matusalén vivió 969 años y tampoco es calificado de anciano. Llegó hasta el diluvio, y pasando revista después de él a un periodo de casi tres mil años, no encuentro a nadie que sea tenido por anciano. Abrahán es el primero al que se le confiere dicho calificativo. Y eso que fue de mucha menor edad que Matusalén. Pero se le considera un anciano por haber sido ungida su vejez por un óleo fecundo. En efecto, en el Génesis encontramos escrito: "Y murió Abrahán en una vejez bien avanzada, lleno de días". En una vejez bien avanzada por estar colmado de días. Pues días fueron, y no noches, todo el curso de su vida. Jerónimo, Comentario al Salmo 91.


25,10   Allí fueron sepultados Abrahán y su esposa Sara


De lo dicho no se deduce que hayamos de menospreciar y abandonar los cuerpos de los difuntos, sobre todo de los santos y los creyentes, de quienes se sirvió el Espíritu Santo como de instrumentos y receptáculos de toda clase de buenas obras. Si las vestiduras del padre y de la madre, o su anillo y recuerdos personales, son tanto más queridos para los decendientes cuanto mayor es el cariño hacia ellos, en absoluto se debe menospreciar el cuerpo, con el cual hemos tenido mucha más familiaridad e intimidad que con cualquier vestido. Es el cuerpo algo más que un simple adorno o un instrumento; forma parte de la misma naturaleza del hombre. De aquí que los entierros de los antiguos justos se cuidaran como un deber de piedad; se les celebraban funerales y se les proporcionaba sepultura. Agustín, La piedad de los difuntos, 3, 5.


25,11   Dios bendijo a su hijo Isaac

Sobre la muerte de Abrahán, qué podemos añadir nosotros a lo dicho por el Señor en los Evangelios: "Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído cómo [la Escritura] dice en el pasaje de la zarza: el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos. Pues todos viven para Él". Deseemos, por tanto, también nosotros una muerte de este género, para que, como dice el Apóstol, "muramos al pecado y vivamos para Dios". Así, en efecto, debe entenderse la muerte de Abrahán: ella ha dilatado en tal medida su seno que todos los santos, que vienen de las cuatro partes de la tierra, "son llevados por los ángeles al seno de Abrahán". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11, 3.


La Biblia comentada
por los padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 217-219
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Hijos de Abrahán con Queturá



1Abrahán volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá, 2que le dio a Zimrán, a Yocsán, a Medán, a Madián, a Yisbac y a Súaj. 3Yocsán engendró a Sebá y a Dedán; y los hijos de Dedán fueron los asirios, latusitas y leumitas. 4Los hijos de Madián fueron: Efá, Éfer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos ellos hijos de Queturá. 5Abrahán dio todo cuanto poseía a Isaac; 6y a los hijos de las concubinas que había tenido, les proporcionó recursos, y, viviendo él todavía, los mandó lejos de su hijo Isaac, hacia el levante, al país de oriente. Génesis (25, 1-6).

Este pasaje nos proporciona un rico material para la interpretación alegórica. Dado que Abrahán representa el aprendizaje y la sabiduría, el hecho de que tomara otra esposa siendo centenario significa que la vitalidad de la sabiduría no tiene límite. El progreso espiritual de los santos se halla reflejado figuradamente en sus matrimonios (Orígenes). Sin embargo, según otra línea de interpretación, la intención del matrimonio de Abrahán con Queturá era difundir el conocimiento y alabanza del único Dios verdadero (Efrén), así como bendecir un segundo matrimonio válido (Agustín).


25,1   Abrahán volvió a tomar otra mujer, llamada Queturá


Abrahán sabía que no hay final para la sabiduría. El santo Apóstol nos proporciona continuamente ocasiones para descubrir el sentido espiritual y muestra a los [cristianos] celosos los signos, aunque poco numerosos, indispensables para que se reconozca en todo que "la Ley es espiritual". Él, hablando en cierto lugar de Abrahán y de Sara, dice: "Sin vacilar en su fe, [Abrahán] no consideró que su cuerpo estaba ya muerto, puesto que tenía casi cien años, ni que el seno de Sara fuere estéril". Es precisamente de este hombre de quien Pablo dice que estaba muerto en el cuerpo, dado que tenía cien años, y que había engendrado a Isaac más por la potencia de la fe que por la fecundidad de su cuerpo, de quien la Escritura refiere ahora que tomó una mujer de nombre Queturá y que engendró de ella muchos hijos cuando tenía alrededor de ciento treinta y siete años. Está escrito, en efecto, que Sara, su mujer, tenía diez menos que él y que murió a los ciento veintisiete años. De aquí se deduce que Abrahán tenía más de ciento treinta y siete años cuando tomó a Queturá por mujer.
   ¿Qué, pues? ¿Pensamos que en tan gran patriarca perduraron durante todo este tiempo los estímulos de la carne? ¿Y del que se dijo que estaba ya muerto a los movimientos naturales, hay que considerarlo ahora redivivo a los atractivos de la carne? ¿O, como ya se ha dicho muchas veces, los matrimonios de los patriarcas están indicando algo místico y sagrado, como lo indica el que decía de la sabiduría: "Yo decidí tomarla por esposa"?
   Sin duda, Abrahán ya entonces pensó algo semejante y, precisamente porque era sabio, sabía que no hay límites para la sabiduría y que ni siquiera la vejez pone término al aprendizaje. Pues el que ha tenido por hábito contraer matrimonio en el modo que hemos indicado más arriba, es decir, el que suele permanecer unido a la virtud, ¿cuándo puede cesar de un matrimonio de este tipo? Y la muerte de Sara hay que entenderla como la consumación de la virtud. Ahora bien, el que posee la virtud consumada y perfecta, debe dedicarse siempre a alguna doctrina; a esta doctrina llama "su esposa" la palabra divina. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11, 1.


Queturá, [la mujer] con la que el viejo Abrahán contrae ahora matrimonio, significa thymiama, es decir incienso o buen olor. Pue también él decía como Pablo: "Nosotros somos el buen olor de Cristo". Pero veamos cómo se es "buen olor de Cristo". El pecado es una realidad fétida; por eso, los pecadores, que se revuelcan en los pecados como en el estiércol fétido, se comparan a los puercos. Y David, en cuanto a pecador arrepentido, dice: "Mis heridas se infectaron y supuran".
   Por tanto, si alguno de vosotros no lleva ya ningún olor de pecado, sino el olor de la justicia y la suavidad de la misericordia; si ofrece sin cesar al Señor el incienso de una plegaria ininterrumpida y dice: "Que mi oración suba a ti como incienso en su presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde", ése ha tomado por mujer a Queturá. Así pienso que se explican con mayor dignidad y decoro las bodas de los ancianos y las uniones de los patriarcas contraídas ya al final de sus vidas, en una edad vacilante, así se hace, a mi juicio, necesaria la enumeración de las generaciones de sus hijos. En efecto, para tales nupcias y para semejante prole son más aptos los viejos que los jóvenes; porque cuanto más agotado está uno en la carne, tanto más robusto estará en la virtud del alma y tanto más apto para los brazos de la sabiduría. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11, 1-2.


La Escritura designa figuradamente el progreso de los santos. De ahí que tambien tú, si quieres, puedas ser esposo de un matrimonio de este género; por ejemplo, si practicas voluntariamente la hospitalidad, parecerá que la has tomado por esposa; si a ésta añades el cuidado de los pobres, parecerá que has tomado una segunda mujer; y si unes a ti la paciencia, la mansedumbre y las demás virtudes, parecerá que has tomado tantas esposas cuantas virtudes goces. De aquí, por tanto, deriva que muchos patriarcas tuviesen simultáneamente varias mujeres.
   De otros, la Escritura recuerda que, habiendo muerto las primeras, han tomado otras por esposas. Con ello se indica en figura que algunos son capaces de ejercitar muchas virtudes al mismo tiempo, mientras que otros no pueden dar inicio a las que siguen si antes no han llevado a la perfección las primeras. Por eso dice que Salomón, a quien el Señor había dicho: "Sabio como tú no lo hubo antes de ti ni lo habrá después de ti", tuvo simultáneamente muchas mujeres. Porque el Señor le había dado una prudencia tan abundante "como la arena del mar" para juzgar a su pueblo con sabiduría, por eso podía practicar muchas virtudes al mismo tiempo. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 11,2.

25,6   Los hijos de las concubinas 

Abrahán dio regalos. Si somos hijos de la Jerusalén libre, entendamos que son diferentes los bienes de los herederos y de los desheredados. Herederos son aquellos a quienes se dijo: "No habéis recibido de nuevo el espíritu de servidumbre, sino que recibisteis el espíritu de adopción de hijos, en el que clamamos: Abba, Padre". Agustín, Sobre la paciencia, 28, 25.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 214-217
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez