Isaac conoce a Rebeca en el campo


62Isaac había vuelto del pozo de Lajay-Roy y habitaba en la región del Négueb. 63Un atardecer salió Isaac al campo a distraerse, y al alzar la vista vio que venían camellos. 64También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, se bajó del camello 65y preguntó al siervo: "¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro?". El siervo respondió: "Es mi amo". Entonces ella tomó el velo y se cubrió. 66El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho 67e Isaac condujo a Rebeca a la tienda de Sara, su madre; la tomó consigo y la hizo su esposa. Isaac la amó, y así se consoló de la muerte de su madre. Génesis (24, 62-67).


24, 62   Isaac... habitaba en la región del Negueb


El encuentro en la fuente. El criado tomó consigo a Rebeca y se la presentó a Isaac. Pero veamos dónde lo encontró. Lo halló, dice, junto al pozo del juramento. Mirad, hermanos: el criado de Isaac encuentra a Rebeca junto al pozo, y también Rebeca encuentra al propio Isaac junto al pozo. Es verdad: Cristo no encuentra a la Iglesia, ni la Iglesia a Cristo, sino es en el sacramento del bautismo. Cesáreo de Arlés, Sermón, 85,4.


24, 63   Salió Isaac al campo a distraerse


Él se retiró de los vicios mundanos. Él [David] se retiraba y se apartaba de los vicios de este mundo, elevaba su alma, como Isaac vagaba por el campo o, como otros [manuscritos] dicen, paseaba por el campo. Ambrosio, Sobre Isaac y el alma, 3, 6-7.


24, 64   Rebeca alzó la vista


La unión del alma con la palabra de Dios. Rebeca, siguiendo al siervo, llegó hasta Isaac; así también la Iglesia, siguiendo la palabra de los profetas, llega a Cristo. ¿Y dónde lo encontró? "Junto al pozo del juramento, mientras paseaba". Nunca se aleja de los pozos, nunca se aparta de las aguas. Rebeca es hallada "junto al pozo", y junto a un pozo encuentra a Isaac; allí contempla por primera vez su rostro; allí "baja del camello", allí ve a Isaac mientras el siervo se lo presenta.
   ¿Crees que sólo aquí se hace mención de los pozos? También Jacob se acerca a un pozo y allí encuentra a Raquel... El mismo Moisés encuentra a Séfora, hija de Raquel, junto a un pozo...
   Rebeca baja también de los camellos, es decir, se aparta de los vicios, renuncia a los sentimientos irracionales y se une a Isaac; conviene en efecto, que Isaac pase "de virtud en virtud". El hijo de la virtud, que es Sara, se une y se desposa ahora con la paciencia, que es Rebeca; y esto es pasar de "virtud en virtud y de fe en fe". Pero vengamos a los Evangelios. Veamos dónde busca reposo el Señor mismo cuando se encuentra fatigado del camino. "Llegó a un pozo, dice la Escritura, y estaba sentado sobre él".
   ¿Ves cómo por todas partes concuerdan los misterios entre sí? ¿Ves cómo armonizan las figuras del Antiguo Testamento? Allí se acude a los pozos y a las aguas para encontrar esposas; aquí, la Iglesia se une a Cristo en el lavado del agua.
   ¡Observa qué gran cúmulo de misterios nos apremia! ¡Es tal la cantidad de los que se nos presentan, que no podemos explicarlos todos! Esto al menos te debe incitar a escuchar y a venir a las reunuiones, de modo que, aunque nosotros, por razón de brevedad, dejemos a un lado algunos de ellos, tú, al releer e investigar en las Escrituras, puedas averiguar y descubrir por ti mismo estos misterios, o por lo menos perseveres en el examen de los mismos, para que el Verbo de Dios, encontrándote junto al agua, te acoja y te una a Él. Así, podrás ser con Él "un solo espíritu" en Cristo Jesús, nuestro Señor, "al cual la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 10,5.


24, 65   Es mi amo


La modestia de las prometidas. Sin embargo, respecto a las que se van a casar, puedo declarar y confesar, con más seguridad que de costumbre, que deben cubrir sus cabezas desde el día aquel en que por primera vez temblaron por el beso y el apretón de manos de su futuro marido. Pues en estos símbolos comprometieron cada parte de ellas mismas: su vida durante todo su desarrollo, su carne para toda la vida, su espíritu mediante su compresión [del contrato], su pudor mediante el intercambio de un beso, su esperanza mediante sus expectativas y su mente mediante su pleno consentimiento. Para nosotros es suficiente el ejemplo de Rebeca, que al ver a su futuro marido se cubrió con un velo porque sabía que se iba a casar con él. Tertualiano, La oración, 22, 10.


24, 67   Isaac condujo a Rebeca a la tienda de Sara


Cristo estableció la Iglesia. Isaac tomó a Rebeca y la condujo a la tienda de su madre; también Cristo tomó a la Iglesia y la puso en el lugar de la sinagoga, porque la sinagoga se apartó de Dios y murió por la infidelidad, y la Iglesia se unió a Cristo y alcanzó la vida por la fe. Por la soberbia, como dice el Apóstol, se desgajaron las ramas del olivo, para que se injertara el humilde olivo silvestre. Tomó, pues, Isaac a Rebeca y la amó tanto que se le calmó el dolor que tenía por la muerte de su madre. La muerte de Sara representa la infidelidad de la sinagoga. Al morir Sara y ocupar Rebeca su lugar, la sinagoga queda repudiada para introducir a la Iglesia. Tomó, pues, Isaac a Rebeca y la amó de tal manera que la tristeza que sentía por la muerte de su madre se calmó. Cristo tomó a la Iglesia y la amó hasta tal punto que el dolor producido por la pérdida de la madre sinagoga quedó eclipsado por el amor a la Iglesia. Igual que entristeció a Cristo la infidelidad de la sinagoga, la fe de la Iglesia le colmó de alegría; y como la malicia de la sinagoga perdió al pueblo judío, aunque no todo, Cristo, el Señor, adquirió el mundo entero por la fe de la Iglesia. Y porque Cristo nuestro Señor, hermanos queridísimos, de entre nosotros se preparó una esposa espiritual a la que, como dije, también redimió con su preciosa sangre; así, con su ayuda, que cada uno no sólo conserve los beneficios que encuentra en sí otorgados por el favor divino, sino que además se esfuerce por desarrollarlos, de modo que en él nada aparezca manchado por la lujuria, hinchado por la soberbia, abrasado por la ira, oscurecido por la avaricia, o herido con veneno de serpiente por la envidia. Es justo que este esposo de hermosa apariencia, más que todos los hijos de los hombres, no encuentre en nosotros nada que se parezca a esos pecados, nada que ofenda los ojos de su majestad. Para Él el honor y el imperio con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. Cesáreo de Arlés, Sermón 85,5.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 211-214
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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