La prueba de Abrahán


1Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán. Y le llamó: "¡Abrahán!". Éste respondió: "Aquí estoy". 2Entonces le dijo: "Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que tú amas, a Isaac, y vete a la región de Moria. Allí lo ofrecerás en sacrificio, sobre un monte que yo te indicaré". 3Muy de mañana Abrahán se levantó, aparejó su asno, se llevó consigo a dos siervos y a su hijo Isaac, cortó la leña del sacrificio, se puso en camino y se dirigió a lugar que le había dicho Dios. 4Al tercer día, Abrahán alzó la vista y divisó el lugar a lo lejos. 5Entonces dijo Abrahán a sus siervos: "Quedaos aquí con el asno mientras el muchacho y yo vamos hasta allí para adorar a Dios; luego volveremos con vosotros". 6Tomó Abrahán la leña del sacrificio y se la cargó a su hijo Isaac, mientras él llevaba en la mano el fuego y el cuchillo; y se pusieron en marcha los dos juntos. 7Isaac dijo a su padre Abrahán: "¡Padre!". Él respondió: "Si, hijo mío". Y el muchacho preguntó: "Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?". 8Respondió Abrahán: "Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío". Génesis (22, 1-8).


22,1   Dios puso a prueba a Abrahán


Aplicad aquí los oídos, vosotros, que os habéis acercado a Dios y os creéis fieles, y considerad con más diligencia cómo a partir de la lectura que nos ha sido proclamada, se pone a prueba la fe de los fieles. "Y sucedió que, después de estas palabras, Dios tentó a Abrahán y le dijo: Abrahán, Abrahán. Y él respondió: Heme aquí". Observa bien cada una de las expresiones escritas, porque en cada una, si se sabe profundizar, se encontrará un tesoro; y quizá, incluso donde no se piensa, estén escondidas las perlas preciosas de los misterios. Este hombre se llamaba antes Abrán, pero en ninguna parte leemos que Dios le haya llamado por este nombre o le haya dicho: Abrán, Abrán. Y efectivamente, no podía ser llamado por Dios con un nombre destinado a desaparecer. Dios le llama con el nombre que Él mismo le ha dado, y no sólo lo llama con este nombre sino que lo repite. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 1.


22,2   Lo ofrecieron en sacrificio


¿Qué dices tú a estas cosas, Abrahán? ¿Qué pesamientos y de que género se agitan en tu corazón? De Dios ha salido una voz para romper y probar tu fe. ¿Qué dices tú a esto? ¿Qué piensas? ¿Qué revisas? Acaso le das vueltas en tu corazón a esta idea: si en Isaac me fue hecha la promesa y ahora lo ofrezco en holocausto, sólo queda que deje de esperar en esta. ¿O piensas más bien y dices que el que ha hecho la promesa no puede mentir y que, suceda lo que suceda, la promesa permanecerá?
Más yo, que "soy el más pequeño" no me siento capaz de escrutar los pensamientos de tan gran patriarca; no puedo saber, por tanto, qué razonamientos ha removido en él la voz de Dios, o qué sentimientos le ha despertado esta voz que se había manifestado para tentarlo, cuando le mandó matar a su hijo único. Pero, dado que "el espíritu de los profetas está sometido a los profetas", el apóstol Pablo, que, por medio del Espíritu había aprendido, creo yo, qué pensamientos y sentimientos había llevado en sí Abrahán, los dio a conocer diciendo: "Por la fe, Abrahán no dudó al ofrecer a su hijo único en el que había recibido las promesas, pensando que Dios es poderoso incluso para resucitar de entre los muertos". El apóstol nos ha revelado, pues, los pensamientos del hombre fiel: que ya entonces, en Isaac, tuvo sus comienzos la fe en la resurrección. Abrahán, por tanto, esperaba que Isaac resucitase y creía que llegaría a producirse lo que aún no se había verificado. ¿Cómo pueden ser, por consiguiente, "hijos de Abrahán" los que no creen que se haya cumplido en Cristo lo que él creyó que habría de cumplirse en Isaac? Más aún, para hablar con mayor claridad, Abrahán sabía que él estaba prefigurando una imagen de la verdad futura, sabía que de su linaje nacería Cristo y que éste sería ofrecido como verdadera víctima por todo el mundo y que resucitaría de entre los muertos. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,1.


22,2   Sobre un monte que yo te indicaré


¿Qué viene después de esto? Ve, dice, "a un lugar elevado, a uno de los montes que yo te mostraré, y allí ofrécelo en holocausto".
Observa, por los detalles, cómo se acrecienta la prueba. "Ve a un lugar elevado". ¿Es que Abrahán no había podido ser conducido antes con el niño a ese lugar elevado y, ya situado en el monte que Dios había elegido, habérsele dicho allí que ofreciese a su hijo? Sin embargo, primero se le dice que debe ofrecer a su hijo y después se le manda ir "a un lugar elevado" y subir al monte. ¿Con qué intención? Con la de que, mientras anda, mientras va caminando, se vea lacerado por los pensamientos durante todo el trayecto; con la de hacerle sentir el tormento de la urgencia del mandato, por un lado, y del afecto agónico hacia su hijo único, por otro.
Tal es la razón por la que se impone también el camino y la subida al monte, para que en todos estos pasos puedan librar su combate el afecto paternal y la fe, el amor a Dios y el amor a la carne, la gracia de las cosas presentes y la espera de las futuras. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 3.


22,3   Llevó consigo a dos siervos y a su hijo Isaac


"Se levantó Abrahán de madrugada (con el añadido "de madrugada" quiso mostrar tal vez que en su corazón brillaba un principio de luz), aparejó su asno, preparó la leña y tomó consigo a su hijo". No delibera, no discute, no comparte con nadie su plan, sino que enseguida se pone en camino.
"Y llegó al lugar que le había dicho el Señor al tercer día". Omito ahora hablar del misterio que se oculta tras "el tercer día"; me fijo en la sabiduría y en las intenciones del que prueba. Así, aunque todo debía suceder en los montes, no había ningún monte en los alrededores; por eso, el camino se prolonga durante tres días, y en el transcurso de este triduo las entrañas del padre se ven atormentadas por preocupaciones recurrentes, de modo que durante todo este largo recorrido el padre miraba a su hijo y comía con él y, por las noches, el niño se colgaba en los brazos de su padre, se apretaba contra su pecho y reposaba en su regazo. Considera hasta donde llega la prueba. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 4.


22,4   Al tercer día


Ahora bien, el tercer día ha sido siempre propicio para los misterios. En efecto, también el pueblo salido de Egipto ofrece a Dios un sacrificio al tercer día y al tercer día se purifica. La resurrección del Señor tiene lugar al tercer día; y muchos otros misterios se contienen en este día. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,4.


22,5   El muchacho y yo vamos hasta allí para adorar a Dios

Despide a los criados, pues los criados no podían subir con Abrahán a lugar del holocausto que Dios le había mostrado. Dice, pues: "Vosotros quedaos aquí; yo y el niño iremos, y, cuando hayamos adorado, volveremos a vosotros". Dime, Abrahán, ¿dices la verdad a los criados cuando afirmas que vas a adorar y que volverás con el niño, o mientes? Si dices la verdad, no tienes intención de ofrecerlo en holocausto; si mientes, a un patriarca tan grande no le conviene mentir. Por tanto, ¿qué pretendes con esta frase? Digo la verdad, responde, y ofrezco al niño en holocausto; por eso, llevo conmigo la leña; pero vuelvo con él a vosotros, porque creo, y ésta es mi fe, "que Dios es poderoso para resucitarlo de entre los muertos". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 5.


22,6   Tomó Abrahán la leña del sacrificio


El hecho de que Isaac mismo lleve la leña para el holocausto es fihura de Cristo, que "llevó Él mismo la cruz", y, sin embargo, llevar la leña para el holocausto es oficio del sacerdote. Luego Él mismo viene a ser a la vez víctima y sacerdote. Pero también lo que sigue: "Y se fueron los dos juntos" hace alusión a este misterio; porque, mientras Abrahán se disponía a sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, Isaac no iba detrás de él, sino con él, para que se viese que también con él, a la par, desempeñaba la función sacerdotal. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 6.


22,7   ¿Dónde está el cordero para el sacrificio?


Mientras Abrahán se disponía a sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, Isaac no iba detrás de él, sino con él, para que se viese que también con él, a la par, desempeñaba la función sacerdotal. ¿Qué viene después? "Isaac dijo a su padre Abrahán, "Padre"". En este momento, la voz proferida por el hijo es la voz de la tentación. En efecto, ¿imaginas hasta qué punto haya estremecido con su voz las entrañas paternas el hijo que debía ser inmolado? Y aunque Abrahán, en virtud de la fe, estaba tan inflexible, sin embargo también él intercambió una palabra de afecto y respondió: "¿Qué hay, hijo?". Y él: "Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 6.


22,8   Dios proveerá el cordero


La respuesta de Abrahán, tan atenta y prudente, me conmueve. No sé lo que veía en espíritu, porque cuando dice: "Dios proveera el cordero", no lo hace aludiendo al presente, sino al futuro". Al hijo, que le pregunta por el presente, le responde con el futuro. En efecto, "el mismo Señor se proveerá el cordero" en Cristo, "porque la sabiduría misma se ha edificado una casa" y "Él se humilló a sí mismo hasta la muerte"; y encontrarás que todo lo que lees de Cristo sucedió no por necesidad, sino libremente. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 6.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.170-176
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

2 Comentarios:

lourdes dijo...

Hermosa reflexión, el señor a todos nos llama por el nombre a una misión en concreto en cualquier estilo de vida pues en cualquiera de ellas hemos de vivir en santidad, Todos tenemos pequeños Isaac que el señor nos pide que sacrifiquemos son aquellas pequeñas cosas que nos atan y no nos dejan ser libre como dios quiere, creo que lo importante es ponerse en camino que el Señor da la gracia y provera hemos de dejar a Dios ser Dios en nosotros un abrazo y unidas en oración

Marta y María, contemplativos en el mundo dijo...

Precioso comentario. Gracias

Efectivamente, en el siguiente capítulo: "Intervención del ángel de Dios". Gén. 22,14. Orígenes, nos invita para que engendremos en el espíritu al hijo Isaac, es decir, a Cristo, de quien como hemos visto, es figura Isaac. Engendrar a Cristo en espíritu, es renunciar a lo corpóreo para abrir paso al espíritu. Dar este paso significa que comienza a aflorar en nosotros el fruto del espíritu: la alegría, la paz, etc.
En comunión.

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