Intervención del ángel de Dios


Caminando juntos 9llegaron al lugar que Dios le había dicho; construyó allí Abrahán el altar y colocó la leña; luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña. 10Abrahán alargó la mano y empuñó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11Pero entonces el ángel del Señor le llamó desde el cielo: "¡Abrahán, Abrahán!". Él contestó: "Aquí estoy". 12Y Dios le dijo: "No extiendas tu mano hacia el muchacho ni le hagas nada, pues ahora he comprobado que temes a Dios y no me has negado a tu hijo, a tu único hijo". 13Abrahán levantó la vista y vio detrás un carnero enredado en la maleza por los cuernos. Fue Abrahán, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en vez de su hijo. 14Abrahán llamó a aquel lugar "El Señor provee", tal como se dice hoy: "en la montaña del Señor provee." Génesis (22, 9-14).


22,9   Ató a su hijo Isaac


Muchos de los que escucháis estas cosas en la Iglesia de Dios sois padres. Imaginad que alguno de vosotros, influido por la misma narración del hecho, adquiera tanta constancia y fuerza de ánimo que, si por casualidad perdiese a un hijo por muerte natural y exigida a todos, aun siendo único, aun siendo amado, tomase como ejemplo a Abrahán y pusiese ante sus ojos su magnanimidad. Así y todo, a ti no se te pediría la heroicidad de atar tú mismo a tu hijo, de forzarlo tú mismo, de preparar el cuchillo y de degollar con tus propias manos a tu hijo único. A ti no se te piden todos estos servicios. Sé almenos constante en el propósito y en el ánimo: firme en la fe, ofrece alegre, tu hijo a Dios; sé sacerdote de la vida de tu hijo; mas al sacerdote que inmola a Dios no le conviene llorar.
¿Quieres ver que esto se te exige? Dice el Señor en el Evangelio: "Si fueseis hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán". Pues bien, ésta es la obra de Abrahán. Haced las obras que hizo Abrahán, pero no con tristeza, "pues Dios ama al que da con alegría". Y si fuseis tan disponibles para Dios como él, también a vosotros se os diría: "Sube a un lugar elevado y al monte que yo te mostraré, y allí ofréceme a tu hijo". No en las profundidades de la tierra ni en el valle "del llanto", sino en los montes altos y excelsos ofrece a tu hijo. Muestra que tu fe en Dios es más fuerte que los afectos de la carne. Porque Abrahán amaba a su hijo Isaac, pero al amor por la carne antepone el amor por Dios, y fue encontrado no es las vísceras de la carne, sino "en las entrañas de Cristo", es decir, en las entrañas del Verbo de Dios, de la verdad, de la sabiduría. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,7.


22,10   Abrahán alargó la mano y empuñó el cuchillo


Si uno de nosotros desea ver la historia de Abrahán como pintada en una tabla, ¿cómo la pintaría el pintor? ¿Acaso en una única tabla haciendo todas esas cosas? ¿O por partes y en formas diversas, es decir, al mismo Moisés en diversas figuras por todas partes? Quiero decir, por ejemplo, unas veces sentado en un asno en compañía de su hijo y siguiéndole sus criados, otras veces dejando el asno junto a sus criados a los pies del monte, mientras Isaac cargaba con la leña, llevando en sus manos el fuego y el cuchillo; y por fin en otro lugar, al mismo Abrahán maniatando de pies y manos al joven sobre la leña y preparando la mano derecha con el cuchillo para consumar la degollación. Pues bien, no era Abrahán uno en una parte y otro en otra, aunque la pintura era vista de forma diferente en las distintas partes, sino el mismo Abrahán en todas las partes, al acomodarse la técnica del pintor a las necesidades de los hechos, ya que no era admisible verlo en un único cuadro ejecutando todas estas cosas. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 41,22.


22,12   He comprobado que temes a Dios


En lugar del hombre, [Dios] le mostró una oveja en un arbusto, para devolver el hijo al padre y para que no faltase la víctima para el sacerdote. Así, ni Abrahán quedó ensangrentado por un parricidio, ni Dios fue defraudado del sacrificio. El profeta vio y no manifestó presunción, ni mantuvo una actitud obstinada, sino que sustituyó al hombre por la oveja. De aquí que se destaca más con qué sentimiento religioso había ofrecido a quien tan gustosamente se le había restituido. Ambrosio, A la muerte del hermano, 2, 98.


22,13   Abrahán tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio


Creo que ya dijimos más arriba que Isaac era figura de Cristo; pero también aquí el carnero aparece nada menos que como figura de Cristo. Vale la pena saber cómo conviene a Cristo tanto uno como otro, tanto Isaac, que no fue degollado, como el carnero que fue degollado.
Cristo es la Palabra de Dios; pero "la Palabra se hizo carne". Luego en Cristo hay una cosa que viene de lo alto y otra que ha sido tomada de la naturaleza humana y del útero virginal. Consiguientemente, Cristo padece, pero en la carne, y ha soportado la muerte, pero en la carne, de la que aquí es figura el carnero; como decía también Juan: "He aquí el cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo". Sin embargo, la Palabra, que es Cristo según el espíritu, del cual es imagen Isaac, permaneció en la incorrupción. Por eso, Él mismo es víctima y sacerdote. Según el espíritu, en efecto, ofrece la víctima al Padre, según la carne, Él mismo se ofrece en el altar de la cruz, porque como se dijo de Él: "He aquí el cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo", así también se dijo: "Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,9.


22,14   El Señor provee


Para quienes saben escuchar estas cosas se abre con toda la claridad el camino de la comprensión espiritual; pues todo lo que sucedió desemboca en la visión, ya que se dice: "El Señor ha visto". Y la visión que el Señor vio está en el espíritu, para que también tú veas en espíritu estas cosas que se escribieron; y, como en Dios nada es corpóreo, así tampoco tú veas nada corpóreo en estas cosas, sino que engendres en el espíritu al hijo de Isaac, cuando empieces a tener el fruto del espíritu: la alegría, la paz"...
Y darás a luz, si "todo lo estimas alegría, cuando estés rodeado por toda clase de pruebas" y ofreces a Dios como sacrificio esta misma alegría.
Porque cuando, alegre, te acerques a Dios, Él te devolverá de nuevo lo que había ofrecido y te dirá: "Volveréis a verme y vuestro corazón se alegrará y nadie os quitará vuestra alegría". Así pues, recibirás multiplicado lo que habías ofrecido a Dios. Algo similar, aunque bajo otra imagen, se refiere en los Evangelios, cuando se dice, por medio de una parábola, que uno recibió una mina para negociar con ella y ganar dinero para el padre de familia. Pero si tú llevas cinco multiplicadas en diez, te serán donadas y concedidas a ti. Oye, en efecto lo que dice: "Quitadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez".
Luego, aunque parece que negociamos para el Señor, las ganancias del negocio se nos ceden a nosotros; y, aunque parece que ofrecemos víctimas al Señor, en realidad nos es devuelto lo que ofrecemos, porque Dios no tiene necesidad de nada; lo que quiere es que nosotros seamos ricos; lo que desea es nuestro provecho en cada cosa. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,10.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.176-183
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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