El siervo espera junto al pozo


10Después,el siervo tomó diez camellos de su señor, y partió llevando con él todo lo mejor de su señor; se puso en camino y fue a Aram-Naharaim, la ciudad de Najor. 11Al atardecer, cuando salen las mujeres a recoger agua, hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad junto al pozo de agua. 12Y dijo: "Señor, Dios de mi amo Abrahán, te ruego que me asistas hoy, y uses misericordia con mi amo Abrahán. 13Voy a quedarme junto a la fuente del agua, 14y cuando las hijas de la gente de la ciudad salgan a sacar agua, entonces, la joven a la que le diga: "Inclina tu cántaro, por favor, para que pueda beber", y ella me responda: "Bebe", y además, voy a abrevar tus camellos", ésa has destinado para tu siervo Isaac. Así conoceré que has usado misericordia con mi amo". Génesis (24, 10-14).

24,10   El siervo tomó diez camellos de su señor y partió


Mirad la obediencia del siervo. ¿Ves cómo desde el principio el siervo mostró respeto por su señor? Observa a continuación que éste, gracias a la enseñanza del patriarca, tiene una mejor disposición e imita la piedad del justo. "El siervo -dice- tomó diez camellos y todo cuanto de bueno tenía su señor y emprendió el camino hacia Mesopotamia, hacia la ciudad de Najor, e hizo descansar a los camellos fuera de la ciudad, junto al pozo de agua, y, al atardecer, cuando las mujeres salen a por agua, dijo: "Señor, el Dios de mi señor Abrahán". Observa la sensatez del siervo. Invoca al Señor del mundo a través del patriarca: "Señor -dice-, Dios de mi señor Abrahán, éste, que tanto le ha beneficiado. ¿Por qué te sorprendes, de que el siervo lo llame así, "Dios de Abrahán"? Él mismo, el Dios de todas las cosas, manifiesta que concede gran importancia a la virtud de los justos, y dice: "Yo soy el Dios de Jacob, el Dios de Isaac, el Dios de Abrahán". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,3.


24,11   Hizo arrodilar a los camellos fuera de la ciudad


La paciencia adornada de la casa del hombre sabio. Considera ahora la prudencia del siervo: no quiere tomar como esposa para su señor Isaac más que a una virgen hallada digna y de rostro hermoso, y no sólo virgen, sino que ningún hombre haya conocido, y únicamente aquella que encuentre sacando agua; a ninguna otra quiere desposar con su señor.
Si no es tal, no le entrega ornamentos, ni pendientes, ni brazaletes, y ella quedaría sin componer, sin cuidar, desaliñada. ¿Tenemos que pensar que un hombre rico como el padre de Rebeca no tenía brazaletes y pendientes que dar a su hija? ¿Era tan grande su negligencia o su avaricia como para no poder dar a su hija con qué adornarse? Pero Rebeca no quiere embellecerse con el oro de Betuel: no le convienen los adornos de un hombre bárbaro e ignorante; busca las joyas de la casa de Abrahán, porque la paciencia encuentra sus ornamentos en la casa del hombre sabio.
Por consiguiente, las orejas de Rebeca no habrían podido recibir su ornato si no hubiese venido el siervo de Abrahán para adornarlas él mismo; y sus manos no reciben otros adornos que los que ha enviado Isaac. En efecto, ella quiere recibir en sus oídos palabras de oro y tener en sus manos acciones de oro; pero no habría podido obtener ni merecer estas cosas si antes no hubiese venido a los pozos a sacar agua. Tú, que no quieres venir a las aguas, que no quieres recibir en tus oídos las palabras de oro de los profetas, ¿cómo vas a poder estar equipado con la belleza de la doctrina, de las obras y de las costumbres? Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 10,4.

 24,12   Ruego que me asistas hoy


La sagacidad del siervo. "Señor -dice-, el Dios de mi señor Abrahán, guíame hoy y ten compasión de mi señor Abrahán". Es decir, es como si dijera: "Haz que se pongan por obra sus deseos y conduce todo según su voluntad". "Ten compasión de mi señor Abrahán". ¿Qué significa ten compasión? Que dé cumplimiento a sus deseos. Dice entonces: "He aquí que me quedaré junto a la fuente de agua mientras las mujeres que habitan la ciudad vienen a buscar agua. Y será la joven a la que yo diga: "Inclina tu cántaro para que yo beba", y ella me conteste: "Bebe, y daré de beber a los camellos hasta que todos dejen de beber", ésta será la que hayas dispuesto para tu siervo Isaac, y en esto conoceré que habrás tenido compasión con mi señor Abrahán". Observa la sagacidad del siervo. Conocía la hospitalidad del patriarca y que convenía que la joven que habría de ser elegida tuviese cualidades semejantes a las del justo, por eso no busca ninguna otra prueba. Desea, por el contrario, descubrir a la joven por su carácter hospitalario, por eso dice: "Si a mi petición de agua ella inclina el cántaro, y no sólo hace lo que le pido, sino que además manifiesta la generosidad de su carácter y dice: "También daré de beber a tus camellos", ella, con su ofrecimiento habrá dado indicio más que suficiente de que es la persona que conviene. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,3.

24,13   Junto a la fuente de agua


Levantarse por agua. Observa cuán grandes cosas acaecen junto a las aguas, para que también tú te sientas invitado a venir todos los días a las aguas del Verbo y a estar junto a sus pozos como hacía Rebeca, de la cual se dice: "Era una joven muy bella, una virgen a la que ningún hombre había conocido". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 10,3.


24,14   Ésa has destinado para tu siervo Isaac


Para ser elegida. Hermanos queridísimos: en la medida de nuestras posibilidades consideramos ahora brevemente el significado de estas cosas. El bienaventurado Abrahán, cuando enviaba al criado a que tomara esposa para su hijo, ostentaba la imagen de Dios Padre; igual que cuando ofreció a su hijo en holocausto representaba la imagen de Dios Padre; y su criado designaba una profecía. Envió, pues, Abrahán a su criado a una tierra lejana a que tomara allí esposa para su hijo; porque Dios Padre enviaría la palabra profética por toda la tierra a buscar esposa: la Iglesia universal, para su Unigénito. Cesáreo de Arlés, Sermón, 85,3.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.197-199
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Búsqueda de esposa para Isaac


1Abrahán era anciano, entrado en años, y el Señor le había bendecido en todo. 2Abrahán dijo al siervo más viejo de su casa, el que administraba todo cuanto tenía: "Pon tu mano bajo mi muslo, 3que te voy a hacer jurar por el Señor, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no buscarás para mi hijo una esposa de las hijas de los cananeos entre los que habito; 4sino que irás a mi tierra, a mi patria, y buscarás una esposa para mi hijo Isaac". 5El siervo le contestó: "Bien, pero si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿he de hacer entonces volver a tu hijo a la tierra de donde saliste?". 6Abrahán le respondió: "Guárdate de llevar allí a mi hijo. 7El Señor, Dios del cielo, que me sacó de la casa de mi padre y de mi tierra natal, y que me habló y me juró diciendo: "Yo daré esta tierra a tu descendencia", Él enviará su ángel delante de ti, y encontrarás allí una esposa para mi hijo. 8Si ella no quiere venir contigo, quedas desligado de este juramento; pero a mi hijo, no le lleves allí". 9Entonces el siervo puso la mano bajo el muslo de Abrahán y le prestó juramento sobre estas cosas. Génesis (24, 1-9).

24,1   Abrahán era anciano

Escuchemos, pues, lo que nos cuenta la Sagrada Escritura: "Abrahán era viejo, avanzado en años. El Señor había bendecido a Abrahán en todo". ¿Por qué nos mencionó esto? Como estaba a punto de demostrar su benevolencia y cuidado por Isaac, a punto de traerle una novia, por eso nos da cuenta de la edad del patriarca. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,2.


24,2   Pon tu mano bajo mi muslo


Abrahán instruye a su siervo. Mira, cuando él había alcanzado una vejez extrema, dice el texto que quiso preservar a Isaac de la mezcla de los cananeos; para que no tomara una esposa de entre ellos. Para eso convocó al más prudente de sus siervos, dice el texto, y le dio la instrucciones siguientes: "Pon tu mano bajo mi muslo". En griego el versículo está escrito de esta manera: Bajo mi muslo; y el hebreo dice: Bajo mis lomos. ¿Por qué habló de esta forma? Era un modismo de las gentes en la antiguedad. Pero además porque el nacimiento de Isaac toma su origen de allí.
Y para que aprendas que se actuó según cierta costumbre, fíjate que cuando él estaba pidiendo que pusiera su mano allí, agregó inmediatamente: "Y yo te haré jurar por el Señor, el Dios del cielo y el Dios de la tierra". Observa cómo enseña al siervo a reconocer al Creador de todas las cosas. Al decir, el Dios del cielo y el Dios de la tierra, abarcó toda la creación. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,2.


24,4   Buscarás una esposa para mi hijo Isaac


Mi país y mis parientes. ¿Has visto la orden que el patriarca da al siervo? Me refiero a que no pases por estas palabras ociosamente; considera por el contrario el propósito de este justo y medita cómo en los tiempos pasados no reparaban en la abundancia de posesiones ni en una gran fortuna, esclavos, tantos acres de tierra o en el encanto de la belleza externa; más bien ellos buscaban la belleza del alma y la nobleza de las costumbres.
Observa, cuando él vio la maldad de los habitantes de Canaán y comprendió lo importante qué es tener un compañero de costumbres similares, él se dirgió a su sirviente y lo puso bajo el juramento de procurar una esposa para Isaac de entre sus parientes. Ni la distancia entre los lugares ni las otras dificultades fue un motivo para retardar el encargo. Más bien, ante la necesidad de esta tarea, se mostró toda la diligencia del sirviente. Por su parte, el patriarca actuó en esto preocupándose por el alma y huyendo de la maldad de los habitantes del país. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,2.


24,6   Guárdate de llevar allí a mi hijo


Isaac no retornará allá. El patriarca dio una instrucción muy concreta al siervo e hizo que prestara juramento. Observemos a continuación la sensated del siervo, ya que quiso emular la piedad de su señor. Un vez que vio que el justo le daba órdenes muy precisas, le dijo: "Y si la mujer no quisiera venir conmigo, ¿quieres que lleve a tu hijo al país del que tú has venido?". Si surgiera algún problema -dice-, con el fin de que yo no crea apartarme de tus órdenes, me gustaría saber qué he de hacer si fuera el caso que ella no quisiera acompañarme, tal y como tú ordenaste, es decir, si te agradaría más que Isaac fuera allí, y una vez tomada la mujer, regresara aquí. ¿Qué contestó el justo? Se lo prohibió y dijo: "Guárdate de llevar a mi hijo allí". No tienes necesidad de ello. El que me hizo la promesa y me garantizó que su descendencia se multiplicaría, él te encaminará con éxito. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,3.


24,7   Él enviará a su ángel delante de ti


Observa cómo también antes, cuando toma juramento al siervo, le habló del Creador del universo, y ahora, cuando se dispone a hacer una oración de súplica, dice lo mismo con la intención de enseñar al siervo a poner su confianza en Aquél, en el viaje que iba a emprender y en mantener buen ánimo ante su resultado final. Le enseña de cuán grande beneficio del Dios de todas las cosas ha disfrutado desde el principio y los comienzos, y que Él mismo, el que le había sacado de su propia patria, el que hasta ese momento había conducido sus asuntos y en su vejez le había entregado a Isaac como hijo, Él también iba a dirigir convenientemente lo acordado con él. "El Señor, el Dios del cielo y de la tierra, el que me sacó de la casa de mi padre y de la tierra donde nací", Él mismo se dirigió a mí con las palabras siguientes: "Te daré a ti y a tu descendencia esta tierra". Éste, que ha mostrado una preocupación semejante por mí, "Él mismo enviará a su ángel delante de ti y tú tomarás allí mujer para mi hijo". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,3.


La Biblia comentada 
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 193-196
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Abrahán entierra a Sara


17Así, el campo de Efrón en Macpelá, que está frente a Mambré, el campo y la cueva que hay en él, con todos los árboles que rodean el campo en todas sus lindes, pasaron a ser 18propiedad de Abrahán, a la vista de los hititas y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad. 19Después de esto, Abrahán dio sepultura a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpelá, frente a Mambré, es decir, Hebrón, en tierra de Canaán. 20El campo, con la cueva que hay en él, pasó a ser propiedad sepulcral de Abrahán, adquirida a los hititas. Génesis (23, 17-20).

23,19   Abrahán dio sepultura a Sara

Éste es el albergue del Señor, aquí donde la encina frondosa de Mambré abrigó el techado pastoril del anciano; en esa cabaña se echó a reír Sara al oír que le llegarían los gozos tardíos de un hijo y que su marido, decrépito, podía creerlo así. Abrahán compró un campo para enterrar en él los huesos de su esposa, porque la justicia y la fe moran de paso en la tierra; a gran precio adquirió esta gruta, donde halló reposo la santa ceniza. Prudencio, Pinturas sobre historia sagrada, 4-5.


23,20   El campo... pasó a ser propiedad sepulcral de Abrahán


Imitar al hombre que vivió ante la ley. Con esta perspectiva, queridísimos, nosotros, quienes vivimos en el tiempo de la gracia, imitemos al hombre que vivió antes de la Ley y no nos consumamos por el deseo de tener más, merecedores del fuego que no puede extinguirse y de la llama que es intolerable. Nosotros, de hecho, si persistimos en tan terribles injusticias y avaricias, oiremos las palabras dirigidas a aquel hombre rico: "Insensato, esta misma noche te pedirán tu alma. Lo que has amontonado ¿para quien será?". ¿Por qué razón, queridísimo, estás ansioso de atesorar tantas cosas, si en poco tiempo partirás de aquí, y no sólo no las disfrutarás, sino que cargarás un fardo de pecados sobre tus propios hombros, ya sin posibilidad para el arrepentimiento? Además, las cosas conseguidas por la avaricia, con frecuencia llegan a parar a las manos del enemigo; y a ti se te exigirá que des cuenta de ellas. Y ¿qué clase de necesidad sería trabajar para el beneficio de otro y pagar el precio por ello? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.191-192
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Abrahán compra una sepultura


1Sara vivió ciento veintisiete años 2y murió en Quiriat-Arbá, esto es, en Hebrón, en tierra de Canaán. Abrahán fue a hacer duelo por Sara y a llorarla. 3Después, se levantó Abrahán de junto a su difunta, y habló a los hititas: "4Yo soy un extranjero que reside entre vosotros. Dadme en propiedad un sepulcro para enterrar a mi difunta". 5Los hititas respondieron a Abrahán: "6Escúchanos, señor; tú eres, en medio de nosotros, un príncipe divino; entierra a tu difunta en el más noble de nuestros sepulcros, pues ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que entierres a tu difunta". 7Abrahán se levantó, se inclinó ante la gente del país, los hititas, 8y les dijo: "Si está en vuestro ánimo que entierre aquí a mi difunta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón, hijo de Sójar, 9para que me ceda la cueva de Macpelá que es suya, y que está en el límite de su campo; que me la venda a su precio, ante vosotros, como propiedad para sepulcro". 10Efrón estaba sentado entre los hititas, y Efrón el hitita respondió a Abrahán en presencia de los hititas y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad: "11No, señor, escúchame: te doy el campo y te doy la cueva que hay en él; te la doy a la vista de mis paisanos para que entierres a tu difunta". 12Abrahán se inclinó ante la gente del país, 13y contestó a Efrón, en presencia de la gente del país: "Bien, si te parece, escúchame: yo doy el dinero del campo, acéptamelo y entonces enterraré allí a mi difunta". 14Efrón contestó a Abrahán diciéndole: 15"Escúchame, señor: una tierra de cuatrocientos siclos de plata, ¿qué es para ti y para mi?; entierra, pues, a tu difunta". 16Abrahán aceptó y pesó para Efrón, en presencia de los hititas, el dinero del que había hablado: cuatrocientos siclos de plata de curso en el mercado. Génesis (23, 1-16).

23,2   Sara murió en Quiriat-Arbá

Abrahán lloró por Sara. Un hermano preguntó al anciano, diciendo: "¿Qué debo hacer por mis pecados?". El anciano respondió: "Quien desea librarse de los pecados, debe librarse de ellos mediante el llanto, y el que desee edificar en sí mismo las virtudes debe edificarlas mediante el llanto. La Escritura misma lloró. También nuestros padres dijeron a sus discípulos: "Llorad". No existe otro camino hacia la vida sino ése.
De nuevo preguntó el hermano al anciano, diciendo: "¿Qué haré, padre?". Y le respondió: "Abrahán, cuando entró en la tierra prometida, lo primero que hizo fue comprar un sepulcro para sí mismo, y por el sepulcro heredó la tierra". Y el hermano le dijo: "¿Qué es un sepulcro?". Y él le repondió: "Un lugar de llanto y luto". Martín de Braga, Sentencias de los Padres egipcios, 33-34.

23,6   Ninguno de nosotros te negará su sepulcro

Abrahán tenía suficiente riqueza en su actitud. La muerte de Sara fue la primera ocasión que tuvo el patriarca de adquirir un terreno. Ciertamente, la Sagrada Escritura nos muestra a cada momento la actitud del patriarca, que pasó toda su vida como un forastero y un nómada. Y menciona este último hecho para que aprendamos que el hombre que gozó de tanta ayuda de lo alto, quien había llegado a ser tan famoso y había conseguido semejante muchedumbre, no podía llamar a un lugar alguno su propiedad, a diferencia de muchas personas de hoy, quienes ponen todo su interés en adquirir tierras, pueblos enteros y riquezas incontables. Pero él apartó la codicia del corazón, y en ninguna cosa puso su cuidado. Consideren esto en general los que hoy acaparan todo y , como se dice, despliegan en todas las direcciones la pasión de su avaricia. E imiten al patriarca, que ni siquiera tenía dónde enterrar los restos de Sara hasta que, empujado por una gran necesidad, compró el campo y la cueva de los hititas. Y como una prueba de que realmente él fue respetado por los habitantes de Canaán, escucha las palabras que le dirigieron los hititas: "Eres entre nosotros un príncipe divino; entierra a tu difunta en nuestro sepulcro más noble. Ninguno de nosotros te arrebatará después ese sepulcro. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,1.

23,13   Doy el dinero del campo


Fíjate, sin embargo, cómo el justo instruye a esas personas incluso por medio de la sabiduría de sus acciones, absteniéndose de tomar posesión del sepulcro antes de pagar un precio justo: "Aun cuando por vuestra parte os habéis mostrado tan amablemente, yo todavía no puedo quedarme con vuestro sepulcro, a menos que primero pague el precio apropiado". Les dio el dinero, dicen los textos, tomó posesión de la tumba y enterró a su esposa Sara en la cueva doble del campo frente a Mambré. El hombre que era tan célebre y respetado, que gozaba de tal confianza con Dios y, como se cuenta, era objeto de la atención de todos, en ese lugar en el que incluso los hititas le llamaron rey, no poseía ni un pie de tierra. También el bienaventurado Pablo celebró la virtud de este justo con estas palabras: "Por la fe de Abrahán vivió en la tierra que se le había prometido como un extranjero en tiendas, al igual que Isaac y Jacob, y fue heredero de la misma promesa". Después, para enseñarnos que fue por la fe por lo que la heredó, añadió: "Había puesto la mirada en aquella ciudad cuyo arquitecto y fundador era el mismo Dios". Explica con esto que pasó por alto las realidades presentes en la esperanza de las cosas que han de venir, y que consideró las cosas de esta vida en la expectativa de algo mejor; y esto antes de la ley y antes de la gracia.
¿Qué excusa tendremos nosotros -pregunto-, los que a pesar de las maravillosas promesas y garantías de bendiciones inefables, ansiamos las realidades presentes, adquirimos propiedades, amasando todas estas posesiones por codicia y avaricia y dando cumplimiento a lo que el bienaventurado profeta dijo lamentándose: "¡Ay de aquellos que amontonan casas y casas y se agregan propiedades porque roban a su vecino!"? ¿No ves cómo esto sucede cada día: se roba a la viudas, se expolia a los huérfanos y el débil es oprimido por el fuerte? Mas este justo no se comportó así; por el contrario, insistió en comprar la tumba, y, cuando vio que ellos se la querían dar y estaban dispuestos a entregársela, no la aceptó antes de pagar el precio conveniente. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 48,1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.189-191
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Abrahán recibe una segunda bendición y descendencia de Najor



15El ángel del Señor llamó por segunda vez a Abrahán desde el cielo 16y le dijo: "Juro por mí mismo, oráculo del Señor, que por haber hecho una cosa así, y no haberme negado a tu hijo, a tu único hijo, 17te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas; y tu descendencia se adueñará de las ciudades de sus enemigos. 18En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra porque has obedecido mi voz". 19Abrahán volvió al lado de sus criados; emprendieron la marcha y fueron todos juntos a Berseba; y Abrahán residió en Berseba. 20Después de estos sucesos, le fue anunciado a Abrahán: "También Milcá le ha dado hijos a Najor, tu hermano: 21Us, el primogénito; Buz, su hermano; Quemuel, padre de Aram; 22Quésed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel". 23Betuel engendró a Rebeca. Estos ocho hijos dio Milcá a Najor, hermano de Abrahán. 24También su concubina, que se llamaba Reumá, dio a luz a Tébaj, Gajam, Tajas y Maacá. Génesis (22, 15-24).

22,15   El ángel del Señor llamó por segunda vez a Abrahán


Estas palabras requieren un oyente aplicado y atento. Nuevo, es en efcto, lo que dice: "Y el ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo". Pero lo que añade a continuación no es nuevo; porque "bendiciendo te bendeciré" ya había sido dicho antes y "multiplicando te multiplicaré" había sido prometido antes, y "será tu descendencia como las estrellas del cielo y la arena del mar" también había sido pronunciado con anterioridad. ¿Qué hay, por tanto, ahora de más para que tenga que ser llamado por segunda vez desde el cielo? ¿Qué añade de nuevo a las antiguas promesas? ¿Qué premio suplementario se concede cuando se dice: "Puesto que has cumplido esta palabra", esto es, puesto que ofreciste a tu hijo, puesto que no te reservaste a tu único hijo? Yo no veo ningún añadido; se repiten las mismas promesas de antes. ¿No parecerá, entonces, superfluo volver sucesivamente sobre las mismas cosas? En absoluto, más bien es necesario; pues todo lo que sucede, sucede en misterio.
Si Abrahán hubiese vivido sólo "según la carne" no hubiese sido padre más que de este pueblo que engendró según la carne, habría bastado una sóla promesa. Pero para mostrar en primer lugar que iba ha ser padre de los circuncidados según la carne, al momento de la circuncisión le es hecha la promesa que debía convenir al pueblo de la circuncisión; en segundo lugar, dado que iba a ser también padre de los que viven de la fe y, por la pasión de Cristo, llegan a la heredad, en el tiempo de la pasión de Isaac se le renueva la promesa que debe concernir al pueblo salvado por la pasión y resurrección de Cristo.
Parece repetirse las mismas cosas, pero son muy diversas. En efecto, las que fueron dichas con anterioridad y que atañen al primer pueblo, fueron dichas en la tierra. Porque así dice la Escritura: "Y conduje fuera -a saber, de la tienda- y le dije: Mira las estrellas, si pueden ser contadas por su multitud. Y añadió: Así será tu descendencia". Pero cuando la promesa se repite por segunda vez, indica que se ha hablado desde el cielo. Así, la primera promesa es hecha desde la tierra y la segunda desde el cielo. ¿No se sugiere aquí claramente lo que dice el Apóstol: "El primer hombre, sacado de la tierra, es terrestre; el segundo hombre, venido del cielo, es celeste? Luego esta promesa que concierne al pueblo viene "del cielo", aquella "de la tierra". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 9,1.


22,17   Te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia


En aquella promesa hubo sólo palabras; aquí se interpone un juramento que el santo Apóstol, escribiendo a los hebreos, interpreta de este modo: "Queriendo Dios mostrar a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su designio, interpuso un juramento". Y además: "Los hombres juran por uno más grande que ellos"; "pero Dios, no teniendo a nadie más grande por quien jurar", "juró por sí mismo, dice el Señor". Juró, no porque estuviese obligado a jurar -pues ¿quien podía exigir de Él un juramento sacro?-, sino, como interpreta el apóstol Pablo, para indicar mediante el mismo a sus adoradores la "inmutabilidad de su designio". Así también, en otra parte, se dice por medio del profeta: "El Señor lo ha jurado y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec".
Finalmente, en la primera promesa no pone el motivo por el que se hizo la promesa; sólo se dice que lo condujo afuera y "le mostró las estrellas del cielo y le dijo: Así será tu descendencia"; ahora, sin embargo añade el motivo por el que confirma con juramento que la promesa será estable. Dice, en efecto: "Puesto que has cumplido esta palabra y no te has reservado a tu hijo". Muestra, por tanto, que la promesa es firme en virtud de la ofrenda y pasión del Hijo, indicando a las claras que para el pueblo proveniente de los gentiles, "el que vive de la fe de Abrahán", la promesa es firme gracias a la pasión de Cristo. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 9,1.


22,17   Tu descendencia se adueñará de las ciudades de sus enemigos


Así pues, unámonos a su bendición y veamos cuáles son los caminos de la bendición. Desarrollemos los acontecimientos desde el principio. ¿Por qué fue bendecido nuestro padre Abrahán sino por haber practicado la justicia y la verdad mediante la fe? Isaac, conociendo con seguridad lo que iba a suceder, con agrado fue llevado como víctima. Clemente de Roma, Carta a los corintios 31, 1-3.


22,18   En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos


Dios busca la fe, no la muerte, tiene sed del voto, no de la sangre; es aplacado por la voluntad, no por la muerte. Dios dio la prueba de esto cuando preguntó al santo Abrahán por el hijo como víctima. ¿Acaso inmolaba Abrahán otra cosa que su propio cuerpo en el hijo? ¿Qué otra cosa buscaba Dios sino la fe del padre, cuando mandó ofrecer al hijo, pero no permitió que se le matara? Pedro Crisólogo, Homilías, 105,5.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.183-188
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Intervención del ángel de Dios


Caminando juntos 9llegaron al lugar que Dios le había dicho; construyó allí Abrahán el altar y colocó la leña; luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña. 10Abrahán alargó la mano y empuñó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11Pero entonces el ángel del Señor le llamó desde el cielo: "¡Abrahán, Abrahán!". Él contestó: "Aquí estoy". 12Y Dios le dijo: "No extiendas tu mano hacia el muchacho ni le hagas nada, pues ahora he comprobado que temes a Dios y no me has negado a tu hijo, a tu único hijo". 13Abrahán levantó la vista y vio detrás un carnero enredado en la maleza por los cuernos. Fue Abrahán, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en vez de su hijo. 14Abrahán llamó a aquel lugar "El Señor provee", tal como se dice hoy: "en la montaña del Señor provee." Génesis (22, 9-14).


22,9   Ató a su hijo Isaac


Muchos de los que escucháis estas cosas en la Iglesia de Dios sois padres. Imaginad que alguno de vosotros, influido por la misma narración del hecho, adquiera tanta constancia y fuerza de ánimo que, si por casualidad perdiese a un hijo por muerte natural y exigida a todos, aun siendo único, aun siendo amado, tomase como ejemplo a Abrahán y pusiese ante sus ojos su magnanimidad. Así y todo, a ti no se te pediría la heroicidad de atar tú mismo a tu hijo, de forzarlo tú mismo, de preparar el cuchillo y de degollar con tus propias manos a tu hijo único. A ti no se te piden todos estos servicios. Sé almenos constante en el propósito y en el ánimo: firme en la fe, ofrece alegre, tu hijo a Dios; sé sacerdote de la vida de tu hijo; mas al sacerdote que inmola a Dios no le conviene llorar.
¿Quieres ver que esto se te exige? Dice el Señor en el Evangelio: "Si fueseis hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán". Pues bien, ésta es la obra de Abrahán. Haced las obras que hizo Abrahán, pero no con tristeza, "pues Dios ama al que da con alegría". Y si fuseis tan disponibles para Dios como él, también a vosotros se os diría: "Sube a un lugar elevado y al monte que yo te mostraré, y allí ofréceme a tu hijo". No en las profundidades de la tierra ni en el valle "del llanto", sino en los montes altos y excelsos ofrece a tu hijo. Muestra que tu fe en Dios es más fuerte que los afectos de la carne. Porque Abrahán amaba a su hijo Isaac, pero al amor por la carne antepone el amor por Dios, y fue encontrado no es las vísceras de la carne, sino "en las entrañas de Cristo", es decir, en las entrañas del Verbo de Dios, de la verdad, de la sabiduría. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,7.


22,10   Abrahán alargó la mano y empuñó el cuchillo


Si uno de nosotros desea ver la historia de Abrahán como pintada en una tabla, ¿cómo la pintaría el pintor? ¿Acaso en una única tabla haciendo todas esas cosas? ¿O por partes y en formas diversas, es decir, al mismo Moisés en diversas figuras por todas partes? Quiero decir, por ejemplo, unas veces sentado en un asno en compañía de su hijo y siguiéndole sus criados, otras veces dejando el asno junto a sus criados a los pies del monte, mientras Isaac cargaba con la leña, llevando en sus manos el fuego y el cuchillo; y por fin en otro lugar, al mismo Abrahán maniatando de pies y manos al joven sobre la leña y preparando la mano derecha con el cuchillo para consumar la degollación. Pues bien, no era Abrahán uno en una parte y otro en otra, aunque la pintura era vista de forma diferente en las distintas partes, sino el mismo Abrahán en todas las partes, al acomodarse la técnica del pintor a las necesidades de los hechos, ya que no era admisible verlo en un único cuadro ejecutando todas estas cosas. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Lucas, 41,22.


22,12   He comprobado que temes a Dios


En lugar del hombre, [Dios] le mostró una oveja en un arbusto, para devolver el hijo al padre y para que no faltase la víctima para el sacerdote. Así, ni Abrahán quedó ensangrentado por un parricidio, ni Dios fue defraudado del sacrificio. El profeta vio y no manifestó presunción, ni mantuvo una actitud obstinada, sino que sustituyó al hombre por la oveja. De aquí que se destaca más con qué sentimiento religioso había ofrecido a quien tan gustosamente se le había restituido. Ambrosio, A la muerte del hermano, 2, 98.


22,13   Abrahán tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio


Creo que ya dijimos más arriba que Isaac era figura de Cristo; pero también aquí el carnero aparece nada menos que como figura de Cristo. Vale la pena saber cómo conviene a Cristo tanto uno como otro, tanto Isaac, que no fue degollado, como el carnero que fue degollado.
Cristo es la Palabra de Dios; pero "la Palabra se hizo carne". Luego en Cristo hay una cosa que viene de lo alto y otra que ha sido tomada de la naturaleza humana y del útero virginal. Consiguientemente, Cristo padece, pero en la carne, y ha soportado la muerte, pero en la carne, de la que aquí es figura el carnero; como decía también Juan: "He aquí el cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo". Sin embargo, la Palabra, que es Cristo según el espíritu, del cual es imagen Isaac, permaneció en la incorrupción. Por eso, Él mismo es víctima y sacerdote. Según el espíritu, en efecto, ofrece la víctima al Padre, según la carne, Él mismo se ofrece en el altar de la cruz, porque como se dijo de Él: "He aquí el cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo", así también se dijo: "Tú eres sacerdote eterno según el orden de Melquisedec". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,9.


22,14   El Señor provee


Para quienes saben escuchar estas cosas se abre con toda la claridad el camino de la comprensión espiritual; pues todo lo que sucedió desemboca en la visión, ya que se dice: "El Señor ha visto". Y la visión que el Señor vio está en el espíritu, para que también tú veas en espíritu estas cosas que se escribieron; y, como en Dios nada es corpóreo, así tampoco tú veas nada corpóreo en estas cosas, sino que engendres en el espíritu al hijo de Isaac, cuando empieces a tener el fruto del espíritu: la alegría, la paz"...
Y darás a luz, si "todo lo estimas alegría, cuando estés rodeado por toda clase de pruebas" y ofreces a Dios como sacrificio esta misma alegría.
Porque cuando, alegre, te acerques a Dios, Él te devolverá de nuevo lo que había ofrecido y te dirá: "Volveréis a verme y vuestro corazón se alegrará y nadie os quitará vuestra alegría". Así pues, recibirás multiplicado lo que habías ofrecido a Dios. Algo similar, aunque bajo otra imagen, se refiere en los Evangelios, cuando se dice, por medio de una parábola, que uno recibió una mina para negociar con ella y ganar dinero para el padre de familia. Pero si tú llevas cinco multiplicadas en diez, te serán donadas y concedidas a ti. Oye, en efecto lo que dice: "Quitadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez".
Luego, aunque parece que negociamos para el Señor, las ganancias del negocio se nos ceden a nosotros; y, aunque parece que ofrecemos víctimas al Señor, en realidad nos es devuelto lo que ofrecemos, porque Dios no tiene necesidad de nada; lo que quiere es que nosotros seamos ricos; lo que desea es nuestro provecho en cada cosa. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,10.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.176-183
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

La prueba de Abrahán


1Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán. Y le llamó: "¡Abrahán!". Éste respondió: "Aquí estoy". 2Entonces le dijo: "Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que tú amas, a Isaac, y vete a la región de Moria. Allí lo ofrecerás en sacrificio, sobre un monte que yo te indicaré". 3Muy de mañana Abrahán se levantó, aparejó su asno, se llevó consigo a dos siervos y a su hijo Isaac, cortó la leña del sacrificio, se puso en camino y se dirigió a lugar que le había dicho Dios. 4Al tercer día, Abrahán alzó la vista y divisó el lugar a lo lejos. 5Entonces dijo Abrahán a sus siervos: "Quedaos aquí con el asno mientras el muchacho y yo vamos hasta allí para adorar a Dios; luego volveremos con vosotros". 6Tomó Abrahán la leña del sacrificio y se la cargó a su hijo Isaac, mientras él llevaba en la mano el fuego y el cuchillo; y se pusieron en marcha los dos juntos. 7Isaac dijo a su padre Abrahán: "¡Padre!". Él respondió: "Si, hijo mío". Y el muchacho preguntó: "Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?". 8Respondió Abrahán: "Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío". Génesis (22, 1-8).


22,1   Dios puso a prueba a Abrahán


Aplicad aquí los oídos, vosotros, que os habéis acercado a Dios y os creéis fieles, y considerad con más diligencia cómo a partir de la lectura que nos ha sido proclamada, se pone a prueba la fe de los fieles. "Y sucedió que, después de estas palabras, Dios tentó a Abrahán y le dijo: Abrahán, Abrahán. Y él respondió: Heme aquí". Observa bien cada una de las expresiones escritas, porque en cada una, si se sabe profundizar, se encontrará un tesoro; y quizá, incluso donde no se piensa, estén escondidas las perlas preciosas de los misterios. Este hombre se llamaba antes Abrán, pero en ninguna parte leemos que Dios le haya llamado por este nombre o le haya dicho: Abrán, Abrán. Y efectivamente, no podía ser llamado por Dios con un nombre destinado a desaparecer. Dios le llama con el nombre que Él mismo le ha dado, y no sólo lo llama con este nombre sino que lo repite. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 1.


22,2   Lo ofrecieron en sacrificio


¿Qué dices tú a estas cosas, Abrahán? ¿Qué pesamientos y de que género se agitan en tu corazón? De Dios ha salido una voz para romper y probar tu fe. ¿Qué dices tú a esto? ¿Qué piensas? ¿Qué revisas? Acaso le das vueltas en tu corazón a esta idea: si en Isaac me fue hecha la promesa y ahora lo ofrezco en holocausto, sólo queda que deje de esperar en esta. ¿O piensas más bien y dices que el que ha hecho la promesa no puede mentir y que, suceda lo que suceda, la promesa permanecerá?
Más yo, que "soy el más pequeño" no me siento capaz de escrutar los pensamientos de tan gran patriarca; no puedo saber, por tanto, qué razonamientos ha removido en él la voz de Dios, o qué sentimientos le ha despertado esta voz que se había manifestado para tentarlo, cuando le mandó matar a su hijo único. Pero, dado que "el espíritu de los profetas está sometido a los profetas", el apóstol Pablo, que, por medio del Espíritu había aprendido, creo yo, qué pensamientos y sentimientos había llevado en sí Abrahán, los dio a conocer diciendo: "Por la fe, Abrahán no dudó al ofrecer a su hijo único en el que había recibido las promesas, pensando que Dios es poderoso incluso para resucitar de entre los muertos". El apóstol nos ha revelado, pues, los pensamientos del hombre fiel: que ya entonces, en Isaac, tuvo sus comienzos la fe en la resurrección. Abrahán, por tanto, esperaba que Isaac resucitase y creía que llegaría a producirse lo que aún no se había verificado. ¿Cómo pueden ser, por consiguiente, "hijos de Abrahán" los que no creen que se haya cumplido en Cristo lo que él creyó que habría de cumplirse en Isaac? Más aún, para hablar con mayor claridad, Abrahán sabía que él estaba prefigurando una imagen de la verdad futura, sabía que de su linaje nacería Cristo y que éste sería ofrecido como verdadera víctima por todo el mundo y que resucitaría de entre los muertos. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,1.


22,2   Sobre un monte que yo te indicaré


¿Qué viene después de esto? Ve, dice, "a un lugar elevado, a uno de los montes que yo te mostraré, y allí ofrécelo en holocausto".
Observa, por los detalles, cómo se acrecienta la prueba. "Ve a un lugar elevado". ¿Es que Abrahán no había podido ser conducido antes con el niño a ese lugar elevado y, ya situado en el monte que Dios había elegido, habérsele dicho allí que ofreciese a su hijo? Sin embargo, primero se le dice que debe ofrecer a su hijo y después se le manda ir "a un lugar elevado" y subir al monte. ¿Con qué intención? Con la de que, mientras anda, mientras va caminando, se vea lacerado por los pensamientos durante todo el trayecto; con la de hacerle sentir el tormento de la urgencia del mandato, por un lado, y del afecto agónico hacia su hijo único, por otro.
Tal es la razón por la que se impone también el camino y la subida al monte, para que en todos estos pasos puedan librar su combate el afecto paternal y la fe, el amor a Dios y el amor a la carne, la gracia de las cosas presentes y la espera de las futuras. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 3.


22,3   Llevó consigo a dos siervos y a su hijo Isaac


"Se levantó Abrahán de madrugada (con el añadido "de madrugada" quiso mostrar tal vez que en su corazón brillaba un principio de luz), aparejó su asno, preparó la leña y tomó consigo a su hijo". No delibera, no discute, no comparte con nadie su plan, sino que enseguida se pone en camino.
"Y llegó al lugar que le había dicho el Señor al tercer día". Omito ahora hablar del misterio que se oculta tras "el tercer día"; me fijo en la sabiduría y en las intenciones del que prueba. Así, aunque todo debía suceder en los montes, no había ningún monte en los alrededores; por eso, el camino se prolonga durante tres días, y en el transcurso de este triduo las entrañas del padre se ven atormentadas por preocupaciones recurrentes, de modo que durante todo este largo recorrido el padre miraba a su hijo y comía con él y, por las noches, el niño se colgaba en los brazos de su padre, se apretaba contra su pecho y reposaba en su regazo. Considera hasta donde llega la prueba. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 4.


22,4   Al tercer día


Ahora bien, el tercer día ha sido siempre propicio para los misterios. En efecto, también el pueblo salido de Egipto ofrece a Dios un sacrificio al tercer día y al tercer día se purifica. La resurrección del Señor tiene lugar al tercer día; y muchos otros misterios se contienen en este día. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8,4.


22,5   El muchacho y yo vamos hasta allí para adorar a Dios

Despide a los criados, pues los criados no podían subir con Abrahán a lugar del holocausto que Dios le había mostrado. Dice, pues: "Vosotros quedaos aquí; yo y el niño iremos, y, cuando hayamos adorado, volveremos a vosotros". Dime, Abrahán, ¿dices la verdad a los criados cuando afirmas que vas a adorar y que volverás con el niño, o mientes? Si dices la verdad, no tienes intención de ofrecerlo en holocausto; si mientes, a un patriarca tan grande no le conviene mentir. Por tanto, ¿qué pretendes con esta frase? Digo la verdad, responde, y ofrezco al niño en holocausto; por eso, llevo conmigo la leña; pero vuelvo con él a vosotros, porque creo, y ésta es mi fe, "que Dios es poderoso para resucitarlo de entre los muertos". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 5.


22,6   Tomó Abrahán la leña del sacrificio


El hecho de que Isaac mismo lleve la leña para el holocausto es fihura de Cristo, que "llevó Él mismo la cruz", y, sin embargo, llevar la leña para el holocausto es oficio del sacerdote. Luego Él mismo viene a ser a la vez víctima y sacerdote. Pero también lo que sigue: "Y se fueron los dos juntos" hace alusión a este misterio; porque, mientras Abrahán se disponía a sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, Isaac no iba detrás de él, sino con él, para que se viese que también con él, a la par, desempeñaba la función sacerdotal. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 6.


22,7   ¿Dónde está el cordero para el sacrificio?


Mientras Abrahán se disponía a sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, Isaac no iba detrás de él, sino con él, para que se viese que también con él, a la par, desempeñaba la función sacerdotal. ¿Qué viene después? "Isaac dijo a su padre Abrahán, "Padre"". En este momento, la voz proferida por el hijo es la voz de la tentación. En efecto, ¿imaginas hasta qué punto haya estremecido con su voz las entrañas paternas el hijo que debía ser inmolado? Y aunque Abrahán, en virtud de la fe, estaba tan inflexible, sin embargo también él intercambió una palabra de afecto y respondió: "¿Qué hay, hijo?". Y él: "Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 6.


22,8   Dios proveerá el cordero


La respuesta de Abrahán, tan atenta y prudente, me conmueve. No sé lo que veía en espíritu, porque cuando dice: "Dios proveera el cordero", no lo hace aludiendo al presente, sino al futuro". Al hijo, que le pregunta por el presente, le responde con el futuro. En efecto, "el mismo Señor se proveerá el cordero" en Cristo, "porque la sabiduría misma se ha edificado una casa" y "Él se humilló a sí mismo hasta la muerte"; y encontrarás que todo lo que lees de Cristo sucedió no por necesidad, sino libremente. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 8, 6.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.170-176
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez