Agar e Ismael son expulsados


8El niño creció y dejaron de darle de mamar. Abrahán dio un gran banquete el día que dejaron de dar de mamar a Isaac. 9Pero Sara vio al hijo que Agar la egipcia había dado a Abrahán jugando con Isaac. 10Y dijo a Abrahán: "Expulsa a esa esclava y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa esclava con mi hijo Isaac". 11A Abrahán le desagradó mucho la petición respecto a su hijo. 12Pero Dios dijo a Abrahán: "No te desagrade lo del muchacho y su madre. Haz caso a Sara en todo lo que te dice, pues, por Isaac, una estirpe llevará tu nombre; 13también al hijo de la esclava lo constituiré en un gran pueblo, por ser descendencia tuya". 14Muy de mañana, Abrahán se levantó, tomó pan y un odre de agua, y se lo dio a Agar; se lo puso a la espalda con el niño y la despidió. Ella se marchó y anduvo errante por el desierto de Berseba. Génesis ( 21, 8-14).


21, 8   El niño creció y dejaron de darle de mamar


Aunque se busque en toda la Escritura, no encontrarás que en ningún lugar se diga de una persona injusta: "creció", "fue engrandecido". La bendición "creced y multiplicaos" solamente llega con bendiciones a los que son dignos de bendición. Esto significa también que el destete de Ismael no está descrito en ninguna parte; por eso, cuando tiene entorno a los veinte años, aún se le llama niño. Anónimo, Catena sobre el Génesis, 3, 1205.


21, 9   Jugando con Isaac


Sara se indigna de que el hijo de la esclava juegue con el hijo de la libre y piensa que aquel juego puede acarrearle la perdición. Por eso da este consejo a Abrahán: "Despide a esta criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de la criada con mi hijo Isaac".
No haré yo ahora el comentario de cómo deban entenderse estas cosas. El Apóstol lo ha explicado diciendo: "Decidme, vosotros, los que habéis leído la Ley, ¿no habéis oído la Ley? Se ha escrito que Abrahán tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre. El que nació de la esclava, nació según la carne; el que nació de la libre, en virtud de la promesa. Estas cosas son alegóricas". ¿Qué pues? ¿Isaac "no nació según la carne"? ¿No le parió Sara? ¿No fue circuncidado? ¿Cuando jugaba con Ismael, no jugaba en la carne? Esto es, en efecto, lo que resulta admirable en el pensamiento del Apóstol: que llame alegóricas a cosas que no se puede dudar que fueron hechas según la carne, para que aprendamos cómo debemos actuar en los demás casos, sobre todo en aquellos en los que la narración histórica no parece indicar nada digno de la ley divina.
Por consiguiente, Ismael, el hijo de la esclava, nace según la carne; Isaac, en cambio, que era hijo de la libre, no nace según la carne, sino según la promesa. Dice el Apóstol a propósito de esto, que "Agar engendró para la esclavitud" un pueblo carnal; Sara, en cambio, que era libre, engendró un pueblo que no es según la carne, sino que fue llamado en libertad, "libertad con la que Cristo lo liberó". Él mismo dijo, en efecto: "Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres".
Pero veamos qué añade en su exposición el Apóstol: "Mas como entonces, dice, el que es según la carne perseguía al que es según el espíritu, así también ahora". Ve cómo nos enseña el Apóstol que la carne se opone al espíritu en todo, sea que aquel pueblo carnal se oponga a este pueblo espiritual, sea que, también entre nosotros mismos, si todavía alguno es carnal, se oponga a los espirituales. Porque también tú, si vives según la carne y te comportas según la carne, eres hijo de Agar y, en consecuencia, te opones a los que viven según el espíritu. Y si indagamos en nuestro interior, encontramos "que la carne tiene apetencias contrarias al espíritu y el espíritu contrarias a la carne y que estos son antagónicos entre sí"; encontramos también "en nuestros miembros una ley que se opone a la ley de nuestra mente y que nos hace esclavos de la ley del pecado". ¿Ves cuán grandes son las batallas de la carne contra el espíritu?
Hay todavía otro combate, más violento quizá que todos estos, ya que los que entienden la ley según la carne se oponen a los que la entienden según el espíritu y los persiguen. ¿Por qué? Porque "el hombre animal no capta las cosas que son del Espíritu de Dios. Son para él una locura, y no las puede comprender, porque sólo el Espíritu puede juzgarlas". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 7, 2.


21, 10   Expulsa a esa esclava y a su hijo


Sin herencia. Así, Sara, que no había sido envidiosa en lo que a ella se refería, mostró envidia respecto a lo que concernía a su hijo. No fue envidiosa con Agar cuando ésta fue entregada a su esposo; sin embargo, puesto que se trataba de la promesa de Dios y el hijo de la concubina esperaba ser coheredero junto con el hijo de la mujer libre, Sara dijo: "Echa a la sierva y a su hijo, pues no es justo que el hijo de la sierva herede junto con el hijo de la promesa, al cual se le había prometido por parte de Dios. No has de oponerte a Dios dando una herencia a quien Dios no se la ha dado". Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 18, 2.


21, 11   A Abrahán le desagradó mucho la petición


La extraordinaria consideración del amor de Dios. Sara, no obstante, no actuó de modo inconveniente, sino de forma muy coherente, con tanta coherencia que incluso Dios corroboró las palabras pronunciadas por ella. El patriarca, que quería y sentía compasión por Ismael, aceptó de mal grado las palabras de Sara. "El comentario -dice- sobre su hijo le pareció duro a Abrahán". No sentía una estima especial por Agar, sin embargo experimentaba compasión por su hijo porque todavía era joven. Observa en este caso la extraordinaria consideración del Dios que ama. Cuando vio que Sara sufrió algo muy humano, que se irritó por la igual estima de los niños, y que Abrahán no llevó con sosiego la expulsión de Ismael y de la esclava (aunque no se opuso a Sara por su gran bondad, sin embargo, le pareció duro, es decir, le pareció cruel, desagradable y fatidioso), entonces, el Señor, fiel al amor que le caracteriza, y fortaleciendo la armonía entre ellos, dijo a Abrahán: "No te parezca duro lo que se te ha dicho acerca del niño y de la esclava. Escucha la voz de Sara en todo cuanto ella te diga". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 46, 1.


21, 12   Una estirpe llevará tu nombre

No aceptes -dice- de mal grado lo que se te dice a través de ella, sino que "escucha la voz de Sara en todo cuanto ella te diga". Todo lo que ahora te refiera acerca de Ismael y Agar, acéptalo y escucha su voz. No quieras dañar a la que durante todo este tiempo te ha mostrado tanto afecto, y no una vez, sino también una segunda, para salvarte de la muerte, ya que se entregó ella misma por tu salvación y fue para ti el fundamento de una prosperidad tan grande. En efecto, primero ella hizo que salieras de Egipto con tamaña riqueza, y después también ella fue la que hizo que fueses considerado digno de la estima de Abimélec. Por tanto, no permitas desear algo contrario a lo que ella diga, ya que no será de otra forma. Tú descendencia saldrá de Isaac, el nacido de ella, y éste será tu heredero. Dispondré que el hijo de la esclava crezca, lo convertiré en una gran nación porque es tu descendiente. Haz por tanto tuyas sus palabras y escucha su voz.
Reflexiona ahora en adelante cuán grande fue la paz y la armonía que hubo en su convivencia gracias a la bondad de Dios que fortaleció su vínculo. "Se levantó -dice- muy de mañana, y tomó pan y un odre de agua, y se lo dió a Agar, lo puso sobre sus hombros y también al niño, y la despidió". Observa una vez más la gran sensatez del justo, de suerte que en todo manifiesta su propósito divino. Cuando escuchó a Sara decir: "Echa a la esclava y a su hijo", le pareció terrible porque sentía afecto por Ismael. Ahora bien, cuando el Señor le dio una orden, al punto hizo lo mandado y se olvidó de su natural afecto. Cuando Él ordena -dice- apártense los demás sentimientos; después de todo el que ordena es el Señor de la naturaleza. "La esclava -dice- cogió el pan y el odre de agua y se fue con el niño". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 46, 2.


21, 14   Tomó pan y un odre de agua


La Iglesia bebe de las fuentes evangélicas. Veamos qué hace, entretanto, Abrahán, tras la indignación de Sara. Expulsa a la esclava y a su hijo; no obstante, les da un odre de agua; pues la madre no tiene un pozo de agua viva y el niño no podía sacar agua de un pozo. Isaac tiene los pozos, y por ellos sostiene luchas contra los filisteos; Ismael, por el contrario, bebe agua del odre, pero este odre, como odre que es, se vacía y por eso tiene sed y no encuentra un pozo.
Pero tú, que eres hijo "de la promesa según Isaac", "bebe las aguas de tus fuentes y [procura] que las aguas no salgan fuera de tus pozos, sino que tus aguas corran por tus plazas". "El que nació según la carne", sin embargo, bebe agua del odre y el agua misma acaba faltándole y le falta muchas veces. El odre es la letra de la Ley: de ella bebe aquel pueblo carnal, que de allí toma inteligencia. Con frecuencia le falta incluso esta letra y no puede explicarse; pues en muchos casos la interpretación histórica se presenta deficiente. La Iglesia, en cambio, bebe de las fuentes de los Evangelios y de los apóstoles, que no se agotan nunca, sino que corren por sus plazas, puesto que siempre abundan y fluyen en el dilatarse de la interpretación espiritual. Bebe también de los pozos cuando saca y escruta de la Ley cosas más profundas.
Yo pienso que, en aras de este misterio, nuestro Señor y Salvador decía a la Samaritana como si hablase con la misma Agar: "Todo el que beba de este agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás". Y ella dice al Salvador: "Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla". Después de esto, el Señor le dice: "El que cree en mí, habrá en él una fuente de agua que brota para la vida eterna". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 7, 5.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p. 159-165
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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