El nacimiento de Isaac


1El Señor visitó a Sara como había dicho, y le concedió lo que le había prometido. 2Sara concibió y dio un hijo a Abrahán en su vejez, en el plazo que Dios le había fijado. 3Abrahán puso por nombre Isaac al hijo que le había nacido, el que le había dado Sara. 4Y Abrahán circuncidó a su hijo Isaac cuando éste tenía ocho días, tal como Dios le había ordenado. 5Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. 6Entonces Sara dijo: "Dios me ha hecho reír; quienes lo oigan reirán conmigo" 7Y añadió: "¡Quién le diría a Abrahán que Sara iba a criar hijos! Pues yo le he dado un hijo en su vejez". Génesis ( 21, 1-7).


21, 2   Sara concibió y dio un hijo

Sara se convirtió en un símbolo de la Iglesia. ¿Quieres conocer el significado simbólico de su esterilidad? La Iglesia iba a engendrar una multitud de creyentes. Por tanto, a fin de que no pongas en duda cómo la que no tiene hijos, la que no ha dado fruto, la estéril haya dado a luz, la que era estéril por naturaleza se adelantó, preparó el camino a la esterilidad libremente elegida, y Sara se convirtió en figura de la Iglesia. De la misma forma que aquélla, pese a ser estéril, dio a luz en su vejez, así también ésta, aunque estéril, ha dado a luz en los tiempos finales. Juan Crisóstomo, Homilía sobre la paciencia.


21, 4   Abrahán circuncidó a su hijo Isaac


El Espíritu Santo nos enseña algo divino y de valor. Pidamos al Señor que, conforme a la palabra del Apóstol, tampoco en nosotros "recubra nuestro corazón un velo, cuando se lee a Moisés". Se ha leído, en efecto, que Abrahán engendró a su hijo Isaac cuando tenía cien años. "Y Sara dijo: ¿Quién anunciará a Abrahán que Sara amamanta a un niño?". Y entonces -dice- Abrahán circuncidó al niño al octavo día". 
¿Y qué? ¿Pensamos que el Espíritu Santo se ha propuesto escribir historias y contar cómo se destetó a un niño y se tuvo un banquete o cómo jugaba este niño y hacía otras cosas propias de la infancia? ¿O hay que pensar, más bien, que a través de estas cosas nos quiere enseñar algo divino y digno de ser aprendido por el género humano mediante las palabras de Dios?. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 7,1

21, 6   Dios me ha hecho reír

Un gozo infinito y grande. Isaac significa risa o alegría. ¿Quién es, por tanto, el que engendra semejante hijo? Seguramente aquel que decía de cuantos había engendrado mediante el Evangelio: "Vosotros sois mi alegría y mi corona de gloria". Por estos hijos, una vez destetados, se celebra un banquete y hay gran alegría, porque "ya no tienen necesidad de leche, sino de alimento sólido", y porque, supuesta su capacidad alimenticia "tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal". Para estos, cuando son destetados, se hace un gran banquete. Pero no puede ofrecerse un banquete ni tenerse alegría por aquellos de quienes dice el Apóstol: "Os di a beber leche y no alimento sólido, pues todavía no lo podíais soportar, ni aún lo soportáis al presente. Y no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo". Que nos digan los que quieren entender las Escrituras divinas a la letra qué significa: "No pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo, os di a beber leche, no alimento sólido". ¿Se pueden aceptar estas cosas en su literalidad? Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 7, 1.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.157-158
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Abimélec devuelve a Sara a Abrahán



8Muy de mañana, Abimélec se levantó, llamó a todos sus siervos, les contó todas estas cosas y los hombres se llenaron de miedo. 9Entonces Abimélec llamó a Abrahán y le dijo: "¿Qué nos has hecho? ¿En que te he ofendido para que me hayas expuesto a mí y a mi reino a un pecado tan grande? Me has hecho cosas que no se deben hacer". 10Y Abimélec preguntó a Abrahán: "¿Qué pretendías al obrar de esta forma?". 11Abrahán contestó: "Solamente pensé que no encontraría temor de Dios en este lugar, y que me matarían a causa de mi esposa. 12Además, es verdad que era mi hermana por parte de padre, pero no por parte de madre, cuando la tomé por esposa. 13Y cuando Dios me hizo salir errante de casa de mi padre, le dije a ella: "Vas a hacerme este favor: en todos los lugares a los que vayas dirás que soy tu hermano". 14Entonces Abimélec tomó ovejas, vacas, siervos y siervas, y se los dio a Abrahán; también le devolvió a Sara su mujer. 15Y dijo Abimélec: "Aquí tienes mi tierra ante ti, habita donde mejor te parezca". 16Y le dijo a Sara: "Mira, le he dado a tu hermano mil monedas de plata, y esto te servirá de resarcimiento ante los ojos de todos los que están contigo, de modo que se te haga absoluta justicia". 17Abrahán oró a Dios, y Dios curó a Abimélec, a su esposa y a sus esclavas, quienes, entonces, pudieron tener hijos; 18pues el Señor había cerrado el vientre de todas ellas en casa de Abimélec a causa de Sara, mujer de Abrahán. Génesis ( 20, 8-18).


20, 8   Los hombres se llenaron de miedo


¿Ves cómo el justo no cambió de lugar en vano o sin motivo? Si hubiera permanecido en su anterior campamento, ¿cómo hubieran podido conocer los habitantes de Guerar cuán grande era el favor de Dios del que disfrutaba este justo? "Todos los hombres estaban muy asustados". Un gran temor les sobrevino, se angustiaban por todo. "Entonces -dice- Abimélec llamó a Abrahán". Considera con qué notoriedad el justo es conducido ante el rey cuando, poco antes, había sido considerado por todos como despreciable, como un bagabundo y extraño. Cuando estaban reunidos, sin saber lo que había ocurrido, es llamado el patriarca. Entonces conoce por el rey en persona lo que, gracias a él, le había sucedido por parte de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 45, 4.


20, 9   Abimélec llamó a Abrahán


¿Por qué -pregunta- quisiste arrojarme a un pecado tan grande? ¿Por qué y qué intención tenías? Observa cómo pone de relieve en sus palabras la amenaza de Dios lanzada contra él. Le había dicho: "Si no la devuelves, morirás tú y todo lo tuyo"; por eso Abimélec, al comprenderlo dice: "¿Qué ofensa cometí contra ti para que hayas acarreado contra mí y contra mi reino un pecado tan grande?". ¿Acaso el alcance del castigo no podía detenerse en mí? Todo mi reino iba a ser destruido completamente por el engaño que urdiste. ¿Qué pretendías al obrar así? Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 45, 4.


20,11   Me matarían a causa de mi esposa


Observa en este punto, querido, el propósito del justo, cómo, al tiempo que se defiende, les proporciona una enseñanza sobre el conocimiento de Dios. "Me dije: sin duda en este lugar no hay temor de Dios, y me matarán a causa de mi mujer". Estaba angustiado -dice- pensando que, debido a tu ignorancia, no respetarías la justicia; por ello supuse que cuando descubrieses que era mi esposa querrías matarme para satisfacer tu concupiscencia. Por eso actué de esa forma. Observa cómo en pocas palabras, al tiempo que les reprende, también les enseña que quien tiene a Dios en su mente por encima de todo, no debe cometer nada injusto, sino temer a ese ojo que no duerme, y en vista del severo juicio que nos espera del Señor, manifestar respeto por la justicia. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 45, 4.


20,12   Era mi hermana por parte de padre


A continuación, deseoso de defenderse, dijo: "No creáis que os mentí. También es mi hermana por parte de padre, aunque no por parte de madre, y se convirtió en mi mujer". Tiene el mismo padre que yo, de ahí que se llamara mi hermana. No me acuséis por tanto. El miedo a la muerte me condujo a esa necesidad, también el temor a que por ella me matarais a mí pero la salvarais a ella; aun así, lo que dije no era mentira. Observa qué esfuerzo hace el justo para aclarar que ni siquiera en ese asunto había mentido. Y con el fin de que lo conozcáis todo por mí con exactitud, escuchad el plan que entre nosotros urdimos "cuando Dios me sacó de la casa de mi padre". Observa en este punto la gran sabiduría del justo, cómo en el curso de la conversación les enseña que desde el principio y desde los comienzos él es de los que han tenido a Dios en su vida, que Dios mismo fue quien lo había sacado de su hogar y lo había conducido allí para que el rey conociera que él es de los que tienen puesta su confianza en Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis 45, 4.


20,15   Aquí tienes mi tierra ante ti


Dios entrega estas cosas a los que se esfuerzan audazmente. ¿Ves, querido, la ingeniosa sabiduría de Dios? El que estaba temeroso ante la muerte e hizo todo para poder evitarla, no sólo escapó a ésta, sino que también fue considerado digno de tener gran confianza y fue conocido por todos. Así hace las cosas Dios. Libera de la adversidad a los que se esfuerzan por resistir valientemente ante las pruebas que les sobrevienen, y además proporciona tal alegría en la misma adversidad, que llegamos a olvidarnos por completo y nos encontramos en gran abundancia de bienes. Observa ahora el cuidado del rey para con el justo. Le honra con todos esos regalos y además le da el derecho de habitar la tierra. "He aquí -dice- que mi tierra está ante ti. Habita donde te plazca". Efectivamente, cuando supo que gracias a él y a sus oraciones la vida le había sido perdonada, estaba ansioso por prodigarle cuidados como a un benefactor y protector, a él que era un extraño, un bagabundo, alguien completamente desconocido. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 45, 4.


20,17   Abrahán oró a Dios, y Dios curó a Abimélec


Abrahán desea compartir la virtud divina. Y no me parece ocioso que se haya hecho mención no sólo de la mujer, sino también de las concubinas de Abimélec, sobre todo en el pasaje que dice: "Dios le curó y parían; pues las había hecho estériles para que no pariesen". Por cuanto podemos comprender en pasajes tan difíciles, pensamos que pueda tenerse por mujer de Abimélec a la filosofía natural y por concubinas suyas a los comentarios de la dialéctica, variados y diversos según las escuelas.
Entretanto, Abrahán desea impartir también a los gentiles el don de la virtud divina, pero aún no es tiempo de que la gracia de Dios pase del primer pueblo a los gentiles. El mismo Apóstol, aunque bajo otra imagen y figura, dice a este propósito: "La mujer está ligada a la ley mientras vive su marido; pero si el marido muere, se ve libre de la ley, de modo que ya no es adúltera si se casa con otro hombre". Es preciso, pues, que primero muera la Ley de la letra para que así el alma, libre al fin, se despose ahora con el espíritu y obtenga el matrimonio del Nuevo Testamento. En efecto, el tiempo en que ahora vivimos es el tiempo de la llamada de los gentiles y de la muerte de la Ley, para que las almas libres, ya desligadas de la ley del marido, puedan desposarse con Cristo, el nuevo marido.
Y si quieres saber en qué radica la muerte de la ley, considera y examina dónde están ahora los sacrificios, dónde el altar, dónde el templo, dónde las purificaciones, dónde la solemnidad de la Pascua. ¿No ha muerto la Ley en todas estas cosas? O, si pueden, guarden la letra de la Ley estos amigos y defensores de la letra.
Luego, según este tipo de alegoría, el faraón, es decir, el hombre inmundo y exterminador, no podía recibir en absoluto a Sara, esto es, a la virtud. En cambio, Abimélec, es decir, el que vivía pura y filosóficamente, la podía recibir porque la buscaba "con un corazón puro", pero "aún no había llegado el tiempo". Por eso la virtud permanece junto a Abrahán, permanece en la circuncisión, hasta que llegue el tiempo en que, en Jesucristo nuestro Señor, en él que "habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente", la virtud íntegra y perfecta pase a la Iglesia de los gentiles.
Entonces, tanto la casa de Abimélec como sus concubinas -esas que el Señor había hecho estériles- parirán hijos para la Iglesia. Pues éste es el tiempo en el que da a luz la estéril y en el que "los hijos de la abandonada son más numerosos que los de la casada". En efecto, el Señor ha abierto la matriz de la estéril y ésta se ha hecho fecunda hasta el punto de dar a luz un pueblo "de una sola vez". Pero también los santos gritan y dicen: "Señor, por temor a ti hemos concebido en el vientre y hemos parido, hemos difundido el espíritu de tu salvación por la tierra". Y el mismo Pablo dice de modo semejante: "Hijitos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros".
Luego estos son los hijos que pare y engendra toda la Iglesia de Dios; pues "el que siembra en la carne, de la carne cosechará la corrupción". Pero los hijos del Espíritu son aquellos de quienes dice el Apóstol: "La mujer se salvará por la generación de los hijos, si estos permanecen en la fe y en la castidad".
Por tanto, que la Iglesia de Dios entienda así los partos y las generaciones; que eleve así, con una conveniente y honorable interpretación, las gestas de los patriarcas; que no corrompa con vacías fábulas judaicas las palabras del Espíritu Santo, sino que les otorgue un sentido lleno de honor, de virtud y de utilidad. De lo contrario, ¿qué edificación podríamos obtener de una lectura que narra que Abrahán, un patriarca tan grande, no sólo mintió al rey Abimélec, sino que le entregó el pudor de su esposa? ¿En qué podría edificarnos la mujer de tan gran patriarca, si la consideramos expuesta a contactos impuros por la connivencia de su marido? Que estas cosas las piensen los judíos y los que, con ellos -si los hay-, son amigos de la letra y no del espíritu.
Pero nosotros, asociando "realidades espirituales a realidades espirituales", hagámonos espirituales de obra y de pensamiento en Cristo Jesús, Señor nuestro, "al cual sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 6, 3.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2,  p.152-156
Director de la edición en castellano 
Marcelo Merino Rodríguez

Abrahán y Sara en Guerar


1Abrahán se trasladó desde allí a la región del Négueb, y se estableció entre Cadés y Sur; luego fue a habitar a Guerar. 2Y decía Abrahán de Sara, su mujer: "Ésta es mi hermana". Entonces Abimélec rey de Guerar mandó a buscar a Sara y la tomó para sí. 3Pero por la noche Dios se presentó a Abimélec en un sueño y le dijo: "Vas a morir a causa de la mujer que has tomado para ti, pues es una mujer casada". 4Sin embargo, Abimélec, que no se había acercado a ella, respondió: "Mi Señor, ¿es que vas ha matar también al inocente? 5¿Acaso él no me dijo que era su hermana, y ella misma confirmó que él era su hermano? Yo lo hice con rectitud de corazón y manos inocentes". 6Dios le contestó en el sueño: "También sé que hiciste esto con rectitud de corazón, y yo mismo te he impedido pecar contra mí; por eso no te he permitido tocarla. 7Ahora devuelve la esposa a su marido; él es un profeta y rezará por ti y vivirás; pero si no se la devuelves, ten por seguro que morirás, tú y todos los tuyos". Genesis (20, 1-7).

20,1   Abrahán se trasladó desde allí a la región del Négueb


Nos ha sido proclamado el relato del libro del Génesis en el que se refiere que, después de la visión de los tres hombres, después de la ruina de los sodomitas y de la salvación de Lot, ya sea debido al mérito de su hospitalidad, ya sea por razón de su parentesco con Abrahán, "Abrahán partió de allí al país del Négueb y llegó hasta el rey de los filisteos". Se cuenta también que se puso de acuerdo con su mujer, Sara, para que no dijese que era la mujer de Abrahán, sino su hermana, y que el rey Abimélec la tomó para desposarla, pero Dios entró por la noche hasta donde estaba Abimélec y le dijo: puesto que tú no has tocado a esta mujer y yo no te he permitido tocarla..., y lo demás. Tras esto, Abimélec la devolvió a su marido, incrépando al mismo tiempo a Abrahán por no haberle confesado la verdad. Se dice todavía que Abrahán, como profeta, rogó por Abimélec y "el Señor curó a Abimélec y a su mujer y a sus concubinas". El Dios todopoderoso tuvo cuidado de sanar también a las concubinas de Abimélec, "ya que había cerrado -dice la Escritura- sus matrices para que no pariesen". Pero rompieron a parir gracias a la intercesión de Abrahán.
Si uno quiere oír y entender estas cosas sólo en su significado literal, debe ponerse a la escucha de los judíos más que de los cristianos; pero si quiere ser cristiano y discípulo de Pablo, óigale decir que "la Ley es espiritual" y, cuando habla de Abrahán, de su mujer y de sus hijos, escúchelo declarar que estas cosas son alegóricas; y si cualquiera de nosotros no puede descubrir con facilidad de qué tipo de alegoría se trata, ore para que "sea descorrido el velo de su corazón, si hay quien se esfuerza por convertirse al Señor", "porque el Señor es Espíritu"; que él mismo quite el velo de la letra y abra la luz espiritual y así podamos decir que "contemplando a rostro descubierto la gloria del Señor, seamos transformados por la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu de Señor". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 6, 1.


20, 2    Ésta es mi hermana


Sara representa la virtud del alma. Yo pienso, por tato, que Sara, cuyo nombre significa príncipe o el que tiene el principado, es figura de la aretés, es decir, de la virtud del alma. Esta virtud está unida y vinculada a un hombre sabio y fiel como aquel que decía de la sabiduría: "He intentado tenerla por esposa". Por eso, Dios dice a Abrahán: "En todo lo que Sara te diga, hazle caso". Esta palabra, desde que Dios, dirigiéndose a la mujer, ha dicho a propósito del marido: "Hacia él irá tu apetencia y él te dominará", no puede convenir a la unión carnal. Si, pues, la Escritura dice que el hombre es señor de la mujer, ¿cómo puede decirle de nuevo al varón: "En todo lo que Sara te diga, hazle caso? Por consiguiente, si alguno ha tomado la virtud como esposa, hagále caso en todo aquello en que le dé consejo.
Así pues, Abrahán no quiere ya que a la virtud se la llame su mujer, porque mientras se le da este nombre la virtud es propia y no puede ser compartida con ningún otro. Es conveniente, además, que, hasta que no lleguemos a la perfección, la virtud del alma permanezca dentro de nosotros y sea propia; pero, llegados a la perfección y teniendo ya idoneidad para enseñar a otros, no debemos mantener encerrada a la virtud en el seno como si se tratase de la esposa, sino que, como hermana, hemos de darla en matrimonio a otros que la deseen. Así, a estos que son perfectos les dirá la palabra divina: "Di que la sabiduría es tu hermana". Como perfecto que es ya, permite que el que quiera posea la virtud.
Sin embargo, también el faraón quiso en cierto modo tomar a Sara, pero no lo quiso con el corazón puro. Y la virtud no puede convenir más que con la pureza de corazón. Por eso, refiere la Escritura que, "el Señor afligió al faraón con grandes y terribles aflicciones", porque la virtud no podía habitar con el Exterminador, así, en efecto, se traduce "faraón" en nuestra lengua. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 6, 1-2.


20, 4    Abimélec no se había acercado a ella


Un regalo en verdad divino. La expresión "no se había acercado" se dice con énfasis, lo mismo que aquella otra "no es bueno al hombre tocar a una mujer", ni mirar o tocar a una mujer, excepto por la unión matrimonial u otro afecto. Por supuesto, Dios no permitió a Abimélec que tocara a Sara, aunque quizás también todo lo que siente sea igualmente sublime. En verdad esto es un regalo de Dios. Orígenes, Selecciones sobre el Génesis, 6, 2.


20, 5   Lo hice con rectitud de corazón y manos inocentes

 En la integridad de mi corazón. Pero veamos lo que dice Abimélec al Señor: "Tú sabes, Señor, que he hecho esto con un corazón puro". Este Abimélec se comporta de manera muy distinta al faraón. No es tan inexperto e innoble, sino que sabe que a la virtud hay que prepararle un corazón puro. Y porque quiso acoger la virtud con un corazón puro. Dios le cura gracias a la oración que Abrahán hizo por él. Y no sólo le cura a él, sino también a sus concubinas. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 6, 2.


20, 6    Yo mismo te he impedido pecar contra mí


Abimélec representa al hombre estudioso y sabio. ¿Qué quiere decir, sin embargo, lo que añade la Escritura: "Y el Señor no le permitió tocarla"? Si Sara es figura de la virtud y Abimélec quiso tomar la virtud con un corazón puro, ¿qué quiere decir que el Señor no le permitió tocarla?.
Abimélec significa "mi padre es rey". Me parece, pues, que aquí Abimeléc es figura de los estudiosos y sabios del mundo que, dedicándose a la filosofía, y aún sin llegar a alcanzar una íntegra y perfecta regla de piedad, piensan no obstante que Dios es Padre y rey de todas las cosas, es decir, el que las ha engendrado y las gobierna todas. Se reconoce, además, que éstos, por lo que atañe a la ética, es decir, a la filosofía moral, se han dedicado hasta cierto punto también a la pureza de corazón y han buscado con todo empeño y con toda el alma la inspiración de la divina virtud. Pero Dios no les permitió tocarla. Esta gracia, en efecto, estaba preparada para ser entegrada a los gentiles por medio de Abrahán, que, aun siendo grande, era sin embargo siervo por medio de Cristo. Por eso, aunque Abrahán se apresuraba a cumplir por medio de sí y en sí lo que le había sido dicho: "En ti serán benditas todas las gentes", con todo, la promesa le viene hecha en Isaac, esto es, en Cristo, como dice el Apóstol: "No dije: y a los descendientes, como si fueran muchos, sino como si fuera uno, y a tu descendencia, que es Cristo". Sin embargo, "el Señor cura a Abimélec, a su mujer y a sus concubinas". Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 6, 2.


20, 7   Devuelve la esposa a su marido


Por qué el Señor impuso esta sanción. Aunque el rey estaba libre de pecado, el bondadoso Señor le infligió esta pena para responder a las oraciones de aquel hombre justo [Abrahán] y resolver así el problema, haciendo al justo más célebre y conocido por todos. Efectivamente, cuanto siempre hace y dispone, lo realiza de tal modo que a quienes le sirven los hace brillar como lámparas y en todo manifiesta con claridad su virtud. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 45, 5.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2, p. 148-152
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez