Dos ángeles visitan a Lot


1Los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer; Lot estaba sentado a la puerta de la ciudad. Cuando Lot los vio, se levantó, salió a su encuentro y los adoró rostro en tierra. 2Les dijo: "Por favor, señores míos, venid a casa de vuestro siervo, pasad la noche, y lavaos los pies; así podréis madrugar y seguir vuestro camino". Le contestaron: "No. Pasaremos la noche en la plaza". 3Él les insistió tanto que se fueron con él y entraron en su casa; les preparó un banquete, coció panes ácimos y comieron. 4Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, hombres de Sodoma, tanto jóvenes como viejos, todo el pueblo a la vez, rodearon la casa. 5Llamaron a Lot y le preguntaron: "¿Dónde están los hombres que entraron anoche en tu casa? Sácanoslos para que los conozcamos". 6Lot salió hacia ellos a la entrada y cerró la puerta tras él. 7Les dijo: "Por favor, hermanos míos, no cometáis tal maldad. 8Mirad, tengo dos hijas que aún no han conocido varón, voy a sacároslas y haced con ellas lo que queráis; ahora bien, a estos hombres no les hagáis nada, puesto que se han cobijado bajo mi techo". 9Le contestaron: "¡Quítate de ahí!". Y añadieron: "¿Uno que ha venido como extranjero quiere hacer de juez? Ahora te trataremos a ti peor que a ellos". Y empujaron violentamente a Lot de tal modo que estaba a punto de derribar la puerta. 10Pero los hombres alargaron la mano, metieron a Lot junto a ellos dentro de la casa y cerraron la puerta. 11Y deslumbraron a los que estaban a la entrada de la casa, tanto pequeños como mayores, de forma que no conseguían encontrar la entrada. Génesis (19, 1-11).

19,1   Dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer

Vinieron hasta Abrahán "tres varones" y "a mediodía"; en cambio, a Sodoma "dos ángeles, al atardecer". Las cosas buenas se asemejan a la luz, mientras que las malas al atardecer, puesto que el sol de justicia se encuentra sobre aquéllas. En efecto, la noche es oscuridad y castigo de los impíos, en cambio "los justos brillan como la luz". Así como cuando se anuncia algo bueno está presente el Señor, también cuando se anuncia un castigo no aparece personalmente; se manifiesta cuando los hombres tienen experiencias buenas, convirtiéndose en placer para ellos, puesto que eligen actuar bien en aquellas cosas; en cambio, al no desear los castigos, pero infligiéndolos por necesidad, se sirve de subordinados. Teodoro de Mopsuestia, Catena sobre el Génesis, 3, 1110.


19,2   Venid a casa de vuestro siervo


"Al verlos -dice- se levantó para recibirlos y postró su rostro en tierra". Agradeció a Dios haber sido considerado digno de acoger a los visitantes. Observa la virtud de su alma. Consideró una gran bondad de parte de Dios el encontrarse con estos hombres y dar cumplimiento a su deseo con la acogida que les dispensó. No me digas que porque eran ángeles ; piensa, por el contrario, que este justo todavía no lo sabía, sino que su situación era la siguiente: como si hubiera acogido a los hombres que estaban de paso y fuesen unos desconocidos. Y dijo: "Vamos, señores, deténganse en casa de su siervo, descansen, laven sus pies, y levantados temprano, reanuden su camino". Estas palabras son suficientes para descubrir la virtud que anidaba en el alma del justo. ¿Por qué alguien se asombraría ante tan extraordinaria humildad y calidez que manifestó en su hospitalidad? "Vamos, señores, deténganse en casa de su siervo". A ellos los llama señores y a sí mismo se denomina siervo. Escuchemos, queridos, estas palabras con atención, y aprendamos también nosotros a poner en práctica esto mismo. Éste, que gozaba de reputación y era conocido por todos, que disfrutaba de gran prosperidad, el señor de la casa, a los viajeros, extraños, desconocidos, a los en apariencia personas sencillas, que estaban de paso, que no pertenecían a su familia, los llama señores y les dice: "Deténganse en casa de su siervo y descansen". La tarde ha caído -dice-. Háganme caso, y alivien la dureza del día descansando en la casa de su siervo. ¿Les ofrezco, acaso, algo especial? Laven sus pies cansados por el viaje, y levantados temprano, reanuden su viaje. Acepten este favor y no rehúsen mi ruego. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 43, 2.


19,3   Se fueron con él y entraron a su casa

Cuando vio que se resistían y que querían quedarse en la calle (los ángeles lo hicieron deseosos de manifestar más claramente la virtud del justo y de enseñarnos a todos nosotros cuán grande era su hospitalidad), entonces él no se contentó con rogarles con palabras, sino que, incluso, añadió la fuerza. De ahí que también Cristo dijera: "Los violentos arrebatan el reino de los cielos"... "Les forzó" dice el texto. Me parece que los condujo contra su voluntad. Cuando vieron que el justo se tomaba esta molestia y que no desistía sin antes conseguir aquello en lo que estaba empeñado, "se volvieron a él -dice- y entraron en su casa". Les preparó un banquete, coció pan ácimo para ellos, y comieron antes de acostarse. ¿Ves en este punto que la hospitalidad se manifiesta, no en un lujo excesivo en los alimentos, sino en su generosa actitud? Efectivamente, tan pronto como pudo hacerles entrar en su casa, evidenció su hospitalidad. Puso esmero en cuidarlos, preparó comida y dio muestras de todo respeto y atención a los visitantes, aunque creía que estos hombres eran unos simples viajeros. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 43, 3.

19,9   Empujaron violentamente a Lot

La costumbre de cometer injusticias contra los hombres llevó a los sodomitas a la violencia frente a los ángeles; igualmente la impiedad contra los profetas llevó a los judíos a la muerte de Cristo. La costumbre malvada es perjudicial y funesta, aunque no en el momento. Anónimo, Catena sobre el Génesis, 3, 1122.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2, p. 136-139
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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