La promesa de un hijo


15También dijo Dios a Abrahán: "Saray, tu mujer, no se llamará más Saray, sino que su nombre será Sara. 16La bendeciré y también de ella te daré un hijo; la bendeciré haré de ella pueblos, y de ella saldrán reyes de naciones". 17Abrahán cayó rostro en tierra y se sonrió diciendo para sí: "¿Acaso un hombre centenario puede tener un hijo, y Sara, con noventa años, puede dar a luz?". 18Y Abrahán respondió a Dios: "Me bastaría con que Ismael viviera en tu presencia". 19Dios le replicó: "Sin embargo, es Sara, tu mujer, la que va a darte un hijo; y le pondrás por nombre Isaac y estableceré mi alianza perpetua con él, y con su descendencia futura. 20En cuanto a Ismael, te he escuchado. Mira, le bendeciré, le haré crecer y le multiplicaré en gran manera; engendrará doce príncipes y haré de él un gran pueblo". Génesis ( 17, 15-21 ).

17, 15   Su nombre será Sara 

La madre de todas las buenas creyentes. "Saray, tu mujer, no se llamará más Saray; sino que su nombre será Sara", es decir, no la llamarás "mi guía" sino "guía", enseñando claramente que la que es hecha compañera y partícipe de una fe tan grande, no es propiamente guía de su casa, sino guía de forma absoluta; osea, que se la ha de comprender y llamar pariente de todas las mujeres que creen rectamente. Por eso, el apóstol san Pedro, exhortando a las mujeres creyentes de esas naciones a la virtud de la humildad, de la castidad y de la modestia, recordó con la debida alabanza a nuestra madre Sara: "Así Sara obedeció a Abrahán, llamándolo "señor". De ellas sois hijas cuando obráis el bien sin inquietaros por ningún temor". Beda, Homilías sobre los Evangelios, 1, 11.


17, 16   Te multiplicaré enormemente


Saray quiere decir "princesa mía", porque ella fue la cabeza de familia de una sola casa. Con el tiempo, alterado su nombre con la pérdida de la -y final, se empezó a decir Sara, esto es "princesa". Justamente ella iba a ser la princesa que daría origen a todos aquellos pueblos tal y como Dios le había prometido a Abrahán. Isidoro Etimologías, 7, 6, 29.


17, 17   Abrahán cayó rostro en tierra y se sonrió

Pero [Abrahán] no dudó en absoluto con esa risa, ya que mostró su amor por Ismael con lo que dijo, puesto que durante veinticinco años había permanecido firme en esta esperanza. Había mostrado su fe en ello durante todas las revelaciones que le habían sobrevenido; es decir, a pesar de que fue grande su lucha con la esterilidad, manifestó la victoria de su fe. Y cuando la vejez se añadió a la esterilidad, él sonrió en su corazón. Le resultaba maravilloso que Dios le hiciera estas dos cosas. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 14, 2.


El progenitor de todos los creyentes. Conviene, pues, considerar que Abrahán era incircunciso cuando Dios lo llamó, y que era todavía incunciso cuando le fue prometido un hijo legítimo como herencia. Estás invitado a creer que él no es padre exclusivamente de los judíos, como ellos afirman, sino progenitor, según la fe, de todos los creyentes. Sara también, con la adición de una letra a su nombre, antes de la circuncisión de su marido es bendecida con un don no pequeño, ya que obtiene el primado de la virtud y de la gracia. Dios promete que de ella tendrán su origen naciones y reyes de los pueblos, para que en ella esté representada la figura no de la Sinagoga, sino de la Iglesia. El hecho de que Abrahán riese ante la promesa de tener un hijo de ella no fue expresión de incredulidad, sino de gozo. En efecto, "cayó rostro en tierra" -en adoración y creyó- y añadió: "¿Me nacerá un hijo a los cien años y Sara dará a luz a los noventa?". Y dijo: "¡Que este Ismael viva en tu presencia!". No es incrédulo respecto a las promesas ni avaro en los deseos. Es decir: "No dudo que darás un hijo a un viejo de cien años, y que como autor de la naturaleza, dilates los límites de la naturaleza. Bienaventurado aquel a quien  se le dan estas cosas, pero también este Ismael, que he recibido de la esclava nacida en casa, vivirá en tu presencia". Y así el Señor aprobó su sentimiento, no rechazó la petición y confirmó sus promesas. Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 4, 31.


Se maravilló. No prorrumpió en risas como quien no tiene fe, como alguno podría creer, sino que se regocijó después de haber creído. "Prorrumpió en risas" está puesto en el lugar de "se regocijó", lo mismo que en los evangelios. Por eso cayó de hinojos y se maravilló en su corazón. Cirilo de Alejandría, Sobre el Génesis, 3, 1038.


17, 9   Isaac


Cada persona es Isaac. Fue Dios quien primero ordenó designar con este nombre a Isaac, que es sinónimo, según la profecía, de la risa dichosa que vino después del llanto. Y así graciosamente podrás decir que todo el obtiene la promesa "se reirá", es Isaac. Anónimo, Catena sobre el Génesis, 3, 1041.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2, p. 117-119
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez.

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