Sara y Agar


1Saray, esposa de Abrán, no le había dado hijos, pero tenía una esclava egipcia llamada Agar. 2Saray dijo a Abrán: "Mira, el Señor me ha hecho estéril, acércate por favor a mi esclava, y quizá tenga hijos de ella. Abrán asintió al ruego de Saray. 3Cuando Abrán llevaba diez años asentado en la tierra de Canaán , Saray, esposa de Abrán, tomó a su esclava egipcia Agar, y se la dio por esposa a su marido Abrán. 4El se acercó a Agar, ésta concibió, y, al ver que había concebido, miraba con desprecio a su Señora. 5Entonces dijo Saray a Abrán: "Recaiga sobre ti mi agravio; yo puse en tus brazos a mi esclava, y ella cuando ha visto que está encinta, me mira con desprecio. Que el Señor juzgue entre tú y yo". 6Abrán respondió a Saray: "Ahí tienes a tu esclava a tu disposición, haz con ella lo que te parezca mejor". Entonces Saray la maltrató; y ella huyó de su lado. ( Genesis 16, 1-6 ).

Una orientación radicalmente novedosa es también la interpretación alegórica que realiza Pablo entorno a la historia de Sara y Agar ( Gn 16, 21 ) en Ga 4, 21- 5, 1. Aquí se interpreta que Agar simboliza la alianza de la servidumbre, la Ley, mientras que Sara simboliza la alianza de la libertad. "El hijo de la esclava nació según la carne; el hijo de la libre, en virtud de la promesa". Pablo afirma explícitamente que "esto tiene un sentido alegórico", y explica que Agar representa al monte Sinaí en Arabia ( el lugar donde se promulgó la Ley ) y que asímismo se corresponde con la actual ciudad de Jerusalén, es decir, el centro del judaísmo. Sara, por el contrario, se refiere a la "Jerusalén celestial". Se halla implícita la idea de que la "Jerusalén celestial" ha sido revelada por medio de la resurrección de Jesús. Pablo concluye que los gálatas son hijos de la promesa, lo mismo que Isaac, y que son perseguidos por los nacidos según la carne, como en los tiempos de Isaac e Ismael. En prueba de esto, él cita Gn 21, 10: "Expulsa a la exclava y a su hijo, pues no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre" ( Ga 4, 30). Introducción, p. 22


16, 2   Acércate por favor a mi esclava


El Apóstol, sirviéndose de la regla de la alegoría, interpretó las dos mujeres como los dos testamentos. Más puesto que también la letra se ha realizado, merece que también la consideremos. Los santos no cohabitan para buscar el placer sino por los hijos. En efecto, acerca de éstos hay una tradición que dice que sólo tenían relaciones con sus mujeres cuando estaban preparadas para concebir y que no tenían relaciones cuando estaban criando o dando el pecho al recién nacido ni cuando estaban encintas, porque pensaban que ninguno de estos períodos era apto para las relaciones. Jacob confirma también la tradición. Habiendo probado durante mucho tiempo que Raquel no podía tener hijos, ya no se acercaba a ella, pero ella, pensando que si se le acercaba, ella podría tener hijos, le dijo: "O me das hijos o mátame". No ignoraba que Jacob no era el creador, pero le pedía tener relaciones como si el santo hubiera dejado de acercársele por la causa dicha, por no trabajar inútilmente. Él le respondió: "¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha privado del fruto del seno?".
Y Sara, que rea sabia y santa, viendo durante mucho tiempo que a pesar de las relaciones no concebía en su vientre, cortó las relaciones con él y, como sabía que lo normal era que él tuviera un hijo, le dio a su esclava como concubina. El buen juicio y juntamente la ausencia de celos de Sara y la impasibilidad de Abrahán muestran que eligió esto por su mujer y no por propio impulso, sino cediendo por egendrar hijos. Así pues, también la letra es útil, según hemos expuesto. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 235.


16, 3-4   Él se acercó a Agar


Abrahán prefirió la relación con la esclava al lecho conyugal, no porque estuviese iflamado por el ardor de una pasión desenfrenada ni porque fuese vencido por la seducción de una belleza provocadora, sino por el deseo de procurarse una posteridad y perpetuar la descendencia. Después del diluvio, el género humano era todavía numéricamente escaso; de ahí también que hubiese una obligación moral que nadie rehusase dar a la naturaleza lo que le era debido. En fin, las hijas del santo Lot, por esta causa, buscaron una descendencia para que no se extinguiera el género humano. Por esto, el mérito de haber cumplido un deber hacia la colectividad, excusó la culpa individual. Y no queda si significado que la mujer sea presentada  como instigadora del hecho, en el sentido de exculpar al marido, para no hacer creer que él había sido arrastrado por un rapto de locura, y al mismo tiempo para que las mujeres aprendan a amar a sus maridos, a no dejarse atormentar por las vanas sospechas de infidelidad y a no detestar a los hijastros cuando ellas mismas no han tenido hijos. A quella mujer extraordinaria deseaba hacerse perdonar la propia esterilidad por el marido, y queriendo evitar que por su causa el marido no pudiese tener hijos, le persuade para que se acerque a la esclava. Más tarde, Lía y Raquel hicieron lo mismo. Aprende, oh mujer, a deponer los celos, que frecuentemente incitan a la mujer a la locura. Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 4, 24.


16, 5   Recaiga sobre ti mi agravio


Las palabras "de ti" se pueden comprender ya sea en el sentido de "de tu parte" o en el de "a partir del momento en que". La interpretación "de tu parte" significaría lo siguiente: cuando uno, queriendo usar de los ejercicios preparatorios para la adquisición de la virtud y de la sabiduría perfecta, permanece en ellos, en cierto modo comete una injusticia contra la virtud, porque no ha usado como conviene de lo que la precede. La interpretación "a partir del momento en que" recibirá el mismo sentido, y es la única diferencia, como dijimos, que realmente se desprecia la virtud cuando no se quiere tener hijos más que de las ciencias introductorias y uno se pone esto como objetivo. Dídimo el Ciego, Comentario al Génesis, 240.


16, 6   Ella huyó de su lado

En cuanto al sentido literal, el texto presenta la impasibilidad del patriarca que había recibido de su mujer la escalva sin buscar el placer y ahora se la entrega y la deja cuando ella quiere. En cuanto al sentido espiritual, el hombre virtuoso, aunque se halle a nivel incipiente, como no es totalmente extraño a la virtud, recibe con gusto sus reproches y se aparta más rápidamente de las pequeñas cosas, como quien se somete a ella y sigue sus indicaciones para usar de los ejercicios preparatorios y dejándole el control. Como quiere tomarla como objeto de sus palabras, acciones y pensamientos, acepta sus reprensiones con prontitud. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 241.


LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 22, 98-103
DIRECTOR DE LA EDICIÓN EN CASTELLANO
Marcelo Merino Rodríguez

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