La promesa a Abrahán y el cambio de nombre


1Tenía Abrán noventa y nueve años cuando el Señor se le manifestó y le dijo: "Yo soy El-Saday, camina en mi presencia y sé perfecto. 2Estableceré mi alianza contigo, y te multiplicaré sobremanera". 3Abrán cayó rostro en tierra, y Dios continuó diciéndole: "4Ésta es mi alianza contigo: Serás padre de multitud de pueblos. 5No te llamarás más Abrán, sino que tu nombre será Abrahán, porque te he constituido padre de multitud de pueblos. 6Te multiplicaré enormemente, haré que salgan pueblos de ti, y nacerán de ti reyes. 7Mantendré mi alianza contigo y con tu descendencia futura de generación en generación, como alianza perpetua, para ser yo tu Dios y el de tu descendencia futura. 8Te daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, toda la tierra de Canaán, como propiedad perpetua; y seré su Dios". Génesis (17, 1-8).

17, 1   El Señor se le manifestó

Después del décimo año tomó a Ismael, al hijo de la criada, y creyó que las promesas ya habían sido cumplidas para él en ese hijo. El patriarca -dice- tenía ochenta y seis años cuando nació Ismael. Más el Dios bondadoso, después de ejercitar la paciencia del justo durante trece años, pone por obra su promesa. Cuando vio que, como sucede con el oro que se purifica en el horno durante un largo periodo de tiempo, la virtud del justo aparecía más brillante y luminosa, la Escritura dice: "Cuando Abrahán tenía novente y nueve años, Dios le dijo de nuevo". ¿Por qué espero durante tanto tiempo? Para que conociéramos la paciencia del justo y su gran virtud, y además para que viéramos también su extraordinario poder. En efecto, cuando la naturaleza ya estaba sin fuerza y no era apta para la procreación, con sus miembros marchitos y frios por la vejez, entonces, mientras descubre la virtud del justo y manifiesta su poder, pone por obra la promesa. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 39, 2.

Estar libre de culpa. Además se le dice a Abrahán: "Sé perfecto", a quien se le había dado el espíritu de sabiduria, santo, admirablemente ágil, inmaculado. Es necesario, pues, que el alma del sabio esté en el ejercicio día y noche, en posición de guardia continua, que nunca se abandone al sueño, sino que en continua vigilia dirija su atención a Dios para comprender las cosas que existen y conocer las causas de cada una. Pero la sabiduría es también intérprete de las cosas futuras: "Conoce las cosas del pasado y estima aquellas del futuro, conoce los artificios del lenguaje y la solución de los enigmas; conoce los signos y los prodigios y también los acontecimientos que se verificarán en el curso del tiempo y de los siglos, antes de que sucedan". Por esto, el que la ha adquirido no puede dejar de ser bueno y perfecto, porque posee toda la virtud y es la imagen de la bondad. De ahí que los sofistas de este mundo han tomado esta definición del sabio: el sabio es un hombre bueno, experto en el hablar. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 10, 76.


17, 5   Padre de multitud de pueblos

Muchas son las respuestas dadas por Dios a Abrahán, pero no todas son dirigidas a la misma persona, pues algunas lo son a Abrán y otras a Abrahán, es decir, algunas después del cambio de nombre y otras cuando respondía aún al nombre de nacimiento. El primer oráculo que Dios dirige a Abrán, antes del cambio de nombre, dice: "Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre", y lo demás. Aquí no se da ninguna instrución sobre la alianza de Dios y sobre la circuncisión. Pues, siendo todavía Abrán y llevando el nombre de nacimiento carnal, no podía recibir la alianza de Dios ni la marca distintiva de la circuncisión. Pero cuando salió de su tierra y de su parentela, entonces le fueron dirigidas palabras más misteriosas; en primer lugar: "Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán será tu nombre". Entonces acogió la alianza de Dios y recibió como marca distintiva de la fe la circuncisión, que no había podido recibir mientras estaba en casa de su padre, entre sus consanguíneos según la carne, y cuando respondía aún al nombre de Abrán. Orígenes, Homilías sobre el Génesis, 3, 3.


Abrán, así se llamaba inicialmente, quiere decir "padre que mira por el pueblo", por el pueblo de Israel sólo, naturalmente. Más tarde recibió el nombre de Abrahán, que tiene significado de "padre de muchas naciones", como debía suceder hasta el día de hoy gracias a la fe. El término "de naciones" no está incluido en su nombre, pero se deduce de aquellas palabras: "Tu nombre será Abrahan, porque te convertiré en padre de muchas naciones". Isidoro, Etimologías, 7, 7, 2.


Se convirtió en padre de un hijo. Dios le cambia el nombre añadiéndole una letra: de Abrán es llamado Abrahán, es decir, en lugar de llamarse "padre inútil" -ésta es la interpretación del nombre- es llamado padre sublime, padre elegido, o también de ser simplemente padre se convierte en padre de un hijo. Era inútil porque no conocía a Dios; fue elegido después que conoció a Dios. Era padre, puesto que había tenido prole de la esclava, pero no era padre de un hijo, porque no era su hijo aquel que no había nacido de un matrimonio legítimo. Cuando Sara da a luz, entonces es cuando llega a ser padre de un hijo. Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 4, 27.


17, 6   Haré que salgan pueblos de ti

Volvamos ahora al don de Dios, que es el de mayor plenitud. En efecto, ¿qué cosa es mejor que la sabiduría? ¿Qué cosa es peor que la vanidad? ¿Qué cosa es más degradante que la superstición? Por esto, como a aquel a quien había prometido la plenitud de la perfección, le dice Dios: "Te haré crecer enormemente, y haré que salgan pueblos de ti, y de ti nacerán reyes", porque "el que es fiel posee las riquezas del mundo entero", y crecerá, no disminuirá como el estulto. Abrahán es puesto entre las gentes, esto es, su fe es transmitida a los pueblos y a los reyes del mundo, que han  creído y se someten al Señor Jesús, a quien se le dice: "Los reyes te ofrecerán dones". Esto no es absurdo, porque de la estirpe de Abrahán no sólo saldrán reyes en cuanto a dignidad, sino también reyes tales que no sirvan al pecado, que no sean vencidos por la maldad, sobre los cuales no tiene poder el reino de la muerte. Hemos visto también que los descubrimientos de la buena mente son regios y soberanos, desde el momento que, como Abrahán, no genera una descendencia mediocre, sino que abunda en estirpes regias. A él le es dada la tierra en plena posesión, así como el dominio sobre el cuerpo, de tal manera que no sea cautivado por los placeres carnales, sino que esté debidamente sometido al servicio de la mente. Pero en la figura de Abrahán es patente el misterio de la Iglesia, que a través de la herencia de la fe posee el mundo entero. Justamente es llamado "padre elegido del sonido", padre de la fe, padre de la piadosa confesión. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 10, 77.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, Tomo 2, p. 109-112
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez.

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