El ángel se aparece a Agar


7Pero el ángel del Señor la encontró en el desierto junto a una fuente de agua, junto a la fuente del camino del sur, 8y le dijo: "Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?". Ella respondió: "Huyo de la presencia de Saray, mi señora". 9El ángel del Señor le dijo: "Vuelve a tu señora y humíllate ante ella". 10Y el ángel del Señor añadió: "Multiplicaré tu descendencia, tanto que no podrá contarse a causa de su gran número". 11Y aún le dijo el ángel del Señor: "He aquí que estás encinta y darás a luz un hijo; le llamarás Ismael, porque el Señor escuchó tu aflicción. 12Será como onagro humano, levantará su mano contra todos y todos las manos contra él, y acampará frente a todos sus hermanos". 13Ella llamó al Señor que le había hablado: "Tú eres El-Roy". Porque se dijo: "¿Verdaderamente, he visto yo al que me ve?. 14Por eso se llama al pozo que está entre Cadés y Béred pozo de Lajay-Roy. Génesis ( 16, 7-14 ).

16, 7   Junto a la fuente de agua


Por qué Agar se encuentra junto a una fuente. También es bueno que fuera encontrada "junto a la fuente de agua", porque el principiante se ocupa de su purificación, que simboliza el agua. Y el que está apartado del vicio y practica la virtud se encuentra "en el desierto", que es ausencia de pecados. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 243.

16, 8    Agar, esclava de Saray 

Por este texto se puede ver la virtud de Agar y conocer que no es una mujer despreciable, puesto que un ángel habla con ella y se ocupa de ella no de manera superficial, evidentemente por voluntad de Dios. No es inverosímil   que ella sea fervorosa, como que ha sido escogida para Sara, la santa, para cohabitar con Abrahán. Su nobleza de alma se manifiesta al decir: "Voy huyendo de la presencia de Sara, mi señora", sin añadir nada malo de ella...Anteriormente dijimos que Sara era la virtud y la inteligencia espiritual de las Escrituras y que Agar era la inteligencia elemental que versa sobre la sombra. El que se acerca, pues, a la instrucción divina, debe recibirla de modo que la comprenda según la letra captando de modo gradual y ordenado el espíritu.
El hijo de Sara requiere la introducción para alcanzar de este modo las cosas más perfectas, como los israelitas, de los que se dice que "fueron los primeros a los que les fueron confiados los oráculos de Dios", que les fueron dados hasta el momento de su corrección. En efecto, nadie que permanezca en la letra y en la introducción puede pretender a la misma Sabiduría. Así, pues, si este amante de la Sabiduría que se sirve de las ciencias introductorias permanece en ellas, en cierto modo desprecia la virtud, pero si recupera la sensatez y rechaza la instrucción elemental es como apartarse de ella. Una vez que ha tenido lugar un progreso, pasa lo antiguo que era propio de la egipcia Agar, puesto que lo perteneciente a lo introductorio se confirma con ejemplos terrenos...
El ángel, pues, habiéndola encontrado cuando huía a causa de la gradeza de su virtud, la hace volver. En efecto, la palabra del maestro hace que vuelvan a la virtud incluso las enseñanzas que pertenecen a la introducción...
Conviene que el hombre virtuoso conozca los principios y finalidad, mientras que el que se sirve de la introducción permanece a veces en ella con pretexto de la grandeza de la virtud, huyendo de algún modo del esfuerzo de la perfección. Esto es lo que significa el texto: "Voy huyendo de la presencia de Sara, mi señora". Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 242-243.


16, 9   Vuelve a tu señora y humíllate ante ella

El sentido literal no resulta oscuro. Desde el punto de vista de la alegoría se indica que incluso cuando uno realice alguna acción de manera inconsiderada, pero que el considera obligatoria para los que veneran la sombra de la Ley y como apartándose de su sentido espiritual, la palabra del Maestro le hace volver a la intención original de Dios. En efecto, el Señor daba a entender poco a poco que lo que había de sombra en las Escrituras dejaría de existir, cuando dice: ¿Qué me impora la multitud de tus sacrificios?" y: "¿Es que voy ha comer sangre de toros o a beber sangre de machos cabríos? Ofrece a Dios un sarificio de alabanza y ofrece al Altísimo el sacrificio de tus oraciones".
Es cosa muy importante encontrarse bajo las manos de la doctrina espiritual, llamada "señora", y humillarse bajo ella, sin que la esclava sea humillada en sí misma, sino como en relación a su "señora" . Porque en esta materia lo glorificado no ha sido glorificado en razón de que su gloria es trascendente. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 244.


16, 10   Multiplicaré tu descendencia

No es inverosímil que también sea digno de una bendición el que vive conforme a las normas elementales, ya que, si su progreso avanza hacia el objetivo conveniente, llegará a la perfección. Pero observa que acerca de la virtud -pues de ella es de donde procede la auténtica descendencia de Abrahán-, después que Dios le había conducido afuera y le había dicho: "Mira al cielo y cuenta las estrellas, si es que puedes llegar a contarlas todas", se añadió: "Así será tu descendencia", pero cuando se trata de Agar no se dijo "como las estrellas será tu descendencia" sino sólo: "No se podrá contar por su multitud". De esta diferencia ¿no podrás concluir que la descendencia del perfecto es luminosa y que la de las ciencias introductorias no lo es?. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 244-245.

16, 11   Ismael

En aquel tiempo, la procreación era considerada una cosa importante con miras a la multiplicación de los hombres, y esto cuando la virginidad y la doctrina sobre la virtud no tenía ningún valor entre los hombres. Por eso incluso se hacían oraciones por este asunto y se consideraba esto como parte de la bendición. Eso es lo que decía como explicación la letra.
En cuanto al sentido espiritual, podría ser el siguiente: el hombre que ha comenzado a ser educado según Dios y se encuentra en el estadio introductorio es como uno que se encuentra en período gestacional. La promesa de la palabra del Maestro le dice que dará a luz, pues muchas veces, por su perspicacia, los que enseñan ven las penalidades de los discípulos y no se engañan acerca de sus aptitudes. Que el fruto del vientre es incierto, se puede aprender del texto evangélico, cuando el Salvador dice: "¡Ay de las que estén encintas o criando en aquel día!". Tales circunstancias son precarias cuando sobreviene una prueba. Por eso queriendo destetar a éstos les dice la Palabra: "Los que han sido destetados, los retirados del pecho. Recibe aflicción sobre aflicción, esperanza sobre esperanza", porque como gentes que están establecidos en la solidez, reciben aflicción sobre aflicción. Pero son imperfectos aquellos de los que Pablo dice: "Os di a beber leche, no alimento sólido, pues no podíais soportarlo, como todavía hoy tampoco". Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 245.

16, 12   Será como onagro humano

De muchas maneras se distingue del hombre honrado, sabio y buen ciudadano el que no lo es. En relación a un hombre de la ciudad y que tiene ciencia lo llamamos ignorante y patán y que por comparación con el sujeto instruido y educado, es un hombre sin instrucción y un iletrado. Ahora bien, puesto que el fruto de la virtud es la conducta conforme a las leyes, el que no vive con una conducta conforme a la ciudad del Dios vivo, la ciudad celestial, es un patán y, en tanto que no deje ese modo de ser, habita en el campo y no aún en la ciudad.
Y con razón se dice que no es sólo "un patán" sino también un hombre, pues la participación en el Verbo de Dios no se da al que acaba de comenzar, sino después de haber hecho progresos - en efecto, la Escritura "llamó dioses a aquellos a los que se dirigió la Palabra de Dios"- y así se convertirá en ciudadano de la ciudad celestial. Acerca de estos hombres se dice a los hebreos de parte del sabio Pablo que sus nombres serán inscritos "en el monte Sión y en la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celeste". Pues el Salvador dice: "No os alegréis de que se os sometan los demonios, sino de que vuestros nombres estén inscritos en los cielos". No hay que comprender esto en el sentido de que los nombres compuestos de sílabas  estén escritos en los cielos, sino los nombres en relación a la virtud: ésos son los nombres que tienen en los cielos una inscripción de eterna memoría. Tales hombres están inscritos en los cielos, pero los que tienen sentimientos contrarios y que piensan en cosas terrenas pondrán sus nombres sobre cosas perecederas. Con razón Jeremías dice de ellos: "Los que se han apartado serán inscritos sobre la tierra". Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 246.


16, 13-14   He visto yo al que me ve


En los pasajes leídos anteriormente, era un ángel de Dios el que le hablaba, y ahora se le da el nombre de Señor y Dios. Y no se apartará de la realidad el que diga que el ángel no estaba al servicio de sus propias palabras, sino de las de Dios, como los profetas. En efecto, en cierto modo también los ángeles cuando cumplen un servicio y predicen el futuro, realizan obra de profetas. El nombre de ángel expresa una actividad y no una sustancia, al igual que el nombre de profeta. Como el ángel le hablaba las palabras de Dios, lo llamó Dios, por referencia al que le habitaba. Igualmente cuando Isaías profetiza, lo mismo habla por sí mismo teniendo en él al espíritu profético, que hablando en el lugar de Dios, sin anteponer las palabras "dice el Señor", como cuando dice: "Yo hice la tierra y al hombre sobre ella", pero anuncia de parte del Señor: "Escucha, cielo, y atiende, tierra, porque el Señor ha hablado". Decimos esto porque no todas las palabras son proferidas como por un intermediario, sino que una participación en Dios confiere autoridad y mediante la inhabitación de Dios son llamados dioses los que participan de él. En realidad, también el ángel que hablaba a Moisés fue llamado "Dios", pues está escrito: "Y el ángel del Señor lo llamó y dijo: Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Si se considera el ministerio, son palabras de los ángeles; si se considera su fuerza, son palabras de Dios. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 249.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Antiguo Testamento, tomo 2, p. 104-108
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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