La hoguera humeante y la llama de fuego

17Se puso el sol y sobrevino la oscuridad; apareció una hoguera humeante, y una llama de fuego que pasó entre aquellas mitades. 18Aquel día el Señor estableció una alianza con Abrán, diciéndole: "A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto, hasta el gran río, el río Éufrates; 19la tierra de los quenitas, quenizitas, cadmonitas, 20hititas, perezeos, refaítas, 21amorreos, cananeos, guirgaseos y jebuseos". Génesis (15, 17-21)

15, 17   Se puso el sol y sobrevino la oscuridad

Ardor e iluminación. Lo evidente del texto se podría establecer del siguiente modo. Cuando ya iba a ponerse el sol, se produjo una llama y apareció una hoguera humeante y antorchas de fuego que pasaron por medio de los animales partidos en dos, y ambos consumían por el fuego e iluminaban el lugar para que el patriarca viera lo que estaba sucediendo y para mostrar más divinamente los símbolos que hay que escrutar. Hay que notar que no sólo cuando se hizo la alianza apareció un fuego, sino que también se da la Ley por mediación de Moisés en medio del fuego. En efecto, se veía el fuego y sin ver al que hablaba se oían los mandamientos. Lo que se insinuaba con estas cosas sería algo parecido a esto. Puesto que la Ley contiene recompensas y castigos, fue dada en medio del fuego para mostrar que a unos les proporciona quemaduras y a otros la luz. En efecto, el fuego tiene doble poder: ilumina y al mismo tiempo quema. La ley dada quema a sus desertores e ilumina a los que la cumplen. Asimismo, aquí aparecieron antorchas y humo. El humo es resultado y como consecuencia del fuego que se ha encendido, pero la llama se produjo antes. En un asunto tan difícil como éste, decimos al que decide lo que se ha de hacer y lo que no, que es necesaria la luz que viene de Dios y el temor, simbolizado en la hoguera, para hacerlo todo conforme a la recta razón. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis,  233-234.


Lo carnal será juzgado por el fuego. Estas palabras: "Puesto ya el sol, se elevó una llama, y apareció una hoguera humeante y lámparas de fuego, que atravesarón por entre los animales divididos", significa que, al fin del mundo, los carnales serán juzgados por el fuego. Como la persecución de la ciudad de Dios, nunca antes vista, que se espera como futura, está denotada en el tenebroso temor de Abrahán que se apoderó de él hacia la puesta del sol, o sea, al fin del mundo, simboliza el día del juicio, que separará los hombres carnales, que se salvarán por el fuego, de los que se condenarán en el fuego. En fin, el pacto hecho con Abrahán declara propiamente la tierra de Canaán, y en ella nombra once naciones desde el río de Egipto hasta el gran Éufrates. Y nótese que no se dice desde el gran río de Egipto, que sería el Nilo, sino desde el río, que será el pequeño, que separa a Egipto de Palestina, sobre cuya margen está la ciudad de Rinocorura. Agustín, La ciudad de Dios, 16, 24.

Aquel anochecer significó el fin del mundo. Ved, hermanos, que aquel fuego se dice que pasó por entre las partes divididas, pero no se lee que tocara a la tórtola ni a la paloma. La tarde aquella significa el fin del mundo; los animales, como ya hemos dicho, representaban por anticipado la figura de todos los creyentes en Cristo. Pero porque esas gentes que, como queda dicho, incluyen no solo a los espirituales, es decir, no sólo a los hombres buenos, sino también a los malos, por eso partió a aquellos animales, y el fuego pasó por ellos, conforme a lo que dice el Apóstol: "El día lo pondrá de manifiesto, porque se revelará con el fuego", y lo que sigue. Aquella hoguera encendida y humeante y la llama de fuego figuraban el día del juicio; por eso se apoderó del bienaventurado Abrahán un temor horrendo y tenebroso. De lo que se concluye que, si el día del juicio a penas se salvará el justo, el pecador y el impío ¿dónde estarán?. La hoguera encendida y humeante, pues, significa el día del juicio; día del juicio en el que habrá llanto y rechinar de dientes, en el que habrá gemidos y lamentos y penitencia tardía; entonces temblarán los fundamentos de los montes y la tierra arderá hasta el infierno abajo. Cesáreo de Arlés, Sermón, 82,3.

Abrahán buscaba conocer. Abrahán pensó: "Puede que estos reyes se destruyan mutuamente u otros pueblos suban y los destruyan, desocupando la tierra para nosotros. Puede que la semilla que tengo se haga fuerte, vaya y destruya a sus habitantes, poseyendo [la tierra], o que la tierra los devore por sus obras.
Quizás éstos emigren a otro lugar debido al hambre, a un rumor o a una razón similar". Abrahán deseaba saber cúal de esas [posibilidades era la que ocurriría], pero no tenía dudas [al respecto].
Y Dios, que sabía lo que [Abrahán] deseaba, le mostró lo que desaba junto con lo que no deseaba. En el sacrificio que [Abrahán] ofreció , en el que las aves bajaban y él las espantaba, [Dios] le mostró que su semilla pecaría y sería oprimida, pero serían salvadados gracias a la oración de sus justos. Por medio del horno de fuego que descendió le hizo saber que, incluso aunque se acabarán los justos de entre ellos, les l
legaría la salvación del cielo. Por medio del ternero de tres años, del carnero de tres años y de la cabra de tres años [le mostró] que serían salvados después de tres generaciones, o que reyes, sacerdotes y profetas habrían de surgir de entre ellos. Por medio de las vísceras de los animales que [Abrahán] cortó en dos, prefiguró sus tribus; el ave que no cortó en dos fue signo de su unidad. Efrén de Nisibi, Comentario sobre el Génesis, 12, 3.

Aquel horno ardiente, humeante. Así, para que nosotros tampoco vayamos a parar a este tormento del alma, despertemos mientras hay tiempo de penitencia y, como siervos buenos y útiles, tratemos de conocer la voluntad de nuestro Señor; para que cuando llegue el día del juicio tremendo, que significó la hoguera encendida y humeante, y que deben mirar con gran temor incluso los buenos, no seamos atormentados en las llamas vengadoras del infierno, junto con los carnales, representados por aquellos animales, que pueden dividirse por la distinta guerra de los placeres; antes bien, optando por la simplicidad de la paloma y la pureza de la tórtola, nos levantemos al cielo con las alas espirituales de las virtudes, conforme a lo que dice el Apóstol: "Seremos arrebatados a las nubes junto con ellos al encuentro del Señor en los aires; de modo que en adelante estemos siempre con el Señor"; gracia de nuestro Señor Jesucristo, a quien se debe el honor y la gloria junto con el Padre y el Espiritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. Cesáreo de Arlés, Sermón 82, 3.

15, 18-19   A tu descendencia daré esta tierra.

La Promesa a los que practican la mansedumbre. Una vez que las llama de fuego pasaron por medio de los animales partidos en dos, se garantizó la alianza, diciendo Dios: "A tu descendencia daré esta tierra" describe los límites del país. Es necesario que comprendamos según el sentido anagógico anteriormente indicado cuál es la tierra dada a la descendencia espiritual del santo. También el Salvador la promete a los que practican la mansedumbre. Esta promesa se aplica a los verdaderos hijos y no a todos los que descienden de él. Porque "no son hijos de Dios los hijos de la carne, sino que los hijos de la promesa son considerados como descendencia", pues el que hace sus obras es su hijo.
También se dice con precisión "desde el río hasta el río", porque la promesa que se adapta a la descendencia del santo es la virtud, que está situada entre realidades inestables. Las realidades inestables no forman parte de la virtud, sino que constituyen sus límites, de modo que el que se sitúa fuera de la virtud, en seguida se los encuentra. Pero hay que examinar si esto no se ha dicho de las pruebas del hombre virtuoso que se encuentra en medio de los que le oprimen, pero sobre los que él triunfa. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 234.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 95-98
DIRECTOR DE LA EDICIÓN EN CASTELLANO
Marcelo Merino Rodríguez

Predicción de la cautividad en Egipto

13Le dijo a Abrán: "Has de saber que tus descendientes serán extranjeros en tierra ajena, donde los someterán a la esclavitud y los afligirán durante cuatrocientos años; 14pero yo tembién juzgaré a la nación a la que habrán de servir, y después saldrán con grandes riquezas. 15Tú te reunirás con tus padres en paz, serás sepultado muy anciano. 16Ellos volverán aquí a la cuarta generación, porque hasta entonces no se habrá colmado la culpa de los amorreos". Génesis (15, 13-16).


15, 13   Tus descendientes serán extranjeros


No hay discrepancia entre el Génesis y el Éxodo. La Palabra anuncia la estancia del pueblo en Egipto. En efecto, habitaron en una tierra que no era la propia, sirviendo como esclavos al faraón y muy maltratados por él y por los egipcios. No contradice a esto lo escrito en el Éxodo. Allí se dice: "Después de cuatrocientos treinta años salió de la tierra de Egipto el ejército del Señor". Y aquí se dice: "después de cuatrocientos". Pero hay que fijarse en que no se ha dicho que salieron una vez cumplidos los cuatrocientos años, sino después de cuatrocientos años, lo que aclara lo de los treinta años [referido en el Éxodo].
Y el texto que dice: "Juzgaré a la nación a la que servirán como esclavos" se cumplió conforme a lo escrito en el Éxodo: los castigó con diez plagas y, por último, "se hundieron como plomo en medio del agua". Y salieron "con muchas riquezas", como lo demuestra la historia, que nos enseña que si durante algún tiempo nos castiga un poco, no lo hace indiferentemente, sino por un fin bueno.
Analiza también si el texto alude a la transmigración de los santos. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 231.

15, 15   Te reunirás con tus padres en paz

Los sabios dejan su vida en paz. El texto muestra sencillamente que [Dios] le anuncia la retirada de esta vida. En cuanto al sentido anagógico se puede decir lo siguiente. El sabio deja la vida "en paz", pero el pecador tiene los pensamientos perturbados, tiene el alma turbada. Y como uno es encontrado en el momento de la muerte, así también es juzgado. El que se ha provisto de paz aquí abajo, también se marcha "en paz" pero el que tiene agitación y pensamientos perturbados será juzgado según esto. Es lo que se expresa en el texto del Eclesiastés: "Donde caiga el árbol, allí permanecerá". No ocurre esto así en la realidad, porque no siempre permanece el árbol allí donde cae, pues a veces es transportado. Pero es claro que en el árbol está expresado simbólicamente el hombre, de modo que será juzgado en el lugar en el que sea encontrado.
En correspondencia a esto, Abrahán "se marcha en paz con sus padres", siendo agradable a Dios y participando de la misma promesa. "Cristo como primicia, después los de Cristo". La promesa y la morada son diferentes incluso para los mismos justos, pues hay "muchas moradas" en la casa del Padre. El hombre fervoroso se marchará con sus padres, aquellos que lo son según el espíritu, pues es hijo por la similitud de las costumbres, aun cuando según la carne tenga unos padres malvados. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 231-232.

15, 16   Volverán aquí a la cuarta generación

Dios impone castigos mesurados y momentáneos. Después de haber dicho esto del mismo Abrahán, dice de sus hijos que "a la cuarta generación volverán aquí", indicando a la tierra de la herencia. Por esto, dice que el retorno será después de "cuatrocientos años", porque los amorreos todavía no habían colmado sus pecados, por los que se resignarán a la destrucción, para que los hijos de Abrahán, una vez juzgados aquéllos, lleguen a ser habitantes de la tierra de ellos. Porque Dios inflige los castigos con mesura y en el momento oportuno, siendo paciente hasta que llegue el momento de la retribución. Algo semejante y decisivo es lo dicho en el Evangelio: "Entonces Jesús comenzó a reprochar a las ciudades en las que había tenido lugar la mayor parte de sus milagros, que no se hubieran convertido. ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros hechos en ti, tiempo ha que hubieran hecho penitencia en sayal y ceniza". A esto se podría objetar: ¿Por qué, pues, no se hicieron, si habrían hecho penitencia, sino que se realizaron allí donde no han hecho penitencia? Y diríamos que el Hijo de Dios que hizo tales cosas es sabiduría, y puesto que conocía las cosas ocultas, sabía que al hacer penitencia no habrían hecho una auténtica penitencia, por lo cual no se hicieron allí los milagros. En relación a esto hay que decir: más les valdría no conocer la verdad que a los que la conocen desandar lo andado. Así no hizo los prodigios en Tiro y Sidón, porque su penitencia iba a ser muy inestable. Pero como estos ante los que se hacían los milagros no tenían un movimiento de alma que fuera conocido al juez, y esto exigía la producción de los signos, por eso los hizo, para que éstos sean inexcusables y aquellos otros no sean perjudicados aún más al ser intempestivamente juzgados dignos. Y hay que examinar también si esto lo ha dicho el Salvador hiperbólicamente y porque éste es un modo de enseñar para reflexión de los que vieron los signos y no hicieron penitencia.
La paciencia y la bondad del juez se muestra en que aguarda a que lleguen al colmo los pecados de los amorreos. Después de censurar y exhortar y de cuanto contribuye al arrepentimiento, es cuando Dios inflinge el castigo, como en el caso del farón. En efecto, vituperado muchas veces y habiendo obtenido perdón, se atrajo la condena extrema por la dureza de su corazón. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 232-233.

 

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 92-94
DIRECTOR DE LA EDICIÓN EN CASTELLANO
Marcelo Merino Rodríguez
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Abrahán se prepara para el sacrificio

7Después le dijo: "Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los Caldeos para darte esta tierra en posesión".  8Abrán contestó: ¡Mi Señor Dios! ¿Cómo conoceré que voy a poseerla?  9Le respondió: "Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón". 10Abrán los trajo, los partió por medio y puso cada mitad enfrente de la otra; pero no partió las aves. 11Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los ahuyentaba. 12Cuando estaba poniéndose el sol, un profundo sueño cayó sobre Abrán, y le invadió un terror enórme y tenebroso. Génesis ( 15, 7-12)


Aunque es posible realizar diversas interpretaciones simbólicas de los animales, los Padres no duraron de que prefiguraban significados espirituales (Agustín). Los tres animales pueden simbolizar a la gente de la Iglesia que obra según la carne, mientras que las aves representan a cuantos se guían por el espiritu (Cesáreo de Arlés). El hecho de que las aves no fuesen partidas por la mitad pone de manifiesto que, por lo general, los espirituales no se encuentran divididos entre sí (Agustín). La tórtola simboliza la castidad, y el pichón sencillez; no son partidos por la mitad porque las almas espirituales tienen un solo corazón y una única alma (Cesáreo de Arlés). El significado de que Abrahán permaneciese allí cuando las aves de rapiña bajaban, es que los verdaderos creyentes resistirán hasta el fin (Agustín). El terror y la tiniebla que envolvieron a Abrahán significan el éxtasis, el estremecimiento ante el paso de lo visible a lo invisible (Dídimo el Ciego).

15, 9  Tráeme una ternera de tres años

Aquí también se dio un signo, el de animales, de una novilla, una cabra y un carnero, y de dos aves, una tórtola y un pichón. Y según esta figura conocía ya lo venidero, que no dudaba que sucedería. Quizá por la novilla esté significado el pueblo sometido al yugo de la ley, y por la cabra, ese mismo pueblo, futuro pecador, y por el carnero, ese pueblo que había de reinar. (Y se añade que esos animales son de tres años justamente por las tres épocas notables: desde Adán hasta Noé, desde Noé hasta Abrahán y desde éste hasta David, que, reprobado Saúl, es el primero sentado por la voluntad de Dios en el trono de Israel. En esta tercera época que corre desde Abrahán hasta David, como quien anda en la tercera edad de su vida, llegó aquel pueblo a su mocedad). Y aunque no signifiquen eso sino otra cosa más apta, yo no dudo lo más mínimo de que los espirituales están prefigurados por la tórtola y el pichón. Agustín, La ciudad de Dios, 16, 24.

Un símbolo de todas las naciones. La ternera de tres años, el carnero de tres años, la cabra de tres años y la tórtola y el pichón representan por adelantado la figura de todos los pueblos. Se puntualiza lo de los tres años porque todos los pueblos habían de creer en el misterio de la Trinidad. Y porque la Iglesia católica en su conjunto no sólo abarca a los hombres espirituales, sino también a los carnales; y aunque algunos digan que creen en la Trinidad, sin embargo son carnales porque fingen evitar los crímenes y pecados. Y puesto que se mezclan los carnales con los espirituales, por eso se añaden la tórtola y el pichón: la tórtola y el pichón puede representar a los espirituales, los otros tres animales a los carnales. Cesáreo de Arlés, Sermón, 82, 1.

15, 10  No partió las aves

Hijos de la promesa. Esta es la razón de aquella cláusula: "Y las aves no las dividió", porque los carnales se dividen entre sí, y los espirituales, no, bien se aparten de las conversaciones prolijas de los hombres, como la tórtola, bien vivan entre ellas como la paloma. Estas dos aves son simples e inofensivas, y con ello daba a entender que en el pueblo israelita, futuro poseedor de aquella tierra, los hombres serían hijos de la promesa y herederos de un reino permanente con una felicidad eterna. Agustín, La ciudad de Dios, 16, 24.

Las almas espirituales no se dividen. Observad atentamente lo que se dice: Que Abrahán partió por medio los tres animales y puso cada mitad enfrente de la otra. Las aves dice la Escritura, no las partió. ¿Por qué es esto, hermanos? Porque en la Iglesia católica los carnales están divididos, mientras que los espirituales de ningún modo están divididos. Y como dice la Escritura, están enfrentados unos contra otros. ¿Por qué los carnales están divididos y enfrentados entre sí? Porque todos los lujuriosos y los amadores del mundo no dejan de provocar entre sí divisiones y escándalos. Estos por tanto, están divididos. ¿Y por qué los espirituales no están divididos? Porque tienen un solo corazón y una sola alma en el Señor; en ellos no hay más que un solo querer y no querer. Son semejantes a las aves que hemos dicho antes, a saber, a la tórtola y a la paloma. La tórtola representa la castidad y la paloma la simplicidad. En la Iglesia católica todos los que temen a Dios se muestran castos y sencillos y pueden cantar con el Salmista: "¡Quién me diese alas, como a la paloma, para volar y encontrar descanso!". Y también: "Y la golondrina encuentra su nido, donde poner sus polluelos". Y al tiempo que los carnales, que pueden dividirse, viven en el mundo oprimidos por las graves ataduras de los vicios, los espirituales se elevan a lo alto con las alas de las diversas virtudes, y como con dos alas -los dos preceptos de amor a Dios y al prójimo- se levantan al cielo y pueden decir con el Apóstol: "Pero nosotros somos ciudadanos del cielo". Y siempre que el sacerdote dice: "Arriba los corazones", responden, con segura fidelidad que ellos lo tienen puesto en el Señor; cosa que muy pocos y raros pueden decir en la Iglesia confiadamente y de verdad. Por eso Abrahán no partió las aves, porque los espirituales, que, como he dicho, tienen un solo corazón y una sola alma, no pueden estar divididos y apartados del amor de Dios o del prójimo, sino que claman con el Apóstol: "¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución?", y lo que sigue hasta que se dice: "Ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro". A los espirituales, pues, ni los tormentos los apartan de Cristo, en tanto que a los carnales los separan los rumores frívolos; aquellos no los separa ni la espada cruel, a estos los separa el amor carnal; a los espirituales no los rompen ni las pruebas duras, a los carnales los corrompen hasta las blandas. Así Abrahán partió los animales en dos partes, pero no partió las aves. Cesáreo de Arlés, Sermón, 82, 2.

15, 11  Los buitres bajaban a los cadáveres

Los verdaeros creyentes perseveran hasta el fin. Las aves que descendían sobre los cuerpos divididos no indican nada bueno; son sencillamente los espíritus del aire, que buscan, como propio pasto, la división de los carnales. Abrahán las posó, y esto significa que los fieles auténticos han de preservar hasta el fin entre las guerrillas de los carnales. El pavor y el temor grande y tenebroso que se apoderó de Abrahán hacia la puesta del sol significa que al fin del mundo sufrirán los fieles grandes quebrantos y tribulaciones. De éstas dijo el Señor en su Evangelio: "Entonces habrá una terrible tribulación cual no la ha habido desde el principio", Agustín, La ciudad de Dios, 16, 24.

15, 12  Un profundo sueño cayó sobre Abrahán

El miedo que acompaña a lo perfecto. Al contemplar visiones celestiales, a Abrahán le sobrecogió el temor propio que acompaña a lo perfecto. Hay que notar que "a la caída del sol le sobrevino un éxtasis". El texto significa un progreso, porque el día de la presente situación se ha alejado de él para dar paso a otro progreso al venir sobre él la bendición, que dice: "Lo llenaré de largura de días", no prometiendo en absoluto larga duración, sino claramente progresos en la iluminación.
Así pues, un éxtasis cayó sobre él, no un éxtasis semejante al delirio, sino la admiración y el traslado de las cosas visbles a las invisibles. Así dice el Apóstol: "Si hemos perdido el juicio, es por Dios; si estamos cuerdos, es por vosotros", lo que no significa que estemos locos para Dios, sino que si por la contemplación llegamos a estar fuera de las cosas humanas, lo hacemos por Dios, como también dice David: "Yo dije en mi éxtasis: Todo hombre es un mentiroso". Porque ha salido de sí y se ha convertido en un dios, dice de los hombres que son mentirosos, no siendo él ya un hombre por la comunicación del Espíritu Santo, sino que es diverso de aquellos de los que se dice: "Porque cuando entre vosotros hay rencillas y celos, ¿no sois hombres y os comportáis como hombres?". Habiendo, pues, Abrahán salido de sí mismo, "cayó sobre él un oscuro temor", pero no por participación en la oscuridad de las tinieblas, sino porque no se deja conocer facilmente. Siendo "grande" el temor, no les sobreviene a los pequeños. Que a veces se emplee el término "tinieblas" en lugar de "oscuridad", se dice en el pasaje: "Puso como escondrijo suyo las tinieblas". Realmente la contemplación e inteligencia de las verdades sobrenaturales les produce un vértigo y un temor divino incluso a los grandes hombres que se dedican a ellas. Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 230.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 88-91
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

Dios se aparece a Abrahán



1Después de estos sucesos, la palabra del Señor llegó a Abrán en una visión, diciéndole: "No temas, Abrán, yo soy un escudo para ti; tu recompensa será muy grande". 2Abrán contestó: ¡Mi Señor Dios! ¿Qué me vas a dar, si estoy sin hijos, y el heredero de mi casa va a ser Eliézer de Damasco?. 3Y añadió Abrán: "He aquí que no me has dado descendencia y, por tanto, un criado de mi casa me va a heredar". 4Pero la palabra del Señor le respondió: "No te heredará ése; sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas". 5Entonces le llevó afuera y le dijo: "Mira al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas". Y añadió: "Así será tu descendencia". 6Abrán creyó en el Señor, quién se lo contó como justicia. Gén. (15, 1-6).

La recomendación "no temas" está relacionada con el hecho de que Abrahán rechazara los bienes materiales a él ofrecidos en el capítulo anterior (Crisóstomo). Según el sentido moral, de la promesa revela que el Señor no tarda cuando llega la hora de la recompensa. Lo que Abrahán deseaba era la progenie de la Iglesia. El verdadero heredero es Jesucristo, de quien Isaac constituye una representación (Ambrosio). Creemos en el poder de Aquel que promete para alcanzar justicia desde la fe (Crisóstomo). Abrahán constituye un modelo, porque no buscó la explicación racional, sino que creyó con gran prontitud de espíritu. La frase "lo llevó a fuera" puede interpretarse alegóricamente como la necesidad de limpiar nuestra morada (el cuerpo) de toda impureza. Salimos de la vida temporal para entrar en la otra que no tiene fin. (Crisóstomo).

15, 1 Yo soy un escudo para ti

Y le dice: "No temas, Abrahán". Observa su extraordinario cuidado. ¿Por qué decía "No temas"? Había despreciado una gran riqueza, concede poca importancia a lo otorgado por el rey, por eso Dios le dice "no tengas miedo porque hayas desdeñado dones semejantes, no te aflijas porque tu superioridad se vea menguada. No temas". A continuación, a fin de elevar más su estado de ánimo, añade a sus palabras su nombre y dice: "No temas, Abrán". En efecto, decir el nombre de la persona a la que nos dirigimos no es pequeña ayuda para levantar el ánimo. Entonces dice: "Soy tu escudo". También esta frase está cargada de significado. Yo, después de sacarte de entre los caldeos, yo, luego de conducirte a este punto, yo, toda vez que te he liberado de los peligros de Egipto, yo, después de prometerte una primera vez y una segunda que entregaría esta tierra a ti y a tus descendedientes, yo soy tu escudo, yo, después de que día tras día he hecho que seas la persona más conocida por todos, yo soy tu escudo, es decir, lucho en tu lugar, te defiendo, me preocupo..., yo soy tu escudo. "Tu recompensa será muy grande". No quisiste tomar recompensa por los sufrimientos que soportaste al exponerte a tales peligros, sino que despreciaste al rey y a cuanto te ofrecía. Yo te procuraré la recompensa, no como la habrías recibido, sino, con mucho, más grande: "Tu recompensa -dice- será muy grande". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 36, 4.

15, 2-3 Estoy sin hijos

Puesto que le había prometido una recompensa, una gran recompensa, una extraordinariamente grande, le manifiesta el dolor de su alma y la angustia que, por no tener hijos, le aquejaba durante ya mucho tiempo, y dice: "Señor, ¿que me vas a dar? He aquí que he alcanzado la cima de la vejez y voy a partir sin hijos". Observa cómo desde el principio el justo manifiesta su buen entendimiento y denomina a su marcha de este mundo "partida". Los que buscan la virtud con esmero, cuando parten de esta vida, en realidad es como si se liberaran de la lucha y abandonaran las cadenas. Efectivamente, para los que sirven virtuosamente se trata de un traslado de una situación peor a otra mejor, de una vida temporal a una eterna e inmortal que no tiene final. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 36, 4.

15, 4 Te heredará uno que saldrá de tus entrañas

Pero si las palabras de Abrahán no basta para corregir, considera la palabra de Dios, que condena tal modo de transmitir la herencia: "No será -dice- éste tu heredero, sino otro que saldrá de ti, él será tu heredero". ¿Quién es el otro del que se habla? En efecto, también Agar tuvo un hijo, Ismael, pero no se habla de él, sino que se habla del bienaventurado Isaac. Por esto ha añadido: "Que saldrá de ti". Pues ha salido verdaderamente de Abrahán el que ha nacido de un matrimonio legítimo. Pero, en Isaac, hijo legítimo, podemos ver Aquel que es el verdadero hijo legítimo, el Señor Jesús, de quien en el inicio del Evangelio según Mateo leemos que es hijo de Abrahán, haciendo ilustre la descendencia del progenitor, por el cual Abrahán miró al cielo y comprendió que el esplendor de su posteridad no sería menos luminoso que el fulgor de las estrellas del cielo. Como "una estrella, en efecto, difiere en luminosidad de otra estrella, así también sucede en la resurrección de los muertos" -dice el Apóstol-, porque el Señor, asociando a los hombres a su resurrección, que la muerte solía esconder bajo tierra, les ha hecho partícipes del reino celestial. Ambrosio, Sobre Abrahán. 1, 3, 20.

15, 5 Así será tu descendencia

¿Qué significa, pues, la expresión "le llevó a fuera"? El profeta es como llevado fuera, de tal manera que salga fuera del cuerpo y vea las angustias de la carne que es su vestidura, y vea la infusión del Espíritu Santo, como una especie de descenso. Conviene también que nosotros salgamos de las angustias de nuestra vivienda, limpiemos de toda impureza el lugar donde mora nuestra alma y echemos fuera la suciedad de la malevolencia si queremos recibir el espíritu de la sabiduría, porque "la sabiduría no entrará en un alma malévola". Abrahán creyó no porque fuese atraído por una promesa de oro o plata, sino porque creyó de corazón "le ha sido reputado por justicia". Mientras ha sido reconocido su mérito, le ha sido atribuido el premio. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 8, 48.

15, 6 Abrahán creyó en el Señor

Aprendamos también nosotros del patriarca, por tanto, lo suplico, a creer en las palabras de Dios, a confiar en sus promesas, a no seguir nuestro propio criterio y a mostrar buenos pensamientos. Esto contribuirá a que también nosotros seamos vistos como justos y nos dispondrá al punto de alcanzar sus promesas. A Abrahán, empero, se le prometió que de sus descendientes surgiría toda una multitud. . Lo referente a la promesa iba más allá de la naturaleza y compresión humanas, por eso la fe que él tenía le trajo consigo la justicia. A nosotros, en cambio, si tenemos los sentidos bien despiertos, nos prometió cosas mucho mayores. Podemos en gran medida trascender los razonamientos humanos, sólo si creemos en el poder del que promete, a fin de que también obtengamos justicia a partir de la fe y alcancemos todo lo bueno prometido. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 36, 5.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 85-88
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ