Melquisedec bendice a Abrahán


17Cuando Abrán volvía de derrotar a Quedorlaómer y a sus reyes aliados, el rey de Sodoma le salió al encuentro en el valle de Savé, es decir, "el valle del Rey". 18Melquisedec, rey de Salem, que era sacerdote del Dios Altísimo, ofreció pan y vino, 19y le bendijo diciendo:
"Bendito sea Abrán por parte del Dios Altísimo,
creador del cielo y tierra;
20y bendito sea Dios Altísimo
que puso a tus enemigos en tus manos".
Y Abrán le dió el diezmo de todo. 21Luego el rey de Sodoma dijo a Abrán: "Dame las personas y quédate con las riquezas". 22Pero Abrán contestó al rey de Sodoma: "Alzo mi mano ante el Señor, el Dios Altísimo creador de cielo y tierra; 23no he de tomar ni un hilo, ni una correa de la sandalia de cuanto te pertenece para que no digas: "Yo he enriquecido a Abrán", 24a excepción solamente de lo que han comido los jóvenes, y la parte correspondiente a los hombres que vinieron conmigo: Aner, Escol y Mambré; ellos percibirán su parte". Gén (14, 17-24).


La interpretación cristiana de la historia de Melquisedec comienza en Hebreos 7, donde Melquisedec es interpretado, con la ayuda del Salmo 110,4, como una representación de Cristo, el verdadero sumo sacerdote. El encuentro de Abrahán con el rey de Sodoma revela la providencia de Dios (Crisóstomo). Se considera que la ofrenda de pan y vino, no mencionada por el autor de Hebreos, ratifica la semejanza entre Melquisedec y Cristo (Cipriano). A Melquisedec también se le identifica con Sem, el hijo de Noé, que ha recibido el sacerdocio de su padre (Efrén). Melquisedec se parece a Cristo en que no tenía historia familiar (Crisóstomo). Con Melquisedec apareció por primera vez el sacrificio que ahora ofrecen los cristianos (Agustín). El hecho de que Abrahán ofreciera el diezmo a Melquisedec nos enseña que él era humilde incluso en la victoria (Ambrosio). La victoria de Abrahán manifiesta la gloria de Dios (Crisóstomo). El rechazo de Abrahán a tomar para sí el botín de la victoria demuestra que él tenía su corazón puesto en las cosas celestiales (Ambrosio) y asimismo pone de manifiesto su desprecio por la riqueza material, anticipando así su posterior doctrina apostólica (Crisóstomo).


14, 17  El rey de Sodoma

Demostración de la providencia de Dios. ¿Ves cómo el justo es reconocido en cada momento por todos, y cómo siempre y a todos pone de manifiesto la providencia de Dios que le rodea? Ves ahora que se esfuerza por ser su maestro de piedad para los habitantes de Sodoma. "Salió al encuentro -dice- el rey de Sodoma, a su vuelta de la derrota de Quedorlaómer y de los reyes que estaban con él". Observa cuán grande es su virtud y su disfrute del apoyo de Dios. El rey sale al encuentro de este extranjero, de edad avanzada, y le manifiesta su estima. Había aprendido, sin duda, que para nada le servía la realeza a aquel que careciera de la ayuda que procede de lo alto, y que nada sería más poderoso que aquel que es socorrido por la mano de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 4.

14, 18  Melquisedec, rey de Salem, era sacerdote.


Un sacerdote del Dios Altísimo. Así mismo vemos prefigurado en el sacerdote Melquisedec el misterio del sacrificio del Señor, como testifica la Escritura divina cuando dice: "Y Melquisedec, rey de Salem, ofreció pan y vino; fue sacerdote del Altísimo y bendijo a Abrahán". Y el Espíritu Santo declara en los Salmos que Melquisedec representaba la figura de Cristo, por la persona del Padre que habla al Hijo: "Antes de la estrella de la mañana te engendré. Tú eres sacerdote para la eternidad, según la orden de Melquisedec". Este orden, efectivamente, es el que parte de aquel sacrificio, en cuanto Melquisedec fue sacerdote de Dios Altísimo y en cuanto ofreció pan y vino y bendijo a Abrahán. En efecto, ¿quién más sacerdote de Dios Altísimo que nuestro Señor Jesucristo, que ofreció el sacrificio a Dios Padre y ofreció esto mismo que Melquisedec había ofrecido, el pan y el vino, es decir, su cuerpo y sangre?. Cipriano, Carta, 63, 4.

Melquisedec, como Cristo, no tiene historia familiar. ¿Qué quiere transmitirnos la observación "El rey de Salem, y sacerdote de Dios Altísimo"? Era -dice- rey de Salem. El bienaventurado Pablo, cuando escribió a los hebreos creyentes, luego de añadir lo mismo al recordar su nombre y la ciudad de origen, explica a la vez el significado de su nombre y utiliza una cierta etimología cuando dice: "Melquisedec, rey de justicia". Efectivamente, en la lengua hebrea la palabra Melchi significa "reino" y Sedec "justicia". Después, refiriéndose al nombre de la ciudad, dice "Rey de paz", ya que Salem significa "paz". Era sacerdote, quizá nombrado por sí mismo, ya que así sucedía entonces entre los sacerdotes, o bien porque los semejantes le habían concedido ese honor por ser de más edad, o bien porque se había dedicado a ser sacerdote como Noé, como Abel, como Abrahán, cuando ofrecían sacrificios. Por lo demás, iba a ser figura de Cristo. De ahí que Pablo también lo entendiera así y dijese: "Sin padre, sin madre, sin genealogía, sin principio en sus días ni fin en su vida, hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. ¿Cómo es posible -dice- que un hombre no tenga padre ni madre y que no tenga principio en sus días ni fin en su vida? Oíste que era una figura; no te extrañes por tanto y no pidas que todo se encuentre en la figura. No sería una figura si tuviera todo lo que se encuentra en la realidad. ¿Qué significa entonces lo dicho? De la misma forma que por no conservar éste en la memoría a sus progenitores se dice que no tenía ni padre ni madre, y por no tener genealogía se dice sin genealogía, así también Cristo, por no tener madre en los cielos ni padre sobre la tierra, se dice que no tiene genealogía y, de hecho, así es. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 4-5.

14, 19-20  Bendito sea Abrán por parte de Dios

Sin la gracia Abrahán no hubiera sobrevivido. Lo bendijo y también dio gloria a Dios. Cuando dijo: "Bendito seas, Abrahán, por Dios el Altísimo, que creó el cielo y la tierra" también nos puso de relieve el poder de Dios que se manifiesta en sus criaturas. Si Él es Dios, el que creó el cielo y la tierra, los venerados por los hombres no serían dioses. ¡Que perezcan entonces los dioses -dice- que no hicieron el cielo y la tierra...! Observa cómo ensalza al justo y además reconoce la ayuda de Dios. No habría podido sobrevivir al poder de aquellos que le acosaban sin la influencia decisiva de lo alto. "El que te entregó -dice- a tus enemigos". ÉL es el que realizó todo, el que hizo de los fuertes débiles, el que dominó a los que portaban armas a través de los que no las llevaban. De allí procede la gracia que te proporciona esa fuerza tan grande. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 5.

14, 23  No he de tomar ni un hilo

Abrahán eleva su mente a cosas más altas. Pero es propio de la mente perfecta no aceptar nada de las cosas terrenas, nada que pertenezca a las seducciones temporales, abstenerse de las cosas terrenas. Por esto Abrahán dice: "Nada tomaré de lo tuyo". Evita la intemperancia como un contagio. Huye de las tentaciones sensuales del cuerpo como de una deshonra, rechaza los placeres mundanos, buscando las cosas que están por encima del mundo. Esto significa levantar las manos hacia el Señor. La mano que hace el bien es la virtud del alma. Levanta la mano no hacia el fruto del árbol terreno, sino hacia el Señor, "que ha hecho -se dice- el cielo y la tierra", es decir, la sustancia inteligible y la visible. En efecto, el cielo es sustancia inteligible, y la tierra es sustancia visible y sensible. Por esto, la Escritura quiere indicar que Abrahán eleva la virtud de su alma a las cosas celestiales, para que de aquella sustancia inteligible alcance la sublimidad de la vida contemplativ
a, dirigiendo su atención no a las cosas que se ven, sino a aquellas que no se ven, esto es, no a las cosas terrenas, no a las corporales, no a las presentes, sino a las inmateriales, eternas, celestiales. Pero de esta otra sustancia visible se granjea el beneficio de una disciplina relativa a la conducta práctica y a la vida civil. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 8, 46.

14, 24  La parte correspondiente a los hombres

Abrahán cumple de nuevo la ley apostólica. Consentiré -dice- que ellos tomen una parte, ya que han dado muestra de su amistad. "Éstos -dice- eran complices de Abrahán", es decir, estaban unidos por la amistad y manifestaron su deseo de compartir con él los peligros. Por eso les recompensa y se dispone a tomar una parte, y en esto de nuevo da cumplimiento a la ley apostólica que dice: "El trabajador merece su sustento". Más no les permite tomar más de lo que necesitan: "Excepción hecha -dice- de lo que comieron los jóvenes y la parte de los que me han acompañado, Escol, Aner y Mambré, estos tomarán una parte". ¿Veis la concreción de la virtud del patriarca, cómo manifiesta buen criterio en lo que al desprecio de la riqueza se refiere, evidencia su humildad, y todo lo hace de modo que no parezca que lo ha realizado con jactancia y altivez y dé muestras de engreimiento en lo que a la victoria acaecida se refiere?. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 6.

El carácter gratuito de un favor. ¡Qué notable es aquello de que [Abrahán] no haya querido tocar nada del botín obtenido con la victoria, ni tomar lo que se le ofrecia! En efecto, recibir la recompensa disminuye el fruto de la victoria y elimina la gratuidad de la obra buena. Pues tiene gran importancia saber si se ha combatido por dinero o por la fama. En el primer caso, el combatiente es considerado como un mercenario, en el segundo se hace acreedor de la fama como un salvador. Justamente el santo patriarca rehúsa apropiarse de cualquier cosa del botín, incluso si le fuera ofrecido, para que no diga el que se la diera: "Yo te he hecho rico". Declara que le basta sólo lo que le era preciso para alimento de los jóvenes combatientes. Alguno dirá: puesto que ha vencido, ¿por qué dice al rey de Sodoma: "No tomaré nada de ti", si ciertamente el botín pertenecía al vencedor? Abrahán da una enseñanza sobre la disciplina militar: Todas las cosas deben dejarse al rey. En verdad afirma que cuantos se hubieran unido eventualmente a él para ayudarle, debía dárseles una parte de la ganancia como recompensa por su trabajo. Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 3, 17.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 80-85
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ.

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