Melquisedec bendice a Abrahán


17Cuando Abrán volvía de derrotar a Quedorlaómer y a sus reyes aliados, el rey de Sodoma le salió al encuentro en el valle de Savé, es decir, "el valle del Rey". 18Melquisedec, rey de Salem, que era sacerdote del Dios Altísimo, ofreció pan y vino, 19y le bendijo diciendo:
"Bendito sea Abrán por parte del Dios Altísimo,
creador del cielo y tierra;
20y bendito sea Dios Altísimo
que puso a tus enemigos en tus manos".
Y Abrán le dió el diezmo de todo. 21Luego el rey de Sodoma dijo a Abrán: "Dame las personas y quédate con las riquezas". 22Pero Abrán contestó al rey de Sodoma: "Alzo mi mano ante el Señor, el Dios Altísimo creador de cielo y tierra; 23no he de tomar ni un hilo, ni una correa de la sandalia de cuanto te pertenece para que no digas: "Yo he enriquecido a Abrán", 24a excepción solamente de lo que han comido los jóvenes, y la parte correspondiente a los hombres que vinieron conmigo: Aner, Escol y Mambré; ellos percibirán su parte". Gén (14, 17-24).


La interpretación cristiana de la historia de Melquisedec comienza en Hebreos 7, donde Melquisedec es interpretado, con la ayuda del Salmo 110,4, como una representación de Cristo, el verdadero sumo sacerdote. El encuentro de Abrahán con el rey de Sodoma revela la providencia de Dios (Crisóstomo). Se considera que la ofrenda de pan y vino, no mencionada por el autor de Hebreos, ratifica la semejanza entre Melquisedec y Cristo (Cipriano). A Melquisedec también se le identifica con Sem, el hijo de Noé, que ha recibido el sacerdocio de su padre (Efrén). Melquisedec se parece a Cristo en que no tenía historia familiar (Crisóstomo). Con Melquisedec apareció por primera vez el sacrificio que ahora ofrecen los cristianos (Agustín). El hecho de que Abrahán ofreciera el diezmo a Melquisedec nos enseña que él era humilde incluso en la victoria (Ambrosio). La victoria de Abrahán manifiesta la gloria de Dios (Crisóstomo). El rechazo de Abrahán a tomar para sí el botín de la victoria demuestra que él tenía su corazón puesto en las cosas celestiales (Ambrosio) y asimismo pone de manifiesto su desprecio por la riqueza material, anticipando así su posterior doctrina apostólica (Crisóstomo).


14, 17  El rey de Sodoma

Demostración de la providencia de Dios. ¿Ves cómo el justo es reconocido en cada momento por todos, y cómo siempre y a todos pone de manifiesto la providencia de Dios que le rodea? Ves ahora que se esfuerza por ser su maestro de piedad para los habitantes de Sodoma. "Salió al encuentro -dice- el rey de Sodoma, a su vuelta de la derrota de Quedorlaómer y de los reyes que estaban con él". Observa cuán grande es su virtud y su disfrute del apoyo de Dios. El rey sale al encuentro de este extranjero, de edad avanzada, y le manifiesta su estima. Había aprendido, sin duda, que para nada le servía la realeza a aquel que careciera de la ayuda que procede de lo alto, y que nada sería más poderoso que aquel que es socorrido por la mano de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 4.

14, 18  Melquisedec, rey de Salem, era sacerdote.


Un sacerdote del Dios Altísimo. Así mismo vemos prefigurado en el sacerdote Melquisedec el misterio del sacrificio del Señor, como testifica la Escritura divina cuando dice: "Y Melquisedec, rey de Salem, ofreció pan y vino; fue sacerdote del Altísimo y bendijo a Abrahán". Y el Espíritu Santo declara en los Salmos que Melquisedec representaba la figura de Cristo, por la persona del Padre que habla al Hijo: "Antes de la estrella de la mañana te engendré. Tú eres sacerdote para la eternidad, según la orden de Melquisedec". Este orden, efectivamente, es el que parte de aquel sacrificio, en cuanto Melquisedec fue sacerdote de Dios Altísimo y en cuanto ofreció pan y vino y bendijo a Abrahán. En efecto, ¿quién más sacerdote de Dios Altísimo que nuestro Señor Jesucristo, que ofreció el sacrificio a Dios Padre y ofreció esto mismo que Melquisedec había ofrecido, el pan y el vino, es decir, su cuerpo y sangre?. Cipriano, Carta, 63, 4.

Melquisedec, como Cristo, no tiene historia familiar. ¿Qué quiere transmitirnos la observación "El rey de Salem, y sacerdote de Dios Altísimo"? Era -dice- rey de Salem. El bienaventurado Pablo, cuando escribió a los hebreos creyentes, luego de añadir lo mismo al recordar su nombre y la ciudad de origen, explica a la vez el significado de su nombre y utiliza una cierta etimología cuando dice: "Melquisedec, rey de justicia". Efectivamente, en la lengua hebrea la palabra Melchi significa "reino" y Sedec "justicia". Después, refiriéndose al nombre de la ciudad, dice "Rey de paz", ya que Salem significa "paz". Era sacerdote, quizá nombrado por sí mismo, ya que así sucedía entonces entre los sacerdotes, o bien porque los semejantes le habían concedido ese honor por ser de más edad, o bien porque se había dedicado a ser sacerdote como Noé, como Abel, como Abrahán, cuando ofrecían sacrificios. Por lo demás, iba a ser figura de Cristo. De ahí que Pablo también lo entendiera así y dijese: "Sin padre, sin madre, sin genealogía, sin principio en sus días ni fin en su vida, hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. ¿Cómo es posible -dice- que un hombre no tenga padre ni madre y que no tenga principio en sus días ni fin en su vida? Oíste que era una figura; no te extrañes por tanto y no pidas que todo se encuentre en la figura. No sería una figura si tuviera todo lo que se encuentra en la realidad. ¿Qué significa entonces lo dicho? De la misma forma que por no conservar éste en la memoría a sus progenitores se dice que no tenía ni padre ni madre, y por no tener genealogía se dice sin genealogía, así también Cristo, por no tener madre en los cielos ni padre sobre la tierra, se dice que no tiene genealogía y, de hecho, así es. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 4-5.

14, 19-20  Bendito sea Abrán por parte de Dios

Sin la gracia Abrahán no hubiera sobrevivido. Lo bendijo y también dio gloria a Dios. Cuando dijo: "Bendito seas, Abrahán, por Dios el Altísimo, que creó el cielo y la tierra" también nos puso de relieve el poder de Dios que se manifiesta en sus criaturas. Si Él es Dios, el que creó el cielo y la tierra, los venerados por los hombres no serían dioses. ¡Que perezcan entonces los dioses -dice- que no hicieron el cielo y la tierra...! Observa cómo ensalza al justo y además reconoce la ayuda de Dios. No habría podido sobrevivir al poder de aquellos que le acosaban sin la influencia decisiva de lo alto. "El que te entregó -dice- a tus enemigos". ÉL es el que realizó todo, el que hizo de los fuertes débiles, el que dominó a los que portaban armas a través de los que no las llevaban. De allí procede la gracia que te proporciona esa fuerza tan grande. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 5.

14, 23  No he de tomar ni un hilo

Abrahán eleva su mente a cosas más altas. Pero es propio de la mente perfecta no aceptar nada de las cosas terrenas, nada que pertenezca a las seducciones temporales, abstenerse de las cosas terrenas. Por esto Abrahán dice: "Nada tomaré de lo tuyo". Evita la intemperancia como un contagio. Huye de las tentaciones sensuales del cuerpo como de una deshonra, rechaza los placeres mundanos, buscando las cosas que están por encima del mundo. Esto significa levantar las manos hacia el Señor. La mano que hace el bien es la virtud del alma. Levanta la mano no hacia el fruto del árbol terreno, sino hacia el Señor, "que ha hecho -se dice- el cielo y la tierra", es decir, la sustancia inteligible y la visible. En efecto, el cielo es sustancia inteligible, y la tierra es sustancia visible y sensible. Por esto, la Escritura quiere indicar que Abrahán eleva la virtud de su alma a las cosas celestiales, para que de aquella sustancia inteligible alcance la sublimidad de la vida contemplativ
a, dirigiendo su atención no a las cosas que se ven, sino a aquellas que no se ven, esto es, no a las cosas terrenas, no a las corporales, no a las presentes, sino a las inmateriales, eternas, celestiales. Pero de esta otra sustancia visible se granjea el beneficio de una disciplina relativa a la conducta práctica y a la vida civil. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 8, 46.

14, 24  La parte correspondiente a los hombres

Abrahán cumple de nuevo la ley apostólica. Consentiré -dice- que ellos tomen una parte, ya que han dado muestra de su amistad. "Éstos -dice- eran complices de Abrahán", es decir, estaban unidos por la amistad y manifestaron su deseo de compartir con él los peligros. Por eso les recompensa y se dispone a tomar una parte, y en esto de nuevo da cumplimiento a la ley apostólica que dice: "El trabajador merece su sustento". Más no les permite tomar más de lo que necesitan: "Excepción hecha -dice- de lo que comieron los jóvenes y la parte de los que me han acompañado, Escol, Aner y Mambré, estos tomarán una parte". ¿Veis la concreción de la virtud del patriarca, cómo manifiesta buen criterio en lo que al desprecio de la riqueza se refiere, evidencia su humildad, y todo lo hace de modo que no parezca que lo ha realizado con jactancia y altivez y dé muestras de engreimiento en lo que a la victoria acaecida se refiere?. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 6.

El carácter gratuito de un favor. ¡Qué notable es aquello de que [Abrahán] no haya querido tocar nada del botín obtenido con la victoria, ni tomar lo que se le ofrecia! En efecto, recibir la recompensa disminuye el fruto de la victoria y elimina la gratuidad de la obra buena. Pues tiene gran importancia saber si se ha combatido por dinero o por la fama. En el primer caso, el combatiente es considerado como un mercenario, en el segundo se hace acreedor de la fama como un salvador. Justamente el santo patriarca rehúsa apropiarse de cualquier cosa del botín, incluso si le fuera ofrecido, para que no diga el que se la diera: "Yo te he hecho rico". Declara que le basta sólo lo que le era preciso para alimento de los jóvenes combatientes. Alguno dirá: puesto que ha vencido, ¿por qué dice al rey de Sodoma: "No tomaré nada de ti", si ciertamente el botín pertenecía al vencedor? Abrahán da una enseñanza sobre la disciplina militar: Todas las cosas deben dejarse al rey. En verdad afirma que cuantos se hubieran unido eventualmente a él para ayudarle, debía dárseles una parte de la ganancia como recompensa por su trabajo. Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 3, 17.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 80-85
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ.

Abrahán libera a Lot


13Vino un fugitivo y se lo contó a Abrán el hebreo, que acampaba junto a la encina de Mambré el amorreo, hermano de Escol y de Aner, ambos aliados de Abrán. 14Cuando Abrán oyó que su sobrino había sido apresado, reunió a su gente, a los nacidos en su casa, en total, trescientos dieciocho, y salió en persecución hasta Dan. 15Cayó con su gente sobre ellos por la noche y los derrotó. Luego los persiguió hasta Jobá, que está al norte de Damasco, 16y recuperó todas las riquezas; también rescató a su sobrino Lot con sus riquezas, a las mujeres y a la gente. Gén ( 14, 13-16 ).

El nombre empleado para describir a Abrahán ("el viajero") pone de manifiesto la benevolencia amorosa de Dios, prediciendo acontecimientos que sucederían mucho tiempo después (Crisóstomo). Incluso el número de hombres (318) encierra un valor simbólico, pues indica prefiguradamente mediante un análisis numerológico a quienes Él juzgaba dignos de pertenecer al número de fieles que habían de creer en la pasión de nuestro Señor Jesús (Ambrosio). El patriarca venció al enemigo no por la fuerza física, sino mediante la fe en Dios (Crisóstomo). Abrahán prefigura la mente ejercitada que se dirige a la batalla, contra las pasiones con la cruz de Cristo y en el nombre de Jesús. La persecución del enemigo hasta Jobá, a si como su derrota, revelan el triunfo de la mente ejercitada (Ambrosio). El hecho de que Lot recuperara todos sus bienes muestra que Abrahán salió victorioso con la ayuda que viene de lo alto (Crisóstomo).

14, 13  Aliados de Abrán

Dios anuncia eventos que sucederán mucho tiempo después. ¿Cómo no sabía el patriarca que se había entablado una guerra semejante? Quizá mediaba una gran distancia y por eso lo ignoraba. "Alguien vino y anunció a Abrahán, el emigrante", dice el texto, para recordarnos que recibió la noticia a la vuelta de Caldea. Tenía su asentamiento al otro lado del Éufrates, por eso se le dice el emigrante. Ya antes y desde el principio sus padres le dieron este nombre e indicaron de ante mano su emigración a ese lugar. Iba a atravesar el Éufrates y habría de ir a Palestina, por ese motivo fue llamado Abrahán. Observa cómo sus padres, no creyentes sin conciencia de ello, sino guiados por la sabiduría de Dios que lo había trazado todo, pusieron al niño este nombre, tal y como sucedió a Lamec con Noé. Es propio de la bondad de Dios indicar de antemano, a través de personas no creyentes, lo que habrá de suceder mucho tiempo después. Fue alguien -dice- y anunció al emigrante lo sucedido, el apresamiento de su sobrino, el gran poder de aquellos reyes, la devastación de Sodoma y la huida ignominiosa. "Habitaba junto al encinar de Mambré el amorreo, hermano de Escol y Aner, que eran aliados de Abrahán". Quizás en este punto alguno preguntara: ¿por qué entre los fugitivos de Sodoma, fue apresado solo el justo Lot? No sin intención, y no por azar, sino para que con los acontecimientos mismos Lot conociera la virtud del patriarca, gracias a él otros pudiesen salvarse y aprendieran a no aspirar a los mejores lugares, sino a cederlo a sus mayores. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 4

14,14  Abrán oyó que su sobrino había sido apresado

"Cuando Abrahán supo esto, contó sus siervos nacidos en casa", y con trescientos dieciocho hombres, habiendo obtenido la victoria, liberó a su sobrino. Con esto se demuestra que la separación se había realizado de forma amistosa, desde el momento que Abrahán amaba de tal manera a su sobrino que llegó a afrontar por él peligro de la guerra. ¿Qué significa que "contó"?. Significa "eligió". Por eso, también aquello que Jesús había dicho en el Evangelio se refiere no sólo a la ciencia de Dios, sin también a la gracia de los justos: "Y vuestros cabellos están todos contados". En efecto, "El Señor conoce a los que son suyos", pero a los que no son suyos no se digna a conocerlos. Abrahán, pues, ha contado trescientos dieciocho hombres, para que comprendas que con esto no se expresa la cantidad numérica, sino el valor de su elección. Ha elegido, en efecto, a aquellos que consideró dignos de pertenecer al número que creerían en la pasión de nuestro Señor Jesucristo. En efecto, la letra T en griego significa trescientos y la suma IH -diez más ocho- expresa el nombre de Jesús. Así pues, Abrahán venció gracias a la fe, no por la fuerza de un ejército numeroso. En suma, con unos pocos siervos nacidos en su casa derrotan a quienes habían vencido a los ejércitos de cinco reyes. Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 3, 15.

14, 15  Cayó con su gente sobre ellos

La victoria prefigura la Cruz. "Abrahán contó trescientos dieciocho siervos suyos, nacidos en su casa...hasta Jobá, que está situado a la derecha de Damasco. También el número es de vital importancia. En efecto, en este número está la vida, si creemos en la pasión en el nombre de nuestro Señor Jesús. Ya que esta es la interpretación del nombre de Jobá, antes mencionado, que significa "vida". Justamente, también está dicho que Jobá esta situada a la derecha de Damasco. Pues los corderos están a la derecha, mientras que los cabritos están a la izquierda. La mente ejercitada sabe qué soldados ha de elegir para realizar una batalla, con que armas dotarlos, con qué banderas guiarlos. No lleva delante figuras de águilas ni dragones, sino que va a la batalla con la cruz de Cristo y en el nombre de Jesús, fuerte con este signo y fiel con esta bandera. Con razón, pues, cabe añadir como mente ejercitada la que ha escogido la sabiduría del hombre justo. Y la justicia es solícita para corregir y, mientras amonesta hace volver a los pecadores y resiste los ataques de las pasiones. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 7, 42.

14,16  Rescató a su sobrino Lot

Victoria con el auxilio desde lo alto. ¿Por qué -dice- contó con trescientos dieciocho hombres nacidos en su casa? Para que aprendas que no recurrió a todos, sino a los nacidos en su casa, a los criados con Lot, a fin de que con empeño pudieran tomar venganza, como hombres que combaten por su propio señor..."Cayó sobre ellos de noche -dice- él mismo y sus sirvientes, y los golpeó y los persiguió". Una mano desde lo alto colaboró en el ataque y dirigió los acontecimientos. De ahí que no tuvieran necesidad de armas ni de otros recursos, sino que, luego de aparecer con sus criados, a unos los golpeó, provocó que otros huyeran e hizo ambas cosas con toda seguridad, sin que nadie le acosara, y recobró la caballeria del rey de Sodoma, a su sobrino Lot, todos sus bienes y las mujeres. ¿Ves por qué consintió que, mientras lograban huir, solo Lot fuese apresado? Para que la virtud del patriarca quedara de manifiesto y para que, gracias a él, todos los demás quedaran a salvo. Regresó portando un trofeo grande y espléndido, con Lot y la caballería, llevando consigo a mujeres y la hacienda, y anuncia a todos con voz clara, proclama con voz más fuerte que una trompeta, que había obtenido el trofeo y logrado la victoria no por su poder humano ni por su fuerza física, sino porque la mano que procede de lo alto lo había realizado todo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 35, 4.

Los bienes vitales del alma. "Abrahán también recuperó los bienes". Ciertamente esto no se refiere al patrimonio, sino a los bienes vitales del alma, en la que está la riqueza de nuestra esperanza. En efecto, éstos son nuestros verdaderos bienes, esto es, la sabiduría que abunda en riquezas; éstos son los bienes que no perecen. La utilidad, en cambio, del cuerpo y de los bienes externos es breve, no de larga duración. Por eso, algunos piensan razonablemente que no se puede hablar de sustancia del patrimonio; pues, en efecto, el patrimonio no es la base de nuestra sustancia, porque ni siquiera a quienes están privados de fortuna les falta la sustancia de la vida. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 7, 44.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 76-79
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

Abrahán se establece en Hebrón


14El Señor dijo a Abrán después de que Lot se separa de su lado: "Alza la vista desde el lugar en que estás y mira al norte, al sur, al este y al oeste. 15Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. 16Haré a tu descendencia como el polvo de la tierra; si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia. 17Levántate y recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo voy a dar". 18Entonces Abrán levantó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré que está en Hebrón, y allí construyó un altar al Señor.

13, 14 Alza la vista desde el lugar en que estás

Los sabios y creyentes poseen todas las cosas. Sigue un pasaje que nos enseña claramente cuánto progresa un alma una vez que se han eliminado los excesos de la parte irracional y cuánto mal se produce por la acumulación de los vicios. No sin razón la Escritura expone: "Y Dios dice a Abrahán, después de que Lot se hubiera separado de él: Levanta los ojos desde el lugar donde ahora estás y mira al norte, al sur, al este y al oeste, porque te daré a ti y a tu descendencia para siempre toda la tierra que ves". De este texto sacaron los filósofos estoícos, como de una fuente, la máxima de su doctrina de que todo pertenece al sabio. En efecto, el este, el oeste, el norte y el sur son partes del todo en el que se comprende el universo. Dios al prometer que dará estas cosas a Abrahán, ¿qué declara sino que el hombre sabio y fiel lo posee todo y no le falta nada? De ahí también que Salomón diga en los proverbios: "El que es fiel posee todo el mundo de la riqueza". ¡Cuán anterior fue Salomón a Zenón, maestro y fundador de la escuela estoíca! ¡Cuán anterior al mismo Platón, padre de la filosofía, y a Pitágoras, que fue el inventor de del término filosofía! Pero ¿quién es fiel, sino el sabio? En efecto, "el necio cambia como de luna", el sabio, por el contrario, permanece inmovil en la fe. Ambrosio, sobre Abrahán, 2, 7, 37.

Dios premia la humildad de Abrahán. Observa la rapidez de la providencia y de la recompesa de Dios que se manifiesta en favor del justo. La Sagrada Escritura, deseosa de mostrarnos cuán grande fue el favor de Dios bondadoso del que el patriarca fue considerado digno por su gran humildad, y una vez que ha señalado que Lot se separó y fue a la tierra que escogió por su belleza, al punto añadió: "Y Dios, el Señor, dijo a Abrahán". Para que aprendamos con exactitud que dijo esto para compensarle por lo sucedido con Lot, añadió: "Y Dios, después de que Lot se apartara de él, dijo a Abrahán". Es decir, es como si claramente le hubiera dicho: por tu extraordinaria equidad, cediste la región más hermosa a tu sobrino, pusiste de manifiesto tu gran humildad y te preocupaste tanto por la paz, que soportaste todo a fin de que no hubiera rivalidad entre vosotros. Por todo ello recibe mi generosa recompensa. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis 34, 2.

13,16 Haré a tu descendencia como el polvo de la tierra

Confianza en el poder de Dios. Por si sólo considera su propia naturaleza, su edad avanzada y la esterilidad de Sara, para que no flojeara con respecto a la promesa, sino que tuviera confianza en el poder del que efectúa esa promesa, dice a continuación: "Multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra. Si alguien fuera capaz de contar el polvo de la tierra, podrá también contar tu descendencia". Verdaderamente, la promesa fue más allá del alcance de la naturaleza humana. Prometió hacerle padre, pese a tantos obstáculos, pero además prometió aumentar su descendencia hasta una multitud tan grande que podría igualarse al polvo de la tierra, deseoso de poner de manifiesto con este ejemplo la abundancia, que su descendencia sería inconmensurable. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 34, 3.

13,18 La encina de Mambré

Como un extranjero o un peregrino. Grande es la magnitud de la promesa de Dios, grande es la generosidad de la munificencia del Señor de todos nosotros, grande es la abundancia de la recompensa que procede del que ama y tiene compasión y que confirió a este bienaventurado y a la descendencia que iba a nacer de él. Luego de oir sus palabras, y turbado ante la inefable bondad de Dios, el patriarca "después de levantar las tiendas -dice- y de ponerse en marcha, fue a habitar al encinar de Mambré, cerca de Hebrón". Una vez aceptada la promesa -dice-, y después de que se produjera la partida de Lot, trasladó su tienda junto al encinar de Mambré. Observa su sensatez, observa su temple, cómo hace el traslado sin poner ninguna objeción y no se irrita por cambiar de un lugar a otro. Efectivamente, descubrirás que éste no está sujeto y aferrado a ninguna costumbre, algo que a menudo muchos sufren, incluso entre aquellos que se juzgan doctos y que creen estar libres de preocupaciones. Más si la situación les invita a cambiar e ir a un lugar diferente, incluso por un asunto espiritual, encontrarías que éstos, por estar a ferrados a las costumbres, se irritan, se inquietan y llevan con dificultad el cambio. Pero no este justo. Desde el principio mantiene su sensatez y, como peregrino y extranjero, cambia de un lugar a otro, y en todo lugar se esfuerza por mostrar en las acciones su actitud de amor de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 34, 4.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 72-74
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

Separación de Abrahán y Lot


8Entonces Abrán dijo a Lot: "Por favor, no haya discordias entre tú y yo, entre mis pastores y los tuyos, ya que somos hermanos. 9¿No tienes todo el país ante ti? Sepárate de mí, te lo ruego; si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si a la derecha, yo iré a la izquierda". 10Lot alzó la vista y vio la vega entera del Jordán; toda ella hasta Soar era de regadío antes de que el Señor destruyera Sodoma y Gomorra, como el jardín del Señor, como el país de Egipto. 11Lot eligió para sí toda la vega del Jordán, y se dirigió al Oriente. Así se separaron uno del otro. 12Abrán se estableció en la tierra de Canaán, y Lot en las ciudades de la vega, ocupando las tierras hasta Sodoma. 13Pero los habitanes de Sodoma eran perversos y pecadores empedernidos contra el Señor. Gén. (13, 8-13).

13, 8 No haya discordias entre tú y yo

La preservación de la armonía. Así pues, la devoción ha reivindicado para sí el primer lugar. Consideremos ahora también el ornato de las otras virtudes. El santo Abrahán disfrutaba de la presencia del sobrino, a quien mostraba un afecto paterno. Tiene lugar una disputa entre los siervos del sobrino y del tio. Abrahán, como un hombre verdaderamente sabío, advertía que las disputas entre los siervos frecuentemente suelen arruinar la concordia entre los dueños, y cortó el hilo de la discordia para que el contagio no se difundiera. Consideró preferible, en efecto, que se rompiera la unión a que se destruyera la buena armonía. Y esto es lo que debes de hacer tú si por casualidad te encontraras en una situación parecida, para eliminar el foco de la discordia. En efecto, tú no eres más fuerte que Abrahán. Él pensó que era mejor evitar la disputa de los siervos que despreciarla. Si tú eres más fuerte, ten cuidado de que el otro no sea más débil y preste oídos a la maledicencia de los siervos. Frecuentemente la servidumbre en común siembra la discordia entre los parientes. Es mejor dividir para conservar la amistad. No es posible vivir juntos en una casa de propiedad común. ¿Acaso no es mejor separarse en buena armonía que habitar juntos en discordia? Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 3, 10.

13,10 Lot alzó la vista y vio la vega entera del Jordán

Lot fue un poco insolente. La jactancia es amiga de aquellos que se desvían de la verdad. En efecto, así como Abrahán fue humilde al ofrecer la elección, de modo paralelo Lot fue insolente al aprovecharse del derecho de elección -la virtud se humilla; la iniquidad, sin embargo, se ensoberbece-, él que debía haberse confiado al más sabio para estar más seguro, finalmente no sabe elegir. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 6, 33.

13, 11 Lot eligió para sí toda la vega del Jordán

Elegir lo que es realmente mejor. Dice bellamente la Escritura: "Lot", es deir, la desviación, "eligió para sí". En efecto, Dios ha puesto delante de nosotros el bien y el mal para que cada uno eliga lo que quiera. Así pues, no elijamos lo que en apariencia es más placentero, sino lo que es realmente mejor, para que no suceda que, habiendo tenido la posibilidad de elección para seguir lo que es preferible, levantemos los ojos y seamos atraídos por la falsa belleza de lo que es ameno, mientras dejamos en la sombra la verdad de la naturaleza, como quien mira para otro lado. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 6, 35.

13,13 Los habitantes de Sodoma eran perversos

Dios examina la conciencia de la mente. Pero el hecho de que "los hombres de Sodoma fueran malvados y grandes pecadores delante del Señor" no es un asunto de menor importancia en el designio providencial, para que adviertas que la dureza áspera de los pecadores empuja a Dios, que es manso, a castigarlos, y la razón por la que Abrahán no pudo conseguir el perdón para los hombres de Sodoma es porque eran malvados por encima de toda medida. Hay muchos que cuanto más malvados son, tanto más parecen estar al seguro. Ellos son los que escapan a las pesquisas de los hombres, cuando se hacen las cosas sin testigos, o cuando con falso testimonio tienden lazos al justo. Pero delante de Dios permanece el justo, aun cuando sea condenado por los hombres, porque Dios no mira el éxito de los procesos ni las acciones judiciales instruidas con inicuas maquinaciones, sino que observa los asuntos en su realidad desnuda. Sin embargo, en las causas de los hombres el error de una falsa opinión sofoca muy frecuentemente la fuerza de la verdad. Susana conservaba delante de Dios toda su castidad, aun cuando fuera condenada por adulterio, porque Dios no averiguaba la verdad del hecho basándose en las afirmaciones de los falsos testimonios, sino que examinaba la conciencia interior de la mente. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 36.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 67-71
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

Abrahán sale hacia Betel



1Abrán subió de Egipto al Négueb con su mujer y todo cuanto tenía, acompañado de Lot. 2Abrán era muy rico en ganado, plata y oro. 3Fue viajando por etapas desde el Négueb hasta Betel, hasta el lugar en el que había puesto antes la tienda entre Betel y Ay, 4el lugar en el que al principio había construido un altar y había invocado Abrán el nombre del Señor. 5También Lot que iba con Abrán tenía ovejas, vacas, y tiendas; 6pero la región no les permitía habitar juntos, porque tenían mucha hacienda y no había lugar para ambos. 7Por eso surgieron disputas entre los pastores del ganado de Abrán y los pastores del ganado de Lot. Además, los cananeos y los perezeos habitaban entonces en el país. Gén. (13, 1-7)
 
Según el sentido espiritual o alegórico, siguiendo a Filón, la vuelta de Abrahán de Egipto con su esposa puede interpretarse como el alma, la cual posee la virtud. Las riquezas de oro y plata pertenecientes a Abrahán representan el alma y la palabra (Ambrosio). Las riquezas revelan la providencia de Dios y la virtud de Abrahán. Él invoca el nombre del Señor en un lugar desierto, poniendo de manifiesto que es amante de la paz y del silencio (Crisóstomo). El comentario de que Lot tenía rebaños y ganados, pero no oro ni plata, da a entender que carecía de las riquezas espirituales de Abrahán. Una explicación etimológica del nombre de Lot sugiere la razón por la que él estuvo en un tiempo unido a Abrahán y en otro a Sodoma. En cuanto a la discordia que surge, no hay espacio suficientemente grande para ella (Ambrosio). La discordia entre hermanos es la raíz de todos los problemas (Crisóstomo). Por analogía, el ganado representa los sentidos, y los pastores son quienes tienen el cometido de vigilarlos (Ambrosio).


13,1 Abrán subió de Egipto a Négueb

Sara representa la virtud. Así pues, Abrahán salió llevando consigo a su mujer Sara, que significa "soberana", no "sierva". En efecto, aquella que libera de la esclavitud de los pecados tiene la soberanía, no la esclavitud. Por tanto, una mente robusta posee la virtud soberana que domina, es decir, sobre los sentidos del cuerpo, que no es dominada, que ha llevado consigo todas las cosas de Egipto, no ha dejado allí ninguna de las normas que regulan su vida, no está revestida de intemperancia, ni de insolencia, ni de vergonzosa inmodestia, no se despoja del velo de la prudente sabiduría, no está privada de la veste del pudor. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 5, 19.

13,2 Abrán era muy rico

Riquezas espirituales. "Era muy rico", como es natural a quien no le faltaba nada, a quien no desaba los bienes ajenos, ya que no necesitaba de nada que desease considerar como suyo propio. En realidad, ser rico significa tener lo que basta para satisfacer los propios deseos; efectivamente, la frugalidad tiene una medida, la riqueza en cambio no la tiene, puesto que su medida queda al arbitrio de quien busca el tener. Era rico en ganados, plata y oro. ¿Qué significa esto?. No me parece que se quiera alabar en un hombre justo las riquezas del mundo. A sí pues, considero que los ganados son los sentidos del cuerpo, porque ellos son irracionales; la plata es la palabra, el oro es la mente. Con razón Abrahán era rico, porque gobernaba sus sentidos irracionales. En efecto, él los domó y los hizo dóciles para que llegaran a ser racionales. Su palabra tenía la brillantez de la fe, purificada por la gracia de la disciplina espiritual; tenía su mente llena de prudencia. Y por esto es por lo que la mente buena es comparada al oro, porque así como el oro es el más preciado de todos los demás metales, así también la mente buena es la mejor parte entre las que componen la sustancia del hombre. Así pues, la riqueza del sabio consiste en tres cosas: en la sensación, en la palabra y en la mente. Su orden establece una gradación, como leemos también en el Apóstol: "Permanecen, efectivamente, estas tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad; pero la mayor de ellas es la caridad". Entonces, también la mente es la mayor, porque es la que tritura el grano espiritual para purificar los sentidos y la palabra. Siempre es preservada la persona del hombre sabio...
Así, con simples hechos de la vida de Abrahán son explicadas e ilustradas las grandes doctrinas. Justamente era rico aquel que enriquece también las disquisiciones de los filósofos, que han deducido sus enseñanzas de su conducta. En consecuencia, la Escritura había mostrado las riquezas de Abrahán. Ambrosio, Sobre Abrahán, 2, 5, 20-23.

13, 4 Había invocado Abrán el nombre del Señor

Un amante de la paz y la tranquilidad. Piensa en cómo era un hombre que amaba la tranquilidad y la quietud, y que constantemente estaba dedicado al culto divino. Volvió -dice- a aquel lugar donde había construido anteriormente el altar, donde había invocado el nombre de Dios, por lo que, ya desde el principio, se adelantó y dio cumplimento a las palabras de David: "Escogí quedar a un lado en la casa de mi Dios, mucho más que vivir en casas de pecadores". Prefería, antes que las ciudades, la soledad para poder invocar el nombre de Dios. Lo sabía, sabía que la belleza de una ciudad no la hace la magnitud de sus construcciones ni la multitud de sus habitantes, sino la virtud de sus convecinos. De allí que el desierto resultó ser más preciado que las ciudades, ya que estaba adornado por la virtud del justo, y se manifestó más resplandeciente que el resto del mundo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, 33, 2.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO, Tomo 2, p. 63-65
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

Migración desde Jarán hasta Betel



4Abrán se marchó tal como lo había mandado el Señor, y con él se fue Lot. Tenía Abrán setenta y cinco años cuando salió de Jarán. 5Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, y a Lot, su sobrino, con todos los bienes que había obtenido y la gente que había adquirido en Jarán. Salieron para ir a la tierra de Canaán, y llegaron a la tierra de Canaán. 6Abrán atravesó la tierra de Canaán hasta el lugar sagrado de Siquem, hasta la encina de Moré. Los cananeos habitaban entonces en el país. El Señor se manifestó a Abrán y le dijo: "A tu descendencia daré esta tierra". Abrán construyó allí un altar al Señor que se le había manifestado. 8Desde allí pasó a la montaña al oriente de Betel, donde plantó la tienda, entre Betel a occidente y Ay a oriente; y construyó allí un altar al Señor e invocó el nombre del Señor. 9Después Abrán reemprendió el viaje yendo, por etapas, a Negueb. Gén. (12, 4-9).


A la salida de Abrahán se le atribuye alegóricamente el significado de renuncia a los placeres de la carne, a los vicios y al mundo con su padre el demonio (Beda). Allí donde se halla Betel, es decir, la casa de Dios, también se encuentra el altar. La construcción de un altar en Betel, así como la invocación del nombre del Señor, reprentan el progreso espiritual (Ambrosio).

12,4 Abrán se marchó tal como le había mandado el Señor
El abandono de nuestra tierra. Por mandato salió Abrahán de su tierra, de su pueblo y de la casa de su padre; es evidente que también en esto todos los hijos de esa misma promesa, entre los cuales estamos también nosotros, le han de imitar. Salimos, en efecto, de nuestra tierra cuando abandonamos los deseos de la carne; de nuestro pueblo cuando procuramos quitar todos los vicios con los que hemos nacido ( ¡en cuanto es posible a los hombres!); de la casa de nuestro padre cuando nos esforzamos por abandonar, mediante el amor por la vida celeste, el mismo mundo con su príncipe el diablo. Por culpa de la primera desobediencia todos nacemos en este mundo como hijos del diablo; pero, en virtud de la gracia de la regeneración, todos los que pertenecemos al linaje de Abrahán somos hechos hijos de Dios, porque nuestro Padre que está en los cielos nos dice a nosotros, esto es, a su Iglesia: "Escucha, hija, y mira, presta tu oído, olvida tu pueblo y la casa de tu padre". Beda, Sobre el Génesis, 3, 12.

12,7 El Señor se manifestó a Abrán

Fue el Hijo a quien vio. El mismo Moisés refiere en otro pasaje que Dios se apareció a Abrahán. Pero el mismo Moisés oye de Dios que ningún hombre puede ver a Dios y seguir viviendo. Si Dios no puede ser visto ¿cómo fue visto Dios? Y si fue visto ¿cómo no puede vérsele? Pues también Juan dijo: "Nadie ha visto nunca a Dios". Y el apóstol Pablo: "Al que ningún hombre ha visto ni puede ver". Y ciertamente la Escritura no miente. Por tanto, Dios fue realmente visto. De donde hay que entender que no fue visto el Padre, el cual nunca ha sido visto, sino que lo fue el Hijo, que solía descender y ser visto, porque en cuanto que es "la imagen de Dios invisible" descendió para que la mediocridad y fragilidad de la condición humana se acostumbrara ya desde entonces a ver algún día a Dios Padre en la imagen de Dios, es decir, en el Hijo de Dios. En efecto, la fragilidad humana debió nutrirse paulatina y progresivamente por medio de la Imagen hasta esta gloria, a saber, la de poder algún día ver a Dios Padre. Novaciano, La Trinidad, 18, 100.

12,8 Invocó el nombre del Señor

El atleta de Dios. Donde está Betel, es decir, la casa de Dios, allí está también el altar, y donde está el altar allí está también la invocación de Dios. No había hecho tan grandes progresos sin razón, sino porque esperaba la ayuda de Dios. El atleta del Señor se ejercita y se fortalece en la adversidad. Ambrosio, Sobre Abrahán, 1, 2, 6.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO. Tomo 2, p. 55-57
DIRECTOR DE LA EDICIÓN EN CASTELLANO
Marcelo Merino Rodríguez

La vocación

 

1El Señor dijo a Abrán: Vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. (Gén 12,1)

La emigración de Abrahán llegó a interpretarse alegóricamente como una imagen de quienes emprenden el camino espiritual (Antonio Abad). El mandato divino de abandonar su tierra guarda relación con la llamada de Jesús: "Sígueme" (Dídimo el Ciego). La influencia directa de Filón se hace evidente en la interpretación de Abrahán como el alma a la que se le ordena abandonar las pasiones (Ambrosio). Abrahán está también considerado como modelo de la fe (Agustín). En una evolución posterior, la interpretación alegórica de Filón, ya observada en Ambrosio, se vincula con el sacramento del bautismo. El mandato de abandonar "tu parentela" es posteriormente interpretado en el mismo sentido, como una orden de abandonar los vicios y pecados tras el bautismo y, se considera que la "la casa de tu padre" significa el dominio del demonio (Cesáreo de Arlés).

12,1 El Señor dijo a Abrán

Guiado por el Espíritu, hay hombres que son llamados por la ley del amor establecida en su naturaleza y por el bien primordial que está en su naturaleza originaria en su primera creación. La palabra de Dios vino a ellos y no dudaron de ella sino que la siguieron con premura, como el patriarca Mâr1 Abrahán. Cuando Dios vio que (Abrahán) había aprendido a amarlo no por la enseñanza humana sino por la ley que estaba implantada en su naturaleza originaria, se le apareció y le dijo: "Vete de tu tierra y de la casa de tu padre". Y el marchó sin ninguna duda, pues estaba preparado para su llamada. Abrahán es el modelo de esta actitud que hay en las almas de los que siguen su ejemplo. Obrando y buscando el temor de Dios por medio de la paciencia y de la calma, consiguen la glorificación por el modo de vida verdadero, pues sus almas están preparadas para el amor de Dios. Esta es la primera llamada. Antonio Abad, Cartas, 1.

La razón de la salida

No es por casualidad como Dios ordena a Abrahán salir de su tierra y de su parentela, sino porque ve algo en él -es decir, su fe- que lo hace digno de ser objeto de la atención divina. No convenía que el que tenía fe en Dios permaneciera entre los malos, de hecho su padre era un idólatra. En efecto, la compañía de los malos perjudica a veces a los buenos, especialmente cuando son de nueva hechura. Por eso también el Salvador proclama: "Si alguno quiere venir en pos de mí y no odia a su padre y a sus hermanos y hermanas, incluso a su mujer e hijos, no puede ser mi discípulo". El Señor dijo esto no para provocar el odio de los parientes, pero si alguno de estos fuera un obstáculo contra la virtud, habría que odiarlo en razón de la virtud. Es lo que habían hecho los discípulos y decían: "He aquí que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". Dídimo el Ciego, Comentarios al Génesis, 209.

LA BIBLIA COMENTADA
Por los PADRES DE LA IGLESIA
ANTIGUO TESTAMENTO. Tomo 2, p. 51-52
Obra preparada por Mark SHERIDAN
Editor general THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano MARCELO MERINO RODRÍGUEZ